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Nicaragua y el nuevo canal interoceánico: entre utopía y realidad

(Tiempo estimado: 5 - 10 minutos)

Vladimir Rouvinski razonpublicaNicaragua nunca ha abandonado su proyecto, pero el apoyo de China puede significar un impulso para la economía del empobrecido país centroamericano y el ingreso de un nuevo actor estratégico global a la región.

Vladimir Rouvinski*

¿Será que sí?

Nací y crecí en un país donde eran frecuentes los anuncios sobre proyectos de alcance descomunal: la Unión Soviética (URSS).  Cada anuncio de una nueva meta propuesta por el gobierno despertaba gran entusiasmo entre la población -o por lo menos así se registraba en los periódicos y en la televisión-.

Las promesas a veces se cumplían: basta con mencionar el primer satélite y el primer hombre en el espacio. Sin embargo, muchas otras ideas grandiosas se quedaron entre el tintero o a mitad de camino. Es el caso, por ejemplo, de la construcción de la línea Baikal–Amur Magistral (BAM), un ferrocarril alternativo al Transiberiano. Para bien de la madre naturaleza, otras ideas no pasaron de ser utopías: la desviación de los grandes ríos de Siberia, desde el Océano Ártico hacía el Asia Central, valiéndose de lo que la URSS denominaba “uso de las armas nucleares con fines pacíficos”.

Frente a las noticias sobre un canal interoceánico en Nicaragua, me asalta una sensación parecida: ¿será como uno de esos proyectos anunciados en Moscú durante el siglo pasado? Sin embargo, el entorno político y económico de la Centroamérica de comienzos del siglo XXI es muy distinto del de la Unión Soviética de la segunda mitad del siglo XX.

No hay en Centroamérica un país que cuente con recursos económicos o militares que se acerquen siquiera remotamente a los de la antigua superpotencia comunista. Los líderes de Nicaragua podrán ser soñadores, pero no utópicos. Todo indica que la apuesta nicaragüense está respaldada por un país que sí cuenta con los recursos necesarios para estructurar, financiar y construir un proyecto de tamaño descomunal: la República Popular China.

Está de moda hablar de la relación entre China y America Latina:

· El número de publicaciones — no solo en los medios de comunicación — sobre la creciente presencia de los chinos en el Hemisferio Occidental aumenta a la misma velocidad que el comercio chino con los países latinoamericanos: a una velocidad tremenda. 

· En la Asociación de Estudios Latinoamericanos (LASA), la sección de Asia y América Latina cuenta ahora con casi 100 académicos, quienes dedican su tiempo a estudiar las relaciones entre el gigante asiático y América Latina.

Sin embargo, y pese al interés en círculos académicos, buena parte de los expertos subraya la dificultad para acceder a información verificable. El caso del proyecto de canal interoceánico en Nicaragua no es una excepción. ¿Qué se sabe a ciencia cierta?

Una larga historia

 

 

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Primero que todo conviene señalar que el proyecto de un canal interoceánico en Nicaragua arrastra tras de sí una larga historia:

· La administración colonial española contemplaba las posibilidades de aprovechar el río San Juan y el Lago Nicaragua para conectar el Mar Caribe con el Océano Pacífico.

· Tras la independencia, los líderes de la nueva Republica Federal de Centroamérica tampoco escaparon a la tentación — compartida, por lo demás, con algunos políticos de Estados Unidos — de soñar con una nueva ruta marítima que cruzase su territorio.

· Hacia la mitad del siglo XIX, la idea pareció contar con buenas posibilidades de realización, cuando el gobierno nicaragüense firmó un contrato con la empresa estadounidense Accesory Transit Company. No obstante, la situación política de la Nicaragua de entonces impidió el avance del proyecto.

· La segunda parte del siglo XIX estuvo marcada por la rivalidad abierta entre dos posibles opciones para la apertura del canal: Panamá y Nicaragua. La victoriosa, como bien sabemos, fue la primera.

· A pesar de ello, Nicaragua intentó buscar otros socios estratégicos, en particular Alemania y Japón, aunque sin mayor éxito.

· Tras la puesta en la operación del canal de Panamá, las oportunidades reales de Managua de construir su propio canal disminuyeron sustancialmente, pero el sueño jamás desapareció.

· En el año 2000, el gobierno de Nicaragua otorgó una concesión a una compañía neoyorquina para construir un “canal seco”.  La empresa, sin embargo, fracasó en sus intentos por obtener financiamiento.

· Cuatro años más tarde, Enrique Bolaños Geyer, entonces presidente de Nicaragua, declaró que la economía del mundo del siglo XXI demandaría un segundo canal en las Américas. La idea del canal latiría de nuevo a causa de la incidencia creciente de actores extra-hemisféricos en esta parte del mundo.

Mirar hacia el Este

 

 

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Foto: Matt Hintsa
  

En 2009, el presidente ruso Dmitry Medvedev, aprovechando la cercanía del Kremlin con Daniel Ortega, nuevo viejo amigo centroamericano de vuelta en el poder, anunció que Rusia estaba interesada en la construcción del canal. Hay que tener en cuenta que el anuncio de Medvedev fue hecho poco después de que Ortega hiciese un gran favor a Moscú al convertir a Nicaragua en el único país que para entonces reconoció diplomáticamente las repúblicas separatistas del Cáucaso, aliadas de Rusia durante una severa crisis tras su guerra con Georgia. Sin embargo, la declaración de Medvedev no tuvo continuación en la práctica.

Managua, entonces, giró su mirada 180 grados, apuntando en esta ocasión al Asia.

· En 2010, Nicaragua contrató dos compañías surcoreanas para trabajos de ingeniería marítima.

· Dos años después anunció la contratación de una compañía con base en Hong Kong y poco conocida fuera de Asia — Hong Kong Nicaragua Canal Development Investment Co. (HKND Group) — para realizar un estudio preliminar actualizado, ya que muchos de los proyectos anteriores tenían como punto de partida estudios realizados en la primera parte del siglo pasado.  El gobierno de Managua confirmó que la empresa HKND sería la encargada de hacer realidad el sueño del canal.

· El 13 de junio pasado, la Asamblea Nacional de Nicaragua aprobó casi por unanimidad la concesión por 100 años a HKND para construir y operar el canal.  

¿Pero sería viable?

Entonces, ¿seremos testigos de la puesta en marcha de un nuevo canal interoceánico durante este siglo? La apuesta de Nicaragua es muy ambiciosa. Quizá, para los nicaragüenses que visitan el Canal de Panamá, resulte difícil olvidar los cálculos que se pueden hacer viendo pasar los barcos por las esclusas de Miraflores: la tarifa por el uso del canal representa una cifra en dólares con cinco ceros por barco; resulta fácil llegar en tan solo media hora a una cifra con seis o siete ceros.

Es muy probable que una eventual puesta en marcha del canal pueda duplicar el PIB de Nicaragua y convertir a este país en uno de los más prósperos de Latinoamérica, siempre y cuando se confirme la hipótesis de que existe una demanda efectiva para el uso de la vía.

Es sobre este punto precisamente donde surgen las dudas de muchos expertos:

· Ciertamente, se proyecta una duplicación de la demanda por carga marítima desde el Atlántico al Pacifico y viceversa, durante este siglo.

· Pero el canal de Panamá está muy próximo a concluir su ampliación y además goza de la experiencia adquirida en una operación eficiente.

· La inversión necesaria para construir el canal nicaragüense se estima en unos 40 mil millones de dólares.

Frente a estas condiciones, pasará mucho tiempo antes de que el canal por Nicaragua resulte rentable y comience a producir ganancias tangibles.

Geo-estrategia china

Pero, por otro lado, hay expertos convencidos de que el proyecto busca en realidad impulsar intereses estratégicos político–militares de China, cuyo gobierno asumiría la responsabilidad última de culminar el proyecto.  El ya mencionado déficit de información sobre las interacciones entre China y América Latina no permite rechazar completamente esta sospecha.

Empero, por ahora no existen evidencias suficientes como para afirmar que la República Popular China quiera ampliar su influencia en el “patio trasero” de Estados Unidos,  aparte de estimular el comercio y el flujo de inversiones. 

El hecho de que aumente el comercio entre China y los países de America Latina no significa necesariamente que el gigante asiático busque proyectar su presencia estratégica en esferas particularmente sensibles para Estados Unidos, como sería el caso de un canal controlado por el gobierno de Beijing.

Por último, pero no menos importante: es preciso considerar que el de la Unión Soviética fue el único gobierno dispuesto a emprender por razones ideológicas proyectos desastrosos económica y ecológicamente.

Los chinos —  que siempre se han caracterizado por su capacidad de aprender de las lecciones de otros — recuerdan muy bien cómo hizo implosión el régimen soviético, para desaparecer de la faz de la tierra.

Director del Centro de Investigaciones (CIES) y profesor del Departamento de Estudios Políticos de la Universidad ICESI en Cali, egresado de la Universidad de Hiroshima, especialista en las relaciones entre Asia y América Latina.  

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