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A propósito de Vargas Llosa y del Perú

(Tiempo estimado: 7 - 13 minutos)

Cesar Atilio FerrariReflexiones de un italo-peruano que enseña economía en Colombia en torno a la vida de Vargas Llosa y en paralelo con la sorprendente historia reciente del Perú, que tantas lecciones tiene para darnos a los colombianos.

César Ferrari, Ph.D.*

Literato y libertario

El 7 de diciembre de 2010, Mario Vargas Llosa recibió el Premio Nobel de Literatura de manos del Rey de Suecia, otorgado por la Academia Sueca "por su cartografía de las estructuras de poder y sus mordaces imágenes de la resistencia, sublevación y derrota del individuo." Además del Premio Nobel, Vargas Llosa ha recibido numerosos premios, entre los que destacan el Premio Cervantes (1994) y el Premio Príncipe de Asturias a las Letras (1986).

Vargas Llosa alcanzó la fama en los años sesenta con sus novelas La ciudad y los perros (1962), La casa verde (1965) y Conversación en la Catedral (1969). Entre sus muchas obras se cuentan comedias, ensayos, obras de teatro, novelas policiacas, históricas y políticas e innumerables artículos periodísticos. Sus obras Pantaleón y las visitadoras (1973) y La fiesta del chivo (2000) han sido adaptadas y llevadas al cine.

Vargas Llosa, nacido en Arequipa (Perú) el 28 de marzo de 1936, tiene también nacionalidad española. La obtuvo en 1993, para no quedar apátrida: el presidente Alberto Fujimori intentaba retirarle la nacionalidad peruana por sus críticas continuas y mordaces al autoritarismo fujimorista.

Realizó sus estudios superiores en Letras y Derecho en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos en Lima y obtuvo el título de Doctor en Filosofía y Letras por la Universidad Complutense de Madrid. Ha sido profesor visitante o escritor residente en varias de las más reconocidas universidades del mundo, como Harvard y Princeton en Estados Unidos, el Queen Mary College y el King´s College de la Universidad de Londres[1].

Sin duda, la relación con su padre, que presenta como un ser distante y autoritario y a quien sólo conoció a los diez años, y sus vivencias - como peruano y en medio de la sociedad peruana, con sus violencias y restricciones a la libertad - se ven reflejadas en muchas de sus obras.

No obstante, su línea narrativa conductora - la libertad individual frente al poder y sus estructuras - se ha ido moviendo en forma creciente hacia otros contextos y latitudes, como en La guerra del fin del mundo (1981), cuyo escenario es el Brasil de fines del siglo XIX, y El sueño del celta (2010), que del Congo belga pasa al infierno del caucho en el Putumayo, hacia 1910. En su obra se manifiesta también una fuerte influencia europea, seguramente consecuencia de haber pasado gran parte de su vida adulta en España, Gran Bretaña, Suiza y Francia.

Al igual que para muchos autores latinoamericanos, las preferencias políticas de Vargas Llosa se inclinaron primero hacia el partido comunista, durante sus años sanmarquinos, y luego viraron hacia la Democracia Cristiana. Abandonó su izquierdismo y retiró su apoyo a la revolución cubana en 1971, cuando ésta se mostró definitivamente intolerante frente a cualquier disidencia; reacción provocada en Vargas Llosa por el episodio del escritor Padilla, encarcelado por el gobierno cubano.

Desde entonces Vargas Llosa se identifica como libertario, demócrata, opuesto a todas las dictaduras y en favor de las libertades políticas y económicas; la libertad individual por encima de las ideologías y del poder.

De escritor a político exitoso y candidato derrotado

Durante el primer gobierno del presidente Alan García, en 1987, se intentó estatizar la banca peruana. García, quien para entonces era inmensamente popular por los éxitos económicos del inicio de su gobierno, pretendió poner al sector financiero al servició del resto de las actividades económicas, mediante créditos abundantes y baratos, y con tal propósito apeló a la estatización.

En reacción contra esta tentativa del gobierno peruano, Vargas Llosa lideró el Movimiento Libertad, opuesto a la estatización. Contribuyó a frustrar esta medida del gobierno, apelando a los sentimientos de libertad, y al despertar social y económico de los peruanos, quienes vieron en ese intento futuras estatizaciones extendidas a otros sectores y con ello una limitación a su propia libertad.

Sus convicciones en torno a la libertad económica y política condujeron a Vargas Llosa a defender en esa oportunidad a los banqueros y a los bancos privados y a luchar contra su avasallamiento por el poder político. Paradójicamente, quien fuera premiado más adelante por su "cartografía de las estructuras de poder," acabó defendiendo al mayor reducto del mercantilismo y a la mayor concentración de poder económico en el Perú.

La banca peruana, como en casi toda Latinoamérica, no es suficientemente competitiva y al aprovechar en su favor una serie de fallas de mercado, ofrece créditos escasos y caros comparados con los estándares internacionales, lo que implica la captura de rentas no competitivas, reduciendo de paso la competitividad del resto de las actividades económicas.

Alentado por el éxito anti-estatista, Vargas Llosa se lanzó en 1990 como candidato a la presidencia del Perú a nombre de una coalición de centro-derecha, el Frente Democrático (FREDEMO), que pretendía formular una solución radical, liberal, a la profunda crisis política y económica con la que se cerraba el gobierno de García, sumamente desprestigiado para entonces.

Pero con una imagen elitista y de derecha fracasó en el intento presidencial ante un dirigente universitario desconocido, Alberto Fujimori, de origen japonés, ubicado supuestamente a su izquierda, con una imagen desconectada de las élites, quien prometía "honradez, tecnología y trabajo." Vargas Llosa narraría sus experiencias de líder anti-estatista y candidato presidencial, así como de sus otras experiencias políticas y personales en sus memorias El pez en el agua (1993).

Ocurrió lo que nadie podía imaginar: en el ejercicio de la presidencia, Fujimori resultó autoritario, populista y más a la derecha que Vargas Llosa, y dio un autogolpe de Estado en 1992, haciéndose reelegir en 1995 y en el 2000, manipulando hábilmente el temor de los peruanos agredidos y agobiados profundamente por la irracionalidad de Sendero Luminoso.

No obstante, su tercera reelección sólo duró cuatro meses. Terminó en medio de un gigantesco escándalo de corrupción, incluyendo la acusación de fraude electoral en su segunda reelección. Renunció por fax desde su exilio en Japón, ante la certeza de su orfandad política. Actualmente purga una condena de 25 años en una cárcel peruana por delitos de lesa humanidad, interceptaciones ilegales y corrupción.

Preferencias políticas y despertar social y económico de los peruanos

Los peruanos votaron contra Vargas Llosa porque desde los años ochenta votan mayoritariamente contra las élites y tienen una orientación preferencial hacia el centro-izquierda, como rezago de la revolución de los militares de izquierda, entre 1968 y 1980.

La excepción fue en 1980, cuando la nostalgia y la revancha contra los militares los hizo votar nuevamente por el presidente Fernando Belaunde, derrocado en 1968, y en 1995 cuando el miedo a Sendero Luminoso, convenientemente magnificado, los hizo votar contra el terrorismo por la mano dura de Fujimori, para entonces ya reconocida.

Los militares, liderados por el general y presidente de facto Juan Velasco[2], habían nacionalizado de manera autoritaria el petróleo, incentivaron la sustitución de importaciones, realizaron la reforma agraria y promovieron la formación de una tecnocracia proveniente de la clase media, que se hizo cargo de los aspectos técnicos del manejo del Estado, de las empresas públicas que se multiplicaron y de la diplomacia.

Sus reformas acentuaron la urbanización peruana. Al eliminar la tierra como fuente de poder económico, dejaron a las élites criollas sin fuente de poder político y sin predominancia social.

Con ello, tal vez lo más importante, promovieron el ascenso de las clases medias y bajas, en su gran mayoría de origen mestizo e indígena, propiciando que salieran del control de las élites criollas. Modificaron así las preferencias políticas de los peruanos y desbloquearon la movilidad social.

Nuevos actores sociales, emprendimiento y desarrollo económico

Los nuevos actores sociales, cuya emergencia se dio en forma creciente a lo largo de los años, durante los gobiernos de los presidentes Belaunde, García y Fujimori, particularmente en la costa y en las ciudades, en el marco de una libertad económica y política que se consolidó al superarse la experiencia autoritaria de Fujimori, desarrollaron masivamente el emprendimiento local en la agricultura, la gastronomía, la artesanía, las confecciones y el turismo, especialmente a partir del gobierno de Alejandro Toledo.

Con ese impulso al emprendimiento, aumentó también la productividad en el uso de los factores e insumos de producción. Junto con los buenos precios internacionales de minerales y metales - Perú sigue siendo un país minero y metalúrgico - permitieron superar la crisis económica que afectó al país entre 1998 y 2001 (0,86 por ciento promedio anual de crecimiento del PIB) e hicieron posible el dinámico crecimiento económico del Perú entre 2002 y 2008 (6,75 por ciento promedio anual).

Dicha crisis explica también el colapso del gobierno fujimorista: crisis económica más descontento social igual a crisis política, combinación que también afectó al gobierno de transición de un año de Valentín Paniagua.

El crecimiento elevado se logró a pesar de que las tasas de inversión y de ahorro doméstico se mantuvieron a niveles históricos[3] y no alcanzaron tasas tan altas como en China[4], por ejemplo.

Pero cuando ese proceso se agote, de no aumentar las tasas de inversión y de ahorro doméstico en forma significativa, entre otras razones, mediante un mercado del crédito mejor regulado y más eficiente, esas mismas tasas se convertirán en la principal restricción para un crecimiento elevado y sostenido durante los siguientes años.

El entendimiento de la economía: estatización versus regulación 

Si Vargas Llosa hubiera sido economista y hubiera entendido la gravedad y la trascendencia de las fallas de mercado en el mercado del crédito, no sólo se habría opuesto a la estatización de los bancos, sino que habría promovido también una mejor regulación económica para estimular la competencia en el sistema financiero peruano.

La libertad es consustancial a la economía de mercado, pero si por diversas circunstancias se permite la concentración de poder configurando condiciones de no competencia adecuada (monopolios u oligopolios), particularmente en el mercado del crédito, sus niveles de equilibrio resultan ineficientes (producen cantidades menores y precios más elevados de los que deberían ser), entorpecen la actividad económica del sector real y reducen el bienestar de las personas.

Vargas Llosa no lo comprendía entonces, y tal vez aún no lo entienda, porque es escritor, sin duda un gran escritor, pero sólo eso: un gran escritor, que en varias ocasiones ha intentado ser político.

La realidad es que los sabios universales, aquellos que sabían de todo, se acabaron desde la antigüedad clásica con los griegos, o tal vez en el Renacimiento; la ciencia y el conocimiento han avanzado tanto que es imposible para una persona cubrir todos los campos del saber.

Por eso es necesario abordar los problemas sociales y humanos - y buscar sus soluciones - desde varias disciplinas y perspectivas, en forma complementaria y conectando innumerables vasos comunicantes.

Las paradojas de la vida...

Pero si Vargas Llosa hubiera comprendido la necesidad de intervenir los mercados para lograr equilibrios competitivos, dejándose asesorar adecuadamente, también habría entendido que ser genuinamente libertario no es sólo oponerse a los dictadores que concentran poder político, sino también a quienes "tiranizan" los mercados, porque concentran el poder económico. Probablemente, los peruanos no lo habrían identificado con la derecha ni con las élites decadentes y habría sido elegido Presidente del Perú.

Así, a lo mejor, sus más recientes novelas no existirían y seguiría esperando el Premio Nobel...

* Profesor, Pontificia Universidad Javeriana 

Notas de pie de página


[1] La información biográfica y bibliográfica incluida está tomada de la página web oficial de Mario Vargas Llosa en http://www.mvargasllosa.com/menubn.htm. El presente artículo se benefició de una conversación sobre el tema realizada en el programa "Conversaciones sobre Economía" en Javeriana Estéreo entre el autor y Alejandro Vivas, así como de los comentarios de Álvaro Botero, Mary Berrios y Álvaro Montenegro, también de la Universidad Javeriana, y de Andrés Solari de la Universidad de Michoacán, México; los errores remantes son obviamente responsabilidad del autor.

[2] Velasco gobernó entre 1968 y 1974. Fue reemplazado por el general Francisco Morales Bermúdez, luego de un golpe interno, quien en 1980 devolvió el poder político a los civiles.

[3] Perú.: Promedio de 20.4 por ciento del PIB para la tasa de inversión y 23.8 por ciento del PIB para la tasa de ahorro, entre 2002-2008 según el Banco Mundial.

[4] China: Promedio de 42 por ciento del PIB para la tasa de inversión y 47.3 por ciento del PIB para la tasa de ahorro, entre 2002-2008 según el Banco Mundial.

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Comentarios  

Daniel E. Valdivieso
+1 # Daniel E. Valdivieso 01-03-2011 08:14
Interesante planteamiento, la aplicación del tema socio-político, económico y cultural a Colombia es paralelo; Latinoamérica está despertando del letargo producido por los "encantadores de serpientes" que nos han gobernado.
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angeles jullisa
0 # angeles jullisa 25-05-2011 09:38
hola mario vargas llosa me llamo angeles dame tu correo para tener como fax
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Hugo Segura
0 # Hugo Segura 13-08-2011 23:10
Un excelente artículo, sin duda. Cuando escuché a Vargas Llosa ―en su discurso al recibir el premio Nobel― pensé: "qué lejos esta de escritores de la talla de Gabriel García M., José Saramago, o ensayistas como Octavio Paz". Y me quedó ese sentimiento de estar esperando "algo mas", que nunca se dio.
Esto me demuestra que no solo sirven las palabras bonitas o rimbombantes para convencer al pueblo. Aunque... debo ser franco... nuestros actuales políticos carecen de muchas de "estas otras cosas", pero son campeones en las palabras rimbombantes con las cuales convencen al pueblo y al final se olvidan de ellos y las promesas echas.
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