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Las lealtades confundidas: Colombia, Venezuela y la guerrilla colombiana

(Tiempo estimado: 5 - 10 minutos)

Armando Borrero

El acuerdo entre las FARC y el ELN podría implicar que estas apoyen a Chávez en el caso de una guerra con Colombia.

Armando Borrero Mansilla*

Las lealtades nacionales

Las guerras interestatales suscitan unidad interna. Los pueblos cierran filas y cancelan, momentáneamente, sus diferencias internas. El fenómeno llamado por Estanislao Zuleta como "fiesta de la guerra" por asimilación a los ritos tribales de unidad, no necesita ejemplos. Se cumple regularmente cuando están en juego los intereses típicos de las disputas de poder entre Estados. "Con mi patria a tuerto o a derecho", con la razón o sin ella, es el lema rector y el Estado nacional moderno ha sido el referente de identidad con más capacidad de cohesión, disciplina y movilización de recursos, tanto humanos como materiales, para asegurar que el lema se cumpla.

En los conflictos internos, las lealtades nacionales se dividen. El referente de identidad pasa a ser ideológico y programático. Liberales y conservadores, unitarios y federales, rojos y nacionales, la historia muestra como los pueblos, ya en la etapa de los Estados nacionales, se van también a las armas por lealtades de partido, de religión o de cultura. Las naciones se escinden entre ideas y creencias. Son estas guerras sumamente crueles, porque la enemistad, que en la guerra interestatal se despersonaliza, en las internas tiene otra connotación: se combate el mal y el combatiente enemigo es la encarnación misma de ese mal.

El conflicto internacionalizado

Cuando se combinan guerra externa e interna y el enemigo externo tiene afinidades ideológicas y proyecto político similar al que pregona el enemigo interno, las cosas se complican y el mundo de las lealtades se pone de cabeza. Los proyectos revolucionarios, del signo ideológico que sean, apelan a ideas de supranacionalidad. Los nazis contaron en sus filas con voluntarios que eran ciudadanos de Estados derrotados y ocupados por las tropas alemanas. La internacional socialista quiso poner la lealtad proletaria por encima de las naciones pero no pudo detener el turbión de la primera guerra mundial. El internacionalismo comunista o las lealtades étnico-culturales van en la misma línea.

La de Colombia, una guerrilla aislada

Colombia ha sufrido de una violencia interna por muchas décadas, pero su conflicto, aún dentro de la guerra fría, se mantuvo relativamente libre de intervenciones externas. Algunas solidaridades cubanas con los grupos guerrilleros iniciales, que no pudieron ser mayores por las limitaciones de este "tercer interesado", la última, el entrenamiento de una fuerza del M-19 que desembarcó en la frontera del Ecuador y que fue capturada entera.

En general, la insurgencia colombiana ha sido autofinanciada y autónoma, distante de terceros y hasta provinciana. Cuando cayó la Unión Soviética y  con ella cayó el "socialismo real" perdió un factor importante de identidad política. Cuba, apenas capaz de luchar por sobrevivir en aquellos años noventa, no servía ya de referencia. La falta de tercero interesado en la escena internacional se sumó al repudio por los métodos de agresión contra la sociedad y al desprestigio por la cercanía de negocios ilegales. La imagen política tocó fondo.

El cambio de escenario. Chávez y la guerrilla colombiana

La situación ha cambiado. En los inicios del experimento chavista en Venezuela, la imagen de populismo confuso no permitió una consolidación inicial del papel venezolano de tercero interesado en el conflicto colombiano. Pero después del papel protagónico que jugaron Chávez y su gobierno en la liberación de un grupo de secuestrados en manos de las FARC, después de la "Operación Fénix" cuando cayó Raúl Reyes con computadores incluidos y después de la consolidación en Venezuela del PSUV como partido de gobierno con un proyecto más definido que el inicial del socialismo del siglo XXI, el tercer interesado ha quedado de bulto.

En la liberación de los secuestrados se coló la despedida entusiasta y de estímulo del entonces ministro Rodríguez Chacín a los guerrilleros presentes en la entrega. En las gestiones iniciales de Chávez una foto de camaradas también causó dudas. En los computadores aparecieron relaciones muy cercanas entre la guerrilla,  militares venezolanos y  funcionarios del mismo país. Hoy no queda duda de la presencia guerrillera en Venezuela. Para acabar de enmarañar más el asunto, la presencia de paramilitares colombianos en la frontera termina de ahondar la proyección internacional del conflicto, antes contenido en el marco nacional colombiano.

Las lealtades en una encrucijada

Así las cosas, y en el ambiente creado por las arengas bélicas de Chávez, los colombianos se preguntan con razón que puede suceder con el alineamiento de las FARC y del ELN en caso de concretarse las amenazas del vecino. Todo hace suponer que las guerrillas colombianas estarían con el proyecto del socialismo del siglo XXI y que actuarían de consuno con el gobierno y las fuerzas armadas venezolanas.

Y este supuesto habría comenzado a confirmarse durante el proceso que culminó con el acuerdo entre las FARC y el ELN de noviembre pasado. Según informa El Tiempo en su edición de hoy domingo 24 de enero, una de sus fuentes de información esto es "Uno de los desertores del ELN aseguró que el tema bélico entre Colombia y el vecino país fue planteado como una posibilidad real. En este escenario `habría una unificación de criterios para respaldar militarmente a Venezuela y lograr el fortalecimiento de las dos guerrillas, además de recuperar el estatus internacional´"[1].    

Las justificaciones abundarían: se trata de "una sola patria", de un mismo pueblo, de una sola nación. Las visiones ideológicas del mundo primarían en estos grupos en el momento de decidir las lealtades. El sentimiento nacional se traspone o se evade. La revolución adquiere, para los militantes, un sentido de identidad más allá cualquier otro lazo.

Por supuesto que el sentimiento nacional es histórico y por lo tanto perecedero. En el futuro, cuando la asociación política correspondiente desaparezca, surgirán identidades nuevas. Pero hoy, el Estado nacional sigue vivo y las lealtades que suscita son tal vez las más fuertes que ha conocido la historia. El sentimiento es resistente en sumo grado y la guerrilla colombiana estaría autoinfligiéndose el "descabelle", la puntada final, si se compromete en semejante aventura.

En este punto vale la pena recordar a Ho Chi-Minh, quien siempre puso la lucha vietnamita como una guerra nacional, antes que ideológica. Fue la lucha de la nación contra el extranjero y no la lucha por el socialismo. Stalin en 1941 hubo de llamar a la defensa de la "madre patria" y buscar apoyos hasta en los popes ortodoxos. La guerra fue la "gran guerra patria" contra Alemania y sus aliados y no la guerra por la revolución. Y hay más ejemplos.

Amanecerá y veremos. Por el momento no se puede descartar la amenaza chavista. El hombre tiene sus obsesiones y no se puede olvidar que uno de sus primeros despliegues militares fue el de unas maniobras de asalto anfibio realizadas en la franja angosta de la alta guajira venezolana. Fue un simbolismo sumamente agresivo, dado que la línea fronteriza con Colombia estaba a unos metros del área de desembarco y el mismo presidente Chávez desembarcó a bordo de un vehículo blindado. En Colombia, como de costumbre, ni se comentó el asunto. Las expresiones agresivas van en aumento y no se debe olvidar que la irracionalidad juega su papel en el desencadenamiento de los conflictos, más todavía cuando el ambiente se carga como sucede hoy en América del Sur.

El diablo anda suelto

Súbitamente un genio maligno se despertó en América del Sur. Hasta hace muy poco tiempo los observadores y analistas de los asuntos de defensa y seguridad nacional, constataban como en el subcontinente bajaba tanto el gasto militar como el tamaño de las fuerzas. Colombia era la anomalía en el panorama sudamericano por causa de su conflicto interno que la obligaba a aumentar uno y otro. Pero desde hace unos cuatro años para acá, el vecindario está alborotado.

Comenzó el gobierno de Chávez por hacer su mercado de letalidades: aviones de combate rusos y chinos, de capacidad superlativa los primeros, sistemas de defensa antiaérea de última generación, tanques de guerra y vehículos blindados también rusos, remozamiento total de la marina de guerra con encargos millonarios a España y etc. etc., porque la lista es larga. Entretanto Chile adelantaba su modernización militar que ha puesto a sus fuerzas como las mejor equipadas, por ahora, de la región. Brasil aspira a pasar al primer puesto, no sólo con sus compras sino con el fortalecimiento de sus capacidades de producción de material bélico. Bolivia y Ecuador hacen lo que pueden dentro de sus limitaciones económicas. Perú trata de no perder demasiada capacidad de competencia en su entorno. Argentina, cuya historia reciente la protege de aventuras, se desenvuelve con moderación, al igual que los pequeños, Uruguay y Paraguay. Colombia, finalmente, se ha mantenido en la línea del fortalecimiento para su conflicto, sin entrar en carreras armamentistas.

Salen a flote problemas nuevos y viejos. Los viejos, casi siempre territoriales y marítimos, son transables y pueden dar esperanza de manejo civilizado. Pero los nuevos, los ideológicos, implican tensiones en el campo de los trances existenciales y estos son más difíciles de manejar. Para colmo de cosas, lo que divide hoy a Colombia y a Venezuela participa de las dos naturalezas, la vieja y la nueva. Se mantiene un diferendo de áreas marinas y submarinas por una parte, y por otra, se fabrican enemistades sobre el supuesto de un proceso revolucionario amenazado.

¿Han perdido la cabeza los gobernantes de la región? Sólo se oye solitaria la voz de Alan García para demandar que no se destruyan en armamentos,  recursos indispensables para los pueblos pobres mientras los demonios del armamentismo asuelan "la región más pacífica del mundo".

 *Miembro fundador de Razón Pública. Para ver el perfil del autor, haga clic aquí. 

Nota de pie de página

[1] Página 1-2

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