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Familias colombianas: diversidad, normas y realidad social

(Tiempo estimado: 6 - 11 minutos)

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Yolanda-Puyana

El fallo reciente del Consejo de Estado reconoce una realidad social y cultural: hay una gran diversidad – y hay un cambio constante- en las formas de organización de los hogares.

Yolanda Puyana Villamizar*

Nueva definición legal

El pasado 22 de julio, el Consejo de Estado expidió una sentencia contra el Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario (INPEC): una menor  aducía ser hija de un detenido que murió como consecuencia de problemas de esta institución.  El Consejo de Estado no sólo falló a favor de la niña, sino que conceptuó de la siguiente forma:

“La familia podrá estar constituida por un padre y una hija, o por una madre soltera con su respectivo primogénito, o por la tradicional decisión libre y voluntaria entre un hombre y una mujer de hacer vida conyugal, o por la decisión libre y voluntaria de dos personas del mismo sexo que se profesan amor y desean realizar vida conyugal”.

Esta  definición es bien diferente de la de la Constitución de 1991, cuando afirma que la familia es “una institución básica de la sociedad, conformado por el matrimonio entre un hombre y una mujer”.

Debo señalar mi satisfacción con la nueva forma de entender el concepto, porque creo que así se reconoce la dinámica cultural de la vida familiar de Colombia. En este análisis me propongo sustentar por qué comparto la tesis del Consejo de Estado:

· Primero haré algunas reflexiones sobre cómo las ciencias sociales han contribuido a difundir la metáfora de la familia como célula básica de la sociedad.  Trataré sobre los intereses y los  juegos de poder que se esconden en ella.

· Después mencionaré algunas tendencias de las familias actuales, que se ajustan más a la concepción propuesta por el Consejo de Estado, tomando información de la Encuesta de Demografía y Salud de Profamilia de 2010.

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Foto: Movilh Chile 

“Célula básica de la sociedad”​

Con esta fórmula trillada para caracterizar a la familia, se retoma el pensamiento de filósofos de  la ilustración francesa como Rousseau, para quien la existencia de la mujer solo tenía un sentido: velar por los hijos y consolidar la familia[1].

Uno de los fundadores de la sociología, Augusto Comte, también pensaba que la sociedad estaba fundamentada en la familia y en el papel de la  mujer, responsable de educar a los hijos. Según Jorge Ronderos[2], Comte afirmaba que la familia tiene su base espontánea en la naturaleza y que ella “constituye el primer fundamento del espíritu social,  la unidad primordial de la sociedad; en la cual el hombre comienza a vivir para otros”.  

Esa idea ha sido el fundamento de la naturalización de la familia y de la división sexual del trabajo para que esta recaiga en la mujer, negándose el componente cultural que da forma a la organización de las familias.

Más adelante, el sociólogo Talcott Parsons — en boga en la mitad del siglo XX en Estados Unidos —  consideró a las familias como las fábricas productoras de personalidades humanas[3]. Este autor idealizó la familia nuclear, caracterizada por la división de roles entre hombres y mujeres: defendía el modelo nuclear de padres, madres e hijos fundamentado en una visión particular acerca de las relaciones de género, donde la esposa debía encargarse del hogar y abstenerse de un oficio distinto de las actividades  domésticas y de la crianza, ya que sólo así podría adaptarse a la movilidad geográfica del marido. Por el contrario, el hombre debía dedicarse a conseguir los recursos necesarios para la subsistencia y por ende,  permanecer fuera del hogar.

Así, las mismas ciencias sociales nos hicieron confundir el concepto de familia con la estructura nuclear de la misma.

Al sacralizar la familia, al hacerla responsable del orden social, se hacen invisibles y se estigmatizan otras formas de familia. Pero además se cumple un papel político, bajo el siguiente razonamiento: si la familia es la base de la sociedad y la productora de personalidades humanas, los problemas sociales como la delincuencia juvenil, la drogadicción o el embarazo adolescente deben achacarse a la propia institución familiar.

Como hemos mostrado desde el feminismo, la responsable de la familia es la mujer, quien al tener a su cargo a la familia, carga sobre sus espaldas a la sociedad. Esta visión fue nuevamente popularizada en Inglaterra a partir del neoliberalismo de finales de los años 70,  pues al disminuir el Estado de bienestar se resaltaba la familia que tenía que sustituir estas funciones[4].

El pensamiento neoliberal y la extrema derecha comulgan con esta mirada sobre la familia,  porque así omiten explicar múltiples problemas sociales, producto de la inequidad social, como decir:

· la falta de oportunidades educativas, culturales y de trabajo para jóvenes de sectores populares;

· el hacinamiento en los barrios populares;

· la largas jornadas de trabajo que realizan las madres cabezas de familia  — quienes abandonadas por sus esposos o cansadas del maltrato —  deben trabajar muchas horas fuera del hogar  para mantener la familia;

· la corrupción de los políticos, que extraen los recursos públicos y no llegan  a quienes les necesitan.

Me pregunto si no resulta más fácil acusar a las familias que revisar en su integralidad los problemas sociales.  ¿No es así como se hacen invisibles además el clasismo y la  discriminación de género, racial o de opción sexual en Colombia, uno de los países con mayor inequidad social del mundo? 

Evidencia de una gran diversidad

Comparto con el Consejo de Estado la definición de familia como “una forma de unión de personas que asumen lazos de solidaridad, apoyo, cariño, amor y convivencia”.

Los estudios históricos y los más recientes demuestran que en Colombia las formas de unión familiar han sido regularmente informales y que hacen parte de nuestra tradición las llamadas familias incompletas: madres solas con hijos, uniones de hecho y tantas otras formas (ver mi análisis “Las familias colombianas: no hay un modelo único”, publicado en Razón Pública).

Resulta pertinente destacar los descubrimientos de Virginia Gutiérrez durante los años 60 acerca de cómo los habitantes de diferentes regiones de la costa atlántica — hoy denominadas indistintamente como región Caribe —  y de la costa pacífica no habían interiorizado las formas familiares españolas: redes de familias extensas se ocupaban de cuidar a los niños y a las niñas, y en esa época — incluso en ciudades como Barranquilla —  las uniones maritales de hecho eran más numerosas que los matrimonios católicos.

En 2010, la Encuesta de Demografía y Salud de Profamilia aportó evidencia  concluyente acerca de la informalidad de las formas familiares en Colombia. Algunas tendencias observadas  en los hogares colombianos son las siguientes:

· los hogares nucleares completos — es decir los conformados por padres, madres, hijos e hijas — no han sido la mayoría, ni siquiera durante los años 90 del siglo XX.  De hecho decrecieron entre 1993 y 2010.

· Mientras tanto han aumentado los llamados hogares “incompletos”[5], es decir jefes de hogar  con hijos o hijas.

· Los hogares extensos por su parte, se han mantenido más o menos estables en este período.

Se confirma así una tendencia común entre los sectores populares del país: la necesidad de personas de distintas generaciones de unirse para disminuir los costos del mantenimiento diario. Se concentran los hijos e hijas de las jóvenes madres, quienes asumen su cuidado en compañía de los abuelos y las abuelas.

El hogar unipersonal — un solo habitante por hogar — aumenta a través del tiempo. Este crecimiento está relacionado con varios factores:

· el aumento  de la esperanza de vida, lo que implica la formación de hogares unipersonales conformado por personas mayores, especialmente, viudas.

· personas que optan por habitar separadas de sus parientes más cercanos, como hijos que se independizan;

· parejas llamadas abiertas, quienes mantienen una relación erótica–afectiva y un pacto de amor, pero no conviven.

· en ciertas circunstancias laborales, se debe vivir separado.   

Finalmente, en la encuesta se destaca el aumento constante del hogar mono–parental bajo jefatura femenina: una mujer cohabita con sus hijos e hijas, sin el padre.  Según Profamilia: “una de las características que se vienen observando hace un tiempo es la feminización de la jefatura de los hogares”:

· en 1995, 24 por ciento eran mujeres;

· en 2000, el 28 por ciento;

· mientras que en 2005 subió al 30 por ciento;  

· los resultados para 2010, del 34 por ciento, confirman esta tendencia creciente en los hogares colombianos. 

Una realidad cultural

Las evidencias anteriores muestras cómo entre los hogares colombianos priman formas distintas del modelo nuclear completo, tan exaltado por quienes creen que la familia es la célula de la sociedad y así pueden culpar a esta institución, cuando no se resuelven múltiples problemas sociales.

El Consejo de Estado está ajustándose a la realidad cultural cuando legisla a partir del vínculo de solidaridad y de convivencia establecido entre la personas para formar un hogar.

Esta nueva visión responde las necesidades de la gente. Tal como ocurrió el pasado viernes 25 de julio — solo tres días después de expedida la sentencia — cuando Carlos Ardila y Gonzalo Ruíz realizaron su sueño de 20 años: legitimar su unión y formar una nueva familia, legalizada por una valiente jueza…  ante el horror de la Procuraduría.

* Profesora e investigadora de la Universidad Nacional de Colombia.

[1] Badinter, Elizabeth.: “¿Existe el amor maternal?” Ed. Paidós. (1995).

[2] Ronderos, Jorge: “El concepto de familia en Augusto Comte”.  Facultad de Desarrollo Familiar. Universidad de Caldas. Manizales. 1995, p. 25. 

[3] León, M.: “La familia nuclear: origen de las identidades hegemónicas masculina y femenina”.  En: “Género en identidad. Ensayos sobre lo femenino y lo masculino”. Tercer Mundo Editores. Universidad Nacional. 1995. 

[4] Puyana, Y.: “El familismo una crítica desde la perspectiva de género y el feminismo”. En Puyana Y. y Ramírez M.H “Familias, cambios y estrategias”. Universidad Nacional de Colombia. Bogotá. 2007. 

[5] Este término — usado por Profamilia — resulta discriminatorio, porque pareciera que solo puede referirse a completitud  cuando hay parejas con hijos.   

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Comentarios  

luis colorado
0 # luis colorado 31-07-2013 16:53
Me parece muy interesante la forma en la que abarcas las problemáticas existentes hoy en día en nuestro país. Quisiera que me regalaras tu opinión sobre los temas de gratuidad educativa,y si puedes; las leyes que favorecen este factor de desarrollo minoritario.

De ante mano muchas gracias por la atención prestada.
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MANUEL ARGUELLO CAMA
0 # MANUEL ARGUELLO CAMA 05-08-2013 10:57
Valioso el aporte del ensayo, rico en aspectos para el debate en nuestra sociedad caracterizada por ser tradicionalista y conservadora. Cuando menciona el lugar de las ciencias sociales como legitimador de una concepción de familia me cuestiona por mi formación en esta área, en la cual el análisis y la reflexión son fundamentales en la construcción de una sociedad plural y dinámica, en cuantos otros aspectos las ciencias sociales han caído en mantener el stato quo?. La sociedad contemporánea requiere de un profundo debate en temas como la familia, la sexualidad entre otros para no caer en exclusiones y visiones dogmáticas.
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