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Escándalos uribistas

(Tiempo estimado: 2 - 4 minutos)

Esta semana se armó el revuelo por las operaciones militares de Maduro en la frontera.  La semana pasada había sido porque Iván Márquez se declaró de nuevo en rebelión.

Hernando Gómez Buendía* 

Las dos cosas están emparentadas. O parecen estar emparentadas. O el gobierno y los medios colombianos aseguran que están emparentadas. Todo puede ser. 

Pero no da lo mismo. ¿O usted sí cree que Márquez convenció a Maduro de que movilizara 150 mil soldados con tanques y con aviones para avanzar conjuntamente sobre Bogotá con los mil o dos mil exguerrilleros que, en el mejor de los casos, podría llegar a tener la nueva disidencia de las FARC? Hay que tener sentido de las proporciones. 

Y hay que tener sentido de la realidad. Los ejercicios militares que Maduro anunció con anticipación (para evitar incidentes) y que se están adelantando a 25 kilómetros de la frontera (no en la frontera), no son un mensaje para el presidente de Colombia. Son para el presidente de Estados Unidos. Es la práctica común de los países, casi siempre dictaduras envainadas, que se sienten agredidos, porque están siendo agredidos, por una coalición montada desde Washington. Es lo que hacen Rohani en Irán, Kim en Corea…Maduro en Venezuela. 

Los ejercicios de Maduro no se deben a Iván Márquez ni a Iván Duque, sino a que Juan Guaidó logró que Estados Unidos instruyera a otros once países para apelar al Tratado de Asistencia Recíproca (TIAR). El Tratado (escrito por nuestro Alberto Lleras), no ha servido sino para acompañar a Washington ante Cuba o ante el 11 de septiembre, pero no para invadir o atacar militarmente a nadie. Una guerra no es un juego. 

El primer interesado en evitar la guerra con Venezuela se llama Donald Trump. Su política exterior, como toda su política, se basa y se reduce a cultivar el voto de los blancos no educados de las áreas rurales, es decir, el de los padres cuyos hijos sí mueren en las guerras. Así de simple. Por eso sus increíbles coqueteos con Kim Jong-un - y con Putin-, por eso los cohetes de opereta que disparó contra Siria, por eso el retiro de las tropas de Oriente medio, por eso el acuerdo con los talibanes a costa de su gobierno-cliente en Kabul, por eso la delegación a Israel, a Arabia Saudita y a los Emiratos para que hagan la guerra en Palestina, en Yemen y quizás en Irán. Por eso sus declaraciones gaseosas sobre Venezuela, su dejar que sea Elliot Abrams el de las amenazas, su despido de Bolton el que pedía atacar a Maduro esta misma semana. Por eso sus negociaciones con el dictador. 

Y sin embargo la Colombia de Duque quiere seguir jugando su papel de Estado cliente, el primero que corre con los muertos, y al primero que dejan en el aire. 

Es verdad que Maduro hará todo lo posible para armar y apoyar lo que queda del ELN y de la nueva disidencia de las FARC. Es lo que había hecho Chávez desde que llegó al poder, cuando el ELN si era una guerrilla, cuando las FARC estaban en su cenit militar, cuando Venezuela la reconoció como beligerante, cuando había petrodólares, cuando Chávez y Uribe se insultaban, cuando el ejército bolivariano se movió hasta la frontera…y el colombiano se retiró prudentemente hasta el Pacífico.                                                 

Así que estamos hechos. Con un país que no tiene memoria, un presidente inepto, un canciller que no entiende el mundo, unos medios confundidos y alarmistas, una guerrilla residual que nos mantiene amarrados al pasado, un Uribe que necesita mantener su vigencia, un demagogo en Washington, un dictador arrinconado en Caracas …y unos militares a quienes cualquier día puede darles por hacer unos disparos.  

* Director de la revista digital Razón Pública