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Violencia de las barras de fútbol: ¿cómo tratar el problema?

(Tiempo estimado: 5 - 10 minutos)

Hinchas de Santafé en el estadio El Campín de Bogotá.

Alirio AmayaAlejandro Villanueva David QuitiánCada vez que hablan los medios de desmanes de las barras futboleras, los “opinólogos” y los políticos piden castigos más fuertes. Y sin embargo en Colombia se han venido trabajando otras formas de manejo que son más inteligentes.

Alirio Amaya* - Alejandro Villanueva** - David Quitián***

Las lecciones de Hillsborough

El fallo de esta semana de la corte de Warrington, que absolvió a los hinchas en la tragedia de 1989 en el estadio de Hillsborough (Inglaterra), es un valioso referente para entender el debate sobre las barras de fútbol que hoy vivimos en Colombia. El tribunal acabó con las sospechas que atribuyeron las 96 muertes que se dieron ese día a la violencia de los hinchas, conocidos como hooligans.

¿Qué tiene que ver esa tragedia con el debate sobre las barras en Colombia? Creemos que mucho, pues algunos analistas han defendido lo que denominan “el método inglés” o el thatcherismo para controlar este tipo de episodios. En opinión de ellos, ese método erradicó la violencia de los estadios británicos y los hooligans quedaron reducidos a su mínima expresión. Según aquella lógica, la “mano de hierro” de Margaret Thatcher se trasladó a la pacificación de los estadios, y lo que funcionó en la cuna del fútbol debería servir en cualquier parte, incluida Colombia.

Pero esa pacificación resulta ser una falacia: los actos de violencia se siguen presentando en Inglaterra, solo que ya no ocurren en las gradas de los estadios. Ahora se produce en cantinas, estaciones de metro, calles y barrios, como se puede ver en la película Green street hooligans (2005). Incluso los estudiosos ingleses del fenómeno critican este modelo;  en una conferencia en la Universidad Estadual de Campinas (Brasil) en 2011, el profesor Eric Dunning, de la Universidad de Leicester, aseguró que:

“Desde el siglo XIV existen esfuerzos por contener la violencia en los juegos populares; tentativas que han demostrado la ineficacia de la represión como se evidencia en el hecho de que las mayores tragedias del fútbol británico ocurrieron durante el gobierno de Margaret Thatcher, en los años 1980, justamente cuando la represión al hooliganismo llegó a su esplendor”.

La escuela argentina en Colombia

Hinchas de Millonarios en el estadio El Campín de Bogotá.
Hinchas de Millonarios en el estadio El Campín de Bogotá.
Fotos: Alejandro Villanueva

Según muchos testimonios, ya en la primera mitad del siglo pasado se presentaban   desórdenes y pequeñas trifulcas entre los aficionados al fútbol en Colombia.

No obstante los estudiosos colombianos coinciden en que la violencia en el deporte, como hoy la conocemos, surgió al comienzo de la década de 1990. La globalización jugó un papel importante, pues las antenas parabólicas y la televisión por cable masificaron los videos que glorificaban los métodos para alentar a las hinchadas argentinas - una práctica validada por la ascendencia del balompié del Cono Sur sobre países como el nuestro-.

El asunto pasó de ser un tema policial a un problema de gobierno.

Así a través de la imitación surgieron barras distintas de las que antes existían en Colombia - como la emblemática barra “Saltarines” de Santa Fe-. Y esta innovación fue tomando rumbos particulares, adaptándose a los entornos de las ciudades futboleras del país, especialmente en Bogotá, Cali y Medellín. De allí siguieron primero la festividad en las tribunas y después los episodios de violencia que acabarían por volverse recurrentes.

El “estilo argentino” de animar no es uno solo: existen tantas variantes como barras en el país austral. Pero la representación social dominante fue creada por los medios de comunicación que, al igual que en Inglaterra, comenzaron a hablar de “barras bravas” a raíz de los hechos violentos entre ellas o entre ellas y la Policía.

Hablan los antropólogos

El asunto pasó de ser un tema policial a un problema de gobierno, y llegó a interesar a la academia, que eligió el camino de la etnografía para abordar el problema. De esa forma, la academia argentina ha venido creando un acervo de miradas antropológicas para entender las causas y el funcionamiento de las “barras bravas”. Dos de los hallazgos más célebres de estos estudios son:

  • La violencia como una estrategia racional, que persigue fines concretos- prestigio, interlocución, poder-, y
  • El lugar especial del honor masculino que hace posible que los hinchas conserven su honra en el combate, aunque su equipo descienda de categoría.

Esta violencia y este honor están mediados por el “aguante”, que es la tenacidad para soportar adversidades en las peleas y acompañando al equipo.

En Colombia sí hay avances

Monumento a las víctimas del desastre del Estadio Hillsborough en Sheffield, Inglaterra.
Monumento a las víctimas del desastre del Estadio Hillsborough en Sheffield, Inglaterra.
Foto: Helen Haden

Si los años noventa vieron la conversión de las hinchadas en barras, la primera década del siglo XXI asistió al aumento de los hechos de violencia. Los gobiernos municipales tardaron en responder y dejaron la responsabilidad en manos de la Policía, lo cual desembocó en un panorama no muy distinto del inglés o el argentino: atomización y traslado de la violencia hacia los barrios.

Pero Bogotá dio el primer paso hacia una respuesta gubernamental integral, con el programa “Jugando limpio todos ganamos” (1999), de la primera alcaldía de Peñalosa (que derivó en “Goles en paz” bajo el segundo mandato de Mockus). “Goles en paz” funcionó durante 12 años (2001- 2012) gracias, entre otras razones, a la inclusión de actores hasta entonces vetados dentro de estas actividades: los académicos y -sobre todo- los hinchas.

Entre los logros de este programa debe destacarse la adopción de protocolos concertados entre los varios participantes en eventos futbolísticos (clubes, hinchas, policías, gobierno) que mejoraron la convivencia en los estadios. Así la capital se convirtió en referente para otras ciudades que lidiaban con el problema, y también para las medidas legislativas que empezaron a proponerse.

Una de estas fue la Ley 1270 de 2009 (donde se estableció la Comisión Nacional para la Seguridad, Comodidad y Convivencia en el Fútbol), que se basó en la experiencia bogotana. Por supuesto ni la Ley ni la Comisión resolvieron el problema de la violencia, pero son un paso importante para prevenirla y atenuarla, así como una demostración de que procesos sociales concertados pueden inspirar una legislación sectorial.

Debate con ignorancia  

Los hechos registrados por la prensa sobre barristas del Nacional, Cali y Santa Fe presuntamente implicados en delitos en países extranjeros avivaron la discusión en torno a las barras y a los mecanismos para contener su violencia.

El debate, que es cíclico según logre visibilidad mediática, ha estado caracterizado por la participación de opinadores descontextualizados o con doble desconocimiento: el del tema y el del terreno que ha ganado Colombia.

El debate, ha estado caracterizado por la participación de opinadores descontextualizados.

Los opinadores en cuestión argumentan por ejemplo que son “escasos los estudios sobre este fenómeno social”. Pero además de varios libros de divulgación, como Emoción, control e identidad, de María Teresa Salcedo y Omar Rivera (2007) y Hasta que el cuerpo aguante, de Alejandro Villanueva, Alirio Amaya, Nelson Rodríguez (2011) -por citar dos ejemplos-, existen tesis de posgrado y muchas tesis de grado sobre el tema en Colombia.

Quienes opinan tampoco parecen conocer la legislación que prevé medidas de prevención, tratamiento y castigo de los hechos delictivos en el ámbito del deporte, ni se dan por enterados de los procesos locales, regionales y nacionales de promoción y ejercicio de convivencia en el futbol de Colombia, como el Plan Decenal de Seguridad, Comodidad y convivencia en el Fútbol (2014- 2014). Este Plan Decenal es una apuesta del Estado que reconoce la existencia de un proceso social con participación de los actores del fútbol, que recoge y aprovecha los aportes de la academia nacional y de los hinchas (en iniciativas como “Barras construyendo país” y “Barras por la paz”), así como las lecciones aprendidas durante la última década.

Por eso creemos que la situación actual es una oportunidad para desarrollar el Plan, cuyas medidas no son responsabilidad exclusiva del gobierno, sino también de la comunidad. Remplazar propuestas de este tipo con llamados a la “cacería de desadaptados y terroristas” cada vez que se presentan hechos de violencia es atentar contra los esfuerzos ciudadanos y estatales que buscan promover una ciudadanía y abrir espacios de reconciliación y de concertación.

Una cosa son las voces críticas que nos remiten a la imposibilidad de un plan infalible y otra es la falta rotunda de contexto, expresada por quienes todavía citan el Informe Taylor de 1990, de Inglaterra, como un recetario mágico para un problema colombiano actual.

Un verdadero debate sobre el tema debe incluir otros aspectos, como la “elitización” y la privatización del fútbol, la corrupción manifiesta en la administración del balompié colombiano y la responsabilidad social del periodismo, especialmente el deportivo, en la incitación a la violencia y en el establecimiento de imaginarios estereotipados de los hinchas del fútbol.

 

* Magister en Educación de la Universidad Pedagógica Nacional y gestor pedagógico con barras futboleras desde 1999.

** Profesor de la Universidad Pedagógica Nacional y de Universidad Nacional Abierta y a Distancia (UNAD), premio nacional de Cultura, 2013, con su trabajo Mi segunda piel: memoria visual de los fanáticos del fútbol capitalino entre 2003 y 2013 (en coautoría con David Quitián).

*** Sociólogo y magíster en Antropología de la Universidad Nacional radicado en Rio de Janeiro, donde hace un doctorado en antropología en la Universidad Federal Fluminense, profesor de la UNAD de Colombia y miembro fundador de la Asociación Colombiana de Investigación y Estudios Sociales del Deporte (ASCIENDE). ​

@quitiman

 

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Comentarios  

Juan David Arbeláez
+6 # ComentarioJuan David Arbeláez 02-05-2016 11:34
Sería muy valioso considerar y validar, desde lo práctico, lo que hicieron las autoridades en Inglaterra con los temidos hooligans; y desde lo contextual, darle una mirada a lo que planteó Juan José Sebreli en su magnífica obra -La era del fútbol (Buenos Aires, 1998).
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Diego Bernal
+6 # estudianteDiego Bernal 08-05-2016 16:53
yo pienso que en los países que se presente violencia por el fútbol deberían hacer lo mismo que en Colombia.

en Colombia se hacen listas de las personas que no pueden entrar a los partidos por mala conducta, esto ayudaría a que se redujeran las violencias por los partidos de futbol.
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Eduardo venegas
+2 # Excelente artículo sobre todo ahora que hay una tensa calma ante de una guerra de barras en ColombiaEduardo venegas 25-02-2017 12:50
Haciendo un búsqueda para mi tesis de politólogo, me encuentro con esta excelente columna, la cual me ha facilitado proceso académico, creo que Es fundamental poner los ojos sobre esta problemática cada mas incompleta, es clave el desarrollo de políticas públicas como el plan decenal del fútbol y la encuesta Nacional del del fútbol. Gracias a los autores que al parecer trabajan muy bien juntos.
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Luis Carlos Perez
+2 # Una de las pocas columnas acertadas sobre como tratar la violencia de barras bravas.Luis Carlos Perez 03-03-2017 12:10
Soy docente de Educación Física en Cundinamarca y muy pocos imaginan los problemas de Barras Bravas en los municipios y carreteras entre fusa e Ibagué, he visto como estos muchachos se pierden en los ideales contradictorios de las barras bravas, hasta tocar fondo y perderlo todo, ojalá se cumplan las políticas publicas de prevención que explican los autores, la verdad en esta región no queremos mas violencia de las barras y la incomprensión de la ciudadanía frente al fútbol como realidad juvenil.
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