facebook   twitter   youtube 

Colombia: entre El Niño y La Niña

(Tiempo estimado: 3 - 6 minutos)

Inundación del municipio La Victoria en el Valle del Cauca durante la ola invernal del año 2010.

Carolina García ArbeláezLluvias torrenciales y sequías prolongadas serán el panorama que tendremos durante muchos años si no se toman en serio los compromisos que Colombia firmó en la pasada Cumbre del Cambio Climático.

Carolina García Arbeláez*

Dos extremos

Durante los últimos cinco años los colombianos hemos sentido en carne propia lo que significa el cambio climático.

Incendio forestal en los cerros orientales de Bogotá.
Incendio forestal en los cerros orientales de Bogotá.
Foto: Diego Bernal

Pero la manera como Colombia enfrentó el fenómeno de La Niña de 2010 y el de El Niño de 2015-2016 – fenómeno que nos tiene avocados a una crisis hídrica y energética- son señales claras de que no estamos preparados para ese cambio climático.

En 2010 los medios de comunicación hablaban de ríos desbordados, de municipios bajo el agua, de derrumbes y de cosechas arrasadas. Hoy las imágenes son de todo lo contrario: de tierras agrietadas, de ríos que se pueden cruzar a pie, de animales sedientos y desnutridos.

El fenómeno de La Niña de 2010-2011, que en su momento se llamó “ola invernal”, nos cogió desprevenidos. En ese entonces:   

  • Cerca de 6.000 viviendas quedaron parcial o completamente destruidas.
  • Más de tres millones de colombianos (aproximadamente el 7 por ciento de la población) resultaron damnificados o afectados.
  • Sufrieron enormes pérdidas el sistema de transporte vial, la infraestructura para brindar agua potable y saneamiento básico, los sectores productivos y los servicios sociales y de administración pública.

El paso de La Niña, según cálculos de la Comisión Económica Para América Latina (CEPAL), le costó el 2,2 por ciento del PIB a Colombia. Esto equivale a sumar los costos de los desastres naturales más devastadores de la historia colombiana: el terremoto de Armenia de 1999 (1,86 por ciento del PIB) y la avalancha de Armero de 1985 (0,29 por ciento).

No estamos preparados para ese cambio climático. 

Cuando pensábamos que La Niña era cosa del pasado, apareció El Niño, que se manifestó tímidamente en 2014 pero que en 2015 resultó ser el segundo fenómeno de su clase más fuerte de la historia, según la Administración Nacional del Océano y de la Atmósfera de Estados Unidos (NOAA).

No sabemos cuánto costará la actual escasez hídrica, pero los impactos han sido notorios a lo largo y ancho del territorio:

  • En 25 de los 32 departamentos hay alerta roja por la alta probabilidad de incendios forestales.
  • En 318 municipios se reporta escasez hídrica y 120 más están en situación crítica.
  • Los precios de los alimentos han subido de manera dramática.

Pero ahí no paran las travesuras de El Niño. Según el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales de Colombia (IDEAM), los ríos del país presentan el nivel más bajo de los últimos quince años. El río Magdalena, la principal arteria fluvial sobre la cual el gobierno viene adelantando un muy costoso proyecto (un proyecto además bastante discutible, como explicó Eduardo Aldana en esta misma revista), está tan seco que hay brazos por done se puede cruzar a pie.

Esta es tan solo una incompleta muestra de los impactos de una sequía arrasadora que, según el IDEAM, posiblemente comience a debilitarse en marzo de este año, pero cuyos efectos se sentirán hasta junio.

Cambio climático: compromiso ineludible

Delegados participantes de la 21va Conferencia del Cambio Climático realizada en París.
Delegados participantes de la 21va Conferencia del Cambio Climático realizada en París.
Foto: Wikimedia Commons

Eventos de variabilidad climática como El Niño o La Niña no son nuevos y han hecho parte de los ciclos del planeta durante miles de años.

Los pueblos indígenas más antiguos los conocían bien; sabían leer las señales de su aparición y prepararse para los rigores que traían. Lo nuevo, lo que es distinto, es el cambio climático ocasionado por la emisión de gases de efecto invernadero.

Científicos del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC) han predicho que el calentamiento global podría intensificar y volver más frecuentes e impredecibles eventos extremos como El Niño y La Niña. Esta es una sinergia peligrosa  que ya parece estar en marcha.

¿Cómo evitar ese escenario apocalíptico? En 2015 (declarado el año más caliente de la historia) 195 países se comprometieron a tomar acciones para hacerle frente al cambio climático. El Acuerdo de París, que entrará en vigor en 2020, busca que la temperatura global del planeta se mantenga “muy por debajo” de los 2º C de calentamiento en relación con la temperatura preindustrial, que se considera el límite para no entrar en un desajuste climático con consecuencias irreversibles.

Igualmente se busca que todos los países tomen medidas de adaptación para aumentar nuestra resiliencia es decir, nuestra capacidad de adaptarnos a las nuevas condiciones del sistema climático. Estos objetivos globales son claves para darnos un rumbo.

Pero el reto verdadero estará en casa.

Pero el reto verdadero estará en casa. Colombia se comprometió a reducir el 20 por ciento de sus emisiones para 2030. Asimismo se comprometió a cumplir con 10 acciones específicas de adaptación, entre ellas:  

  • Que todo el territorio nacional cuente con planes de cambio climático,
  • Que se tenga un sistema nacional de indicadores de adaptación,
  • Que se delimiten y protejan los 36 complejos de páramos,
  • Que se aumente en 2,5 la cobertura de áreas protegidas, y
  • Que los principales sectores productivos lleven a cabo acciones de adaptación innovadoras.

Estas son medidas urgentes que exigen, sobre todo, romper el paradigma de desarrollo carbono-intensivo, para encaminarnos hacia un futuro verdaderamente sostenible.

Emprender este camino solo es posible si todas las políticas e instituciones del Estado persiguen el mismo fin. De otra manera estaremos condenados a vivir otros cien años bajo el gobierno caprichoso e impredecible de El Niño y La Niña.

 

* Abogada de la Universidad de Los Andes, escribe historias free-lance para varios medios, fundadora de Tío Conejo, blog de medio ambiente de La Silla Vacía,  Oficial de Medios y Producción de Contenido para la WWF.

 

Escribir un comentario

Agradecemos a los investigadores, académicos y profesionales que contribuyen con sus artículos, declaraciones y caricaturas inéditos para ser publicados en la Revista Razón Pública. Los autores son responsables de sus ideas y de la presentación de los hechos en este documento.

“Los comentarios en Razón Pública están sujetos a moderación, (de 8 am a 6pm hora de Colombia) con el fin de garantizar un intercambio de opiniones en tono respetuoso - serán bienvenidas la crítica aguda y la ironía - que enriquezcan el debate y resulten interesantes para lectores y autores.
En consecuencia, no se aceptarán comentarios del siguiente perfil:
1. Que constituyan descalificaciones, ataques o insultos contra los autores o contra otros participantes del foro de comentarios.
2. Que incluyan contenidos, enlaces o nombres de usuarios que razonablemente puedan considerarse insultantes, difamatorios o contrarios a las leyes colombianas.
3. Comentarios sin sentido o repetidos, que serán eliminados sin piedad.

Los comentarios no reflejan necesariamente la opinión de Razón Pública, sino la de los usuarios, únicos responsables de sus propias opiniones.”


Código de seguridad
Refescar

Esta semana en Razonpublica