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¿Por la tierra o por el territorio?

(Tiempo estimado: 5 - 10 minutos)

Río Martha Brae en la costa norte de Jamaica.

Tatiana Alfonso SierraEl caso de una comunidad esclavizada en Jamaica demuestra que la lucha de los pueblos se hace por los territorios sobre los cuales se han construido significados culturales profundos, más que por la sola tierra.

Tatiana Alfonso Sierra*

Martha Brae's Two Histories. European Expansion and Caribbean Culture-Building in Jamaica
Jean Besson
Chapel Hill: The University of North Carolina Press.
2002.

Un caso de estudio

Este libo de Jean Besson analiza el proceso de conversión de los antiguos esclavos en un poblado jamaiquino en comunidades campesinas con acceso a tierras familiares a finales del siglo XVIII.

El libro se inserta en los estudios y debates sobre campesinos en el Caribe, donde la esclavitud y su abolición fueron hitos fundamentales para explicar los mecanismos de  exclusión de los esclavos de origen africano, así como sus procesos de resistencia.

Besson escoge una zona de la colonia inglesa de Jamaica llamada Trelawny, que para mediados del siglo XVIII estaba siendo convertida en plantación azucarera. De acuerdo con la autora, Trelawny se formó a partir de familias plantadoras y de redes comerciales de intercambio de esclavos. La densidad de estas redes fortaleció el monopolio de poder de la clase plantadora y consolidó su base territorial a costa de tensiones con  la clase plantadora. Dada la vocación azucarera de Trelawny su capital- el poblado de Martha Brae – pasó a ser un  puerto esclavista importante.

Trelawny era una zona próspera y también el escenario de un gran movimiento de esclavos fugitivos (cimarrones) que presionaban a los plantadores. Poco antes de la mitad del siglo XVIII y para poner fin a las revueltas, los ingleses firmaron un tratado con los cimarrones y acordaron concederles la libertad y el acceso a la tierra.

Tierra familiar

Falmouth, capital de la Parroquia de Trelawny en Jamaica, en 1850.
Falmouth, capital de la Parroquia de Trelawny en Jamaica, en 1850.
Foto: Wikimedia Commons

Ese acceso a la tierra se daba sin embargo en un contexto de escasez dadas las grandes extensiones que los ingleses utilizaban para el azúcar. Por esa razón les concedieron a los cimarrones una forma de tenencia colectiva de la tierra que los agrupara en familias y evitara su uso individual: la tierra familiar (family land).

A diferencia de la propiedad vitalicia de los ingleses, la tierra familiar reconocía una forma tradicional de organización colectiva sobre predios pequeños. La tierra era (es) inalienable,  un bien fuera del mercado y transmisible solo por línea sucesoria respaldada por tradiciones orales. Los herederos se definían a partir de líneas de descendencia irrestrictas, donde regía  un concepto amplio de familia y se eliminaban los principios de primogenitura o exclusividad matrilineal o patrilineal que imperaban en el sistema de plantación. La tierra familiar venía a ser entonces  la dimensión espacial que reflejaba la identidad de la familia y su continuidad.

La tierra familiar venía a ser la dimensión espacial que reflejaba la identidad de la familia y su continuidad. 

La propiedad familiar no estaba destinada al uso comercial sino a proveer la subsistencia para la familia de antiguos esclavos. La institución era una forma de superar la escasez de tierra para los nuevos liberados en Trewlany, evitando su parcelación individual. Originalmente esta institución impedía que los antiguos esclavos emprendieran actividades comerciales que produjesen utilidades económicas y facilitaban su re-ubicación en las comunidades que compartían un territorio.

Sin embargo y de acuerdo con Besson, la institución de la tierra familiar fue usada ingeniosamente por los antiguos esclavos para protegerse de despojos y de la influencia de los antiguos esclavizadores, al excluir la posibilidad de que algunos individuos  se apropiarar de los terrenos colectivos.

De cimarrones a campesinos

Para Besson, las invasiones a las zonas de plantación marcaron el proceso de transformación de los cimarrones en campesinos. De acuerdo con la autora, la lectura tradicional de este proceso afirma que fue una imposición de los ingleses sobre la población esclavizada, pero  su propio análisis histórico establece que los pobladores de Martha Brae pasaron de ser esclavos sin acceso a la tierra a ser poblados libres y comunidades con un espacio para recrear y reconstruir su historia familiar y cultural.

En ese sentido, para Besson, la historia de la tierra de familia es en realidad el resultado de una forma de resistencia de los cimarrones frente al sistema de plantación.

En Martha Brae, el proceso de “campesinización” fue una respuesta a la economía de plantación en general y el acceso a la tierra fue un elemento central en dicho proceso. Para Besson, las formaciones campesinas posteriores a la esclavitud son respuestas creativas a los sistemas de plantación.

En el Caribe, la búsqueda de autonomía de los esclavos estuvo presente en varias formas de oposición y resistencia tales como las rebeliones, las revoluciones y el cimarronaje. El cimarronaje muchas veces es visto como una respuesta radical a la esclavitud mientras que los procesos proto-campesinos son leídos como formas sutiles de transición porque comienzan a desarrollarse dentro de las restricciones de las sociedades y los contextos esclavistas.

En muchos análisis, los procesos de “campesinización” son vistos como estrategias de los plantadores para aliviar su responsabilidad de alimentar a los esclavos, en las que asignan a sus esclavos tierra apta solo para cultivos para la subsistencia. Besson, en cambio, enfatiza que estos procesos proto-campesinos dan lugar a la apropiación y uso de las instituciones europeas de control para el beneficio propio y la liberación de las personas esclavizadas.

Un caso distinto

Falmouth, capital de la Parroquia de Trelawny en Jamaica, en 1850.
Falmouth, capital de la Parroquia de Trelawny en Jamaica, en 1850.
Foto: Wikimedia Commons

En primer lugar, dice Besson, la institución de la tierra familiar representa una resistencia al sistema de plantación como imposición de la forma de vida. Apoyándose en las concepciones de Trouillot sobre prácticas campesinas, Besson recupera la idea de las prácticas colectivas como formas de acceder a recursos escasos por medio de la exclusión de aquellos que no pertenecen a un grupo dominante.

Para el caso de las personas esclavizadas, Besson muestra cómo la categoría “esclavo” le arranca a la persona su historia y lazos familiares, mientras que el acceso a la tierra familiar les ofrecía la posibilidad de reconstruir su historia y lazos familiares alrededor del uso de una tierra común para su subsistencia.

El uso de la tierra familiar por parte de antiguos esclavos asentados en Martha Brae les permitió reconstruir y reescribir su historia como comunidades rurales –ya no individuos aislados y esclavizados-, y diferenciarse así de la clase plantadora.

En segundo lugar, la institución de propiedad colectiva funcionó en la transición como una nueva esfera de protección para antiguos esclavos porque les permitió fijar criterios de exclusión frente a los europeos.

El procedimiento para acceder a la tierra familiar marcó una diferencia práctica que definió las posibilidades de pertenecer a una nueva comunidad campesina y que dejaba por fuera a los sujetos esclavizadores. Con el paso del tiempo, las familias con tierra colectiva fueron ampliando la conformación de las familias, lo que significaba el aumento también de la tierra de la que podían disponer.

Finalmente, en el análisis de Besson, la tierra de familia fue la institución que les permitió a los cimarrones protegerse del mercado –en el que no podían participar exitosamente- y conservar el espacio para recrear su cultura y tradiciones, así como para garantizar su subsistencia. En lugar de convertirse en una forma de aniquilación de la cultura cimarrona, la tierra familiar fue un escudo para la transformación histórica de una población que buscaba sobrevivir y acceder a un recurso que le había sido negado históricamente.

Para Besson, la tierra de familia constituye un ejemplo en el que los esclavos fugitivos y sus descendientes se apropiaron de una institución Europea a través de la cual se les oprimía, y la volcaron a su favor.

Enseñanzas para Colombia

El libro de Besson es relevante para entender los reclamos colectivos sobre la tierra por parte de afrocolombianos, pueblos indígenas y comunidades campesinas en nuestro país. Por un lado, es una investigación que devela el proceso histórico de emergencia de una institución colectiva y que nos ayuda a comprender por qué dicha forma de tenencia de la tierra y de propiedad es una opción viable y adecuada en contextos en los que cierta población ha sido discriminada, excluida y restringida de un bien necesario para su supervivencia social y económica.

En segundo lugar, el proceso histórico que analiza Besson nos ayuda a abandonar el exotismo que muchas veces se aplica a las comunidades rurales y en particular a los grupos étnicos cuando el Estado y la sociedad les exige demostrar una herencia milenaria de diferencia cultural; peor aún, cuando les exige cristalizarse en el tiempo y en el espacio como seres exóticos que por conservarse puros culturalmente, están condenados a la pobreza.

Los pobladores de Martha Brae pasaron de ser esclavos sin acceso a la tierra a ser poblados libres.

En tercer lugar, el análisis de Besson es particularmente relevante para pensar formas de optimizar el acceso a un recurso escaso y preciado para las comunidades rurales tal como es el territorio, y que a diferencia de otras cosas, no se reproduce.

Por último, el análisis de una institución de propiedad colectiva que ha sido creativamente utilizada para el bienestar de poblaciones históricamente excluidas –y que todavía existe en el Caribe anglosajón- debería alimentar nuestra creatividad para seguir pensando cómo hacer de los territorios colectivos en Colombia una fuente de bienestar y riqueza para las comunidades rurales dueñas de ellos.

Cultura y territorio

La cultura y el territorio están siempre relacionados. Muchas veces la dimensión espacial es  indispensable para la construcción de comunidad y de prácticas culturales, sociales y económicas. Pero a  menudo “exotizamos” la relación entre espacio, cultura y subsistencia, olvidando que detrás de esa relación siempre hay  procesos de transformación y adaptación de personas de carne y hueso que luchan por sobrevivir.

La historia del Caribe nos enseña cómo esas transformaciones ayudaron a que las comunidades esclavizadas retaran la esclavitud y afrontaran los retos de la transición. La historia del poblado Martha Brae cuenta cómo lucharon las comunidades cimarronas para ser libres y acceder a la tierra.

 

* Estudiante de doctorado en Sociología de la Universidad de Wisconsin-Madison.

 

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Comentarios  

Sonia
0 # Ms AgroecologiaSonia 31-05-2017 05:10
excelente artículo. La tierra de familia aun persiste por ejemplo en la Isla de Providencia en el Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina
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