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Malas perspectivas de Colombia en las calificadoras de riesgo: ¿qué significa?

(Tiempo estimado: 5 - 9 minutos)

Sede de Fitch Ratings en Londres.

Sara PiñerosLa situación se está deteriorando, pero todavía no nos han “rajado”. La firma de la paz y una buena reforma tributaria podrían enderezar el rumbo de la economía: ¿será que a Santos le alcanza el capital político para lograr ambas cosas?     

Sara Piñeros*

Perspectiva a la baja

El pasado 22 de julio la agencia calificadora de riesgo Fitch Ratings mantuvo la calificación soberana de Colombia en su nivel actual (denominado BBB), pero modificó la perspectiva y la ubicó en negativa.

Normalmente los países tienen calificaciones en moneda local y en moneda extranjera, pues no es lo mismo cumplir con el pago de deudas en pesos colombianos, que hacerlo con obligaciones denominadas en dólares norteamericanos. Esto se debe a que los dólares se obtienen a través del comercio internacional y otros tipos de operaciones con el resto del mundo, lo cual hace que su disponibilidad sea menos previsible. Por su parte, la disponibilidad de pesos colombianos depende casi por completo de las condiciones del gobierno para producir ingresos, lo cual –en teoría- debería ser más previsible para los encargados de la política económica nacional.

Fitch no solamente pasó a una perspectiva negativa la deuda de Colombia en moneda extranjera (dólares), sino que la bajó en un notch ­-o escala de calificación- de BBB+ a BBB y puso una perspectiva negativa a la calificación de la deuda del país en moneda local.

Las finanzas públicas en Colombia ya no parecen tan fuertes como se pensaba.

Al parecer, a los ojos de Fitch, la generación de ingresos del gobierno y, en general, las finanzas públicas en Colombia ya no parecen tan fuertes como se pensaba. Curiosamente   fue precisamente esta agencia de calificación, entre las tres con presencia global (Fitch, Moodys y S&P), la que primero subió la calificación de Colombia cuando las condiciones eran favorables durante el ciclo económico expansivo.  

Por su parte, Moodys mantuvo la calificación Baa2, que es equivalente al BBB utilizado por S&P y Fitch, así como una perspectiva estable que difiere de la perspectiva negativa que han asignado S&P y Fitch a Colombia. No obstante, el pasado 27 de julio Moodys anunció que le otorgaría perspectiva negativa al sistema bancario colombiano, que cuenta con calificaciones diferentes de las del Estado colombiano, aunque alineadas con las de este.

¿Qué implicaciones tiene?

Sede del Banco de la República en el centro de Bogotá.

En este punto muchos lectores se preguntarán por las implicaciones de dichos cambios y, sobre todo, por el significado de una perspectiva negativa.  

Pues bien, en realidad la perspectiva es un elemento que se incluyó en la calificación de riesgo para dar una señal del curso que puede tomar la calificación de un país, una organización o un instrumento financiero en un período de entre seis meses y dos años, pero no es un aumento o disminución de la calificación.

Cuando la perspectiva es estable, las agencias quieren decir que no se esperan cambios importantes en los fundamentos de la calificación, de modo que lo más probable es que se mantenga. Por su parte, cuando la perspectiva es positiva se infiere que los aspectos claves de la calificación están evolucionando favorablemente y, por ende, podría esperarse que la calificación suba.  Por último, una perspectiva negativa implica que algunos de los fundamentales o las expectativas están mostrando un comportamiento desfavorable que puede llevar a una baja de la calificación. Este último caso es el de Colombia (según S&P y Fitch) y refleja la evolución de dos frentes:

1)      En el frente externo, el déficit de cuenta corriente fue de 6,4 por ciento sobre el PIB en 2015 y sería de 5,8 por ciento en 2016, según las proyecciones de Fitch. Estas cifras triplican las que se ven en el promedio de los países con calificación BBB (1,6 por ciento del PIB). Esto se traduce en vulnerabilidad ante choques externos producidos por las condiciones de los mercados internacionales y la percepción de riesgo de los inversionistas globales. Además, esto crea presiones por la necesidad de obtener financiación externa. Aquí vale anotar que la depreciación del peso ha producido un aumento importante en el peso de la deuda externa dentro del PIB de Colombia.

2)      En el frente fiscal, y pese a la llamada “austeridad inteligente”, el déficit del gobierno cerraría, de acuerdo con las proyecciones de Fitch, en un 3,9 por ciento en 2016, un nivel también superior al de otros países con la misma calificación de Colombia.

Sabemos que hay una relación estrecha entre los déficits externos y los déficits fiscales, y la única salida para este problema consiste en adoptar medidas restrictivas que afectan el crecimiento económico en el corto plazo, pero que a los ojos de Moodys son positivas y garantizan la perspectiva estable en esta agencia.      

Por supuesto, hay elementos que le hacen contrapeso a la evolución desfavorable en los campos fiscal y externo, como lo son la historia reciente de Colombia en materia de resiliencia frente a los choques externos como la crisis financiera internacional 2008-2009, los resultados de cumplimiento de la meta de inflación entre 2009 y 2014 o la adopción de la regla fiscal.

La reforma tributaria se ha convertido en una obligación y no en una opción.

En esto han sido fundamentales el Banco de la República, el sector financiero y la flexibilidad de la tasa de cambio. Adicionalmente, un crecimiento económico promedio de 3 por ciento entre 2016 y 2018 parece aceptable frente a lo que sucede en América Latina y en otros países con igual calificación, aunque insuficiente de cara a las presiones fiscales para aumentar la base tributaria y flexibilizar el gasto para mitigar la caída de los precios internacionales del petróleo.

Todavía los beneficios del acuerdo de paz son intangibles y, pese a que se reconoce la importancia del tema y sus potencialidades, aún es temprano para apreciar sus efectos netos en materia fiscal: ¿aumentarán las presiones de gasto? O, más bien, ¿permitirá consolidar el capital político para llegar a cabo una reforma tributaria que se traduzca en mayores ingresos para el Estado y en sostenibilidad fiscal en un contexto de desaceleración económica?

¿Hacia dónde va la calificación?

Tradicionalmente se encuentran dos tipos de errores en los datos divulgados en prensa sobre la interpretación de la calificación de riesgo.

  1. El primero consiste en pensar que la variación de la perspectiva implica un cambio de calificación, sino una señal acerca de su posible evolución futura. Aquí vale aclarar que aun si la perspectiva es positiva o negativa, no está asegurado que la calificación vaya a bajar o a subir: es una señal del curso que puede tomar la calificación.
  2. El segundo tiene que ver con la interpretación de la escala de calificación. Para este último caso veamos un ejemplo: recientemente en periódicos de circulación local se ha dicho que la calificación de Colombia se encuentra dos niveles por encima de los bonos basura (calificación entre CCC y C), lo cual es falso. La calificación de nuestro país está un nivel por encima del nivel más bajo del grado de inversión (BBB-) y, por lo menos, siete niveles por encima de los denominados bonos basura. Entonces, en caso de que la calificación bajara, lo haría a BBB-, pero seguiría dentro del grado de inversión.

Gráfico 1: Escalas de Calificación

Escalas Calificación

S&P y Fitch

Moodys

 

AAA

Aaa

Grado de Inversión

AA+

Aa1

AA

Aa2

AA-

Aa3

A+

A1

A

A2

A-

A3

BBB+

Baa1

BBB

Baa2

BBB-

Baa3

BB+

Ba1

Grado de no inversión

BB

Ba2

BB-

Ba3

B+

B1

B

B2

B-

B3

CCC+

Caa

CC

Ca

C

C

SD y D

D

 

El problema no radica en lo que se viene en el corto plazo con una posible rebaja de la calificación hacia BBB-, sino en que las cosas sigan en la misma dirección en el horizonte de más de dos años y esto nos lleve a perder el grado de inversión. Esto sí cambiaría radicalmente la percepción de riesgo de los inversionistas internacionales y por lo tanto el flujo de capitales hacia el país.

Tenemos muchas velas prendidas en nombre del proceso de paz pero, al menos según S&P, en caso de que sus efectos sobre las finanzas públicas no sean favorables, el ajuste de la calificación sería a la baja.

En este contexto, la reforma tributaria se ha convertido en una obligación y no en una opción. Seguramente se hará, pero así como con la recién lanzada política de desarrollo productivo, el problema radica en la oportunidad de las medidas para que se puedan llevar a cabo y sean efectivas.

Ojalá el capital político del actual gobierno alcance para hacer lo que se necesita para mantener el grado de inversión de la deuda colombiana y, de esta forma, evitar otro choque externo que le haga daño al país.

 

* Economista y Máster en Finanzas Corporativas. Profesora Universitaria.

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Comentarios  

Juan Guevara
+1 # AnotacionesJuan Guevara 15-08-2016 20:44
Mucho se ha hablado sobre la importancia de la calificación de riesgo que tiene el país en la actualidad y la gravedad de bajar incluso en su perspectiva, cuando en realidad se estuvo durante muchos años en BB sin que se le prestara mayor atención, de hecho durante el gobierno de Santos se le subio la calificación para tramar al país y buscar endeudarlo más, ubicándose a febrero del 2016 en 41,7 % del PIB. Se ha vuelto el Coco para influenciar la política económica y para imponer nuevas cargas tributarias. Valga anotar que paises de Europa y Estados Unidos han cuestionado el proceder y credibilidad de estas agencias y su poder sobre los mercados globales y por lo tanto han procedido a regularlas para controlar su desbordado poder, se han adelantado investigaciones contra ellas y algunas han tenido que llegar a acuerdos millonarios para evitar todo tipo de sanciones y repercuciones. Todo lo cual indica que su estimación está, por decir lo menos, sobredimensiona da.
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