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Lo que hay que ver

(Tiempo estimado: 4 - 8 minutos)

Manuel Guzman HennessePara “saber en serio lo que pasa en Colombia”, hay que ver, de verdad, lo que está sucediendo. Una reflexión sobre Razón Pública.

Manuel Guzmán Hennessey*

En la exultante noticia de la liberación de los secuestrados de la guerrilla se agazapa otra realidad, más sutil que la que nos mostró la televisión. Menos explícita también, especie de segunda piel que subyace en la urgencia de los días. ¿Qué hay, en realidad, tras el amago de renuncia de Luis Carlos Restrepo? ¿Quién movió los hilos contra la libertad de prensa? ¿Por qué se demoró tanto la operación? son algunas de las preguntas que bien podrían ubicarse en aquello que los teóricos de la realidad llaman "la realidad implícita". Aunque los análisis de la prensa del domingo se asomen a ello, muchos de estos coinciden en que de lo ocurrido quedan sobre el ambiente más preguntas que certezas.

Este escrito mío no es sobre Restrepo, quien ojala recupere, con el oficio de sus mejores días, el sosiego y la paz para su espíritu. Cuando empecé a redactarla parecía irrevocable su renuncia, luego fue revocable y finalmente se quedó. Igual opino que él merece escenarios menos turbulentos. Tampoco escribo sobre el tema de los recién liberados, pues mucha tinta habrá de correr sobre ellos en los próximos días. Me referiré a la índole de la realidad, asunto que en la azarosa dinámica de un país que va a los tumbos, cobra especial importancia, pues los hechos se suceden de una manera tal, que nos ocurre que, sólo a posteriori, comprobamos que no todo lo que vemos es como parecía ser, o que no todo lo que vemos era sólo lo que vimos,  o que no todo lo que vimos fue lo que todos vieron, o que no todo lo que vimos era lo que teníamos que haber visto. Centraré mi columna sobre ese aspecto bifronte de la realidad, y esa manera suya de agazaparnos lo sutil, entre los pliegues bulliciosos de las noticias.

Lo que me inspiró la temática de ésta, mi primera incursión en Razón Pública, - que me honra- no fue el issue "Restrepo, Samper y etcétera", sino el propio encabezado de la página electrónica que ahora ocupo, y que reza: para saber en serio lo que pasa en Colombia.

Opino que para saber en serio lo que pasa en cualquier parte del mundo hay que mirar en serio lo que está sucediendo. Y para mirar en serio es preciso ver, no con los ojos, sino a través de los ojos, como un día lo expresara el poeta William Blake.

Ver a través de los ojos significa incorporar en nuestro modo de visión, una percepción ampliada de la realidad que nos permita conocer sus aspectos implícitos, y no simplemente su expresión aparente.

Un giro inglés -"enligthened self interest" o "autointerés iluminado"- parece sugerirnos que la percepción que tiene cada uno de nosotros de la realidad incorpora siempre un enfoque selectivo sobre los hechos que ocurren, y que depende de nuestra particular cosmovisión. El biólogo Francisco Varela dijo en 1984 que "lo que el organismo detecta como su mundo, depende de su comportamiento, ya que ambas cosas son inseparables".

Los colombianos vemos hoy la realidad a partir de cierta conciencia colectiva medrosa a que nos ha llevado la tragedia, nos aproximamos al mundo de lo cotidiano desde el pertrecho de nuestros miedos, nuestras incertidumbres y nuestras violencias. Por ello, quizás, cuando los medios nos enrostran la cara amable de una noticia de libertad, perdemos de vista que tras ella se esconden otros aspectos de nuestro drama que bien valdría la pena mirar con más detalle.

Tal vez sin proponérselo, los medios de comunicación, y también el régimen, actuando al curioso unísono (muchas veces desde orillas contrapuestas)  corroboran lo que ya dijo Humberto Maturana sobre la distinción entre la realidad y lo real: argumentos que usamos en nuestra coexistencia humana cada vez que intentamos forzar a otro ser humano, sin usar la fuerza, a hacer algo que queremos y que el otro no hará espontáneamente.

La formación de la opinión, que se da desde los medios, incluido aquí el medio del poder de turno, se ejerce más desde las tripas que desde los cerebros, porque es un  ejercicio de aplicación de creencias que se tienen sobre la realidad, y no necesariamente de análisis sobre lo que está sucediendo.

Los análisis que abundan en lo anecdótico bien podrían profundizar en aquella realidad implícita, compuesta por múltiples factores, y que representa en últimas la realidad completa de nuestra guerra, de nuestro lúgubre juego de luces y de sombras, y de nuestro drama diario de no saber, casi nunca, a quien creerle. El fenómeno de la percepción está mediado por la cultura, por el uso del lenguaje, la semiótica, las emociones y los modelos mentales predominantes. He ahí la cuestión.

Fue el físico David Bohm quien descubrió que la manera clásica de ver la realidad está basada en ver las manifestaciones secundarias de ella, en el aspecto desplegado de las cosas. Un neurólogo que trabajó con Bohm, Karl Pribram, agregó que el cerebro "ve" de manera holográfica, puesto que utiliza un proceso holográfico para hacer abstracciones de un dominio holográfico.

La visión holográfica consiste en que en esa lectura de la realidad, la parte está en el todo y el todo está en cada parte, hay una unidad en la diversidad y una diversidad en cada unidad, y el punto crucial consiste en que la parte contiene y reproduce la imagen del todo. Si el cerebro funciona, como algunos creen, de manera holográfica, podemos tener acceso a un todo mayor, a un campo o esfera de frecuencia holística, que trascienda los límites del espacio tiempo; según Pribram, este campo bien podría ser aquello que los místicos y sabios filósofos de la antigüedad vislumbraban como el dominio de la unidad en la diversidad.

Bohm y Pribram se pusieron a trabajar juntos y decidieron visitar a Krisnhamurti, quien aportó su visión de la meditación a este trascendental enfoque de la ciencia de hoy.

Una reflexión de Bohm podría ayudar a responder las preguntas que hice arriba (y otras más que se han hecho desde las múltiples columnas de opinión que hoy exploran los vericuetos ocultos de nuestra convulsa realidad): "bajo la esfera explicada de cosas y acontecimientos separados, se halla una esfera implicada de totalidad indivisa".

De unos años para acá (como solemos decir) este país se ha convertido en un hervidero de noticias que no se alcanzan a cocinar, cuando otras nuevas las desplazan de la atención de los medios y nos evitan el trabajo de digerirlas bien, léase "entenderlas" como sugiere la frase de Razón Pública.

Creo que un esfuerzo colectivo debería preceder a tal entendimiento, el de la visión apropiada de lo que está sucediendo, para lo cual me parece saludable prescindir, por algunos momentos, del análisis básico que prodigan los medios, y acometer, en las universidades y los centros de pensamiento, la tarea seria de ver lo que está pasando, para entender lo que está pasando. Los análisis periodísticos, por la naturaleza deleble de su inmediatez, sólo alcanzan a pergeñar o a sugerir, lo que debería ser motivo de análisis más profundos, y que medios como éste han empezado a prohijar. Pero las universidades no deberían desdeñar el ejercicio académico, que por naturaleza les corresponde, en el empeño de escrutar la realidad, desde aquella perspectiva implícita que han señalado Bohm Y Pribram.

 

* Director del Centro de Pensamiento y Aplicaciones de la Teoría del Caos, profesor, investigador y columnista de varios diarios. Otros escritos suyos pueden consultarse en  manuelguzmanhennessey.blogspot.com

twitter1-1@guzmanhennessey

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