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¡Qué difícil es ser mockusiano!

(Tiempo estimado: 2 - 4 minutos)

Francisco ThoumiLos verdes deben generar entre ellos mismos comportamientos coherentes con sus principios. Las elecciones demostraron que aún tienen que trabajar para lograrlo.

Francisco E. Thoumi *

El partido verde ha buscado una forma diferente de hacer política, frente a la tradicional que se estila en Colombia. Los "tres tenores" demostraron en la consulta de hace un par de meses que se podía forjar un consenso a pesar de las diferencias entre ellos y que se respetaban las reglas del juego electoral. La lección que ellos dieron al país fue muy positiva e inspiró la "ola verde" que, aunque poderosa, no resulto ser un tsunami.
Sin duda, los resultados de las elecciones del 30 de mayo fueron frustrantes para muchos de los seguidores de los verdes, quienes confiaron en las encuestas que hablaban de un empate técnico entre Santos y Mockus, y que daban al segundo como ganador en la segunda vuelta. La "ola verde" motivó emocionalmente a muchos colombianos, especialmente a los jóvenes cibernéticos que llegaron a creer que Antanas ya era el nuevo presidente. Muchos de ellos nunca habían sentido deseos de participar en política. En efecto, se ha tildado a los jóvenes de ser apáticos y desconfiados en lo que a la política se refiere, pero la "ola verde" les ofreció una oportunidad y una motivación antes no soñada, que se expresó en fuertes reacciones emotivas. Tal vez el énfasis de Mockus en la repetición de mantras sobre lo sacro de la vida y los fondos públicos contribuyó a generar una alta tensión emocional.

Infortunadamente, algunos de los motivados por la "ola verde" demostraron el día de elecciones que no podían ser consistentes con los principios promovidos por su partido. Hubo muchos reportes de comportamientos agresivos de los verdes en los lugares de votación. Más aún, al saberse los resultados de la elección, en la página oficial de la campaña se atacó groseramente a Santos, lo que generó protestas de varios lectores que enviaron fuertes quejas. Antanas reaccionó rápidamente, de manera coherente con sus principios, borrando de la pagina las frases ofensivas y dando instrucciones: "Recordemos siempre que seremos juzgados por nuestros métodos. Tenemos que seguir dando ejemplo de que la política se puede hacer sin ataques, sin insultos, sin mentiras."

Lo anterior mostró un alto grado de desorganización dentro de la campaña y, por ende, que hubo improvisación alrededor de la misma. Sin embargo, irónicamente se confirmaron las tesis de Mockus según las cuales la cultura es más importante que el contenido de los discursos políticos. El cambio cultural promovido por el candidato es muy difícil de lograr puesto que requiere una fuerte interiorización de los comportamientos cívicos que permiten una mejor convivencia en sociedad. En un movimiento como el partido verde, que creció sorpresiva y rápidamente, estos comportamientos no se asimilaron como debieran, por lo que algunos de los verdes simplemente continuaron comportándose como el resto de la sociedad que presuntamente desean cambiar.

Sin duda Antanas tiene razón. En efecto, aceptar la agenda del partido verde implica experimentar algo parecido a una conversión paradigmática. No se trata solamente de predicar respeto a las normas suponiendo que quien predica las cumple y respeta. Se trata de aceptar que se es parte de la cultura que se desea cambiar, para lo cual se requiere hacer propios cambios sustanciales de comportamiento. Esto no es fácil en una cultura en la que se ha crecido haciendo lo contrario. De ahí que los verdes deban enfrentar dos desafíos: generar entre sus miembros comportamientos coherentes con sus principios, y promover cambios semejantes en el resto de la sociedad. Ojalá logren su cometido.

 *Miembro fundador de Razón Pública. Para ver el perfil del autor, haga clic aquí. 

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