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El buen momento del deporte colombiano

(Tiempo estimado: 5 - 10 minutos)

Ciclista profesional colombiano, Nairo Quintana.

Yul_Alfredo Los triunfos se multiplican y nos llenan de optimismo. Pero siguen pendientes las preguntas que deben inquietarnos, como decir por qué Colombia no tiene tan buenos resultados en deportes colectivos o en competencias de larga duración.

Yul Alfredo Daza* - David Quitián**

Hora de reflexionar

En este momento especial de nuestra historia, cuando existe la posibilidad de acabar un conflicto armado con uno de los enemigos históricos del Estado, el deporte ha jugado un papel cuya importancia aun no podemos evaluar: ¿qué tanto han influido los triunfos de nuestros deportistas sobre la percepción positiva acerca del futuro del país?

Por otra parte, las continuas victorias en distintas disciplinas y en varios eventos han creado la impresión de que atravesamos un momento dorado en el deporte. ¿Realmente es así o estamos ante una nueva oleada de chovinismo magnificado por los medios? Como sea, los triunfos están ahí y su ocurrencia amerita preguntarse qué ha pasado para llegar a esa feliz situación.  

Lo único que parece unir al país es el deporte. 

Estas reflexiones nos ubican en la discusión sobre el presente y futuro del deporte colombiano. En este punto habría que poner sobre el tapete el escaso reconocimiento del deporte social-comunitario y de la recreación, para que la aparente bonanza que vivimos no sirva apenas para que los dirigentes se sigan felicitando mutuamente y posando con los medallistas, mientras agonizan esfuerzos como la prometida Ley del Deporte.

Tres deportes nacionales

Selección Colombiana de fútbol.
Selección Colombiana de fútbol.
Foto: Wikimedia Commons

En este momento de polarización nacional alrededor del plebiscito, lo único que parece unir al país es el deporte. Pero esto sería difícil sin el caudal de triunfos que han sido cosechados a lo largo del año. Repasando estos triunfos se encuentran títulos y medallas en las tres disciplinas consideradas deportes nacionales: el boxeo, el fútbol y el ciclismo.

-Yuberjen Martínez e Ingrit Valencia lograron el regreso del boxeo al podio olímpico al conseguir de manera inédita una medalla de plata en el mini-mosca masculino y una de bronce en la división mosca femenina (la primera en este deporte para una colombiana). Sus victorias, así como las cautivadoras historias detrás de ellas, fueron resaltadas con el tono característico del periodismo nacional que no sabe de matices a la hora de alabar o criticar a sus deportistas.

-En fútbol se logró la clasificación a los Juegos Olímpicos de los equipos femenino y masculino, además de la emoción colectiva cada vez que juega la Selección de mayores que por ahora está clasificada al Mundial de Rusia 2018 y sigue estando entre las cinco mejores del ranquin de la FIFA. A esto se suma la Copa Libertadores de América que ganó el Atlético Nacional y desató sentimientos de orgullo patrio al obtener un título esquivo para el balompié colombiano desde 2004.

-Pero el ciclismo provoca la mayor emoción. A los triunfos cada vez más frecuentes en competencias alrededor del mundo se sumaron este año las estupendas participaciones de los “escarabajos” en las llamadas tres grandes competencias de ruta: Giro de Italia, Tour de Francia y Vuelta a España. En estas competencias hubo colombianos disputando el primer lugar, y no solo la camiseta de montaña o de mejor novato como en ediciones anteriores. De hecho, siempre hubo uno de los nuestros en el podio final.  

De esa veintena de ciclistas ruteros, dos se robaron la atención de la audiencia nacional: Esteban Cháves y Nairo Quintana. El primero, subcampeón del Giro y tercero en la Vuelta a España; el segundo, tercero en el Tour y flamante campeón de la ronda ibérica. Este nivel de excelencia guarda algunas semejanzas con los buenos tiempos de los años ochenta y principios de los noventa (de los que todos recordamos otra dupla: la de Fabio Parra y Lucho Herrera) y va en camino de superarlos.    

En ciclismo, más exactamente en BMX, Colombia también brilla gracias a Mariana Pajón, que logró su segunda medalla de oro en Río 2016, ratificando su reinado en los mundiales de su deporte. También el bicicrosista Carlos Ramírez contribuyó con su bronce a la cosecha de éxitos en ese deporte que es (junto con el boxeo y las pesas) el de más medallas en la historia nacional en los Olímpicos.  

Nuevos deportes, nuevas satisfacciones

Los Juegos Olímpicos dan su visibilidad a deportes con poca o muy reciente importancia en Colombia. No obstante, la presencia en los medios y la recordación en las personas solo se garantiza con triunfos. Gracias a esto las pesas, el judo y el salto triple ya hacen parte del menú mediático y despiertan la atención de los aficionados colombianos.

¿Quién sabe algo de tiro con arco, de rugby o de esgrima? Este desconocimiento revela la relación (mediada por la prensa) entre éxito deportivo y afición, y muestra también la obsesión por el triunfo del deporte de alto rendimiento en el que no parece existir vida fuera del podio. ¿Para cuánto alcanzaría el carisma de Catherine Ibargüen si no ganase las pruebas en las que participa? Hoy nadie discute su don para conectarse con el público de los estadios ni su simpatía fuera de las pistas, pero esto es posible gracias a su calidad atlética.

El desafio para el país es promover los deportes sin tradición -particularmente los de reciente aparición- aún sin títulos mundiales u olímpicos. Ya los campeones han hecho su parte y nos han dado un orgullo que aumenta al saber que sus logros implicaron vencer obstáculos más allá de los rivales.

Ahora veremos si la sociedad, con su política pública sectorial y sus estrategias sociales, consigue opciones de desarrollo personal y profesional para sus habitantes por medio de una gama de deportes que salga del hegemónico libreto del fútbol y del deporte convencional.

Un balance ponderado

Yuberjen Martínez, boxeador colombiano, actual medallista de plata.
Yuberjen Martínez, boxeador colombiano, actual medallista de plata. 
Foto: Facebook Yuberjen Martínez 

Visto con el rasero de las medallas en Juegos Olímpicos el balance es positivo: ocho medallas que igualan en número a las de hace cuatro años, pero con la ganancia de un oro más. El número logrado en Brasil equivale a la tercera parte del inventario de medallas colombianas en Juegos Olímpicos. Esta es una razón que esgrimen directivos, periodistas e hinchas para celebrar la actuación de la delegación colombiana en tierras cariocas y el progreso del deporte colombiano en este evento.

Sin embargo, puede abrirse la discusión sobre esos números. ¿Por qué no hay competitividad ni triunfos en deportes colectivos? ¿Por qué aparecemos fugazmente en deportes olímpicos cuyas competencias tienen larga duración?

Cualquier medalla es meritoria, fruto del sacrificio, del talento y de la dedicación. Pero una cosa es un oro en un torneo de voleibol, fútbol o hockey sobre césped y otra cosa un oro en levantamiento de peso y bicicrós. Mientras en las primeras se debe invertir y entrenar a varios deportistas al tiempo y vencer en las pruebas a muchos rivales, fase a fase, sumando horas, días y semanas en la lid; en los segundos el triunfo se obtiene en máximo dos días y muchas veces el total de lo competido no llega ni al cuarto de hora.

Los Juegos Olímpicos dan su visibilidad a deportes con poca o muy reciente importancia en Colombia. 

Sin duda nuestras medallas -con la excepción del boxeo- son más económicas al ser de deportes individuales y de corta duración en competencia. ¿Por qué optamos por ese camino? Es cierto que una medalla no justifica grandes gastos en nuestro país, como sí puede hacerlo en naciones sin nuestros problemas, pero no es tarde para preguntarse si ese aparente despertar del deporte no es más que una estrategia de Coldeportes y del Comité Olímpico Colombiano, que así le apuestan al mayor beneficio con el menor costo.

Otro aspecto para destacar es que esos triunfos se deben en buena parte a la empresa privada. La excelencia de Ibargüen y de Pajón no es obra exclusiva del Sistema Nacional del Deporte ni recibe toda la financiación del presupuesto nacional. Es una combinación de autogestión, patrocinios de universidades privadas del exterior y clubes, que además del dinero de manutención proveen ciencia y tecnología de punta en sus preparaciones. Lo mismo vale decir de Nairo Quintana, Esteban Cháves, Rigoberto Urán, Sergio Luis Henáo y los demás ciclistas que corren para poderosos equipos europeos, quienes sofistican sus entrenamientos y desarrollan los talentos que ellos trajeron de su tierra natal.

Así las cosas, nuestro orgullo también debería ser puesto en tela de juicio: no somos la potencia deportiva que algunos proclaman con fines comerciales y políticos, o por simple ingenuidad. Tampoco los triunfos se deben exclusivamente a lo que somos como sociedad. Nuestros deportistas son lo que son resistiendo entornos difíciles que han superado con coraje, talento y tesón. Muchas veces ellos han subido a lo más alto del escalón porque dejaron el país a tiempo.  

 

* Sociólogo de la Universidad Nacional de Colombia, profesor de Ciencias Sociales, escritor de crónica urbana, autor del libro Bogotá invisible, articulista en medios escritos y digitales, gestor del sector educativo.

** Sociólogo y magíster en Antropología de la Universidad Nacional radicado en Río de Janeiro, donde hace un doctorado en Antropología en la Universidad Federal Fluminense, profesor de la UNAD de Colombia y miembro fundador de la Asociación Colombiana de Investigación y Estudios Sociales del Deporte (ASCIENDE). ​
twitter1-1@quitiman

 

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