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Colonización: de Estados Unidos a la Amazonia

(Tiempo estimado: 5 - 10 minutos)

El Colono era visto como un actor que expendía el poder del Estado.

Estefania CiroEste libro sobre la colonización del Oeste de Estados Unidos da mucho que pensar sobre el futuro del posconflicto en Colombia.  La pregunta es la misma en ambos casos: ¿para quién y para qué deben ser las tierras?

Estefanía Ciro*

Tierras sin ley: la colonización del Oeste de Estados Unidos
Estela Báez-Villaseñor Moreno
Anthropos
2015

Tierras con ley

“Nosotros mismos les ayudamos a colonizar a los campesinos”, dijo un comandante del Bloque Sur de las FARC en referencia a la zona veredal de Agua Bonita, Caquetá. La academia ha estudiado este fenómeno en varias ocasiones. Por ejemplo Teófilo Vásquez señala que las FARC es el único actor que ha comprendido la colonización de la Amazonia.

Esta colonización sigue su curso y vuelve a ser un reto en estos tiempos cuando se discute la necesidad de cerrar la frontera agraria. El proceso se percibe como caótico e incontrolable y se describe con ese dejo despectivo de “esas cosas que suceden en la Amazonia”. Al final, colonización, barbarie, coca y guerra acaban enredados en ese argumento que la mayoría de las veces justifica la violencia estatal contra los pobladores.

Y esta misma sensación de caos tal vez explica la falta de información y análisis sobre los cientos de hectáreas que han sido deforestadas en Caquetá tras el inicio del proceso de reincorporación de las FARC.  

Tierras sin ley: la colonización del Oeste de los Estados Unidos estudia la política territorial de las instituciones estatales durante la colonización del Oeste de Estados Unidos. La autora parte de los planteamientos de Thomas Patterson, quien resalta la existencia de un conjunto de ideales y hábitos políticos compartidos en ese país, como decir la libertad individual, la igualdad ante la ley y la desconfianza frente a la concentración del poder.

Este libro disecciona esta doctrina liberal y estudia las leyes sobre tierras y las tensiones que surgieron entre los gobiernos locales y la administración federal a partir del proceso de colonización, así como los cambios producidos por este proceso.

El análisis se divide en tres partes:

  1. Los años que precedieron a la guerra civil en relación con la política territorial y el inicio de la colonización;
  2. La guerra civil, la Reconstrucción (1860-1877) y sus consecuencias, y
  3. Los años posteriores a la derrota de los Estados del Sur.

El último capítulo expone y compara, desde una perspectiva legal, la experiencia de los mexicanos, los nativos, los afroamericanos, las mujeres y los chinos en este proceso de ocupación.

Este trabajo es un espejo interesante para dialogar con los planteamientos de los investigadores de la colonización en Colombia. Quienes hemos estudiado este tema reconocemos la importancia de los casos de Estados Unidos y del Amazonas como procesos radicales de transformación del paisaje y de construcción de Estado-nación en nuestro continente.

¿Qué tipo de diálogos se pueden construir a partir de este libro? ¿Cuál es su pertinencia en nuestros tiempos?

¿Cómo producir la colonización?

Una de las leyes más importantes de este periodo, la Homestead Act permitió el acceso prácticamente gratuito a la tierra del colonizador.
Una de las leyes más importantes de este periodo, la Homestead Act permitió el acceso prácticamente gratuito a la
tierra del colonizador. 
Foto: Wikimedia Commons 
 

En cuanto a la política de tierras, el Congreso de Estados Unidos y los legisladores de los distintos Estados de la Unión fueron una locomotora legal. Los anales muestran una discusión constante sobre cómo fomentar la colonización. Formalizar la propiedad sobre la tierra no era la única necesidad; era urgente poner a producir cientos de miles de hectáreas de praderas con problemas de sequía, falta de árboles, comunicación, infraestructura y orden público.

La colonización el proceso de la incorporación legal de territorios en un proyecto nacional.

Desde esta perspectiva, la colonización no es solo un proceso social espontáneo o forzado de migración, sino más bien  el proceso de la incorporación legal de territorios en un proyecto nacional. Este proyecto no era inflexible, pues fue reinterpretado en el Oeste, pero sí impuso un marco de discusión del cual nadie podía distanciarse sin provocar su propia expulsión, como ocurrió con los indígenas.

Cuando las cosas se aprecian desde esta perspectiva, urge discutir el papel de la colonización amazónica en nuestro proyecto nacional. ¿Sobre la base de cuáles principios o criterios se excluyen o integran poblaciones como los indígenas, los campesinos cultivadores de coca y los grandes ganaderos de la región?

Un primer referente importante en Estados Unidos fue la fundación de nuevos Estados con el argumento de la defensa nacional ante ataques externos. Tras la independencia de 1776, el gobierno federal inició la venta de tierra pública en forma de asentamientos, y cuando los territorios llegaban a tener más de 60 mil habitantes libres podían solicitar su ingreso a la Unión como Estados libres, iguales y democráticos.

El país se dividió en Estados (espacios de más de 60 mil habitantes con representación en ambas cámaras) y territorios (espacios organizados de manera diversa, algunos con legislación pero sin representación en el Congreso). En este proceso se cruzaron luchas partidistas, riñas entre el norte y el sur, debates entre actores locales y gobiernos federales, revanchas entre las nuevas y las viejas entidades. Pero a pesar de todo, en un siglo todo el país estaba dividido en Estados bajo la doctrina liberal. Esto desencadenó una serie de debates legislativos sobre para qué y para quién debía ser la tierra y sobre cuál era su función dentro de la construcción del Estado.

A diferencia del imaginario moderno de progreso, que subestima el papel de la agricultura, estos debates muestran que los grandes objetivos de la política territorial federal fueron la pequeña agricultura y la consolidación de un mercado agrícola competitivo.

Para lograr esto se desestimuló la existencia de baldíos y de grandes latifundios porque los ingresos de la compra y venta de la tierra eran del gobierno y en la época de Jefferson se convertirían, junto con el cobro de aduanas, en los únicos ingresos. Esta mirada del desarrollo agrario en los Estados Unidos se enfrentó y venció a los intereses del sur de expandir el sistema esclavista y de grandes plantaciones.

Una de las leyes más importantes de este período, la Homestead Act permitió al colonizador el acceso prácticamente gratuito a la tierra. Otra ley, la Preemption Bill, quiso evitar que los colonos espontáneos perdieran sus tierras cuando estas fueran subastadas, haciendo valer de este modo su trabajo en los territorios.

El colono era visto como un propagador del poder del Estado pues reproducía las instituciones por medio de su familia, sus costumbres, la religión y la actividad económica. Por esta razón se pensaba que para asegurar la vigencia de los principios liberales era necesario fomentar su reproducción y estabilidad.

Pero importa aclarar que esta idea del colono se refería al hombre y la mujer blancos y dejaba por fuera a los mexicanos, indígenas y chinos. En relación con esto, una pregunta pertinente es para quién han sido las tierras de la colonización en el proyecto nacional colombiano.

Según la autora, en el Oeste se orientaron los valores liberales hacia miradas más pragmáticas e inmediatas dada la cercanía de los pobladores de los nuevos Estados con las formas legales de sus propios territorios.

A pesar de esto, en el Oeste, que normalmente se representa como un lugar de armas, los conflictos violentos tenían justificaciones en valores liberales como la libertad y el derecho a proteger la propiedad. De aquí resulta el carácter paradójico de la relación de los pobladores con la ley federal y estatal, pues comunidades al margen de la ley recurrieron a la doctrina liberal como marco para legitimar acciones que eran ilegales.

Teniendo en cuenta lo anterior, ¿sobre la base de cuáles relaciones locales y económicas interactúan los actores legales e ilegales en la colonización amazónica? ¿No están los cultivadores de coca defendiendo su derecho constitucional a la vida y, a la vez, expandiendo formas legales de presencia del Estado –como las juntas de acción comunal– por medios ilegales?

Colombia, la tierra y el post-acuerdo

Absalón Machado, en Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia, señala que en Colombia no ha existido una política de tierras como proyecto nacional que favorezca la democratización del campo. Lo que ha existido es “una política de tierras para beneficio de un grupo privilegiado de propietarios, lo cual explica en buena parte los conflictos que se han escenificado en ese sector”.

Los grandes objetivos de la política territorial federal fueron la pequeña agricultura.

Desde el cierre de las negociaciones de La Habana cada decisión es un paso en el camino hacia la paz estable y duradera, y las noticias incesantes no deben hacernos  perder de vista que la cuestión central es la política territorial que se deriva del Acuerdo de La Habana.  

Sin caer en el simplismo de la comparación con Estados Unidos y sin tomar este caso como una utopía, la mirada histórica sí nos explica que la colonización no es un proceso caótico en sí mismo, sino que es producto de políticas territoriales específicas y de debates acerca de para quién deben ser las tierras y cómo se ordenan los territorios.

Estos tiempos nos exhortan a definir cuál es nuestro proyecto de nación, que en últimas es lo que se está construyendo en estos meses. De las respuestas a esas preguntas y de la defensa de los campesinos depende el futuro de la paz, la dignidad y la esperanza de la Amazonia colombiana y, en últimas, del país entero.

 

* Doctora en Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México.

 

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