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Llegando a la meta: balance deportivo de 2016

(Tiempo estimado: 5 - 10 minutos)

Selección Colombiana de Fútbol, en participaciones por la clasificación al mundial de Rusia.

David quitianEste fue un año de participaciones destacadas y grandes triunfos para los deportistas colombianos, tanto dentro como fuera del país. Como siempre, se destacan el fútbol y el ciclismo, aunque han aparecido nuevas disciplinas y figuras.

David Quitián*

Selección vs. clubes

En un año de buenos resultados deportivos, la Selección Colombia de fútbol fue la nota discordante. En ocho partidos apenas sumó 14 puntos que la tienen por fuera de la clasificación al Mundial de Rusia 2018.

Esto no significa que se haya perdido la posibilidad, pero sí indica que la jubilación de líderes como Faryd Mondragón, Mario Yepes, Amaranto Perea y la no convocatoria de otros que brillaron en las eliminatorias y en el Mundial de Brasil 2014, como Pablo Armero, Camilo Zúñiga, Fredy Guarín, Teófilo Gutiérrez y el mismo Falcao (que regresó sin la eficacia de antes), han sido decisivos para el escaso  rendimiento de un equipo que no ha logrado definir un estilo de juego después del último Mundial. A este problema del cuerpo técnico para “encontrar” el equipo base se añade la pérdida de confianza de buena parte de la prensa especializada y de la afición. Después del ensueño brasileño muchos han pasado de la entrega total a los pedidos de despido en las tribunas periodísticas y a los abucheos desde las graderías del estadio Metropolitano de Barranquilla.

En contraste, los clubes colombianos han mejorado su presencia internacional. Desde 2014 siempre hubo un equipo nacional disputando la final de la Copa Sudamericana (Santa Fe la ganó en 2015, Nacional la perdió en 2014 por razones deportivas y cedió el título del 2016 al Chapecoense). Con la Copa Libertadores el balance es similar: desde 2013 hay equipos nacionales disputando cuartos de final, semifinal o la final, que en el primer semestre de este año ganó por segunda vez el Atlético Nacional.

Además del prestigio, los buenos resultados en esos torneos significaron una mejor  cotización de la liga nacional (más ventas de futbolistas al exterior, más llegada de extranjeros, más patrocinios y circulación de divisas), así como el inédito interés por transmitir la liga colombiana en otros países, como ocurrió este año en Brasil, donde fue transmitida en el canal Band Sports.

Ascenso del América: regreso de rivalidades 

Mención especial merece el regreso del América de Cali a la categoría A del fútbol colombiano. Su caída de hace cinco años a la B debe ser leída en el contexto económico y político de entonces, cuando quedaban los últimos restos del vínculo entre narcotráfico y fútbol que tuvo su auge en la década de 1980 y la primera mitad de la década de 1990.

La sanción jurídico-económica sobre “la mechita” (como la llaman sus hinchas), expresada en su ingreso a la Lista Clinton, le espantó todos sus patrocinadores y condenó al equipo a vivir como un paria financiero. A esto se sumó la condena simbólica de su pérdida de categoría al salir de la primera división y, lo peor, el fracaso reiterado de su intento por ascender a causa de la débil organización que sobrevivió a la sanción. Eso explica las pancartas de algunas de sus hinchadas donde se reiteraba el mismo mensaje: “tranquilos: el diablo les pagó la cuenta”, refiriéndose a su condición de chivo expiatorio de una culpa general que nadie más asumió.

En un año de buenos resultados deportivos, la Selección Colombia de fútbol fue la nota discordante. 

Irónicamente, el descenso prolongado del América logró dar una visibilidad a la categoría B que no tenía. Este torneo se empezó a televisar y se convirtió en parte de la agenda de los medios que acompañaban el drama del “grande caído en desgracia”. Su reciente ascenso también traerá consecuencias: el regreso del clásico local con el Deportivo Cali y la reedición de duelos regionales con Millonarios y Nacional. Con estos últimos dos rivales, el América comparte la condición de ser equipo nacional (con hinchas por todo el país) y los tres mantienen una disputa por el mayor número de títulos ganados en la que el verde de Medellín tomó la ventaja en el último lustro.    

Ciclista colombiano, Nairo Quintana, ganador de la Vuelta España.
Ciclista colombiano, Nairo Quintana, ganador de la Vuelta España.  
Foto: Wikimedia Commons

Los escarabajos siempre en el podio

De enero a diciembre el ciclismo no cesó de dar buenos resultados. En carreteras de los cinco continentes nuestros ciclistas consolidaron la imagen de una nación de escaladores y demostraron la mejoría de sus habilidades en todos los terrenos, como lo muestran los doce triunfos obtenidos en competencias del circuito internacional World Tour.

Estos resultados diluyen cualquier intento de seguir explicando nuestro ciclismo con la tesis de la “generación espontánea”. Es más sensato entender estos nuevos y buenos tiempos a partir de la decisión del ciclismo nacional de globalizarse sin perder su impronta local. Los ejemplos de Nairo Quintana y Rigoberto Urán, preparándose en las montañas colombianas con la ciencia, tecnología e infraestructura de sus equipos extranjeros, ilustra ese exitoso modus operandi.

El cuarto lugar por naciones y la ubicación de Nairo y Esteban Chávez entre los diez primeros del ranquin general del 2016 de la Unión Ciclística Internacional (UCI) nos muestran con claridad un panorama donde Colombia es el único país latinoamericano con representación y disputa por los lugares de honor del ciclismo.

Sin embargo, fueron los tres podios en las tres grandes carreras de Europa (Giro de Italia, Tour de Francia y Vuelta a España) los que provocaron más alegría a las audiencias colombianas. El momento cumbre fue la victoria de Quintana sobre el británico Christopher Froome en la ronda ibérica, pues significó el título y la prueba de que el espigado corredor del Team Sky no era imbatible. Este escenario anticipa un apasionante Tour de Francia en 2017.   

Además de los reconocidos triunfos de Nairo (Tour de Romandía, Ruta del Sur y vueltas a Cataluña y España), el “Chavito” Esteban Cháves (podio de Giro y Vuelta; campeón de Giros de Emilia y Lombardía) y Rigoberto Urán (podio en  Lombardía), hay otros nombres dignos de ser mencionados por sus triunfos.  Estos son Dáyer Quintana (Tour de San Luis), Egan Bernal (Tour de Bihor), Walter Vargas (Panamericano de Ruta), Fernando Gaviria (Primus Classic Impanis), Miguel Ángel “Superman” López (Clásica Milano-Torino y Vuelta a Suiza) y Sergio Luis Henao, Járlinson Pantano y Darwin Atapuma (gregarios destacados del Sky, IAM Cycling y BMC, respectivamente).

También vale mencionar que la Vuelta a Colombia, luego de tres años de dominio extranjero (específicamente del español Óscar Sevilla) volvió a ser ganada este año por un compatriota: Mauricio Ortega.

La gloria olímpica

Los Juegos Olímpicos merecen un capítulo especial. Allí Colombia ganó ocho medallas, igualando el número de Londres 2012 pero mejorando su color: tres de oro, dos de plata y tres de bronce. Con esto el país quedó ubicado en el puesto 23 del medallero general y como tercero en América Latina, detrás de Brasil, el anfitrión, y de Cuba, el tradicional ganador latinoamericano.

De enero a diciembre el ciclismo no cesó de dar buenos resultados. 

Los resultados demuestran que hay planificación y estrategia en el Comité Olímpico Colombiano (COC) que -principalmente con presupuesto oficial- ha desarrollado un plan  que permite pensar que la mejoría seguirá, a juzgar por los catorce diplomas olímpicos (distinciones del 4° al 8° lugar) ganados por atletas colombianos en Río 2016.

La fórmula del COC ha sido combinada: por un lado apuesta por deportes consolidados en el país como el boxeo y el ciclismo (incluido el BMX) y, por otro lado, estimula disciplinas con menor tradición pero muy importantes para la suma de medallas, como el levantamiento de pesas y los deportes de contacto (especialmente la lucha y el judo).

La única crítica posible a esta gestión consiste en que las medallas no pueden ser un objetivo aislado. Al usar recursos públicos debe darse prioridad al beneficio de la sociedad, que no solamente se atiende con el orgullo patrio producido por los campeones. Algo más: al preferir deportes individuales se disminuyen gastos (lo cual es, sin duda, una medida inteligente para luchar con las potencias económicas en el reñido ámbito del alto rendimiento), pero esto deja por fuera el avance de deportes de conjunto en el país.    

Mariana Pajón, destacada deportista colombiana.
Mariana Pajón, destacada deportista colombiana.  
Foto: Presidencia de la República

Las conquistas femeninas

Este balance no puede cerrarse sin reconocer el protagonismo de las deportistas colombianas en 2016. Este papel destacado es doblemente meritorio al inscribirse en un campo social que hasta hace poco tiempo era territorio absolutamente masculino: el deporte. Desde esa perspectiva, es una conquista social de las mujeres.

Este logro se ha expresado en hechos como la fuerza incontenible del fútbol femenino que empujó a la Dimayor a dar vía libre a la liga profesional de fútbol femenino en 2017 y en la decisión de los directivos de la Federación de Ciclismo de realizar la primera Vuelta a Colombia femenina en 2016 y que desde el año entrante tendrá reconocimiento de la UCI ¿Quieren más razones para celebrar las mujeres colombianas? La invencibilidad y carisma de Caterine Ibargüen y Mariana Pajón, premiadas recientemente como las mejores en un año de por sí lleno de campeones, son pruebas irrefutables.

 

* Sociólogo y magíster en Antropología de la Universidad Nacional radicado en Rio de Janeiro, donde hace un doctorado en antropología en la Universidad Federal Fluminense, profesor de la UNAD de Colombia y miembro fundador de la Asociación Colombiana de Investigación y Estudios Sociales del Deporte (ASCIENDE). ​@quitiman

 

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