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Los intereses de China en América Latina

(Tiempo estimado: 5 - 9 minutos)

El Primer Ministro chino Li Keqiang.

German Camilo PrietoMaria RiañoLas inversiones del gigante asiático en Colombia y sus vecinos están aumentando aceleradamente, pero se concentran en el petróleo, la minería y el transporte hacia el Pacífico. Sólo nosotros mismos podríamos invertir en sectores de punta.  

 Germán Camilo Prieto* - María Paula Riaño**

Pasos de animal grande

La presencia de China en América Latina se ha intensificado en las últimas semanas.

Durante su reciente visita a Brasil, el primer ministro Li Keqiang anunció un paquete de inversiones por 53.000 millones de dólares en los sectores agropecuario, minero-energético, automotriz y de infraestructura. Este anuncio confirma la tendencia registrada desde 2011, cuando China se convirtió en el mayor inversionista extranjero en Brasil, con intereses en pozos petroleros y fábricas automotrices.

Aunque estas inversiones son buenas noticias para el gigante suramericano (y para Mercosur por sus efectos multiplicadores), sus réplicas en otros países latinoamericanos no lo son tanto, debido al énfasis de China sobre los sectores productores de commodities y su escaso interés en la transferencia de tecnología.

Los intereses de China en América Latina han crecido de manera exponencial en los últimos años. Según la Comisión Económica Para América Latina y el Caribe (CEPAL), en la primera década del siglo llegaron a la región alrededor de  7.000 millones de dólares de inversión extranjera directa (IED) proveniente de China. Pero desde 2010 el flujo ha aumentado sustancialmente, pues sólo en ese año la IED se duplicó hasta 14.000 millones de dólares. Y después de 2010 se ha visto un crecimiento constante de entre 9.000 y 10.000 millones  anuales, lo cual representa entre un 5 y un 6 por ciento de los flujos totales de IED que recibe la región.

Venezuela es el país latinoamericano que más IED recibe por parte de China para  proyectos en el sector petrolero

El 90 por ciento de las inversiones chinas en América Latina entre 2010 y 2013 se dirigieron a sectores productivos basados en recursos naturales. En los sectores de petróleo y gas, China está entre los inversionistas extranjeros más importantes en Argentina, Brasil, Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela.

Además, las compañías petroleras chinas están presentes en todos los países de América Latina que exportan petróleo y gas, con excepción de México (país donde el sector está cerrado a los extranjeros). 

En materia de minería, China ha concentrado sus inversiones en Perú y Brasil. Los sectores de infraestructura y telecomunicaciones han tenido también una importante participación de la IED china, pues con su apoyo se han adelantado proyectos como la línea de trasmisión de Belo Monte en Brasil o la construcción de 500 kilómetros de red ferroviaria en Venezuela.

El portafolio chino

El Presidente Santos y el Primer Ministro Li Keqiang en la Casa de Nariño.
El Presidente Santos y el Primer Ministro Li Keqiang en la Casa de Nariño.
Foto: Presidencia de la República

Venezuela es el país latinoamericano que más IED recibe por parte de China para  proyectos en el sector petrolero. Esto queda comprobado por las grandes sumas invertidas en la Faja del Orinoco, que en 2012 tenía reservas de más de 297 millones de barriles de petróleo (las más grandes del planeta según cifras del gobierno venezolano). En Venezuela se vieron inversiones chinas por 16.000 millones de dólares en 2009 y  28.000 millones en 2013 para la Faja del Orinoco, y de 14.000 millones de dólares adicionales en otros proyectos petroleros en este mismo año.

Aunque los extranjeros no pueden operar directamente en el sector, México también ha sido un receptor importante de inversión china en materia petrolera. Allí se destacan los 1.000 millones de dólares de crédito para la compra de tecnología china por parte de Pemex en 2012, que serán pagados con exportaciones petroleras.

En Colombia el panorama no es muy diferente. En 2010 la petrolera china Sinopec Corp. invirtió cerca de 281 millones de dólares en la compra de pozos petroleros ubicados en la cuenca de los Llanos y el Putumayo.

Por su parte, Perú obtuvo en 2009 el anuncio de que iba a recibir 7.400 millones de dólares por parte de compañías mineras chinas durante los cinco años siguientes para desarrollar proyectos de explotación de oro y de cobre en El Galeno, de cobre en Río Blanco y una mina de hierro en Marcona.

Ecuador  ha recibido más de 6.500 millones para hidroeléctricas, minas de cobre y la Refinería del Pacífico, el proyecto más grande del país en toda su historia.

Argentina firmó en 2014 acuerdos con China por 3.800 millones de dólares para  construir   la cuarta central nuclear de 88 megavatios, Atucha III, así como para obras del ferrocarril de Belgrano por 2.099 millones de dólares, más las represas Kirchner y Cepernic de Santa Cruz por 4.700 millones.

Finalmente, su compra del 40 por ciento de las operaciones de Repsol en Brasil por 7.000 millones de dólares muestra que la presencia de China en los países latinoamericanos productores de recursos minero-energéticos va en serio.

Solo por la energía

Con excepción de la industria automotriz en Brasil y la adquisición por parte de Venezuela de 28 taladros petroleros en 2006 (que llevó a constitución de la industria chino-venezolana Taladros S.A), la presencia inversionista de China en América Latina se ha concentrado en la explotación de recursos minero-energéticos o, en su defecto, en  financiar proyectos de generación de energía e infraestructura.

Poco se ha interesado el gigante asiático en invertir en el sector manufacturero, industrial o de servicios con valor agregado (nótese que lo de México es un crédito para la adquisición de tecnología china y no una transferencia como tal, pues este ha de ser redimido en exportaciones petroleras a China).

Si bien conviene la presencia de empresas chinas que generan recursos para los países latinoamericanos mediante la explotación minero-energética, y los créditos para  producir energía o construir infraestructura y transferir la tecnología respectiva, las inversiones chinas pueden reforzar el retorno de las economías de la región hacia el sector primario,  no menos que crear una compleja dependencia económica de nuestros países frente a la potencia asiática. 

China nos compra commodities y nos vende manufacturas y tecnología, y así se profundiza nuestra dependencia del gigante asiático

China, el principal socio comercial de la mayoría de países latinoamericanos y la principal fuente de inversión extranjera en casi todos ellos, aprovecha y agudiza la desigualdad en los términos de intercambio. China nos compra commodities y nos vende manufacturas y tecnología, y así se profundiza nuestra dependencia del gigante asiático.

China es el país que más está invirtiendo en la explotación de los recursos minero-energéticos de América Latina, y en casos como México y Venezuela, es también el país  que suministra la tecnología para hacer más eficiente dicha explotación.

Sin embargo, al mismo tiempo ‘amarra’ a los países con créditos condicionados a  pagarse en exportaciones, e invierte a cambio de que los países latinoamericanos aumenten sus exportaciones petroleras y minerales (por eso mismo hace inversiones en infraestructura, particularmente en Venezuela y en Brasil).

El Primer Ministro chino en su visita a Brasil, acompañado por la Presidenta Dilma Rousseff.
El Primer Ministro chino en su visita a Brasil, acompañado por la Presidenta Dilma
Rousseff.
Foto: Ministério das Relaçoes Exteriores

Riesgo de asfixia

Tenemos entonces, por una parte, un aliado útil para aprovechar nuestra ventaja competitiva en materia minero-energética. Pero por otra, tenemos un socio que condiciona nuestro desarrollo al basarlo exclusivamente en estos sectores.

La solución sería diversificar nuestras estructuras productivas. El caso de Brasil es una buena muestra. Su industria automotriz ha sido punta de lanza de su proceso histórico de industrialización. China ahora invierte en ese sector porque ve que hay algo desarrollado que puede aprovechar.

Pero en el caso de los taladros chino-venezolanos y de los equipos para Pemex, se trata de trasferencias tecnológicas y créditos condicionados exclusivamente para aumentar la producción del petróleo que China tanto necesita. Pero otros países latinoamericanos ni siquiera tienen esa suerte.

Los modelos de desarrollo que han adoptado los países de América Latina dependen de los incentivos para atraer inversión que genere crecimiento económico, sobre todo a través de exportaciones.

El energético abrazo chino es importante para nuestras economías basadas en exportar commodities. Pero este abrazo puede ser tan fuerte que nos deje sin aire, por acción o por omisión, para transformarnos y aprovechar mejor esta ola de inversión.

Ni China ni ningún país invertirá en sectores donde no seamos competitivos. La competitividad tenemos que lograrla nosotros, con nuestra propia inversión, con la fuerza de nuestro propio abrazo.

 

* Ph.D en Ciencia Política de la Universidad de Manchester, Magíster en Economía Política Internacional de la Universidad de Warwick, Profesor Asistente del Departamento de Relaciones Internacionales de la Universidad Javeriana.

** Internacionalista de la Universidad Javeriana, miembro del Semillero de Economía Política Internacional de la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Javeriana.

 

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