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Con la piel de los días

(Tiempo estimado: 6 - 12 minutos)

Manuel Guzman HennesseLa muerte a bala de Pepe, el hipopótamo de Pablo Escobar, habla tan mal de nuestros dirigentes como el surgimiento de un nuevo partido político en Francia -  Europe Écologie- habla bien de la izquierda ambientalista que necesitamos crear para Colombia.

Manuel Guzmán Hennessey

Dos noticias de estos días

Por ese curioso género de azares que ordena y desordena la textura de la realidad, coincidieron dos hechos, en apariencia inconexos, pero sutilmente entramados, en ese tejido complejo que conforma la piel de nuestros días.

El 7 de junio se llevaron a cabo las elecciones al Parlamento europeo, y en ellas el veterano Conh-Bendit se las trajo, con una propuesta verde que no sólo sacudió los otrora hiperactivos cimientos de los partidos verdes europeos, sino que representó un remezón refrescante para el cotarro ideológico de la izquierda, no sólo europea, sino también (y ojala) iberoamericana.

El 9 de junio, en el caño San Juan, cerca del río Bartola, Magdalena medio colombiano, unos energúmenos la emprendieron a tiros de 375 milímetros, contra un hipopótamo que había huido de la hacienda Nápoles, otrora regentada por otro energúmeno, que acostumbraba eliminar a sus enemigos cortándoles la cabeza con una motosierra Husqvarna.

La muerte del hipopótamo

El hipopótamo se llamaba Pepe, y su conducta apacible le había granjeado el cariño de los campesinos de la región, que nunca consideraron al animal, ni tan peligroso como su antiguo propietario, ni tan preparado como el Ministro de Ambiente.

El ministro se llama Carlos Costa, y es ingeniero de la Universidad de Los Andes, además de doctorado en sistemas de información geográfica e imágenes de satélite, de la Universidad de Cambridge, Inglaterra. Es conocido en el sector ambiental como un hombre estudioso y capaz: por ello no le ha quedado fácil explicarle al país el acto administrativo mediante el cual el Ministerio a su cargo avaló la gestión de Corantioquia, relacionada con la caza de los animales.

Los hipopótamos son, técnicamente, una especie invasiva, que altera el ecosistema invadido porque compite por el uso de algunos recursos naturales que sin su presencia podrían mantener un más apropiado equilibrio. Más no por ello había que ofrecer al mundo el macabro espectáculo de su exterminio a bala. Había que proteger la fragilidad del ecosistema invadido, pero con salvaguarda y respeto por el pobre animal, al cual, por supuesto, no se le puede imputar la conducta demencial del espécimen que lo importó, ilegalmente, desde otro lejano ecosistema.

Ambientalismo e izquierda

Pero más allá del errático proceder, la decisión administrativa del Ministerio y Corantioquia ha de servirnos para una reflexión que se asome a otros tópicos, relacionados con el papel del ambientalismo y su capacidad para ponerse a tono con los tiempos que corren, y con lo que el país y el mundo esperan de ellos, en un momento particularmente decisivo para el futuro del Planeta, que los ambientalistas parecen haber dejado al exclusivo arbitrio de los gobernantes.

La reflexión sobre el papel del ambientalismo va de la mano con la de nuestra propia izquierda, tan ausente como aquel de los grandes problemas del mundo, y tan ensimismada en rencillas internas y en hueras discusiones sobre la mecánica de los votos y el trámite de los egos.

La novedad de la nueva izquierda europea, representada por Europe Écologie, el partido ganador de las elecciones del pasado junio en el Parlamento europeo, consiste en la incorporación de la temática ambiental al discurso socioeconómico clásico de la izquierda. Esta incorporación le añade una nueva ética, relacionada con la revisión de los modelos de desarrollo y medio ambiente, tanto al discurso político de los verdes, como al discurso de la propia izquierda.

Pablo Escobar, ecologista

La fotografía de la señora Luz María Escobar, hermana del narcotraficante Pablo Escobar, en la página 1-5 de El Tiempo del domingo 19 de julio de 2009, refleja, en mi opinión, de cuerpo entero (y me refiero aquí a un cuerpo asaz voluminoso, el del hipopótamo) la adiposidad de una sociedad, la nuestra, que aún mira para otro lado cuando le muestran fosas comunes donde enterraron compatriotas asesinados por la nefasta triple alianza de narcotraficantes, políticos y paramilitares. Se celebra como "exótica" la exhibición de cabezas disecadas de animales de otros mundos, cuando debería causarnos vergüenza estética, y también vergüenza ética, la memoria de unas conductas criminales, que algunos relevaron de su talante perverso, mediante el uso del eufemismo "exótico".

Con este mismo rasero, la sociedad prefiere rasgar sus vestiduras para pedir la cabeza de un ministro, mientras oculta su cabeza cuando de asumir posturas éticas y políticas se trata.

Se lee en el artículo de la Unidad Investigativa de El Tiempo ("Hipopótamos llegaron en Hércules", arriba citado) que lo que soportaba las decisiones de Escobar era un propósito ecologista, pues su propuesta de la "Hacienda Nápoles" estaba orientada a la conservación armoniosa de las especies exóticas, y a la posibilidad de educar a los niños en la adquisición de una conciencia ecológica.

El orgullo que trasunta la cara de Luz María, posando junto a la cabeza disecada de un antepasado de "Pepe", parece avalar a posteriori el proyecto conservacionista del señor Escobar. La sonrisa, en cambio, de Pastor Álvarez, el cuidandero de los animales, quien posó para el fotógrafo de El Tiempo junto al colmillo izquierdo de "Chacho", otro familiar de "Pepe", es la sonrisa ingenua de quien tal vez nunca perdió la inocencia campesina, y se dedicó a cuidar de los mamíferos sin agregar a ello análisis sobre la procedencia criminal de quien hizo posible su llegada al país.

Y en tal secuencia de fotografías se retrata el país: quienes miran para otro lado ante el avance de los criminales, quienes pelechan con ambiguos programas de reconciliación y quienes permanecen al margen de la debacle porque poco o nada entienden, o porque perdieron el interés por analizar lo público, y prefieren refugiarse en las inicuas ínsulas de su privacidad escamoteada.

Habría que agregar la foto de un mamífero exótico e invasivo (en este país hay muchos) para entender mejor el análisis del mosaico colombiano de nuestros días, esa piel que supura, sangra y muere, pero que aún, tumefacta, permanece indiferente, extraña a sí misma, en el registro cotidiano de los diarios.

Me sospecho que Luz María no es la única que hoy pensará que aquello no era un acto de la vanidad de un peligroso mamífero inteligente, sino el curioso "exotismo" de un filántropo. No hay que olvidar que muchos de quienes por estos días hacen fiesta con la posibilidad de comer ministro, se sentaban a manteles en las mesas de "Medellín sin tugurios".

Y para conectar con Europe Écologie, anoto que el señor Escobar estuvo a punto de organizar en Medellín un Congreso de ecología con la señora Petra Kelly, fundadora del partido verde alemán. Si ello hubiese ocurrido, muy probablemente el capo del narcotráfico habría pasado a la historia como el fundador del partido verde colombiano, lo cual en este país de mamíferos exóticos, no habría suscitado ningún escándalo mayor que el que suscitó la semana pasada la disputa amorosa de un actor, por parte de dos bonitas mujeres de nuestra farándula. Y el adjetivo que muchos habrían escogido para titular aquella noticia, que -cómo no- sí habría tenido abundante registro en los medios, muy probablemente habría sido "exótico".

Europe Écologie, o lo verdes no verdes  

No quería referirme con desgano al Polo Democrático, puesto que aún representa la única esperanza seria de nuestra izquierda, pero como este partido se empecina en tropezar dos y más veces con la misma piedra, no he podido evitar que gravite en mi pensamiento la desteñida imagen de algunos de sus dirigentes, a medida que he ido tecleando las palabras que, en esta nota, versan sobre especies invasivas, mamíferos grandes, ambientalistas, partidos verdes e izquierdas democráticas.

Prefiero pasar a la propuesta de Europe Écologie ("Europa Ecología") el partido que en las pasadas elecciones pasó de contar con seis eurodiputados a catorce, situándose, a nivel internacional, a tan sólo dos décimas de puntos del Partido Socialista (16,48% contra 16,28%).

Este partido encuentra su target dentro de lo que algunos llaman la franja de los bohémien bourgeois, ejecutivos o intelectuales jóvenes de las grandes ciudades, quienes compraron más fácilmente el discurso progre de los "verdes no verdes" (explicaré después esta acepción) que el de los clásicos partidos socialistas u obreros.

El partido (óigase bien, señores del Polo) es plural y flexible, pues a pesar de tener un líder natural, Daniel Cohn-Bendit, facilita la coexistencia de otros líderes, de similar jerarquía, como José Bové, Eva Joly y un grupo fuerte de ecologistas franceses de la vieja guardia. Entre todos ellos armaron la propuesta que prescindió del manido discurso mamertoide que consiste en achacar todos los males del mundo al neoliberalismo, así muchos de los males del mundo tengan, efectivamente su origen, en el neoliberalismo. Imaginarse una sociedad que pueda trascender el capitalismo salvaje, aún aprovechando de él lo que facilite el aumento de una competitividad que a su vez mejore la redistribución de los ingresos, parece que fue la clave de un discurso moderado que lejos de polarizar al electorado joven, pudo atraerlo hacia cierta forma de centro izquierda, aún en proceso de gestación.

Europe Écologie tiene claro que el problema del cambio climático global va en serio, y que los gobiernos de los países desarrollados tendrán que demostrar en Copenhague, en la próxima cumbre mundial del clima, que son capaces de mover a sus congresos hacía la decisión de comprometerse con metas de reducción de emisiones de carbono, acordes con la gravedad que ha señalado el Panel Intergubernamental de Cambio Climático.

Si la raíz del problema climático es el actual modelo de sociedad, proponer un cambio de ese modelo parece ser lo pertinente. Pero este cambio de modelo, que no es asunto de corto plazo, bien podría representar una solución de carambola, en el corto o mediano plazo, para la crisis financiera.

Un modelo que aproveche los postulados del desarrollo sostenible, pero que incorpore una postura crítica frente las bases filosóficas de este modelo, resulta innovador en un mundo que ve desmoronarse la vieja propuesta verde que, desde la Cumbre Mundial de la Tierra Brasil 92, postuló que el desarrollo sostenible era, efectivamente, la panacea del desarrollo.

A quienes así pensaron, llamo los verdes verdes, y por contraste me refiero a propuestas tipo Europe Écologie, como los "verdes no verdes".

La connotación que desde los sesentas tuvo la palabra "verde" le hizo más daño que bien al movimiento ecologista internacional. Desprenderse de ella de manera gradual parece lo conveniente en un mundo dominado por modelos concertantes e inclusivos, donde los sincretismos pueden coadyuvar al gran propósito de avanzar, todos, hacia la modificación estructural de nuestra cultura del consumismo.

Tomo de una nota de Andrea Lanaia (El País, 30  de Junio de 2009) la descripción de la manera en que Europe Écologie propone desarrollar su acción política: la creación de un Fondo Europeo de Cooperación Ecológica y Solidaria, en sustitución del Pacto de Estabilidad y Crecimiento, un Consejo de Seguridad Económica, Social y Financiera, responsable ante el Parlamento europeo y destinado a fungir como Gobierno socio económico de la zona euro.

 

* Director del Centro de Pensamiento y Aplicaciones de la Teoría del Caos, profesor, investigador y columnista de varios diarios. Otros escritos suyos pueden consultarse en manuelguzmanhennessey.blogspot.com

twitter1-1@guzmanhennessey


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