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Can’t-cún: una victoria pírrica

(Tiempo estimado: 4 - 8 minutos)

Manuel Guzman HennessePese a que desde el siglo pasado a hoy son ya 16 las cumbres mundiales sobre cambio climático, pocos son los avances para reducir las emisiones y mitigar sus efectos.

Manuel Guzmán Hennessey*

¿Una batalla medio ganada?

Hace algún tiempo, había en Epiro un rey llamado Pirro.

Pendenciero y lenguaraz como hierbas locales. Invadió Macedonia y se quería quedar, hasta que unos magistrados de buena ley lo echaron a sombrerazos. Siete años que medró le parecían poca cosa.

Entonces se fue a Italia, y con los romanos empezó a verla difícil.

Pidió cacao al procónsul Cayo Fabricio, pero éste no le dio tregua; trató de sobornarlo con prebendas varias (otra vez las hierbas), pero Fabricio le resultó un gallo más jugado, pues no sólo rechazó el soborno sino que evitó morder el anzuelo de un médico enviado por Pirro con el supuesto encargo de envenenarlo.

Fabricio se lo devolvió con una carta con un "no, gracias".

Pirro afiló sus lanzas y ganó varias batallas, pero no calculó que en guerra larga hay desgaste, de manera que cuando sacó las cuentas de sus alfiles caídos se dio cuenta que le quedaban muy pocos en pie, y que los que no habían logrado asilarse en las comarcas vecinas andaban por ahí, trinando y tirando piedras, desde arbustos diversos.

Fue entonces cuando Pirro escribió en su "twitter" aquellos 140 caracteres que le darían fama eterna: otra victoria como ésta y volveré a Epiro sin un solo hombre.

Todo esto para decir que admitiré que los resultados de la cumbre de Cancún, si bien habrían podido ser peores, no lo son tanto si el Fondo Verde y los proyectos de Reducción de Emisiones por Deforestación Evitada (REDD+) pueden facilitar la transición necesaria entre el Protocolo de Kyoto y el nuevo acuerdo que es necesario inventar, ojalá antes de que sea demasiado tarde.

Lo de Cancún fue mejor que lo de Copenhague, pero es que lo de Copenhague fue calificado de "vergüenza climática" por los entendidos, quienes valoraron el alcance que se esperaba de semejante cumbre en relación con el tibio acuerdo de voluntades no vinculantes que finalmente se produjo. 

Decir que Cancún fue mejor que Copenhague me parece comparable con algo que escuche por estos días, que el alcalde de Barranquilla, a quien se le caen las casas, es el mejor de Colombia debido a que los barranquilleros lo comparan con Name, Gerlein y compañías, que vienen mangoneando en aquella ciudad casi desde los tiempos de Pirro.

Lo que la humanidad esperaba de la Conferencia de Naciones Unidas contra el Cambio Climático (COP 16) en Cancún, no era que las delegaciones de los 190 países partes de la Convención Marco de Cambio Climático negociaran dos acuerdos subsidiarios (REDD+ y Fondo Verde) de un asunto mayor, sino que asumieran el compromiso histórico sobre ese asunto mayor y lograran un acuerdo vinculante sobre reducción de emisiones de los países altamente industrializados.

Esto fue lo que no se logró, y ya a mediados de la reunión, tanto Ban Ki Moon como Christiana Figueres se anticiparon a las críticas que les podían venir, declarando que si bien no podrían esperarse unos acuerdos grandes, por lo menos se lograría un "acuerdo balanceado".

No se sabe lo quiso decir Christiana con la palabra "balanceado", pero no es ajeno al lenguaje diplomático el uso de metáforas huecas a las cuales estamos tan acostumbrados, que ni siquiera nos esforzamos por desentrañar.

Lo que no fue

La diplomacia internacional encarnada en el vetusto organismo de las Naciones Unidas es la principal responsable de que la humanidad avance por el peligroso derrotero del cambio climático, con una carga de muertos y desastres cada vez mayor.

Más grave que lo de Figueres fue lo que le dijo Ban Ki Moon a una periodista venezolana que había empezado su entrevista (realizada en la mitad de la cumbre) con una correcta introducción: "dado que la cumbre de Copenhague fue un fracaso"... pues no señor, al secretario general no se le movió un solo músculo de su rostro cuando le corrigió a la periodista: "la cumbre de Copenhague no fue un fracaso"

Está bien señor Ki Moon, Copenhague fue un éxito. Esa misma palabra usó ayer el inefable para referirse a los resultados de Cancún: "un importante éxito". Yo me quedo con Pirro.

La comisaria europea de Acción para el Clima, la danesa Connie Hedegaard, anfitriona de Copenhague, había sido más realista, pues en las primeras de cambio de la cumbre de México se apresuró a descartar lo que para muchos sería un milagro: un acuerdo jurídicamente vinculante.

No obstante al conocerse los resultados de Cancún, salió a cobrar la pírrica victoria con el argumento de que ella se debió en gran parte al compromiso de la Unión Europea.

No le falta razón a Hedegaard, pues si algún balance global habría que hacer del tortuoso camino que ha recorrido el Protocolo de Kyoto, en él habría que incluir que no es la Unión Europea  (UE) quien le ha fallado, en materia más grave, a la humanidad, sino Estados Unidos y China, especialmente.

Hedegaard había dicho que la UE estaba dispuesta, como lo estuvo el año pasado en Copenhague, a reducir de forma unilateral las emisiones en un 20 por ciento y llegar, incluso, a un 30 por ciento si otros actuaban. Pero, por desgracia, el senado estadounidense no aprobó una nueva legislación.

Si en Cancún se hubiera abierto paso al menos este acuerdo (20 por ciento de reducción de emisiones por parte de todos los países industrializados), ello sí que habría sido una victoria a celebrar.

En las negociaciones previas a la firma de Kyoto (hacia 1990), la Unión Europea propuso reducir en un 15 por ciento las emisiones para el año 2010, y señaló correctamente que la actuación doméstica debería ser la principal estrategia para lograr la reducción global de las emisiones.

Estados Unidos se opuso a cualquier meta o cronograma, y desde la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC, 1992) intrigó para bajar las metas de los países desarrollados a un 5,2 por ciento para el 2012, que es lo que actualmente tenemos, a tan solo dos años del fin del Protocolo.

Huelga decir que a Estados Unidos no se le podrá pasar cuenta de cobro por incumplimiento puesto que no forma parte del Protocolo de Kyoto, aunque también es justo anotar que muchos de sus Estados, de manera voluntaria, avanzan en medidas de reducción y programas energéticos favorables que se deben imitar en todo el mundo.

Lo que dijo Nnimmo Bassey, presidente de la ONG "Amigos de la Tierra Internacional" me parece una buena síntesis sobre lo que realmente significan los resultados de la reunión de Cancún.

"El acuerdo alcanzado no vale para luchar contra el cambio climático. Es una bofetada a quienes ya lo sufren. Para evitar el cambio climático catastrófico se necesita un acuerdo basado en la ciencia, mediante el cual los países ricos reduzcan sus emisiones en al menos un 40 por ciento para 2020 sin mercados de carbono, compensación, ni vacíos legales".

La esperanza que la humanidad tenía sobre la cumbre de Copenhague, la COP 15, y que alcanzó a expresarse mediante la bella palabra "Hopenhague", hubo de postergarse para la COP 16 de Cancún, pero nada: Cancún acabó en Can't cún, no se pudo.

Pirro acabó sus días de la siguiente manera: un día, ya viejo, retirado de sus guerras y olvidado sus coléricos trinos, caminaba por las calles de una ciudad de Grecia, a donde había ido a parar en busca de refugio, pero una mujer lo reconoció, y le tiró una teja desde un balcón, que le partió la cabeza.

* Profesor de la Universidad del Rosario,  www.klnred.comEsta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

twitter1-1@guzmanhennessey

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