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La marea negra

(Tiempo estimado: 6 - 12 minutos)

Manuel Guzman HennesseEl derrame de petróleo en el Golfo de México era previsible y sus efectos serán catastróficos, según esta síntesis sobre lo que han dicho los científicos.  

Manuel Guzmán Hennessey


Una tecnología sospechosamente segura, pero altamente peligrosa

No me refiero hoy a la campaña de desprestigio que ha comenzado a levantarse contra la ola verde de Mockus y Fajardo, sino al derrame submarino de petróleo cerca del golfo de México. Allí empezó a brotar una marea negra, justo el día en que miles de ciudadanos de todo el mundo celebraban el día de la Tierra, el pasado 22 de abril.

La mancha de petróleo amenaza con lamer las costas de Luisiana, en Estados Unidos, lo cual causaría el daño ecológico más grande de la historia de los derrames de hidrocarburos en los mares, superando, incluso, a los ya legendarios del Exxon Valdés (Prince William Sound, Alaska, abril de 1989) y del Prestige (Galicia, noviembre de 2002).

A diferencia de lo que ocurrió en esos casos, esta vez no se trata de cargueros del crudo que colapsaron en altamar, sino de una plataforma de extracción de petróleo que explotó. Estas plataformas son obras civiles gigantescas emplazadas en medio del mar, que soportan sofisticadas maquinarias de extracción que se extienden mediante grandes tuberías hasta las profundidades del océano en busca del sitio donde se encuentra el petróleo. Se supone que algo de todo esto falló y luego explotó. Un accidente cuyas causas exactas no ha podido explicar la British Petroleum Company (BP), compañía arrendataria de la plataforma y responsable, por lo tanto, del daño infligido al medio ambiente.

Según lo que escriben los expertos que se han referido a este accidente, dos cosas parecen estar claras:

  • Primera, que las plataformas petroleras marinas no cuentan con los mecanismos de previsión suficientes para enfrentar este tipo de accidentes. Si ellos ocurren harán lo que pueden, pero no garantizan que la calidad de la actuación reparadora sea proporcional al daño infligido. Tampoco garantizan que la eficacia de las prevenciones adoptadas responda a la peligrosidad de la operación con relación al ambiente. Los sistemas de seguridad conceden prevalencia a los aspectos industriales, económicos, y aún humanos, sobre los del ambiente. En los primeros son altamente eficaces, en el caso del ambiente no siempre.
  • Y segunda, que el daño ambiental que pueden causar estos accidentes es incalculable, impredecible e irreparable. Esto último en dos dramáticos sentidos: no se puede solucionar el daño antes de que se agrave (léase: antes de que la marea negra llegue a las costas), y no se puede reparar el daño, ni en las playas, ni en las especies, ni en los mares, ni en el aire.

En el caso de la marea que hoy avanza hacia costas de Estado Unidos, lo más probable es que llegue a las mismas sin que la compañía responsable del desastre haya podido evitarlo.

¿Responsabilidad social y ambiental en las petroleras?

 Es bueno recordar aquí que la BP, cuando estaba en negociaciones para la plataforma, en el año 2009 le aseguró al gobierno de Estados Unidos que, dado que la plataforma Deepwater Horizon es de tecnología de punta, no existía ninguna posibilidad de derrame de petróleo. El Gobierno le creyó y autorizó la plataforma, pero el pasado 20 de abril explotó, luego se produjo un incendio donde murieron 11 trabajadores y empezó el derrame. Entonces la BP dijo que no habría mayores problemas, puesto que sólo se trataba del petróleo residual producido por la explosión.

El 22 de abril se confirmó que el derrame era grave; entonces la BP aseguró que lo podía controlar, pero no lo logró, y cuando el chorro era de cinco mil barriles diarios dijo que hizo lo que pudo y que pagaría por los daños -aplicando en este caso el consabido y perverso principio de "el que contamina paga".

Dos preguntas quiero hacer. La primera es si la humanidad dispone de una metodología apropiada para tasar este tipo de daños, o si lo debemos dejar al libre arbitrio de la compañía  causante de los mismos. La segunda es si este tipo de accidentes estaba o no previsto dentro de los riesgos inherentes a la operación petrolera; si la respuesta es positiva, como creo que ha de ser, la contrapregunta es obvia: ¿Entonces por qué los técnicos de la BP no sabían qué hacer una vez sucedido el accidente?

Las pruebas de la improvisación están al canto: guardacostas de Estados Unidos, junto a los de la BP, han puesto barreras alrededor de la mancha, y han quemado parte del combustible, contribuyendo con ello al calentamiento de la atmósfera y a la contaminación del aire marino por material particulado y humo negro. En los primeros días especularon con poner una cápsula encima de la plataforma hundida para aislar el petróleo derramado, pero esta solución fue luego descartada porque su ejecución tardaría demasiado, y en el momento de este escrito se dice que se ha controlado una de las tres fugas, pero no todos parecen estar dispuestos a creer que el problema se encuentra controlado, así sea en parte. El domingo por la tarde había sido retirada la campana, no obstante los de BP dicen que "eso no quiere decir que hemos fracasado sino que las operaciones, por ahora, no han dado resultado" (edición de El País, 9 de mayo de 2010).  

La noticia dice que "En paralelo, BP está avanzando en la perforación de un pozo alternativo, cerca del otro, que serviría para inyectar un líquido más pesado que el petróleo que actuaría como una especie de tapón e impediría que el crudo siga fluyendo a la superficie". Es decir: ensayo y error, mientras a esta hora se calcula que unos 31 millones de litros de petróleo flotan en el golfo de México, y del pozo sigue saliendo crudo.

La plataforma Deepwater Horizon contenía 2,6 millones de litros de petróleo en depósito, y extraía cerca de 1,27 millones de litros por día. En el momento de redactar esta nota se calcula que se están vertiendo alrededor de 5 mil barriles diarios de petróleo cada día (800,000 litros). Y la mancha, de unos 9.000 kilómetros cuadrados, ya llegó al delta del río Misisipi, como lo muestra esta fotografía del satélite Envisat, tomada el 4 de mayo.

Fuente: satélite Envisat, 4 de mayo de 2010, tomada de El País.

 El Envisat está situado a unos 780 kilómetros de altura sobre la superficie terrestre, y toma imágenes mediante radar, lo que le permite una captura de buena calidad, incluso en presencia de nubes. Este satélite europeo fue importante durante el seguimiento de la mancha de petróleo provocada después del hundimiento del Prestige.  

¿En qué consisten los daños?

Ahora bien, un volumen importante de hidrocarburo puesto a la deriva sobre la superficie del mar se convierte en un poderoso agente de naturaleza caótica capaz de modificar las condiciones físicas y químicas de muchos organismos vivos relacionados con el ambiente marino.

En primer lugar se mezcla con el propio mar, conformando una especie de mousse de chocolate (así le llaman), caracterizado por un vertido no homogéneo de manchas espesas y grumos entremezclados con finas capas oleosas. Este agente invasivo se mueve en el mar impulsado por factores azarosos que hacen impredecible su trayectoria y aún su poder de devastación sobre las especies vivas que podrá encontrar a su paso. Tales emulsiones (el "mousse") se convierten en bolas de alquitrán densas, semisólidas y con aspecto asfáltico. Se ha calculado que en el Atlántico hay unas 86.000 toneladas de este material, principalmente en el mar de los Sargazos.

Un vertido de petróleo al mar resulta impredecible no sólo por su capacidad de interactuar químicamente con otros compuestos, sino porque la propia física del mar y el régimen de vientos acaban modificando la consistencia y el tamaño de las emulsiones, hasta el punto de que cinco días después del vertido, estas pueden haber aumentado el doble de su volumen inicial.

Algunos expertos han calculado que un metro cúbico de petróleo a la deriva puede convertirse en tan sólo una hora y media en una mancha de cien metros de diámetro y un espesor de 0,1 milímetros. Cuando el hidrocarburo se adhiere a otros cuerpos, o forma partículas con densidad superior a la del agua, puede hundirse hasta el fondo, o sedimentarse; esta es una de las opciones que han contemplado los expertos que hoy combaten la mancha del golfo de México, pero ocurre que sedimentar parece más difícil que quemar, por lo cual han optado por lo segundo, aunque llegar hasta el lugar e implementar la logística del incendio sobre una superficie veleidosa no parece cosa fácil.

Cuando el petróleo alcanza las playas comienza otro proceso de destrucción, en este caso de las especies que viven cerca de las costas, como aves, peces, crustáceos, algas, mamíferos, moluscos y otros más. Un simple ejemplo, además de la lectura de los informes de la devastación sobre las playas de Alaska del Exxon Valdes (que derramó 40 millones de litros de petróleo crudo que se extendieron por 28 mil kilómetros cuadrados de la costa de Alaska), puede ilustrarnos acerca del peligro que hoy se cierne sobre las costas de Luisiana: en 1981, una operación de limpieza de los tanques de un barco -el Stylis- en Noruega, mató a 30.000 aves marinas, porque el petróleo fue arrastrado directamente a la zona donde estas aves tenían sus colonias. Un elemento de azar, por supuesto, que en este caso significó una importante mortandad de especies. Esto puede ocurrir con cualquier derrame de petróleo en el mar, pues nadie sabe ni los tiempos ni los lugares precisos donde puede haber una concentración masiva de especies en formación, hibernación o tránsito, como ocurrió con los pájaros de Noruega.

Pájaros de Alaska muertos por el derrame del Exxon Valdes, fotografía tomada del blog ecología.blog.com

El efecto inmediato de la exposición de petróleo en aves es la ruptura de la estructura de sus plumas. Esto reduce su habilidad para volar y su capacidad de resistencia al agua, lo cual puede ocasionarles hipotermia y deshidratación, además de limitar su habilidad para alimentarse y escapar de otras aves predadoras.

Para resumir, lo que podría pasar en las costas de Luisiana si el petróleo del Deepwater Horizon llega hasta su superficie, como todo parece indicar que ocurrirá, es, entre otras posibilidades, lo siguiente: Se alterarán la física y la química de los hábitats naturales, y las especies más resistentes tomarán los espacios dejados por otras especies desaparecidas; se producirán efectos físicos en la flora y la fauna, que pueden llegar a ser mortales; la fauna marina podrá verse afectada como consecuencia de que la mancha de crudo limitará el paso de la luz y por lo tanto reducirá la actividad fotosintética de las plantas; si la mancha es severa y alcanza a cubrir las plantas, afectará su función reproductora; se producirán cambios inesperados en los hábitos de las poblaciones migratorias de aves y peces; se podrá producir contaminación en especies de la cadena alimenticia humana, como peces y moluscos que, aunque sobrevivan, lo harán contaminados de hidrocarburos, lo cual es perjudicial para la ingesta humana; se afectará la actividad pesquera y marisquera, y las playas cambiarán su aspecto blanco por un negro parduzco, lo cual ahuyentará el turismo.  

En fin, un desastre.

 

ab

 

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