Lectura

La Iglesia de la que viene el papa Francisco

(Tiempo estimado: 5 - 9 minutos)

la fachada del vaticano

Camilo CastilloEste libro rastrea la historia del catolicismo en América Latina, que ha sido tanto la doctrina del colonizador como el consuelo de los excluidos. Qué implica esa dualidad y cómo juega en ella el primer papa de origen latinoamericano.

Camilo Castillo*

Dios en el Nuevo Mundo
John Lynch.
Editorial Crítica 2012.
Páginas 540.

Un papa latinoamericano

El 11 de febrero de 2013 un agotado papa Benedicto XVI presentaba su renuncia al pontificado. El acontecimiento se difundió como pólvora a través de los medios de comunicación del mundo. La última renuncia papal había ocurrido unos 598 años antes, para poner fin a la división dentro de la Iglesia católica durante la Edad Media.

¿Cómo es la Iglesia de la que proviene el nuevo papa? ¿Tendrá su origen alguna relación con lo que ahora se llama la “primavera vaticana”?

Ahora era necesario convocar un cónclave para elegir al nuevo papa, y una tarde de invierno del mes de marzo, la fumata blanca apareció en el horizonte vaticano. Miles de visitantes corrieron para conocer al papa elegido. Desde el balcón del apartamento vaticano surgió la figura bonachona de Francisco, vestido con sotana blanca y sin la muceta que utilizaron los anteriores papas y emperadores para celebrar sus victorias.

Su primera frase fue “oren por mí”, después bromeó y se definió como “el papa del fin del mundo”. Era la primera vez que un latinoamericano ocupaba el solio pontificio.

¿Cómo es la Iglesia de la que proviene el nuevo papa? ¿Tendrá su origen alguna relación con lo que ahora se llama la “primavera vaticana”?

El libro que hoy reseño ofrece algunas respuestas a estas preguntas, ya que se trata de una historia de la presencia de la Iglesia católica en América Latina, desde la conquista española hasta finales del siglo XX.

Iglesia y Monarquía

El papa Benedicto XVI.
El papa Benedicto XVI.
Foto: Catholic Church England and Wales

La conquista de América por parte de España marcó la forma como surgió y se desarrolló  el catolicismo en el continente. Los monarcas españoles obtuvieron del papa la prerrogativa para nombrar obispos y administrar la Iglesia casi como una dependencia más de la Corona (a esto se le llamó el patronato regio). A cambio, los reyes de España prometían mantenerse fieles al papa y a sus enseñanzas.

Por tanto, la Iglesia que llegó a América no era la de Roma, sino que dependía directamente de la Corona española. El rey, a través de los obispos, vigilaba la evangelización de los indígenas, las enseñanzas que daban los curas en las encomiendas y resguardos, y buscaba preservar impoluta la doctrina católica de los ritos de los africanos y de los pueblos originarios.

Pero pese a los esfuerzos de misioneros, curas y obispos, se dieron mezclas entre lo africano, europeo y americano, de manera que el catolicismo en América Latina adquirió  una identidad propia.

La Iglesia, por lo demás, no se redujo a un apéndice de la monarquía. Por ejemplo, los franciscanos que llegaron a México pensaron que el fin del mundo estaba cerca y por  eso buscaron entender ciertas prácticas de los aborígenes para evangelizarlos y preparar la segunda llegada de Cristo. Esta actitud los llevó a oponerse a los abusos de los conquistadores, pues entre más indios morían, más lejos estaría la nueva venida del salvador.

Al contrario de México, en Perú el catolicismo fue la religión de los vencedores. Una imagen elocuente al respecto es la del Inca cuando tira al piso la Biblia porque no oyó la “palabra de Dios” al pasar las páginas del libro. Esa fue la excusa perfecta para acusarlo de herejía y comenzar la conquista del Imperio inca.

El traumático siglo XIX


El papa Francisco I durante un consistorio público
ordinario.
Foto: Catholic Church England and Wales

La Independencia significó un episodio doloroso para la Iglesia católica. Los obispos dependían de la Corona y al romperse el vínculo con España muchos emigraron de las excolonias, pues eran fieles al rey. Otros, muy pocos, se quedaron en América. La falta de obispos se tradujo en escasez de curas y, en consecuencia fueron abandonadas muchas obras de salud y educación, lo que agravó los problemas de las recientes naciones.

El Vaticano era reticente a reconocer la independencia de América, ya que buscaba preservar una buena relación con la Monarquía española. Con el paso del tiempo, el papa reconoció la independencia y comenzó a nombrar obispos en los distintos  países.

De esta manera, Roma ocupó el lugar de la Corona, lo cual convirtió a la Iglesia latinoamericana en la más fiel seguidora del sumo pontífice. La Iglesia buscó conservar sus privilegios de la época colonial, cuando hacía parte del Estado, pero intentó combinarlo con un alto grado de autonomía respecto de los nuevos gobiernos. Los Estados también buscaron controlar la Iglesia y trataron de heredar el régimen del patronato regio.

Esta disputa se resolvió de maneras distintas en cada país latinoamericano, pero se pueden usar como ejemplos las experiencias de México y Colombia.

  • En México las leyes de reforma debilitaron el poder de la Iglesia; allí el liberalismo  impuso claros  límites entre las dos instituciones y aumentó los servicios del Estado para debilitar la influencia de la Iglesia.
  • Por el contrario, en Colombia el concordato permitió que la Iglesia conservara sus beneficios y monopolizara la educación junto con otros servicios que el Estado no era capaz de proveer, como la salud.

La Iglesia triunfante, como en Colombia, y la Iglesia menguada, como en México, se enfrentaron al siglo XX de maneras diversas.

Entre la tradición y la reforma

La aparición de la cuestión social, la sociedad de masas y el desafío del comunismo marcaron las actitudes de la Iglesia católica durante el siglo XX.

Una nueva generación de obispos y sacerdotes se enfrentó a la amenaza comunista mediante asociaciones que buscaban el bienestar de los trabajadores para alejarlos de la aventura revolucionaria. Otros, por el contrario, buscaron en los valores tradicionales de la familia y la propiedad el antídoto contra la doctrina comunista, y vieron en el fascismo y sus derivados la forma perfecta para conservar la fe y de paso el orden político que los había favorecido.

Esas dos visiones sobre el  papel de la Iglesia permitió que varios obispos, como monseñor Romero en el Salvador, Paulo Arns en Brasil, o Raúl Silva Henríquez en Chile fueran defensores destacados de los derechos humanos y denunciaran las atrocidades de las   dictaduras. Esos obispos se erigieron entonces como las únicas figuras que podían denunciar y hacer oposición a los desmanes de los poderosos en sus respectivos países.

Se dieron mezclas entre lo africano, europeo y americano, de manera que el catolicismo en América Latina adquirió  una identidad propia.

En Argentina, salvo el obispo de Salta, todos estuvieron de acuerdo con la Junta Militar de Gobierno y no condenaron sus métodos brutales para mantener el orden, e incluso algunos sacerdotes fueron cómplices de las violaciones masivas de los derechos humanos.

Una Iglesia polifacética

Esta Iglesia, de la que proviene el papa Francisco, es la que nos muestra el libro de Lynch. Una Iglesia que durante mucho tiempo trató de mantener sus prerrogativas, lo cual la llevó a alianzas no muy santas con el poder político en los Estados de la región; la misma Iglesia que no acepta la diversidad sexual, que condena el aborto y que cierra filas contra las nuevas formas de la familia

Sin embargo, la latinoamericana también es la Iglesia del compromiso con los pobres de monseñor Romero, de la defensa de los derechos humanos y la búsqueda de la paz. En suma, Lynch muestra que la Iglesia en el continente no es un monolito, sino que tiene profundas divisiones de las que, al parecer, y debido a la crisis que enfrenta, han salido como ganadores los aperturistas.

Las recientes declaraciones de Francisco llevan a pensar que la Iglesia ha dado unos pasos tímidos hacia un diálogo con el mundo, y dejar el lenguaje de condena hacia la homosexualidad es una muestra de ello.

¿Se inclinará el papa Francisco a ser un “papa de los derechos”? Todavía es temprano para decirlo, pero el libro de Lynch puede dar pistas para hacerse un juicio.  
 

* Licenciado en Filosofía y letras de la Universidad Santo Tomás de Bogotá. Abogado y Especialista en Derecho Constitucional de la Universidad Nacional de Colombia. Candidato a doctor en Derecho por la Universidad del Rosario. Profesor de Teoría del Derecho de la Universidad del Rosario.

@cecastillos

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Comentarios  

Silvio Medina
+1 # Objetividad, la carta de presentación más respetable.Silvio Medina 09-11-2014 10:01
Permítame presentarle mi admiración por este reporte. Me agrada como aborda el tema de la religiosidad y sus efectos en nuestra colectividad Latinoamericana sin incurrir en especulaciones ni en sensacionalismo s. La reseña histórica y el marco teórico reflejan destreza en el tema tratado. Igualmente, se exalta lo positivo de esta institución, creando un balance de criterios. Finalmente, se muestra que el poder corrompe hasta la causa más noble, sirviéndonos como una alarma sobre los peligros de la omnipotencia a nivel institucional o dictatorial.
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