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La baja productividad y la caída del crecimiento en Colombia

(Tiempo estimado: 5 - 10 minutos)

Taller de construcción de bicicletas en Medellín.

Alberto CarrasquillaColombia tiene muchos problemas además de las FARC. Hay inversión y hay talentos pero la productividad no aumenta porque la mitad de los empleos son del sector informal. Y el crecimiento seguirá siendo lento mientras esto sea así.

Alberto Carrasquilla*

Muchas urgencias

La estufa de hierro y leña en la que muchos restaurantes de carretera en Colombia preparan algunas de las mejores viandas del mundo exige del cocinero capacidades que lindan con la genialidad. En ella siempre alguna olla amenaza desbordarse en el extremo opuesto, mientras que en este extremo hay que calibrar con serenidad de arcángel y precisión matemática cantidades y secuencias de ingredientes. Un segundo de más y se quema lo de allá. Un segundo de menos y se descuadra sin remedio lo de acá. Y así de sol a sol.

Esa estufa larga, con su plancha de acero y su cocinero operando urgencias de extremo a extremo, ilustra muy bien lo que es hacer política pública, aquí y en cualquier lugar del mundo.

En nuestro caso se puede decir que los colombianos nos concentramos por mucho tiempo en atender con esmero el sancocho de la paz, pero descuidamos la atención que siempre requieren los otros guisados, sofritos y atollados de la cocina nacional. Por eso, un mes después del plebiscito, la reforma tributaria viene como un recordatorio oportuno de las otras urgencias que hay que atender.

372 billones de pesos que no veremos

Trabajadores en una construcción al centro de Bogotá.
Vendedora ambulante
Foto: ambulantesenbogota.blogspot.com

Para entender la importancia de recuperar el crecimiento económico basta con ver lo dicho por el gobierno hace apenas un año en el Marco Fiscal de Mediano Plazo (MFMP), un documento donde debe anticiparse cómo se desenvolverán la economía nacional y las finanzas públicas en la siguiente década.

Pues en su última entrega el gobierno dijo algo sumamente preocupante: la tasa de crecimiento económico de largo plazo ya no es 4,33 por ciento anual (como se había estimado un año antes) sino de 3,83 por ciento. Esta diferencia de 0,5 por ciento hace desaparecer sumas sustanciales de dinero y acaba con fuentes de recursos fundamentales para solucionar varios problemas del país.

En efecto: según este nuevo estimativo una suma cercana a los 372 billones de pesos dejará de entrar en la economía colombiana. Si esos recursos pagaran impuestos a una tasa del 15 por ciento, quiere decir que al fisco se le habrían evaporado unos 55 billones de pesos.

Según el gobierno, la tasa de inversión, que ha sido altísima durante estos últimos diez años, seguirá siendo altísima en los siguientes diez. Este planteamiento se repite en los dos MFMP que vengo comparando, por la cual el stock de capital estimado para dentro de diez años es idéntico en uno y otro escenario. Es decir, la plata no se perdió por falta de inversión.

Nuestros problemas son esencialmente dos: las instituciones y la ineficiencia de los mercados.

De otra parte, no hay razón para pensar que se hubieran modificado de modo significativo las perspectivas demográficas y no es sensato pensar que la plata desapareció debido a ajustes del capital humano. Esto lleva a la conclusión de que la plata no se perdió por cuenta de alguna hecatombe laboral o educativa.

Lo que el gobierno está diciendo (con razón, creo yo) es que tenemos un serio problema de productividad: con un stock de capital físico idéntico al que contemplábamos el año pasado y, presumiblemente, con una fuerza laboral con una proyección idéntica tanto en en cantidad como en calidad, vamos a producir 372 billones de pesos menos.

La productividad está estancada

Si el PIB fue de 800 billones de pesos en 2015, cada una de la 22,4 millones de personas ocupadas en Colombia  produjo en promedio unos 35,7 millones de pesos. Como en 2010 la producción individual estaba en 32,7 millones, tuvimos un crecimiento anual de 1,8 por ciento.

Comparar esta cifra con referentes internacionales no es cosa fácil, pero contamos (hasta 2012) con los datos recientemente aportados por el Penn World Table. Según esta fuente, entre 1980 y 2012 el producto por persona ocupada subió 9,2 por ciento en Colombia, mientras que en Chile subió 92,9 por ciento (10 veces más), en China subió 476,2 por ciento y en Estados Unidos aumentó 72,6 por ciento.

Otra manera de analizar esta variable es a través de algo que los expertos llaman “productividad total de los factores” (PTF), que se mide como aquella parte del crecimiento económico que no se explica por la suma de los aportes de los factores de producción (el capital físico y el capital humano en las versiones tradicionales).

Pues bien, volviendo a las cifras del Penn World Table, encontramos que entre 1980 y 2012 la PTF de Colombia cayó un 4,7 por ciento, mientras que, por ejemplo, en Chile cayó 0,8 por ciento, en China subió 89 por ciento y en Estados Unidos subió un 35 por ciento.

Por donde se mire, si la fuente de crecimiento económico más importante del futuro va a ser la productividad, los colombianos tenemos razones para preocuparnos y el gobierno tiene toda la razón al prender las alarmas y recudir sus expectativas.

La raíz del problema

Una manera de abordar el asunto es usar la metodología del Reporte Global de Competitividad, el cual –gracias a su enfoque comparativo internacional- nos permite hacer dos cosas importantes: no inventar el agua tibia, e ir al grano sin perder tiempo en la espiga de los asuntillos.

En materia de competitividad (una especie de tía de la productividad), Colombia ocupa el lugar 61 entre 138 países. Esta metodología permite identificar con alguna claridad los componentes que explican esta mediocridad. Hay 11 “pilares” que fundamentan el concepto de “competitividad” y podemos ver nuestra ubicación relativa en cada uno de estos pilares.

En síntesis, nuestros problemas son esencialmente dos: las instituciones y la ineficiencia de los mercados. A su vez, estos dos problemas tienen dos componentes en común: la inseguridad –que incluye lo jurídico además de lo físico- y los impuestos. En ambos frentes el país enfrenta un obstáculo grande: la informalidad, entendida en un sentido amplio que empieza por el mercado laboral.

Los cálculos del DANE sugieren que más o menos la mitad de la población ocupada ejerce su oficio en el sector informal, donde es enorme la importancia de los llamados “microestablecimientos” que llevan a cabo el 69 por ciento de las transacciones del sector comercio.  Pero un 30 por ciento de ellos ni siquiera lleva contabilidad, solo el 9 por ciento acepta formas de pago diferentes del efectivo y menos de la mitad de los colombianos que trabajan allí tienen una vinculación laboral que incluya el concepto de “sueldos y salarios”.

Un país de informales

Trabajadores en una construcción al centro de Bogotá.
Trabajadores en una construcción al centro de Bogotá.
Foto: Alcaldía Mayor de Bogotá

La informalidad, que atrapa a la mitad de la fuerza laboral en trabajos de baja productividad, es la razón que explica gran parte de la falta de crecimiento. A su vez, la informalidad genera diversos y complejos círculos viciosos:

  • Impulsa el aseguramiento de la salud en el régimen subsidiado, lo que hace difícil la sostenibilidad del mismo.
  • Hace prácticamente imposible una cobertura amplia de pensiones, ya que la Constitución exige que las mesadas sean superiores a un salario mínimo, lo cual excluye al sector informal.
  • Hace muy difícil el ejercicio de la tributación y nos lleva al dilema de elegir entre cargar más al sector formal o sacrificar programas sociales importantes.
  • Aumenta los costos de la inclusión financiera en general y de la bancarización en particular.
La informalidad, es la razón que explica gran parte de la falta de crecimiento.

Diversos analistas han planteado que la principal explicación de la informalidad es sencilla: contratar un trabajador en el sector formal es muy costoso en comparación con la alternativa de hacerlo por vías informales. Para empezar, en Colombia el salario mínimo legal equivale al 81 por ciento del ingreso promedio, mientras que en la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) no llega al 50 por ciento. En segundo lugar están los impuestos sobre la nómina, que en el caso de un trabajador de salario mínimo pueden significar un 56 por ciento adicional.

Como la Ley 1607 de 2012 determinó una exoneración de parte de estos impuestos a la nómina, estos efectos son evidencia empírica a favor o en contra de la idea de que la informalidad sea consecuencia de sobrecostos obligatorios y exagerados. Pues bien: desde 2012 la informalidad, medida de la manera en que se quiera, ha bajado de 56 a 50 por ciento del mercado laboral, y este es uno de los más importantes desarrollos que ha tenido nuestra sociedad en los últimos años.

Las tareas

Después de un período largo cuando los colombianos nos concentramos en buscar la solución de uno de nuestros muchos problemas (las FARC), finalmente estamos empezando a debatir otros asuntos, empezando por el lío de las finanzas públicas.

El gobierno ha levantado una bandera amarilla y nos ha advertido que la tasa de crecimiento económico de largo plazo ya no será la que se esperaba y que por esa razón desaparecieron 372 billones de pesos, de los cuales unos 55 billones se esfumaron de las arcas públicas.

Por eso la recuperación del crecimiento exige elevar la productividad, y esto empieza por formalizar el mercado de trabajo alineando el precio de contratar personal (un precio perversamente regulado) con la realidad.

 

* Economista y Ph.D en economía, socio de Konfigura Capital, columnista de la Revista Dinero y miembro de las juntas directivas de Colpatria, Organización Sanitas, Intertug y Fabricato.  Fue ministro y viceministro de Hacienda, decano de Economía de la Universidad de los Andes, economista Líder de Investigación en el BID y gerente técnico del Banco de la República.

 

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