Edición del lunes 18 de febrero de 2019

 facebook   twitter   youtube 

Duque es Duque

(Tiempo estimado: 6 - 11 minutos)

Ivan Duque Plan Anticorrupción

Nicolas LiendoAunque los medios se han dedicado a resaltar los aspectos negativos del gobierno, la popularidad del presidente aumentó considerablemente en las últimas encuestas. Un balance positivo de sus primeros seis meses en la presidencia.  

Nicolás Liendo*

Leer más...

La reunión entre Duque y Trump: ¿derechos humanos o intereses económicos?

(Tiempo estimado: 5 - 9 minutos)

Reunión Duque-Trump.

Andrea ArangoParece que los presidentes hablaron sobre todo de la ayuda humanitaria para los venezolanos. ¿Qué hay detrás de esa ayuda?

Andrea Arango Gutiérrez*

Leer más...

Duque insiste en gobernar sin los partidos, ¿será posible?

(Tiempo estimado: 4 - 8 minutos)

¿Cuál es el modelo de gobernabilidad de Duque?

Yann BassetEmpecinado en no “dar mermelada”, el Gobierno se niega a co-gobernar con los demás partidos. ¿Un error o un acierto?

Yann Basset*

Leer más...

La recurrente masacre de las bananeras

(Tiempo estimado: 6 - 11 minutos)

Masacre en las bananeras

Nicolás Pernett

La masacre de las bananeras, ocurrida hace 85 años en el departamento del Magdalena, todavía resuena en la memoria nacional, pero no solo por la recreación literaria que se ha hecho de ella, sino por la continua repetición de sucesos similares en nuestros campos.

Nicolás Pernett*

No fue un sueño de la literatura

La mayoría de textos que hablan de la masacre de las bananeras empiezan haciendo alusión a Gabriel García Márquez y a su novela Cien años de soledad, en la que se narra un episodio similar a los hechos históricos ocurridos en Ciénaga, Magdalena, en la madrugada del 6 de diciembre de 1928, cuando un gran número de trabajadores del banano que estaban en huelga fueron acribillados por el Ejército Nacional.

Lo que más resonó de la narración literaria de García Márquez fue la cifra de 3.408 muertos que uno de sus personajes arroja como balance final de la matanza, y que pronto se convirtió en nuestro medio en el centro de un estéril debate histórico: ¿fueron tantos?, ¿fueron tan pocos?, ¿es una cifra basada en una investigación o una pura invención literaria?

Todas estas preguntas estimuladas por la novela hicieron que el episodio saliera del relativo olvido historiográfico en el que se encontraba y fuera analizado por varios investigadores, que desde 1969 volvieron a estudiar los incidentes de la huelga y matanza, que hasta ese momento habían sido más divulgados y estudiados –antes de García Márquez- por actores políticos, como Jorge Eliécer Gaitán o Ignacio Torres Gialdo, que por hombres y mujeres de academia.

Nunca se debe perder de vista que la masacre de las bananeras fue un episodio histórico y no un sueño literario, y que el centro del debate debe ser por qué el Estado colombiano disparó sobre su propia población y no si el número de muertos fueron los tres mil que la novela ha popularizado. 

Por esto, desde hace cuarenta años el episodio de la masacre de las bananeras ha estado casi inextricablemente ligado con la versión literaria que hizo de él el premio nobel colombiano. Al punto que en un famoso artículo, el historiador Eduardo Posada Carbó desestimó la gravedad de lo sucedido en 1928, sometiendo a análisis positivo la narración de la literatura para demostrar su falsedad -más o menos como quien hace un estudio sobre la obesidad en Colombia usando los cuadros de Fernando Botero-.      

Esta estrecha relación entre memoria y literatura ha llevado a que para algunos se empiece a tejer sobre el episodio la sospechosa duda del realismo mágico, y que no sepan –o no quieran saber- si realmente sucedió o fue el producto de la imaginación de un escritor desaforado.

Por eso es conveniente empezar también este artículo hablando de García Márquez, pero para decir que nunca se debe perder de vista que la masacre de las bananeras fue un episodio histórico y no un sueño literario, y que el centro del debate debe ser por qué el Estado colombiano disparó sobre su propia población y no si el número de muertos fueron los tres mil que la novela ha popularizado.

Porque, como si de un episodio de Cien años de soledad se tratara, nuca han dejado de existir los  negacionistas que pretenden desconocer la muerte de los trabajadores de 1928 por ser “la invención de un escritor”, una fea pesadilla dentro del sueño del país más feliz del mundo.

El entonces Presidente de la República, Miguel Abadía
Méndez ordenó masacrar a los participantes de la protesta.

Foto: Actividad Cultural Banco de la República

Huelga y muerte en el platanal

La masacre de las bananeras fue la culminación trágica de la huelga iniciada por los trabajadores del banano del departamento del Magdalena el 12 de noviembre de 1928, casi un mes después de haber presentado un pliego de peticiones no atendidas ante la empresa norteamericana United Fruit Company.

La United llevaba casi treinta años cultivando y comercializando banano en el Caribe colombiano y para 1928 era el empleador más grande y el movilizador más próspero de la economía regional. Sin embargo, su sistema de contratación era uno en el que la empresa se aseguraba de no tener vínculos directos con los trabajadores a su servicio, sino que los empleaba a través de contratistas intermediarios que fungían como jefes directos.

Es por eso que se dio la paradoja de que en la zona bananera del Magdalena hubiera aproximadamente 30.000 trabajadores que dependieran la compañía, pero que en los registros de ella solo aparecieran un par de cientos contratados legalmente.

Precisamente para formalizar su vinculación laboral con la compañía, así como para mejorar sus condiciones sanitarias y aumentar el pago que recibían –que era uno de los más altos del país en ese momento, aunque no lo recibieron en efectivo-, los trabajadores del Magdalena se organizaron en un gran movimiento que demandó mejoras ante el gerente de la empresa en octubre de 1928.

Esta no había sido la primera ni sería la última huelga de la zona, pero pronto adquirió proporciones gigantescas por la adhesión de diversos sectores económicos de la región –como los tenderos y comerciantes- y por el apoyo que recibió de líderes del Partido Socialista Revolucionario, como Raúl Eduardo Mahecha y Alberto Castrillón, que en ese momento recorrían el país tratando de encender la chispa revolucionaria donde se pudiera.

La posición intransigente de la compañía, que se negó a dialogar con los huelguistas por no considerarlo empleados suyos, se vio acompañada con la actitud del Gobierno nacional, en ese momento en manos del conservador Miguel Abadía Méndez, que trató la huelga como una alteración del orden público y envió al Ejército para controlarla.

Se puede decir que la masacre de las bananeras no fue solo un episodio aislado en la historia política y económica del país, sino la concreción de un “modelo de negocios” que se ha mantenido hasta el presente.

Al no cejar los trabajadores en sus peticiones, la confrontación no tardó en producirse. Además de  los varios incidentes violentos que se presentaron desde casi el comienzo de la huelga a lo largo de toda la zona, el momento más aterrador fue la noche del 5 de diciembre, cuando un número de trabajadores que oscilaba entre los mil y tres mil se congregó en la estación de trenes de Ciénaga con intención de dirigirse a Santa Marta al día siguiente.

El general Carlos Cortés Vargas, nombrado Jefe Civil y Militar de Santa Marta, ordenó a la muchedumbre disgregarse en obediencia a uno de los decretos emitidos dentro del estado de sitio que prohibía la reunión de más de tres personas. Al no recibir la respuesta esperada abrió fuego contra la manifestación.

El número de muertos nunca se ha conocido con certeza y las cifras han variado, desde los 9 que reconoció el propio Ejército colombiano, hasta la cifra encontrada en el telegrama enviado por el embajador de los Estados Unidos en Colombia al día siguiente de la masacre, y solo revelado hasta los años setenta, en el que se puede leer: “los huelguistas muertos pasaron de mil”.

Aunque las reseñas históricas sobre la masacre se suelen dedicar a intentar dilucidar el número de muertos que pudo haber esa noche, y no ahondan en las muertes violentas que hubo antes o después del episodio, hay que recordar que la zona bananera estuvo en estado de sitio durante más de tres meses después de la masacre en la estación y que el general Cortés Vargas fungió como única autoridad durante este tiempo.

Desafortunadamente, no hay documentos conocidos sobre los varios meses en los que se mantuvo la alteración del orden y los poderes omnímodos del general en la zona. Sin embargo, las historias circulantes en la zona sobre la persecución posterior a la masacre contra todos los que directa o indirectamente estuvieron implicados en la huelga hablan de un auténtico estado del terror.

Así que si alguien decide creer en la versión del embajador estadounidense, sumada a los posibles excesos de los tres meses de persecución militar bajo estado de sitio (por los que no se adelantó ninguna investigación), la cifra de víctimas mortales de la huelga y masacre de las bananeras fácilmente puede igualar o superar la que salió de la imaginación de Gabriel García Márquez.

Líderes de la protesta Pedro M. del Río, Bernardino
Guerrero, Raúl Eduardo Mahecha, Nicanor Serrano
y Erasmo Coronel. 
Foto:
 Wikimedia Commons

Un modelo trágicamente exitoso

Pero la masacre de las bananeras no terminó allí. Si se observa la historia de Colombia después de la masacre de las bananeras hay que decir que, tristemente, el modelo de uso de la violencia para asegurar la buena marcha del capital –usualmente extranjero- que se hizo evidente en 1928 se ha replicado recurrentemente en el país.

El caso más evidente es el de la misma United Fruit Company, que bajo el nombre Chiquita Brands aceptó en 2007 haber dado dinero a varios bloques de las autodefensas para asesinar líderes sindicales y asegurar la salida de su producción.  

Y este caso no ha sido el único. La lista se extendería demasiado si quisiéramos enumerar todos los proyectos macroeconómicos –legales e ilegales- que en los últimos años se han realizado apoyándose en la intimidación o el homicidio, muchas veces con la complicidad del Estado colombiano; o si se enumeraran los miles de sindicalistas que han sido asesinados como los trabajadores de 1928 en las últimas décadas en Colombia.

Por eso se puede decir que la masacre de las bananeras no fue solo un episodio aislado en la historia política y económica del país, sino la concreción de un “modelo de negocios” que se ha mantenido hasta el presente.

Recuerdo que hace unos años fui a la zona bananera para hacer una investigación sobre la huelga de 1928, y cuando preguntaba a las personas del común por la masacre de las bananeras para conocer “la memoria colectiva” sobre el hecho, las respuestas eran del tipo: “sí, a mí contaron que en los ochenta mataron a mucha gente en las fincas de guineo” o “sí, eso fue en una finca de Riofrío hace unos dos años”. Es decir, la masacre es legión.

Como una “fruta extraña”, amarga y dolorosa, la violencia de las bananeras se ha reproducido en los sembrados de palma, en las minas de oro, en los campos de ganadería, y en toda la tierra colombiana que ha sido propicia a su ejemplo. 

 

*  Historiador

Escribir un comentario

Agradecemos a los investigadores, académicos y profesionales que contribuyen con sus artículos, declaraciones y caricaturas inéditos para ser publicados en la Revista Razón Pública. Los autores son responsables de sus ideas y de la presentación de los hechos en este documento.

“Los comentarios en Razón Pública están sujetos a moderación, (de 8 am a 6pm hora de Colombia) con el fin de garantizar un intercambio de opiniones en tono respetuoso - serán bienvenidas la crítica aguda y la ironía - que enriquezcan el debate y resulten interesantes para lectores y autores.
En consecuencia, no se aceptarán comentarios del siguiente perfil:
1. Que constituyan descalificaciones, ataques o insultos contra los autores o contra otros participantes del foro de comentarios.
2. Que incluyan contenidos, enlaces o nombres de usuarios que razonablemente puedan considerarse insultantes, difamatorios o contrarios a las leyes colombianas.
3. Comentarios sin sentido o repetidos, que serán eliminados sin piedad.

Los comentarios no reflejan necesariamente la opinión de Razón Pública, sino la de los usuarios, únicos responsables de sus propias opiniones.”


Código de seguridad
Refescar

Comentarios  

Diego
+6 # ComentarioDiego 03-12-2013 12:02
Excelente artículo. En país tan violento como Colombia impera el silencio y el olvido, vacío reproducido por la historia oficial que sólo la literatura, en parte, llena.
Responder | Responder con una citación | Citar | Reportar al moderador
Angie Henao
-2 # Las bananerasAngie Henao 05-12-2013 22:29
Interesante articulo
Responder | Responder con una citación | Citar | Reportar al moderador
marina urbach
0 # recurrente masacremarina urbach 18-12-2013 21:22
Excelente articulo. A pesar del tema tan doloroso, fue un placer leerlo por la forma como el autor escribe y la riqueza del lenguaje...un verdadero placer.
'... la masacre de las bananeras no fue solo un episodio aislado en la historia política y económica del país, sino la concreción de un “modelo de negocios” que se ha mantenido hasta el presente.'...po r ejemplo los sindicalistas que han sufrido la misma suerte recientemente, como lo senala el autor. Este es el punto importante: no fue un hecho aislado y aun sucede...
Responder | Responder con una citación | Citar | Reportar al moderador
Fernando
0 # matanza de las bananerasFernando 13-01-2014 10:55
como en paises tan religiosos,como Colombia Dios y los santos permiten que estas tragedias ocurran y que nunca logre hacerce justicia? Cuantos de los muertos tendrianen sus cuellos rosarios y cadenas para que los protegieran? N0 les sirvio' de nada!
Responder | Responder con una citación | Citar | Reportar al moderador
Martha Inés
0 # Estamos en las mismas...Martha Inés 10-04-2014 19:56
Esto sucedió en 1928 y ahora que esta pasando en este nuevo siglo? acaso no estamos en las mismas.
Con campesinos vulnerados y malos salarios?
Responder | Responder con una citación | Citar | Reportar al moderador
Darío Viana
0 # BibliografíaDarío Viana 28-04-2014 18:22
Excelente artículo. Disculpe, señor Nicolás Pernett, ¿Podría remitirme alguna lista de libros que traten el tema de La Masacre de las Bananeras?
Responder | Responder con una citación | Citar | Reportar al moderador
GUSTAVO POLO
0 # FelicitacionesGUSTAVO POLO 29-11-2017 07:33
Excelente artículo, una visión objetiva del suceso
Responder | Responder con una citación | Citar | Reportar al moderador
Jhonathan Sánchez
0 # La Masacre de las BananerasJhonathan Sánchez 29-11-2017 07:50
No es posible negar un hecho histórico sencillamente por no haberlo presenciado, la masacre de las bananeras y la participación de Fuerzas Armadas, las condiciones laborales que ofrecía la United Fruit Co. Así como la actitud del Estado han sido bastante estudiadas, a tal punto que quien pretenda negarlo, además de hacer gala de su ignorancia estará demostrando los intereses que representa y el lado de quien está con respecto a la situación social del país.

Por otra parte quiero invitarlos a visitar la exposición La Posesión de la Tierra ¿el origen de la guerra en Colombia S.XX? En el Museo de la Independencia -Casa del Florero en la encontraran información sobre éste y otros temas relacionados.
Responder | Responder con una citación | Citar | Reportar al moderador
Camilo
0 # Quien no conoce su historia...Camilo 29-11-2017 14:37
Hace unos años el Ministerio de Educación Nacional anunció su iniciativa de eliminar del programa curricular de bachillerato la cátedra de historia patria con el argumento de hacer más énfasis en las ciencias duras através de su intensificación académica en detrimento de las humanidades. Algo que a primera vista parece bien intencionado, mejorar el puntaje en ciencias en las pruebas Pisa, en un análisis más ponderado se puede ver como una iniciativa con la que se persigue formal más profesionales para el mercado laboral que ciudadanos críticos frente a la hegemonía de las clases dominantes. Lo anterior podría ser calificado de argumento 'mamento' sino fuera porque remitiéndonos a los hechos evidenciamos que el programa de la clase de historia colombiana siempre comienza con la llegada de Colón y posterior conquista y termina con el Congreso de Angostura y el nacimiento de la Gran Colombia, más allá de esto resulta sospechoso, especialmente el los colegios confesionales, es decir, casi todos. Dos académicos que se han dado cuenta de ésta situación anómala y la han denunciado publicamente han sido Charles Bergquist y Álvaro Tirado Mejía y recientemente Antonio Caballero. Este último por ejemplo hace un año publicó un libro por entregas mensuales en línea llamado 'Historia de Colombia y sus oligarquías' en cuya introduccion denuncia este fenómeno de limitar el programa académico de historia de los colegios con fines políticos. Para nadie es un secreto que quien conoce la historia republicana de Colombia tiene bien formado un criterio al momento no sólo de analizar nuestros hitos historicos sino al momento de elegir gobernantes, lo que a todas luces no le conviene al poder hegemónico tradicional en esta sociedad de castas todavía anquilosada en estructuras sociales coloniales. Como bien dice Antonio Caballero: "En Colombia estudiar la historia es un acto subversivo".
Responder | Responder con una citación | Citar | Reportar al moderador

VideocolumnasVideocolumnas

 

Julia Miranda

Isabel Cristina Zuleta

Arte y Cultura

Los cien años del primer rey vallenato

(Tiempo estimado: 5 - 9 minutos)

Alejo Durán

Luis Eduardo AcostaEl 2019 fue declarado el año conmemorativo de la vida y obra de Alejo Durán, el negro grande de Colombia. Este es un homenaje a la memoria de un músico inolvidable.

Luis Eduardo Acosta*

RP en los medios

  • La Revolución bolivariana: 20 años de una tragedia Sábado, 16 Febrero 2019

    Nicolas Pernett Entender lo que ha pasado en Venezuela en los últimos veinte años ha sido una de las cosas más difíciles para la opinión pública colombiana, pues muchas de las noticias que nos llegan sobre la llamada revolución bolivariana han tendido a los extremos más que a la verdad....

Ver más RP en los medios

Mirada Pública

Cartagena

Fotografías de Cristián Bastidas.

Recomendado

Calidad del aire en Colombia: entre metas mediocres y programas insuficientes 

Contaminación del aire en Bogotá.

Nestor Rojas

La calidad del aire que respiramos debería ser uno de los temas más importantes de la agenda pública. Las autoridades han dado partes de tranquilidad basadas en una falacia: los niveles de contaminación aceptados en Colombia son más altos que los lineamientos de la Organización Mundial de la Salud.

Nestor Y. Rojas

Sazón Pública

Por Anyelik y Papeto.
Esta semana      Archivo

Nos escriben

La Fundación RAZÓN PÚBLICA es una entidad sin ánimo de lucro ni carácter partidista constituida en 2008 para servir como un punto de convergencia y un instrumento para la expresión de los intelectuales colombianos comprometidos con el proyecto de una sociedad pacífica, democrática, legal, justa y productiva.

La Asamblea General de Razón Publica está integrada por sus fundadores, por los autores y autoras que contribuyen de manera regular a esta revista, por los donantes a la Fundación y por el equipo de planta de la revista.

Hernando Gómez Buendía Director y editor generalFernando Garavito Pardo (Q.E.P.D.) Editor emérito
• Equipo de edición: Valentina Landínez @Valelandinez, Ricardo Díaz, Érika Mesa, Paula Pinzón, Juanita Eslava.  
Valentina Salazar Imágenes • Caricaturas: Papeto (@Papetopintapeor), Anyelik (@Anyelik)

 Paula Pinzón  Coordinadora administrativa paula.pinzon@razonpublica.org.co
Angélica Zambrano  Videocolumnas y webmaster angelica.zambrano@razonpublica.org.co @Anyelik 
Daniela Garzón Coordinadora editorial daniela.garzon@razonpublica.org.co  @Ginethdani