Estados Unidos y su propio problema de drogas

(Tiempo estimado: 6 - 11 minutos)

Drogas psicoactivas

Ricardo VargasLa idea de responsabilizar a los países productores (y que Pence seguramente viene a repetir), está tomando fuerza en Estados Unidos y nos haría volver a la mano dura. Pero las estadísticas indican que el quid de la cuestión hay que buscarlo allá.    

Ricardo Vargas M.*

Vuelve y juega

El ex-embajador William Brownfield afirmó que hay una conexión evidente entre el aumento en el uso de cocaína y las muertes por sobredosis en Estados Unidos (EU), por una parte, y por la otra  el crecimiento  exorbitante de las hectáreas de coca (130 por ciento) y el potencial de producción de cocaína de Colombia (200 por ciento).

Brownfield es ahora el secretario de Estado para Asuntos de Narcóticos de EU y expuso su argumento en una audiencia del Subcomité de Relaciones Exteriores en el Hemisferio Occidental el 2 de Agosto de 2017.

El discurso del funcionario se basa en la idea oficial de que el 90 por ciento de la cocaína incautada por la Administración para el Control de Drogas (DEA) proviene de Colombia.

Pero el subsecretario guardó absoluto silencio acerca de la intermediación de narcotraficantes mexicanos, cuya capacidad de traspaso fronterizo y distribución en EU crece vertiginosamente, sobre todo en la Costa Oeste, desde donde se envía a distintos puntos de ese país. Esta intermediación comprende redes complejas, puntos seguros intermedios y corrupción extendida, sobre todo en Centroamérica y el Caribe y en la frontera con México.

Pero aun dejando de lado este silencio hay que mirar de cerca las conclusiones de Brownfield, porque además es bien probable que ellas sirvan de marco a la visita del vicepresidente Pence que comenzó hoy domingo.   

El consumo disminuye

Agentes de la DEA, Administración para el Control de Drogas (DEA por siglas en inglés).
Agentes de la DEA, Administración para el Control de Drogas (DEA por siglas en inglés).
Foto: Wikimedia Commons 

Por otra parte  el precio de la cocaína aumentó 149 por ciento entre enero de 2007 y marzo de 2015 (pues el gramo pasó de 98 dólares a 244),  y la pureza disminuyó un 35 por ciento (pues pasó de ser de 67,1 por ciento a 43,6 por ciento).  Y aquí cabe recordar que la estrategia de reducción de la oferta que hoy predomina en el mundo se propone estimular precios altos y baja pureza por ser estos los dos factores clave para  disuadir a los usuarios (ver Gráfico 1).Según la DEA, la disponibilidad de cocaína en EU se mantiene por debajo del nivel de 2006. Entre las 21 oficinas regionales de esta organización, solo cinco reportaron aumento de la disponibilidad en el primer semestre de 2015 (Houston, Nueva York, Filadelfia, Phoenix y Washington).

Gráfico 1. Precio (línea roja) y pureza de la cocaína (línea morada) en EU (2007-2015)


Fuente: Department of Justice Drug Enforcement Administration, “2016 National Drug Threat Assessment”. November 2016, Washington DC.

Las emergencias hospitalarias por uso de cocaína tampoco indican una epidemia, sino todo lo contrario. El Gráfico 2 muestra cómo estás emergencias han disminuido de manera  sostenida-lo cual indica que el consumo se maneja cada vez mejor-.

Gráfico 2. Situaciones de emergencia hospitalaria por consumo de cocaína en EU (2003-2013)

Fuente: Department of Justice Drug Enforcement Administration, “2016 National Drug Threat Assessment”. November 2016, Washington DC.

La situación anterior también podría deberse a la disminución del consumo adictivo que tuvo su auge entre finales de los años ochenta e inicios de los noventa, cuando se generalizó el consumo irresponsable de crack y de cocaína. La demanda en este período era sostenida por una generación de adictos y presidiarios y por el surgimiento de nuevos usuarios ocasionales.

Según el Instituto sobre Abuso de Drogas, más de 90 estadounidenses mueren cada día de sobredosis de opiáceos.

Considerando la disponibilidad, precio, pureza y casos de emergencia hospitalaria por uso de cocaína, no hay indicios de un cambio significativo en las tendencias de media y larga duración del consumo de esta droga en EU.

Otras drogas

Pero EU enfrenta una realidad muy compleja en el caso de otras sustancias, principalmente de opioides tanto ilícitos como legales. La señal de alerta son las muertes por sobredosis que han aumentado dramáticamente entre 2000 y 2014.

Son tres los tipos de drogas que han aumentado la demanda de atención hospitalaria de emergencia:

  • La heroína, cuyo consumo aumentó exponencialmente entre 2013 y 2014 (ver Gráfico 3). Esta tendencia viene desde 2002, con un incremento de 1,6 a 2,6 consumidores por cada 1.000 personas.

Gráfico 3. Número de usuarios consumidores de heroína en EU (2007-2014)


Fuente: Department of Justice Drug Enforcement Administration, “2016 National Drug Threat Assessment”. November 2016, Washington DC.

  • En segundo lugar están los opioides con prescripción médica y, particularmente, su desviación para uso no médico que ha elevado la demanda de servicios médicos. Según el Instituto sobre Abuso de Drogas, más de 90 estadounidenses mueren cada día de sobredosis de opiáceos, lo que convierte el problema en una crisis de salud pública. Además, esta situación compromete seriamente a las grandes empresas distribuidoras de medicamentos en EU.

  • En tercer lugar están la heroína u opioides combinados con cocaína, conocidos como speed ball. El consumo de esta mezcla letal ha aumentado vertiginosamente, así como el riesgo de muerte de sus usuarios.

En relación con este último caso es llamativo su contraste con la cocaína. Por una parte las muertes por sobredosis de cocaína sin mezcla de opioides aumentaron de 0,37 a 0,91 por cada 100.000 personas entre 2000 y 2006. En 2015 esta cifró bajó a 0,78 muertes por cada 100.000 personas. Por otra parte, las muertes por sobredosis de opioides combinados con cocaína aumentaron de 0,37 a 0,91 entre 2000 y 2006, disminuyeron en 2010 a 0,57 y en 2015 se dispararon hasta 1,36. Esto –junto con el  auge del opioide sintético Fentanyl (ver Gráfico 4)– prendió las alarmas y llevó a que la Presidencia declarara la epidemia de heroína como emergencia nacional.

Gráfico 4. Principales drogas de prescripción controladas con clasificación II y III distribuidas a nivel nacional por año (2006–2014). Dosificación en miles de millones unidades.

Fuente: Department of Justice Drug Enforcement Administration, “2016 National Drug Threat Assessment” November 2016, Washington DC.

La información anterior ratifica los hallazgos de la DEA y muestra el contraste entre el aumento de las emergencias hospitalarias por uso de heroína y la reducción de estas emergencias en el caso de la cocaína sin aditivos (ver Gráfico 5).

Gráfico 5. Relación de tratamientos de emergencia por uso de sustancias controladas en EU (2007-2014)


Fuente: Department of Justice Drug Enforcement Administration, “2016 National Drug Threat Assessment”. November, 2016 Washington DC.

De vuelta a Colombia

William Brownfield, Secretario de Estado para asuntos de Narcóticos.
William Brownfield, Secretario de Estado para asuntos de Narcóticos. 
Foto: Wikimedia Commons 

El aumento epidémico del consumo de sustancias opioides –tanto legales como ilegales– en Estados Unidos está relacionado con:

  • Problemas socioeconómicos, culturales y de experiencia en el uso de drogas en donde son decisivas las circunstancias personales;

  • Prácticas que indican ignorancia pero a la vez aprendizaje en el manejo de psicoactivos;

  • Intereses comerciales salvajes que pasan por alto los mínimos éticos y acaban en problemas de corrupción y crisis institucional;

  • Las estrategias prohibicionistas que dificultan el manejo del problema como un tema de salud pública donde deben primar los derechos fundamentales de los usuarios;

  • Las redes de tráfico mayorista y el mercado al detal de sustancias psicoactivas  ilegales o legales bajo control con respecto a los cuales podría discutirse la responsabilidad de diferentes instancias de control, principalmente estatales.

Estas circunstancias han sido desconocidas por los funcionarios de alto rango encargados de tomar decisiones en el ámbito internacional. En materia de drogas Estados Unidos ha construido un discurso simplista e inflexible dedicado a señalar una amenaza externa, en este caso la producción de hoja de coca en Colombia. El resultado ha sido  descargar la responsabilidad en un eslabón extremadamente débil de la cadena: los productores.

En materia de drogas Estados Unidos ha construido un discurso simplista e inflexible dedicado a señalar una amenaza externa.

Afirman que la estrategia colombiana de uso de la fuerza para erradicar “no está siguiendo el ritmo de la explosión del cultivo de la coca”. Demandan, por encima de todo, la reducción de áreas cultivadas en plazos perentorios y con la amenaza de la intervención de nuestras fuerzas armadas. 

Olvidan que los productores son una parte vulnerable de la cadena de las drogas porque:

·         Son sujetos de explotación por parte de intermediarios y compradores de materia prima;

·         Deben someterse a grupos armados ilegales que prestan servicios de seguridad, y

·         Sufren las consecuencias de las acciones de un Estado contradictorio que envía a sus cuerpos de seguridad a erradicar plantaciones aún después de haber firmado pactos de sustitución con los productores, pactos cuya sostenibilidad depende de  solucionar los problemas de fondo que provocan el aumento de las áreas de cultivos. 

Además, olvidan que el crecimiento de los cultivos está motivado y se mantiene por un mercado internacional en auge dentro del cual EU representa menos de la tercera parte.

Considerando lo anterior puede afirmarse que en materia de drogas no hay verdades absolutas, sino hechos interpretados; verdades instauradas desde una posición de poder. Esto queda constatado en las afirmaciones de Brownfield, cuyas intenciones pueden inferirse de su discurso y resumirse en que pretende:

  1. Reavivar una estrategia de reducción de la oferta incorporando de nuevo el tema de drogas a la agenda bilateral de seguridad;

  2. Sentar la bases para pedir el restablecimiento de las aspersiones aéreas con glifosato u otro herbicida en Colombia, y

  3. Como efecto colateral, alimentar los discursos internos que exigen regresar a la “guerra” contra las drogas y reclaman disminuciones efectivas de áreas de coca por medio de aspersiones y de la criminalización de productores.

Lo anterior implica que el tema de las drogas será crucial en el seguimiento de Estados Unidos sobre Colombia en víspera de las elecciones. Observarán con beneplácito las posiciones más afines a la restauración de la guerra antidrogas. Por esta razón, las coaliciones que defienden el Acuerdo de La Habana deben tener una postura clara frente a las presiones que ya se vislumbran por parte de la administración Trump.

El cuarto punto del Acuerdo es fundamental para la consolidación de la paz. Si el Estado colombiano permite que la injerencia de Estados Unidos se sume a los problemas que ya tiene el desarrollo del Acuerdo, retrocedería de manera preocupante y llevaría la construcción de paz a un escenario inmanejable.

 

* Investigador asociado del Transnational Institute (TNI) con sede en Ámsterdam, trabajó para el CINEP entre 1988 y 1998, autor de varios libros y capítulos sobre narcotráfico, seguridad y proceso de paz, ex asesor en temas de seguridad en la Secretaría de Gobierno del Distrito durante 2015.

 

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