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Emotividad explosiva: hinchas desbocados por el fútbol

(Tiempo estimado: 5 - 9 minutos)

Durante la última semana vivimos en Colombia dos episodios de violencia derivados de la fiebre del fútbol. Un experto explica cómo pueden entenderse estos fenómenos.  

Germán Gómez Eslava*

“Las multitudes llegan rápidamente a lo extremo”

Sigmund Freud

Psicología de las masas y análisis del yo

Un cumpleaños violento

El cumpleaños de Millonarios, el pasado 18 de junio, resultó ser más que una manifestación de seguidores del equipo en conmemoración del aniversario 68º de su oficialización en el fútbol profesional colombiano, pues con esta ocasión se presentaron múltiples actos vandálicos que alteraron la vida normal de Bogotá.

Al día siguiente los medios informaron sobre destrozos a estaciones del servicio de TransMilenio, riñas y enfrentamientos entre los mismos seguidores del club, así como bloqueo de vías por efectos de las “marchas” que realizaron en distintos puntos de la ciudad.

Las ya recurrentes “explicaciones” de los medios de comunicación tildan de vándalos y desadaptados a los protagonistas de estos hechos. Y seguramente, en esos momentos de euforia, lo son. Yo sin embargo debo aventurar algunas explicaciones que trasciendan el cómodo campo de la descalificación

Hinchas de millonarios a la salida del estadio El Campín.
Hinchas de millonarios a la salida del estadio El Campín.
Foto: Juan Carlos Pachón - Arttesano 

La explicación sociológica

Recurriendo a los textos de Sigmund Freud, este fragmento aporta ciertas luces para comprender lo ocurrido desde otra perspectiva. Dice Freud:

“Si queremos formarnos una idea exacta de la moralidad de las multitudes, habremos de tener en cuenta que en la reunión de los individuos integrados en una masa desaparecen todas las inhibiciones individuales, mientras que todos los instintos crueles, brutales y destructores (…) despiertan y buscan su satisfacción”.

De esta manera, lo acaecido a raíz del cumpleaños de Millonarios puede asociarse con la aglomeración y la conformación de masas durante los festejos.

Dichas aglomeraciones no surgieron de manera espontánea: fueron premeditadas es decir, concebidas con anterioridad. Según un funcionario de la Secretaría de Gobierno de Bogotá estas concentraciones no tenían autorización; sin embargo, y volviendo a Freud, los individuos en proyección de masa perdieron los controles inhibitorios que habrían debido traducirse, por ejemplo, en acatar la prohibición de la Secretaría.

Además, podríamos reforzar la hipótesis de la exacerbación de los “instintos crueles, brutales y destructores”, que llegaron a ser casi inmanejables, seguramente liberados por los altos niveles de consumo de alcohol y otros estimulantes.

En los incidentes que involucraron a los hinchas de Millonarios se identifican varios elementos, como las aglomeraciones o masas convocadas con el propósito de “festejar” un hecho que congrega desde la emotividad de las pasiones, así como el consumo excesivo y sin control de bebidas embriagantes y otras sustancias sicoactivas.

Entonces, en los incidentes que involucraron a los hinchas de Millonarios se identifican varios elementos, como las aglomeraciones o masas convocadas con el propósito de “festejar” un hecho que congrega desde la emotividad de las pasiones, así como el consumo excesivo y sin control de bebidas embriagantes y otras sustancias sicoactivas.

Con esto podríamos dar cuenta de las causas que indujeron los desmanes a raíz del cumpleaños de Millonarios. Pero aun quedamos cortos para entender la distorsión del sentido racional, pues el fútbol como tal no tiene porque alterar las percepciones o modos habituales del pensamiento.

Barras bravas

Según Freud, las multitudes no sienten sed de verdad, y en cambio piden ilusiones a las cuales no pueden renunciar. Por eso dan preferencia a lo irreal sobre lo real, y lo irreal actúa sobre ellas con la misma fuerza que lo real, justificando muchas posturas del tipo “daría la vida misma por alentar a mi equipo”.

Esta es una distorsión evidente del sentido racional que no se agota en, o mejor, no depende exclusivamente de, este tipo de aglomeraciones.

Tales agrupaciones existen hace ya más de diez años, y han sido definidas como “barras bravas”, “barras futboleras” o “hinchadas populares”. Estas son organizaciones de jóvenes que actúan como un mediador entre ellos y el equipo. Las “barras” integran las pasiones y canalizan las acciones de los hinchas, dando origen a procesos de apropiación particulares, no solo del estadio sino de la ciudad en su conjunto.

Lo observado, e incluso lo sufrido, por muchos bogotanos el pasado 18 de junio es  apenas una de las muchas expresiones de este tipo de fenómenos, que fácilmente transitan de la legalidad a la ilegalidad, y que operan como un motor poderoso que conecta las subjetividades de jóvenes que viven en el margen de lo establecido o definido como “normal” por la sociedad y sus instituciones.

La aparición de las barras da cuenta de la crisis de las instituciones tradicionales (Estado, familia, escuela) para leer estas nuevas expresiones juveniles y proponer escenarios alternativos que reconozcan tales subjetividades.

El jugador Teófilo Gutiérrez, durante el partido de la selección Colombia contra Grecia.
El jugador Teófilo Gutiérrez, durante el partido de la
selección Colombia contra Grecia.
Foto:Calcio Streaming

Necesidad de reconocimiento

Pero la necesidad subjetiva de reconocimiento y de prestigio también opera como detonante de este tipo de manifestaciones.

Robert Merton definió la “anomia” (ruptura de las normas) como un producto del choque entre las aspiraciones culturalmente prescritas y los caminos aprobados socialmente para llegar a ellas. Es decir, la sociedad implanta una serie de metas u objetivos que la mayoría de sus integrantes difícilmente puede alcanzar por los medios aprobados disponibles.

Por ejemplo la imagen exitosa del individuo como alguien que accede a las mieles de la sociedad de consumo. Recordemos un ícono  de esta sociedad: el “hombre Marlboro” y toda su parafernalia, que orientaron los referentes hegemónicos del hombre de éxito durante un buen tiempo.

Luego, la búsqueda de prestigio se establece en escenarios no tan formales, pero sí muy efectivos. Y tal es el caso de las barras, en tanto el acceso a ellas depende de criterios como el aguante o la capacidad de resistencia, la virtud en la pelea y la capacidad de liderazgo. Estas virtudes proporcionan el tan deseado prestigio y, por tanto, el reconocimiento como líder.

Y son precisamente estos líderes los encargados de convocar y movilizar de manera extraordinaria a cientos de jóvenes en torno a esta pasión que en ocasiones se torna explosiva.

Celebración del Mundial

Ahora bien, lo sucedido durante los festejos por el triunfo de la Selección Colombia sobre la Selección de Grecia, cuando perdieron la vida 9 personas y se presentaron cerca de 3 mil riñas (según informó el alcalde de Bogotá), nos remiten a otro escenario que, si bien se debe al fútbol, encuentra su explicación en procesos distintos del de Millonarios.

Ante todo, en este caso la congregación se dio por solidaridad, no hacia un equipo específico del torneo regular de futbol, sino hacia la Selección Colombia, que nos representa  a todos como país.

También a diferencia del festejo de Millonarios, la celebración se dio de manera espontánea y resultó exclusivamente de los goles del partido. Es decir, se podía ganar, empatar o perder. Se ganó y esto dio pie a la euforia generalizada que observamos en las calles de todas las ciudades.

La sociedad implanta una serie de metas u objetivos que la mayoría de sus integrantes difícilmente puede alcanzar por los medios aprobados disponibles.  

Los altos niveles de consumo de alcohol, como parte del festejo por el triunfo,  se tradujeron en multitud de riñas y estimularon los actos de violencia, pues el alcohol  desinhibe los controles cerebrales sobre los impulsos.

Además, la construcción simbólica de referente nacionales, más los usos y abusos de estos símbolos por parte de los medios de comunicación masiva, muy bien pudieron influir en aquel tránsito de lo real a lo irreal, que significa la pérdida del equilibrio racional en favor de la emotividad.

En estos casos, la percepción y el control se afectan de maneras dramáticas, por tanto las relaciones mediadas por estas circunstancias fácilmente pueden devenir en violencia.

Podemos concluir que, aunque disimiles en su estructura, estos fenómenos vinculan aspectos complejos de la sociedad que desembocan en crisis y alteraciones significativas de la vida cotidiana en la ciudad, y nos invitan a reflexionar sobre las formas nuestras de canalizar las emociones colectivas.

Por lo demás también será preciso revisar el proceder de las instituciones, pues en el caso de Millonarios se trataba de una actividad conocida y por tanto previsible: algo falló en la planeación de su control.

Algo aprendimos. Para el partido entre Colombia y Costa de Marfil se adoptó la ley seca y no hubo muertos. Aunque parezca restrictiva y poco popular, esta medida funcionó al menos en este caso.

 

*Sociólogo de la Universidad Nacional, magíster en Comunicación de la Universidad Javeriana e investigador del fenómeno de las barras bravas.

twitter1-1@german_eliecer 

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