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¿Y si Dios no provee? Venezuela en la encrucijada

(Tiempo estimado: 5 - 9 minutos)

el presidente Maduro

Carlos A. RomeroLa situación económica se sigue deteriorando, y el gobierno de Maduro no ofrece soluciones concretas. Pero el régimen parece seguir firme y por ahora el país se  balancea entre los cambios mínimos, la transición desde el chavismo, o el consenso.

Carlos A. Romero*

Más de lo mismo

El discurso del presidente Nicolás Maduro este 21 de enero al presentar su informe de gestión anual ante la Asamblea Nacional de Venezuela fue antecedido por grandes expectativas, dejó grandes decepciones sobre el futuro de su gobierno y - sobre todo- fue un verdadero “parteaguas” dentro de la difícil coyuntura actual.

Maduro habló de subir los sueldos y las jubilaciones, de aumentar el precio de la gasolina, de que habrá tres mercados cambiarios, de que se tendrá un dólar controlado y otro flotante, y de que se iniciarán proyectos de vivienda en una futura economía productiva. Pero en su alocución no presentó medidas concretas sobre los temas fundamentales para enfrentar las graves circunstancias que estamos viviendo los venezolanos.

El llamado “socialismo del siglo XXI” ya no llama la atención, ni de los que temían su propagación continental ni de quienes  lo recibían con emoción.

Se esperaban medidas precisas para reducir el gasto público, para tener un cambio ajustado único y libre, para solucionar la escasez de bienes y servicios y para fomentar la participación de la empresa privada en esta nueva etapa de la economía. También, algunos compatriotas tuvieron la ilusión de que el discurso iba a ofrecer una mano tendida hacia la oposición. Pero esto no fue así.

El discurso fue “más de lo mismo” y el país quedó, para decirlo de manera franca, con “la lengua afuera”.

Punto de inflexión

El panorama que ha presentado Venezuela durante los últimos es, por decir lo menos,  bastante sombrío y poco esperanzador. A la caída de los precios del petróleo se le suman  el alto costo de la vida, el auge de la delincuencia, la escasez de bienes y servicios y, sobre todo, la sensación de fracaso del proyecto que inició el presidente Chávez en 1999. Para muchos observadores y expertos se ha llegado a una encrucijada donde que hay que dejar atrás las falsas ilusiones.

Y esta situación tiene repercusiones internacionales. El llamado “socialismo del siglo XXI” ya no llama la atención, ni de los que temían su propagación continental ni de quienes  lo recibían con emoción.

Ahora lo que llama la atención internacional es la crisis interna de Venezuela, y la mayoría de los gobiernos, inclusive los simpatizantes del chavismo, buscan ubicarse a mitad de camino en los temas difíciles: las relaciones con Estados Unidos, la integración económica, el comercio regional y el manejo de la agenda global, asuntos donde el gobierno de Maduro se está quedando solo.

La información existente no es muy clara, más allá de saber que hay una crisis general que viene del cruce diabólico entre la reducción de los precios del barril de petróleo, la asimetría entre las necesidades de un gasto público exacerbado y la disminución de los recursos financieros del Estado, y la deformación de las prácticas del consumo, sea por el diferencial de precios, por las compras nerviosas o por la oportunidad de contrabandear bienes y servicios.

Se ha llegado a un punto donde o los herederos del “comandante supremo” aceptan que  muchas cosas no han resultado y que el país debe girar hacia propuestas menos ortodoxas y centralistas, o se van con más fuerza por el ya transitado camino de profundizar la revolución, apelando a dos herramientas: estatismo y autoritarismo.

Si bien es cierto que sin cesar se repite que la culpa es “del imperialismo, de los acaparadores y de parte de la oposición”, no hay propuestas concretas para salir del peligro y esto se traduce en la evaporación del apoyo popular.

Mientras tanto siguen creciendo las colas interminables de los buscadores de objetos de consumo, el dólar paralelo sigue mandando y subiendo de precio y los empresarios nacionales e internacionales reciben con desgano el ofrecimiento oficial de invertir en la tierra prometida.

El Presidente Nicolás Maduro acompañado por miembros de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana.
El Presidente Nicolás Maduro acompañado por miembros de la Fuerza Armada
Nacional Bolivariana.
Foto: Ministerio del Poder Popular para la Defensa

¿Tambalea el gobierno?

El panorama general y el eco de las quejas populares nos llevarían a pensar que el borde del abismo está muy cerca y que bastaría un ventarrón para precipitar la caída de todo lo que se ha hecho y hablado desde 1999. Sin embargo no existen suficientes elementos para afirmar que estamos en efecto entrando en una transición, o que estos serán los  últimos días de la experiencia chavista que concluiría con la renuncia del presidente Maduro.

Estos no son más que ruidos de galería. La realidad es que las bases del poder se mantienen y el régimen chavista aún conserva un gran respaldo popular. Además, Maduro tiene el respaldo militar, el manejo de los recursos públicos y la sutil indiferencia de los gobiernos de la región y del mundo que no quieren ver en Venezuela nada que se parezca a una fractura social y política.

Es verdad que “si el río suena piedras lleva” y que a Maduro se le están exigiendo respuestas concretas para resolver la situación, mientras el pueblo -bolivariano o no bolivariano- se queja de que los beneficios que recibe no son iguales que antes, y mientras la oposición se entusiasma y siente que le llegó la oportunidad para renacer.

Las bases del poder se mantienen y el régimen chavista aún conserva un gran respaldo popular. 

Sin embargo, es inútil hacer cualquier cálculo si no se tiene claro qué es lo que está pasando. Se puede especular (y esto sin duda es el deporte nacional), se puede tener  informaciones “desde adentro” – no obstante el rígido y excluyente debate público entre las partes polarizadas del país- y se pueden tener facultades mágicas para prever el futuro.

Pero nadie en su sano juicio se atreve a decir lo que va a ocurrir en Venezuela a fines de este año.

Algunos analistas se permiten soñar con el escenario que ellos mismos dibujan a tientas y creen dar en lo cierto, pero en efecto “no hay suficiente harina para hornear el pan” es decir, no hay suficientes elementos para saber cuál es la verdadera situación.

Y el presidente Maduro es la primera víctima de esto. Sus apariciones públicas, su reciente viaje a China y a otros países petroleros y su informe ante la Asamblea Nacional son pruebas claras de que él y sus seguidores tampoco tienen claro lo que hay que hacer.

Escasez de leche y otros víveres en supermercado de Caracas, Venezuela.
Escasez de leche y otros víveres en supermercado de Caracas, Venezuela.
​Foto: Escasez de leche y otros víveres en supermercado de Caracas, Venezuela.

Lo que puede venir

En este contexto no me atreveré por supuesto a arriesgar ningún pronóstico, pero puede ser útil mencionar algunos de los posibles escenarios:

  • Que el gobierno siga posponiendo las medidas de ajuste, con la esperanza de  una recuperación de los precios del petróleo (escenario de permanencia con un  cambio mínimo);
  • Que se agudice la crisis general, que la gente salga a protestar y que la oposición gane poder y amenace la supervivencia del régimen (el escenario de la transición);
  • Que el gobierno y el partido oficialista recuperen el juicio y ambos fomenten la apertura económica y el diálogo con la oposición, los empresarios, el movimiento sindical y la Iglesia católica (el escenario del consenso).

La mayoría cree que 2015 será peor que 2014 si no se toman o, mejor dicho, si no se concretan las medidas necesarias. Mientras tanto, Maduro dice que 2015 es un año prometedor, de cambio económico, de oportunidad para reactivar las fuerzas productivas y que el país se va a reponer de la perturbación del mercado petrolero. Pero hay muchas dudas sobre todo esto.

Venezuela está en una crisis profunda en medio de la estabilidad política. El gobierno no está frágil y el régimen chavista, mucho menos. Todavía hay una base material para la supervivencia y para esperar mejores tiempos para quienes gobiernan y sus partidarios.

Pero el futuro es incierto. Una política de recuperación a cuentagotas no puede ser efectiva en un país tan deteriorado en tantos planos y además tan lleno de contradicciones.

Dentro del oficialismo existen los santurrones marxistas y los corruptos confesos, y dentro de la oposición existen colaboracionistas y eternos conspiradores. Con una división así no hay mucho espacio para la negociación, aunque algo debe pasar. Pero, ¿cómo, cuándo?

 

* Politólogo y profesor universitario venezolano.

 

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