facebook   twitter   youtube 

De WikiLeaks a la trivialidad y al olvido: Reír, llorar…o rezar

(Tiempo estimado: 5 - 9 minutos)

Armando BorreroHay quienes hoy saben más de usted de lo que usted mismo puede acordarse, porque ya ni la primera potencia del planeta ha podido evitar que la “chucen”.

Armando Borrero Mansilla *

El riesgo de abrir la boca

wikileaksDentro de unos días se impondrá el reino de lo efímero. De Wikileaks pocos se acordarán. Reducido el escándalo a sus "justas proporciones", las noticias serán las conductas desadaptadas del señor Julian Assange. Y se olvidará, no sólo porque se vive en un mundo de sucesos que son borrados por el consumo despiadado de noticias, sino porque a nadie le conviene desnudar su propia miseria.

Si todos lo hacemos, todos callemos...Solamente quedará un testimonio del episodio tragicómico: la desconfianza de las "fuentes" (vocablo con el que los periodistas despersonalizan a quien les sirve). Nadie abrirá la boca espontáneamente, porque ni la primera potencia del mundo puede garantizar la seguridad de sus archivos secretos.

Se reirán las gentes por unos cuantos días. El contenido de muchos mensajes da cuenta de la estupidez que reina en el mundo de las burocracias que administran las políticas exteriores.

Los primeros que se publicaron son de antología:

  • que el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, está loco (¿alguien lo había oído antes?);
  • que la Primera Ministra alemana, Angela Merkel, es poco creativa (¿nadie ha observado cómo se viste?);
  • que el presidente francés, Nicolás Sarkozy, es autoritario o que el de Italia, Silvio Berlusconi, es un "bon vivant" (¿no existe la televisión, señores diplomáticos?);

¿Le ayudarán estos informes a la señora Secretaria de Estado, Hillary Clinton,  para mejorar la conducción de la política exterior de los Estados Unidos?

Hay diplomáticos de diplomáticos

La realidad es que el oficio de conservar el oficio, o mejor el puesto, es una "vaina" terrible: enviar informes, parecer enterado e inteligente, ser visible ante el jefe, enviar más informes que el compañero de la otra sección, vivir pegado a la internet y plagiar con mucho cuidado para que parezca original... uff, tal vez canse menos ser taxista en ¡El Cairo!

El ideal de un funcionario del servicio exterior, es no serlo de una potencia, sino de un país como Colombia, pues basta ostentar los títulos de sobrino, tío o cuñado; no enterarse de suceso alguno y saber, con la fe del carbonero, que "vivir fuera del presupuesto es vivir en el error".

Llorará otro grupo de gentes, unos porque se preocupan sinceramente por el destino del mundo y otros por las dificultades que tendrá en el futuro la vida social que gira alrededor de las embajadas.

Si no cuenta quién le contó

Señor embajador, repórteme con un seudónimo, cortito, fácil, que usted memorice, usted solito, que nadie lo ponga en un libro de códigos; ¿habla Ud. dormido, señor embajador?; si usted no bebe ni mete cositas, yo de pronto le cuento.... (¿lo volverán a invitar?)

Finalmente rezarán los más lúcidos, si reflexionan sobre las implicaciones que tiene el asunto para la intimidad de los ciudadanos, tanto de los importantes, como de los "del pavimento".

En qué base de datos no está usted

Todos estamos en bases de datos que saben más de uno que uno mismo. Siempre hubo secretos y siempre quien quisiera averiguarlos.

Dalila descubrió la clave de la fuerza de Sansón; Efialtes "pasó la onda" de cómo encerrar a los espartanos en las Termópilas y así desde que este pícaro mundo existe para el hombre.

Lo aterrador de hoy no es el uso de la información como ventaja en tratos y conflictos, sino el volumen, el alcance y la penetración de los sistemas modernos de espionaje, de recopilación de información y de manipulación de la misma.

Desde los cielos, los satélites dispuestos para el efecto pueden interceptar teléfonos y correos electrónicos del mundo entero.

Pronuncia cualquier parroquiano cuatro o cinco vocablos que están ordenados como descriptores de sospechosos y lo toma, de inmediato, un sistema espía.

Cuando Perico de los Palotes contrata un servicio cualquiera, queda per omnia semper, en una base de datos.

Llama uno al servicio técnico de su teléfono celular y un mozalbete le dice "vamos a comprobar sus datos". Usted canceló una hipoteca el 16 de agosto de 2004 en ¿cuál institución financiera fue? (él tiene el dato en la pantalla!)  y ¿cuál fue el monto de ese pago? Uno no lo recuerda, pero el chico anónimo del "call center" (como decimos gracias a nuestra infinita falta de identidad) sí que lo sabe.

Ruega uno que no sea un extorsionista. Si se pide un préstamo, el banco sabrá hasta de qué se va a morir el cliente. Si se escapa a un motel, y si la pareja es bien parecida, es probable que lo filmen; en la tarjeta de ingreso a un parqueadero de cadena, puede haber toda una biografía del usuario.

Y ahora, ¿quién podrá defendernos?

Los Estados y los grandes conglomerados económicos han llevado el asunto hasta el extremo. Las amenazas del presente para los intereses de Estados y empresas no son de despreciar y sirven de justificación para que Big Brother se instale en la vida de todos.

La vieja tensión entre el interés del colectivo, interés que, por otra parte se define de manera muy poco colectiva, y los derechos del individuo, se hace dramática. Las vidas privadas no existen. El derecho a ser anónimo y a pasar desapercibido no se respeta y, como si fuera poco lo que se hace legalmente, cualquier "hacker" puede entrar en sus comunicaciones, puede suplantar un corresponsal, puede estafarlo o puede hundirlo en la ignominia. Tal el mundo de la electrónica.

Todo lo anterior explica por qué la "wikilikeada" de hoy se trivializará muy pronto.

El poder de lo específicamente antiliberal, lo fascista implícito en la decisión de los poderosos, nos hace sentir impotentes para defender un mínimo de intimidad, para conservar un espacio de relación del hombre consigo mismo. La soledad no se aleja por esta circunstancia. Todo lo contrario, cada vez más solos por indefensos, los significados de la vida se hunden en la revolución nihilista que hace de cada ser humano un código de barras.

El olvido que protege la psiquis de las personas no opera en las redes de los microchips. Allí seremos inmortales para las corporaciones.

De Hegel a Microsoft

La política siempre ha implicado un cierto grado de secreto. Y el Estado, la arena de la política moderna, ha llevado el asunto a justificaciones menos francas que las de cualquier sátrapa de la antigüedad.

El Estado, en la perspectiva hegeliana, se proclama cima ética de la historia. La salud del Estado es lo primero en las obligaciones de gobernante que lo sirve y administra. La Reforma convirtió al hombre en súbdito desvalido del Estado. Hegel hizo de este una comunidad ética.  El círculo se cerró en el siglo diecinueve. La "razón de Estado" se hizo la única medida. De ahí a la deformación de nuestro criollísimo "todo se vale" hay un paso.

En el mundo de la inteligencia del Estado se hipertrofia el presupuesto. La información es poder, el poder da seguridad y la seguridad da mejores posibilidades de supervivencia (la de un grupo o de una forma política).  La transparencia se invalida porque pone en peligro a la comunidad que se dice defender. Así se instala el reino de la desconfianza mutua y se afianza la dinámica de los "dilemas de la seguridad".

Una salida a la invasión de la privacidad

Pero ¿es todo tan desesperado y sin salida? Tal vez quede un resquicio de esperanza y es la democracia.

Las sociedades democráticas, si ponen la ley al servicio de los ciudadanos y si éstos construyen instituciones de la sociedad civil para controlar las tendencias del Estado  a desbordarse, pueden ser transparentes en lo fundamental. Es la capacidad de crítica, el oponerle a la tecnología su propia medicina con más tecnología.

Tal vez no se puede impedir que cualquiera averigüe lo que quiera, pero se pueden neutralizar los efectos del uso de la información con la ley y la coerción positiva. Un Estado transparente, una sociedad civil que imponga la transparencia como valor por defender, una sociedad crítica, pueden superar el ambiente del terrorismo informativo.

De la misma manera que el terror de Estado no pudo borrar del todo la solidaridad de los dominados, tampoco el terror de los datos logrará prevalecer. Al sentimiento de impotencia se le puede oponer la "solidaridad democrática". ​

 *Cofundador de Razón Pública. Para ver el perfil del autor, haga clic aquí. 

Escribir un comentario

Agradecemos a los investigadores, académicos y profesionales que contribuyen con sus artículos, declaraciones y caricaturas inéditos para ser publicados en la Revista Razón Pública. Los autores son responsables de sus ideas y de la presentación de los hechos en este documento.

“Los comentarios en Razón Pública están sujetos a moderación, (de 8 am a 6pm hora de Colombia) con el fin de garantizar un intercambio de opiniones en tono respetuoso - serán bienvenidas la crítica aguda y la ironía - que enriquezcan el debate y resulten interesantes para lectores y autores.
En consecuencia, no se aceptarán comentarios del siguiente perfil:
1. Que constituyan descalificaciones, ataques o insultos contra los autores o contra otros participantes del foro de comentarios.
2. Que incluyan contenidos, enlaces o nombres de usuarios que razonablemente puedan considerarse insultantes, difamatorios o contrarios a las leyes colombianas.
3. Comentarios sin sentido o repetidos, que serán eliminados sin piedad.

Los comentarios no reflejan necesariamente la opinión de Razón Pública, sino la de los usuarios, únicos responsables de sus propias opiniones.”


Código de seguridad
Refescar

Comentarios  

Luis Eduardo Payares
0 # Luis Eduardo Payares 14-12-2010 11:30
De acuerdo con su articulo.Los medios y el poder contaminan las mentes y tergiversan la realidad.
Responder | Responder con una citación | Citar | Reportar al moderador
pablobellot
0 # pablobellot 16-12-2010 11:32
Qué mala lectura de Hegel. Qué pena con el profesor Darío Mesa, para no hablar de Kojeve y demás...Qué simplicidad y pesimismo sobre los desafíos de la tercera revolución industrial, expresa y vista hoy en los logros de la microelectrónic a. Pero la pobreza propositiva de este artículo finalmente en el modo como despacha en poco menos que cuatro párrafos de cuatro líneas cada uno, la perspectiva democrática para sociedades en subdesarrollo como la colombiana.
Responder | Responder con una citación | Citar | Reportar al moderador

Esta semana en Razonpublica