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Venezuela: las desventuras de un petro-Estado

(Tiempo estimado: 4 - 8 minutos)

PDVSA

Francesca Ramos PismataroLa mala situación actual no es producto apenas de las malas decisiones del chavismo. También muestra el fracaso del modelo de completa dependencia del petróleo que  Venezuela escogió hace más de cuarenta años.

Francesca Ramos Pismataro*

Vivir de ilusiones

Desde los años 1970, aquellos de la “Venezuela saudí” o de la “gran Venezuela”, se creó el imaginario de que gracias a la riqueza derivada del petróleo el país transitaría por los caminos de la modernidad, la consolidación de la democracia y el progreso social. Y no solo los venezolanos se veían a sí mismos de este modo. En el continente, Venezuela era un caso excepcional en una región entonces caracterizada por las dictaduras y el atraso.

Sin embargo, después de muchos gobiernos de los partidos AD y COPEI y de más de una década de gobierno chavista, ¿es la Venezuela de hoy moderna, democrática y con progreso social?

Se ha creado un país improductivo, dependiente de la importación de bienes y servicios, sujeto a los vaivenes del precio del crudo.

Casi cuatro décadas después de haber adoptado un modelo de desarrollo capitalista de Estado rentístico, y con los matices propios que le introdujo el chavismo durante los últimos años (discurso ideológico de izquierda, excluyente y con dosis de autoritarismo), el destino de Venezuela está dramáticamente alejado de la modernidad, el respeto por las libertades y el progreso en general. Hoy ya pocos creen en la idea de la “riqueza del petróleo” o en la capacidad del Estado para mantener el bienestar en la sociedad.

Y el chavismo no hizo más que materializar los defectos más grandes del pasado: el gigantismo del Estado y su control de la economía sin criterios de eficacia, eficiencia y productividad; el gasto público desmesurado en épocas de bonanza, incluyendo programas y subsidios que no son sostenibles sin un precio elevado del petróleo; altos niveles de endeudamiento; creciente incidencia de la corrupción para mantener las lealtades necesarias; y, finalmente, una sociedad mesiánica que creyó que solo con un liderazgo de talante fuerte y por la vía del petróleo el país sería próspero para siempre.

El fallecido Presidente Chávez rodeado de co-partidarios y simpatizantes cuatro años antes de su deceso.
El fallecido Presidente Chávez rodeado de co-partidarios y simpatizantes cuatro años
antes de su deceso.
Foto: Bernardo Londoy

La Venezuela de hoy

La Venezuela de hoy se ha convertido en lo que los expertos llaman un “régimen político híbrido”. Es decir un régimen que, a pesar de la apariencia legitimadora con múltiples procesos electorales que han tenido lugar en los últimos 15 años, reduce las posibilidades de las que gozan los ciudadanos e introduce elementos de autoritarismo.

En el plano económico, la Venezuela de hoy es aún más dependiente del ingreso petrolero que en el pasado, pues ahora el petróleo representa el 96 por ciento de las exportaciones. Es decir se ha creado un país improductivo, dependiente de la importación de bienes y servicios, sujeto a los vaivenes del precio del crudo y, por lo tanto, propenso a la inestabilidad política y social.

En el plano social, la Venezuela de hoy es una sociedad desconcertada. Las manifestaciones callejeras ya no expresan solo la polarización política entre los seguidores de Chávez y los de la oposición, sino la insatisfacción grave y generalizada. El desabastecimiento y las colas se han convertido en un problema perturbador en el diario vivir de los venezolanos. Como lo expresaba una mujer indignada ante el hecho de pasar horas haciendo cola para conseguir algunos bienes básicos: “¡es humillante para nosotros venezolanos encontrarnos en esta situación! ¡Un país rico, pero pobre!”.

Este año, por primera vez desde 1999, el chavismo tendrá que enfrentarse a dos situaciones complejas:

  • Por un lado, existe un descontento general producto de la ausencia de Chávez, el desgaste político del gobierno, la inflación, el desabastecimiento y la inseguridad.
  • Por otro lado el gobierno tendrá que hacerle frente a las elecciones de la Asamblea Nacional, un escenario que la hegemonía chavista controla desde hace muchos años, y donde ha llegado a gobernar por la vía de las “leyes habilitantes” para avanzar de modo más expedito hacia los cambios requeridos por el modelo político.

Ambas situaciones las deberá sortear el gobierno, por primera vez, con los bolsillos medio vacíos como consecuencia de la caída abrupta que ha registrado en los últimos meses el precio del crudo venezolano.

Por eso, el presidente Maduro tuvo que emprender una gira por Rusia, China, Irán, Arabia Saudí, Qatar y Argelia, en el intento de estabilizar los precios del petróleo y obtener recursos financieros que le permitan sortear la difícil situación que atraviesa su país.

También a esta situación se debe la reciente decisión de comenzar a estudiar los mecanismos para hacer efectiva la factura petrolera de los países miembros de Petrocaribe con los que Venezuela firmó acuerdos generosos de cooperación para sostener su  diplomacia petrolera en la región.

Manifestantes en Caracas invitan a unirse a la protesta antigubernamental.
Manifestantes en Caracas invitan a unirse a la protesta antigubernamental.
​Foto: Carlos Díaz

Malos augurios

Nadie conoce mejor que el gobierno los grandes compromisos a los que debe responder, pero, por el momento, se escuda en buscar culpables. Las denuncias de conspiraciones externas e internas son el pan de cada día, pero en algún momento el gobierno tendrá que asumir las responsabilidades y tomar las decisiones necesarias.

Como si fuera poco, al deterioro de la situación económica de los últimos dos años se suma una perspectiva difícil: se pronostica una contracción para 2015 que puede estar entre el 4,5 y el 7 por ciento. La inflación puede llegar a niveles de entre 79,5 por ciento y 120 por ciento, y el nivel de reservas internacionales podría ubicarse por debajo de los 20 mil millones de dólares.

Asimismo, no deja de llamar la atención que si bien los niveles de pobreza en Venezuela cayeron durante el período 1998-2012, en el último informe Panorama Social de América Latina de la CEPAL, Venezuela fue el único país de la región donde la tasa de pobreza aumentó 6,7 puntos entre 2012 y 2013, pasando del 25,4 al 32,1 por ciento, y la tasa de indigencia subió 2,7 puntos, al pasar del 7,1 al 9,8 por ciento en el mismo período.

La inflación puede llegar a niveles de entre 79,5 por ciento y 120 por ciento, y el nivel de reservas internacionales podría ubicarse por debajo de los 20 mil millones de dólares.

Hoy el venezolano promedio sigue siendo consumista y utilitarista en su relación con el Estado. Al fin y al cabo, a esto fue a lo que se acostumbró por vivir en un país que, a comienzos del siglo XX, sustentó su entrada a la modernidad sobre el petróleo. Se creó así un imaginario: el de vivir en un país rico, y que esa riqueza la debe distribuir el Estado. Pero está por verse la reacción de la población si se prolonga esta época de vacas flacas.

Si bien la incertidumbre es el estado de ánimo de la sociedad, los venezolanos tienen el  reto enorme de repensar su proyecto de país sobre bases distintas de un Estado mágico que satisface a todos porque tiene el tesoro del oro negro.

En otras palabras, hay que inventarse un futuro que no dependa primordialmente de la que hasta ahora ha sido la columna vertebral de la vida de la nación: la renta petrolera. Para poder hacerlo, cualquier remedio a la situación de hoy requerirá de sacrificios, quizás para todo el país, incluso para los que no están dispuestos a perder lo que han ganado, pero que no tienen tampoco otra salida.


* Directora del Observatorio de Venezuela, profesora en las facultades de Ciencia Política y Gobierno, y de Relaciones Internacionales de la Universidad del Rosario.

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