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La crisis de Venezuela: una amenaza grave para Colombia

(Tiempo estimado: 5 - 10 minutos)

Migrantes venezolanos.

Fernando GuerraEn medio de una tragedia, el régimen de Maduro sigue aferrado al poder a toda costa. Por eso está tratando de agravar el conflicto con Colombia, al tiempo que Colombia tiene que lidiar con los efectos de una crisis que desborda las fronteras. ¿Qué sigue?

Fernando Guerra*

Vientos de guerra

La situación económica, social y política de Venezuela ha adquirido ribetes dramáticos y tiende a agudizarse con enormes implicaciones de todo orden para América Latina y especialmente para Colombia.

El pasado 12 de febrero, el fiscal venezolano Tarek Saab afirmó que desde Colombia se planea la invasión militar de su país. Compartimos una frontera porosa y vulnerable de 2.219 kilómetros con conflictos de límites  no resueltos. Las declaraciones del fiscal son otra muestra del peligro  latente: el de un enfrentamiento militar entre los dos países.

Ya desde el gobierno de Virgilio Barco existía ese temor, que revivió cuando el gobierno Uribe bombardeó un campamento en Ecuador y el ex comandante Chávez ordenó movilizar tropas a la frontera.

Y además de la tensión militar, el modelo económico es una fuente constante de rechazos entre Caracas y Bogotá.

Eso explica por qué Venezuela ha apoyado a los distintos grupos guerrilleros colombianos: una grosera e indebida intervención en los asuntos internos de Colombia.

Una realidad dramática

Presidente de Venezuela, Nicolás Maduro.
Presidente de Venezuela, Nicolás Maduro.  
Foto: Vicepresidencia República Bolivariana de Venezuela

Hoy, el círculo parece cerrarse para el gobierno de Nicolás Maduro. La crisis social es de dimensiones descomunales.

Cada vez con más frecuencia la gente asalta los supermercados, las fincas donde descuartizan reses, los camiones con alimentos. Solo una dura represión contiene el desorden de los hambrientos que la revolución bolivariana se ha empeñado en seguir  produciendo. 

Esta vez los venezolanos no tuvieron cómo celebrar la navidad y el año nuevo con los tradicionales perniles de cerdo, porque el gobierno no honró sus obligaciones de pagos internacionales, lo que ocasionó revueltas en varias partes del país.

Venezuela nunca fue capaz de diversificar la economía, a pesar de contar con la enorme palanca de apoyo de la riqueza petrolera.

La inflación de más de 2.600 por ciento anual hace imposible cualquier previsión económica, lo que aunado al control de precios hasta en la tienda más humilde ha redundado en la profundización del desabastecimiento y en la escasa dieta de los venezolanos. La desnutrición infantil es evidente. Del hambre no se salvan ni siquiera los deportistas. El irrisorio salario mínimo de los venezolanos, medido en la caloría más barata disponible, no alcanza a proveer una alimentación adecuada a las familias.

Según la Encuesta sobre condiciones de Vida, Encovi, el 81,8 por ciento de los hogares venezolanos es pobre y 9.6 millones de personas solo comen dos o menos comidas al día. En consecuencia los patriotas han perdido 8.7 kilos de pesos de forma no controlada y los más pobres más de 9 kilos.

Mientras tanto, el singular presidente de Venezuela bromeó con la situación de sus ciudadanos afirmando que “la dieta de Maduro te pone duro”.

Los venezolanos no tienen posibilidades de ser tratados con los medicamentos apropiados y salen a morir desesperanzados fuera de su patria.

Miseria para todos

Crisis en Venezuela
Crisis en Venezuela
Foto: Wikimedia Commons

En medio de un mar de riqueza, Venezuela se desliza inexorablemente a niveles de pobreza comparable a la de los países más pobres del mundo. Ni el petróleo, con el último rebrote del precio, los salva. Tal es la profundidad de la crisis.

PDVSA, la que fue una poderosa empresa petrolera, está quebrada y tomada por una corrupción sin fondo, dirigida por militares venezolanos, como casi la totalidad  de la economía. Los venezolanos hacen largas colas para comprar  gasolina. Sus refinerías, algunas de las más grandes del mundo, las carcome la obsolescencia por falta de mantenimiento.

La destitución de quien fungía como embajador ante la ONU y del que fuera director de PDVSA y ministro de Petróleo durante más de una década, Rafael Ramírez, y de otros altos directivos de la estatal petrolera, demuestra el lodazal de corrupción en que se ha movido la revolución bolivariana y las fisuras cada vez más profundas del régimen.

La revolución bolivariana ha despilfarrado 800 mil millones de dólares provenientes del petróleo. La corrupción sustenta la cúpula de gobierno que ha hecho de una apacible y acogedora ciudad como Caracas, la ciudad más violenta e insegura del mundo.

La economía vive en permanente default y la deuda externa alcanza los 150 mil millones de dólares. La revolución bolivariana sobrevive gracias al oxígeno que le brindan China y Rusia, países que paulatinamente se están adueñando de las mayores reservas mundiales de petróleo. Venezuela nunca fue capaz de diversificar la economía, pese a contar con la enorme palanca de la riqueza petrolera.      

Crisis en Venezuela, crisis en Colombia

Los pobres de Venezuela se ven por todos partes en las principales ciudades de Colombia.

Hombres jóvenes, mujeres embarazadas o con niños de brazos, familias enteras pidiendo en los semáforos, durmiendo en las aceras, en parques. Las trabajadoras sexuales venezolanas —y también las que no lo son— les disputan el mercado del sexo a las prostitutas colombianas.

Nuestro economía informal se ha visto ensanchada por el  rebusque diario de los hermanos venezolanos que encuentran en esa actividad un escampadero de su tragedia y con lo poco que ganan alimentan a los familiares que no logran emigrar.

Cúcuta se ha vuelto una bomba social. Los alcaldes de las principales ciudades colombianas, pero especialmente en las zonas limítrofes, lidian con un problema mayúsculo. Si no tienen para sus propios pobres, menos tienen para atender con dignidad, humanidad y solidaridad la avalancha humana que les está sobreviniendo.

Los venezolanos que vienen a Colombia merecen un trato consecuente con los principios  de una democracia liberal. Y a esto se añade el deber de reciprocidad con Venezuela, que  en épocas pasadas acogió a millones de colombianos en busca de oportunidades que nuestra economía no les brindaba y todavía no les brinda.  

En la medida en que se agudicen los problemas en Venezuela, el régimen estará tentado a buscar un conflicto militar con Colombia.

De Venezuela no solo emigran los millonarios.  También lo hacen los pobres que huyen de una revolución que supuestamente los reivindica. Desertan de un régimen y de una economía que los estruja y que no les garantiza condiciones mínimas de vida.

El aeropuerto Camilo Daza de Cúcuta es un hervidero de venezolanos porque debe operar como reemplazo del Maiquetía que sirve a Caracas, a donde ya no llegan las aerolíneas por falta de pagos de las obligaciones contraídas por el gobierno. Por el Camilo Daza salen venezolanos todos los días hacia Argentina, México, Chile, Ecuador, en una dolorosa diáspora producida por un país arruinado por la desastrosa gestión del llamado socialismo del siglo XXI.

Aferrados a pesar de todo

Presidente Juan Manuel Santos, junto a Nicolás Maduro
Presidente Juan Manuel Santos, junto a Nicolás Maduro
Foto: Gobierno Bolivariano de Venezuela

El aislamiento internacional del gobierno Maduro es creciente, y ya no tiene excusa para señalar a Trump como el jefe del imperio del mal que pretende acabar con Venezuela y su revolución. Desde la Unión Europea hasta gobiernos de una gran tradición democrática como Canadá y México le reclaman a Maduro el retorno a la civilidad.

El lenguaje procaz, vulgar y provocador del gobernante venezolano solo habla de su incompetencia. Maduro baila salsa sobre los cadáveres provocados por su sangrienta represión.   

En el marco de este cúmulo de circunstancias adversas y en medio de un orden liberal internacional debilitado, el régimen de Maduro parece ser irrefrenable. El régimen se aferra al poder a expensas de cualquier cosa. Así lo muestran:

  • La convocatoria adelantada de las elecciones presidenciales,
  • La supresión de la Mesa de la Unidad Democrática como alternativa electoral,
  • La aniquilación de los contradictores políticos presos o desterrados,
  • El asesinato del policía sublevado Oscar Pérez y de los otros insurrectos.

Maduro ha dicho que lo que no se pueda hacer con votos se haría con las armas. No puede ser de otra manera: en unas elecciones democráticas el régimen sería derrotado estrepitosamente. Los altos funcionarios del gobierno no pueden darse ese lujo porque saben les espera el ostracismo y un destino igual o peor que el de los sobrinos de la primera combatiente, presos por narcotráfico en Estados Unidos.   

Una amenaza para Colombia

Las crecientes dificultades del gobierno venezolano implican para Colombia y los colombianos enormes peligros no advertidos, tal y como lo explicó con lucidez Hernando Gómez Buendía en esta misma revista.

Ante la explosión social provocada por la crisis económica, la diáspora de los venezolanos hacia el país será incontrolable y no tenemos cómo atender y sostener una emigración de  tales proporciones. El gobierno nacional está en lo correcto al propiciar salidas conjuntas con la comunidad internacional para enfrentar el problema en condiciones de dignidad para nuestros hermanos venezolanos.

Ahora, las declaraciones del fiscal venezolano reviven otro peligro: la posible agresión militar de Venezuela contra Colombia. En la medida en que se agudicen los problemas en Venezuela, que podría llevar hasta una guerra civil, el régimen estará tentado a buscar un conflicto militar con Colombia.

El infame tratamiento a los nacionales colombianos en la frontera, las continuas y descaradas violaciones a la integridad territorial de nuestro país, el asesinato  de colombianos inermes por la guardia nacional bolivariana, el soez y provocador lenguaje del presidente Maduro hacia el presidente Santos, el aprovechamiento del contrabando y del narcotráfico para socavar las relaciones, todas esas son acciones tendientes a provocar un conflicto binacional.

El propósito de Maduro es resolver el conflicto de su país por la puerta trasera. Apelando al patriotismo, el régimen pretende volver a obtener el apoyo que sus nacionales le niegan.

Colombia debe estar preparada para todos estos peligros.

* Economista, magíster en Estudios Políticos y Económicos de la Universidad del Norte, profesor universitario y autor de varios libros, entre ellos, La geopolítica del petróleo y el cambio climático, Universidad de Antioquia, 2010

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Comentarios  

Horacio Sánchez R.
0 # Otros actores internos en la trasescena venezolanaHoracio Sánchez R. 19-02-2018 06:20
Leido el enjundioso y documentado artículo, me surgen estas preguntas:

¿Qué rol están jugando sectores de la burguesía y/u oligarquía venezolana el el sostenimiento de Maduro como presidente de ese país?

¿Hasta donde llega la injerencia del narcotráfico en dicho gobierno?
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Mariana Varela
0 # ComentarioMariana Varela 07-03-2018 20:50
Aunque se trata de una problemática demasiado grande para muchos ciudadanos de Venezuela, resulta para Colombia una gran pérdida económica y socialmente hablando ya que la población colombiana tiene problemas y grandes dificultades que han surgido a partir de las decisiones que la administración ha tomado y la misma población ha permitido. Claro que Colombia podría ayudar a los venezolanos si no fuera por el mal manejo de la administración colombiana
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Carlos Varela
-1 # Colombia-Venezu ela, en crisisCarlos Varela 27-09-2018 10:20
El hostigamiento y el sabotaje a la economía de Venezuela, por parte del gobierno gringo, sus aliados internos y los mandaderos de los países vecinos, son notorios.
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