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Peripecias recientes del gobierno Trump: ¿será posible un nuevo comienzo?

(Tiempo estimado: 5 - 10 minutos)

 Donald Trump, presidente de Estados Unidos

Guillermo Calvo MahéLos primeros seis meses del nuevo presidente han estado marcados por su caótico estilo de gobierno y por los escándalos e inestabilidad de su equipo, pero la llegada del nuevo jefe de gabinete podría orientar al gobierno en una dirección distinta.*

Guillermo Calvo Mahé**

universidad manizalesGobierno caótico

Durante la campaña presidencial de 2016 en Estados Unidos algunos observamos que el emergente "fenómeno Trump" iba más allá del Partido Republicano porque Donald Trump había sido antes demócrata moderado y miembro del Partido Reformista de Ross Perot. En este último buscó su nombramiento como candidato presidencial en el 2000, y apenas en el  2012 llegó al Partido Republicano.

También especulamos acerca de lo difícil que sería gobernar si Trump ganara sin tener una base política sólida en uno de los principales partidos políticos, algo comparable con las muy negativas experiencias que su momento tuvieron los presidentes Richard Nixon y Jimmy Carter.

El presidente Trump es un personaje disociador en un país ya casi totalmente dividido. La división no es culpa de él, aunque la agrava bastante. Por haber triunfado inesperadamente no solo sobre el Partido Demócrata sino sobre el establecimiento del Partido Republicano, Trump gobierna pero es odiado por gran parte de los dos partidos, por los medios de comunicación (con excepción, quizás, de Fox News) y por los líderes de las agencias de inteligencia (aunque no por sus miembros rasos).

Ha sido traicionado constantemente por miembros de su propio gobierno. Muchos de ellos eran funcionarios de la administración anterior, pero también hubo otros que llegaron con él y que se han dedicado a defender sus intereses personales.

Todo lo anterior ha llevado al caos. Pero este caos también es indicio del sistema de gestión que parece preferir el presidente Trump. Buscó un equipo ambicioso con ideas muy diferentes porque creyó que del choque entre ellos podrían surgir políticas innovadoras para solucionar los principales problemas del país. Como con las reacciones nucleares, si este experimento se lograra controlar traería enormes beneficios, pero si no resultaría en un cataclismo. Hasta ahora no ha funcionado de manera adecuada, y muchos piensan que no ha funcionado en lo absoluto.

Un equipo inestable

General John F. Kelly
 General John F. Kelly. Jefe de Gabinete de la Casa Blanca
Foto: Embajada de Estados Unidos en Colombia

El odio de tantos miembros de las instituciones tradicionales de Estados Unidos hacia Trump combinado con la gestión caótica del presidente ha tenido resultados interesantes. Esta tensiones han resultado en el despido o renuncia de varios miembros importantes del equipo del presidente durante los primeros seis meses de su administración.

El presidente Trump es un personaje disociador en un país ya casi totalmente dividido.

Primero salió el general retirado Michael Flynn, asesor de Seguridad Nacional. Flynn se vio obligado a renunciar por la presión de los medios de comunicación por su contacto con representantes de la Federación Rusa (el escándalo “Rusiagate”).

Después Trump despidió a James Comey, director del FBI, por tres posibles razones:

  • Por su mal rendimiento en la investigación a la candidata Hillary Clinton;
  • Por no haber investigado de manera adecuada las constantes fugas de información hacia los medios de comunicación, o
  • Por la manera como estaba investigando la intervención rusa en las últimas elecciones presidenciales.

Este caso resultó –posiblemente por manipulaciones de Comey– en el nombramiento de un fiscal especial para investigar todo lo relacionado con el “Rusiagate”.

En total han sido una docena quienes han salido de la administración o han cambiado de puesto, pero en la última semana el cambio de personal en la Casa Blanca ha parecido exagerado. Tres personas con alto mando fueron despedidas o renunciaron y fue nombrado un nuevo jefe de gabinete: el general retirado y exsecretario del Departamento de Seguridad Nacional John F. Kelly. Los que salieron son:

  • Sean Spicer, secretario de prensa de la Presidencia, quien renunció;
  • Reince Priebus, el jefe de gabinete del presidente; y
  • Anthony Scaramucci, quien durante once días fue el director de Comunicaciones de la Presidencia y el encargado de acabar con las fugas ilegales de información.

Este último es el caso que más interés ha despertado por la extremadamente corta pero interesante duración de Scaramucci en el gabinete de Trump.

El escándalo de Scaramucci

Anthony Scaramucci, exdirector de comunicaciones
 Anthony Scaramucci, exdirector de comunicaciones de la Casa Blanca (paso relámpago)
Foto: Wikimedia Commons

Como muchos miembros importantes de los gobiernos –sean demócratas o republicanos– de Estados Unidos en este milenio, Anthony Scaramucci trabajó con la empresa Goldman Sachs. En 2005 formó su propia empresa financiera, SkyBridge Capital, con la cual se hizo multimillonario.

Trabajó cerca del presidente Obama, con quien estudió derecho y jugó baloncesto en Harvard; fue uno de los principales líderes de su equipo financiero en la campaña de 2008. Sin embargo Scaramucci se distanció de Obama durante su primer período presidencial por las políticas que este adoptó con relación a Wall Street. En 2012 apoyó la candidatura del republicano Mitt Romney, también como uno de los líderes de su equipo financiero. En 2016 tuvo un cargo similar en la campaña de Trump y pasó de ser un crítico severo a un partidario apasionado.

Por su apoyo a Trump esperaba ser nombrado director de la Oficina de Enlace Público y Asuntos Intergubernamentales. Como parte de su preparación para ocupar dicho cargo le vendió su empresa a un conglomerado chino, lo cual suscitó dudas por el excelente pago que recibió. Por esa razón dos miembros esenciales del nuevo equipo presidencial (Steve Bannon, jefe estratégico, y Reince Priebus) se opusieron exitosamente a su nombramiento.

En un principio Scaramucci buscó sin éxito el apoyo del presidente para revertir esa decisión. No obstante, gracias a la tenacidad que lo caracteriza y aprovechando el fracaso de los asesores más cercanos del presidente en su intento por terminar con las fugas de información, finalmente convenció a Trump de nombrarlo director de Comunicaciones. El nombramiento se hizo el 21 de julio y Scaramucci obtuvo la vacante dejada por Mike Dubke, quien renunció en mayo. Por conflictos de personalidad y confianza, tan pronto asumió el cargo renunció el secretario de prensa, Sean Spicer, quien dijo que deseaba permitirle a Scaramucci crear su propio equipo.

En su primer día Scaramucci declaró su intención de ganar la confianza y el apoyo de la prensa y mantuvo un tono optimista, muy diferente del de Sean Spicer. Con respecto al equipo central de la Casa Blanca insistió en que buscaba lograr un equilibrio caracterizado por las buenas relaciones, en especial con sus dos rivales principales: Reince Priebus y Steve Bannon, quienes al parecer habían jurado negarle el acceso al poder.

A pesar de lo anterior, casi de inmediato prometió públicamente que metería en la cárcel a quienes entregaran información no autorizada a los medios de comunicación. Además de eso, en una extraña entrevista telefónica con el periodista Ryan Lizza, creyendo que era confidencial, hizo groseras críticas a sus dos rivales. Esta entrevista fue publicada casi de inmediato en The New Yorker.

En la última semana el cambio de personal en la Casa Blanca ha parecido exagerado.

Además de este escándalo los medios de comunicación empezaron a informar sobre un proceso de divorcio iniciado por la esposa de Scaramucci, lo cual les dio más argumentos a los medios para criticar su personalidad. Entre otras cosas afirmaron que era un hombre totalmente egocéntrico y un “mini Trump” incapaz de controlar sus emociones. También se afirmó que su enorme ego llevaría a una guerra entre los principales consejeros del presidente. Hasta se hablaba de cómo dos egos tan grandes como los de Trump y su nuevo director de comunicaciones podrían coexistir.

Una nueva etapa

Inicialmente el escándalo no tuvo mayores consecuencias y Scaramucci pareció salir triunfante frente a Reince Priebus cuando después de meses de especulación este fue remplazado como jefe de gabinete por el general Kelly.

Pero el triunfo duró poco, pues la misma mañana de la posesión de Kelly se anunció la renuncia de Scaramucci. El motivo supuestamente no fue la entrevista ni sus declaraciones indebidas, sino la insistencia del general Kelly en tener el control total del personal de la Casa Blanca y en no permitir a nadie el acceso directo al presidente sin su permiso, algo que había exigido Scaramucci.

Durante los primeros seis meses de la administración Trump el general Kelly había corregido los principales problemas del Departamento de Seguridad Nacional, especialmente en lo relacionado con la inmigración ilegal. Además, como militar tenía fama de ser un muy serio administrador de personal. Por eso se espera que su nombramiento acabe con el caos y las luchas de poder dentro de la administración y que, con la colaboración del Departamento de Justicia, disminuya la fuga de información desde la rama ejecutiva.

No obstante, y como muchos observadores inmediatamente comentaron, la administración refleja en buena medida la personalidad de Trump, y hay dudas acerca de cómo sin cambiar esto se podría cambiar la gestión de la casa Blanca. Es eso lo que todos esperamos ver.

* Razón Pública agradece el auspicio de la Universidad Autónoma de Manizales. Las opiniones expresadas son responsabilidad del autor.

** Politólogo, doctor en Jurisprudencia, LL.M. en Estudios Jurídicos Internacionales y tiene un posgrado en traducción, todos en universidades de Estados Unidos. Fue coordinador del programa de Ciencia Política, Gobierno y Relaciones Internacionales en la Universidad Autónoma de Manizales hasta 2016 y hace parte del Departamento de Ciencias Políticas y Jurídicas de la misma universidad.

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