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La nueva Cumbre del clima: el movimiento social es la esperanza

(Tiempo estimado: 5 - 9 minutos)

La próxima Convención del Cambio Climático se realizará en la ciudad de París.

Rafael ColmenaresEl 30 de noviembre comenzará la reunión mundial para frenar el calentamiento suicida del planeta. Pero los compromisos ya anunciados por los Estados son muy insuficientes, y habrá grandes presiones para que no las cumplan: solo nos queda la presión ciudadana.   

Rafael Colmenares*

Más retrocesos que avances

Dentro de treinta días la capital francesa será el escenario del debate sobre la ruta que el mundo debe tomar para conjurar la amenaza del cambio climático.

Durante los veintitrés años de vigencia de la Convención de Cambio Climático tan solo se ha logrado un acuerdo obligatorio para reducir las emisiones de CO2: el protocolo de Kioto (1997).  Más todavía, el principal contaminador en aquella época, Estados Unidos, no firmó el protocolo, y otras potencias fueron dejándolo de lado, hasta que en la Cumbre de Doha (2012), Japón, Rusia y Canadá, entre otros, no suscribieron la prórroga de ese instrumento hasta 2020. Con esa prórroga se pretendía ganar tiempo para buscar un acuerdo más sólido y a la altura de la amenaza.

Las potencias, no están dispuestas a asumir cuotas obligatorias de reducción y, en cambio, prefieren metas voluntarias no sometidas a ninguna revisión ni control

Contrariamente a lo que indicaría el sentido común o el instinto de conservación de la especie, en lugar de avanzar hemos retrocedido en este asunto. En Lima 2014 se hizo oficial lo que se veía venir desde la Cumbre de Copenhague (2009), que las potencias, encabezadas por Estados Unidos y China (el principal contaminador actual) no están dispuestas a asumir cuotas obligatorias de reducción y, en cambio, prefieren metas voluntarias no sometidas a ninguna revisión ni control por parte de los organismos internacionales.

París, 2015


La reducción de gases contaminantes depende en gran medida de los intereses de las
multinacionales productoras de combustibles fósiles.
Foto: Aristocrats-hat

Así las cosas, la vigésima Conferencia de las Partes de la Convención de Cambio Climático (COP 21) abordará tres temas fundamentales:

  1. La presentación de las metas antes mencionadas,
  2. La definición del límite de aumento de la temperatura del planeta, actualmente fijado en 2º C, y
  3. El estado del Fondo Verde para el Clima, mediante el cual el mundo desarrollado promete ayudar a los países pobres en la tareas de adaptarse y de mitigar el cambio climático.

La reunión preparatoria celebrada en Bonn del 19 al 23 de octubre arrojó el borrador del documento que podría adoptarse en Paris. El texto de 55 páginas presenta una buena cantidad de corchetes (indicando los puntos donde aún no hay acuerdo) y las opciones que  en cada caso presentan los países: hay muchos desacuerdos. 

Es pertinente recordar que la extensión de estos documentos también tiene importancia, pues los expertos de la ONU atribuyen el fracaso de la Cumbre de Copenhague a que en aquella ocasión el borrador fue de 300 páginas.

Un pronóstico alarmante

Según el artículo segundo del borrador, el límite de aumento de la temperatura oscila entre 1,5 y 2 grados centígrados. La primera cifra implicaría que el nivel de los gases se estabilice en 350 partes por millón, y la segunda, que lleguemos  al tope de las 450 ppm. Actualmente se estima que el nivel ya está en 380 ppm es decir, que ya sobrepasamos los 1,5 grados.

La perspectiva es alarmante: al sumar los compromisos voluntarios de los 150 países que han presentado sus metas y que son responsables del 90 por ciento de las emisiones, se concluye que estas seguirán creciendo hasta 2030, cuando habrán alcanzado 53-55 gigatoneladas (Gt) de CO2.

Es decir, las emisiones estarán entre 15 y 17 Gt de CO2 por encima del límite máximo de emisiones recomendado por el Panel Internacional de Cambio Climático (IPCC), en cuyos análisis se basan los Estados para elaborar sus propuestas de control.

Bajo estas condiciones se prevé que el aumento de la temperatura se moverá entre los 2,7º C y los 3,4º C, lo cual tendría resultados catastróficos pues es bien sabido que no sería posible, sino a muy largo plazo, revertir este aumento de la temperatura.

Ante la gravedad de la situación, un conjunto de organizaciones sindicales y no gubernamentales, entre ellas la International Trade Union Confederation, Oxfam y Amigos de la Tierra, decidieron contratar su propio estudio, cuyas conclusiones ha resumido el economista Maxime Combes de la siguiente manera:

  • Los compromisos de los Estados no permitirán situar el aumento por debajo de los 2º C. Incluso en el (hipotético) caso de que todos los Estados cumplan sus promesas, el calentamiento climático podría superar los 3º C. Es decir, existe una alta probabilidad de embarcarnos en un escenario de explosión climática peligrosa e incontrolable.
  • Las contribuciones de los Estados representan menos de la mitad de la reducción de emisiones que sería necesaria de aquí a 2030. Los compromisos actuales representan una parte muy pequeña de lo que debería haberse hecho.
  • Los aportes financieros ofrecidos por la mayoría de los países desarrollados están muy lejos de lo que les correspondería: el de Japón apenas equivale al 10 por ciento de lo que debería, el de Estados Unidos está un 20 por ciento por debajo de sus obligaciones, y el de la Unión Europea, un poco más del 20 por ciento. Salta a la vista la falta de medios para cubrir los costos de adaptación y las pérdidas que sufren, sobre todo, los países más vulnerables ante la desregulación climática.
  • La mayoría de los países en desarrollo han puesto sobre la mesa objetivos de reducción incompatibles con lo que les corresponde.

Los intereses creados

Comisión permanente del Cambio Climático de la ONU reunida en París.
Comisión permanente del Cambio Climático de la ONU reunida en París.
Foto: Wikimedia Commons

Por otra parte el carácter voluntario de los compromisos y la ausencia de un mecanismo de verificación podrían conducir a una situación todavía peor: la presión de la demanda y de las empresas dedicadas a la extracción y comercialización de combustibles de origen fósil haría casi inevitable el incumplimiento de aquellas ofertas.  El economista mejicano Alejandro Nadal resume bien este asunto:

En el (hipotético) caso de que todos los Estados cumplan sus promesas, el calentamiento climático podría superar los 3º C.

“En realidad, existen pocas esperanzas de estabilizar la concentración de gases invernadero en las 450 ppm. Para lograr este objetivo las emisiones de gases no pueden superar el nivel de entre 800 y mil giga toneladas de CO2: desde 1880 ya se han emitido 535 giga toneladas. Y del remanente ya se encuentran comprometidas unas 250 giga toneladas debido a las inversiones ya realizadas en infraestructura ligada a la industria de combustibles fósiles en todas sus formas.

Las compañías que han realizado esas inversiones querrán amortizarlas y para ello van a hacer todo lo posible para que sus instalaciones sigan funcionando y emitiendo giga toneladas de CO2. Es decir, estamos atrapados en una trayectoria que conduce a un escenario de sorpresas realmente desagradables en materia de cambio climático”.

Los intereses financieros agravan esta paradoja trágica de tener bien diagnosticado el problema y sus causas pero no poder actuar sobre ellas, al menos desde los Estados. Como dice Nadal:

“Hoy las principales industrias ligadas a la industria de combustibles fósiles tienen un valor de mercado cercano a los 4 billones de dólares y una buena parte de ese monto corresponde al valor de sus reservas. En caso de lograrse un acuerdo fuerte en la COP21, con un compromiso claro para reducir emisiones, el valor de esas reservas deberá sufrir un fuerte ajuste a la baja, quizás hasta de 60 por ciento.

Ahora bien, las conexiones entre la industria de combustibles fósiles y el mundo financiero son muy fuertes y eso traería serias consecuencias. Por ejemplo, se estima que los fondos de pensión y las cuentas individuales de retiro en Estados Unidos poseen 47 por ciento de las acciones de las compañías de petróleo y gas natural de ese país. Es evidente que por el lado del sector financiero también existe una resistencia a cambiar el perfil energético de la economía mundial”.

¿Y quién podrá defendernos?

Ante la falta de compromiso de los Estados y la presión del cabildeo financiero y de las transnacionales dedicadas a extraer y comercializar los combustibles fósiles, las esperanzas radican en la movilización social y ciudadana.

Está tendrá dos citas claves: el 28 y 29 de noviembre en las grandes ciudades del mundo, y el 12 de diciembre en París, donde se espera más de medio millón de personas, una cantidad que superaría las movilizaciones del año pasado en Nueva York por la misma causa.

 

* Miembro de Unión Libre Ambiental.

 

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