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Las elecciones: reñidas pero aburridas

(Tiempo estimado: 6 - 12 minutos)

Elecciones del 2018.

Hernando Gomez BuendiaSin partidos, sin ideas y sin líderes, las elecciones que vienen son confusas y van a ser muy reñidas. Pero a la gente poco le interesan: ¿a qué se debe esta rara situación, quién ganaría en estas condiciones y cuál sería entonces el futuro de Colombia?

Hernando Gómez Buendía*

Las encuestas, puro ruido

La mayoría de la gente ya escogió sus candidatos al Congreso y a la Presidencia...o al menos eso parecen indicar las dos encuestas sobre las elecciones parlamentarias y las 15 encuestas sobre las presidenciales que han sido divulgadas hasta ahora.

Pero a pesar de las sesudas “interpretaciones” de los medios que contratan las encuestas, estas en realidad no dicen nada. Mejor dicho dicen que:

  • Voto en blanco/ninguno/no sabe/no responde es el gran ganador en casi todas ellas;
  • Las diferencias entre los candidatos o partidos son pequeñas y casi nunca son creíbles (no superan el margen de error);
  • Los punteros para la presidencia (Petro, Fajardo, Vargas) rondan apenas el 20 por ciento, lo cual está lejísimos de augurar una victoria;
  • No son claras las tendencias a ganar o perder seguidores con el paso del tiempo; 
  • Los votos se desplazan de manera “caprichosa” (por ejemplo y según la última encuesta, los de Claudia López habrían ido más a Petro que a Fajardo).         

Peor todavía, las encuestas no miden las dos variables claves en el actual proceso electoral: si habrá mucho o habrá poco voto “de opinión”, y qué tan firmes son las preferencias de los entrevistados.

De modo que en resumen y como dije hace unos días, los encuestadores y los periodistas harían mejor en quedarse calladitos. Y añado ahora que en vez de registrar lo que la gente está pensando, sus especulaciones pueden alterar los resultados al inflar o al desinflar  a un cierto candidato.        

Sin sintonía

Estadísticas.
Estadísticas.  
Foto: NCES

Pero tomadas en conjunto las 17 encuestas sí dicen una cosa: que hay mucha confusión y que la mayoría de la gente no tiene todavía una opinión cristalizada, o no tiene suficiente información, o no tiene interés en los candidatos y sus propuestas de gobierno.

A un mes de las parlamentarias y a tres y medio meses de las presidenciales, las campañas no han logrado despegar y ninguna lista al Congreso ni aspirante a ocupar la Presidencia despierta el entusiasmo que a estas alturas debería despertar.      

Las encuestas no miden las dos variables claves en el actual proceso electoral: si habrá mucho o habrá poco voto “de opinión”, y qué tan firmes son las preferencias de los entrevistados.

Esta falta de sintonía entre los candidatos y el electorado implica que los canales que deberían conectarlos no han operado o no están funcionando eficazmente. Los canales en cuestión son muy diversos:

  • La familia, los amigos, las iglesias, los sindicatos, las redes y los medios contribuyen a encauzar a los votantes a favor (o en contra) de cada candidato.
  • Pero los entes o mecanismos especializados en elecciones y de mayor cobertura son los partidos o movimientos políticos, las ideologías o programas de gobierno, la imagen o carisma del propio candidato y la estrategia de campaña que utilice. Estas cuatro son las fuentes de “señales” poderosas que – retransmitidas a través de los canales anteriores- pueden lograr que un candidato se conecte con los miles o millones de votantes que necesita para ganar las elecciones. 

Sin partidos

Elecciones del 2018.
Elecciones del 2018.  
Foto: Procuraduría General de la Nación

La función mínima de un partido o movimiento político es postular y ayudar a elegir sus candidatos a los cargos públicos. Pero en Colombia renunciaron a la postulación y se limitan a aportar un número cada vez menor de votos.

Los candidatos de un partido de verdad son escogidos por el propio partido y bien sea desde arriba (por el jefe o directorio) o desde abajo (por los militantes debidamente registrados). Así lo habían hecho el Centro Democrático, el Mira y el Polo Democrático, pero esta vez  incluso ellos tres optaron por el voto preferente en el Congreso (solo la FARC y otros cuatro partiditos – Somos, Unión con Fortaleza, Sí se Puede y Colombia Justa Libres- tienen listas cerradas).

Y en cuanto a las presidenciales, el espectáculo ha sido deplorable:

  • El partido que ganó las tres pasadas elecciones (la U) y el coprotagonista de la historia patria (Partido Conservador) sencillamente no pudieron escoger candidato.
  • El fundador y jefe de Cambio Radical se avergonzó y se inscribió por firmas.  
  • No hay consultas a los miembros del partido. Hay tres consultas abiertas al público es decir, donde los adversarios pueden escoger a quién más les convenga. Esto lo hizo el Partido Liberal con candidatas vetadas y votación raquítica, lo harán Petro y Caicedo sin que sirva para nada, y lo hará la derecha para acabar votando por “la que diga Pastrana”.
  • De las encuestas – menos serias aún que esas consultas- echaron mano la Alianza Verde (donde Navarro nunca mostró ganas) y los del kínder de Uribe (donde quedaron  muchas cicatrices).
  • Fajardo no se inscribió por los partidos socios de su “coalición”, sino por firmas que ya había conseguido: más que sumarle sus fuerzas, lo que Robledo y Claudia hicieron fue abandonar la carrera por la presidencia.
  • Y nos quedan los candidatos “cívicos” es decir, los avalados por empresas recolectoras de firmas y con un fraude de hasta el 70 por ciento de las que presentaron a la Registraduría. Con excepción de De la Calle, así llegaron todos los candidatos opcionados, empezando por los tres que encabezan las encuestas.

En estas circunstancias, los partidos quedarán reducidos a ayudar a mover votos es decir, a la eficacia de sus maquinarias. Todo indica que esas maquinarias han sufrido un largo   proceso de desgaste, pero también indica que son fuertes en las regiones y estratos donde el Estado es fuente prioritaria de empleo o de servicios.

La pregunta del millón es qué tanto pesarán esta vez las maquinarias frente al voto “de opinión”. Pero no hay duda de quién tiene las grandes maquinarias (y el apoyo del jefe del Estado): uno a cero.     

Sin ideas

Coalición Colombia.
Coalición Colombia.  
Foto: Flickr Angélica Zambrano

La elección de congresistas siempre ha sido un desierto intelectual, y las presidenciales no se ganan con programas sino ante todo con ideas-fuerza.

Aun así los candidatos están cumpliendo con el rito de presentar sus programas, o sea sus listados de promesas sobre cosas que afectan la vida cotidiana de la gente y sobre las cuales el presidente puede hacer muy poco. Salud, educación, empleo, rebaja de impuestos, corrupción, corridas de toros, delincuencia, medio ambiente, tarifas de los buses, reparto de tierras y otro montón de puntos inconexos que tocan en los foros y “ahondarán” en los debates, y que solo convencen a los ya convencidos o a los muy despistados.

La elección de congresistas siempre ha sido un desierto intelectual, y las presidenciales no se ganan con programas sino ante todo con ideas-fuerza.

Detrás de estos programas lo que de veras pesa son las ideas-fuerza, ideologías o visiones del mundo que apelan al talante moral de los votantes (“conservador” vs. “progresista” o “autoritario” vs. “tolerante”). Las campañas exitosas son aquellas que apelan a estos valores profundos, a menudo inconscientes y cargados de emoción. E infortunadamente hoy está comprobado que el miedo y la rabia son las dos emociones que mueven más votantes.

Ese fue exactamente el papel que la guerra con las FARC cumplió durante muchos años en Colombia, y por eso se creía que el postconflicto iba a ser el tema de estas elecciones. Pero la guerra se acabó hace tiempo y las reformas se quedaron archivadas, así que De la Calle se quedó sin oxígeno y el partido de las FARC tendrá muy pocos votos.     

La paz dejó de ser la agenda de Colombia, y este es el vacío que los otros candidatos “progresistas” están tratando de ocupar con ideas-fuerza que hasta ahora no han logrado imponerse como el tema central de la campaña:   

  • La anti-corrupción, porque ya no es bandera exclusiva de Fajardo y va camino de ser lugar común y mar de babas, y
  • La lucha de clases que se asoma con Petro, pero apenas a medias o con remordimientos.

Y mientras tanto el otro bando tiene la receta comprobada del conservadurismo que no necesita ideas sino miedos: Petro o el Maduro colombiano, el partido de las FARC con su impunidad y su riqueza oculta, el ELN que parece decidido a mantener vivo a Uribe, los gais que amenazan la familia, los venezolanos que nos quitan los empleos y -en estos últimos días- la ola de delincuencia que nos está ahogando. 

En resumen: si las cosas no cambian en cuestión de semanas, la derecha va a quedarse con el voto de opinión. Este sería un gol para quien gane la consulta entre Duque, Ramírez y Ordóñez, pero también un gol para el señor que ya contaba con las maquinarias: dos a cero.    

Y sin líderes          

Candidatos de la derecha, Iván Duque, Marta Lucía Ramírez y Alejandro Ordóñez.
Candidatos de la derecha, Iván Duque, Marta Lucía Ramírez y Alejandro Ordóñez.  
Foto: Conexión Capital

Hay toda clase de teorías infundadas y seminarios costosos sobre cómo ser un líder.

Pero el líder no nace ni se hace. Líder es la persona en quien otras muchas ven reflejadas sus frustraciones y anhelos más profundos, y quien reúne las virtudes y defectos necesarios para creer que él (o excepcionalmente ella) sí podrá realizarlos.

En Colombia tuvimos un gran líder, el que encarnó el odio a las FARC y combinó las virtudes y defectos necesarios para darles duro. Pero antes de eso ese señor fue un estudiante del montón, un empresario dudoso, un manzanillo al servicio de Guerra y de Samper, un senador de provincia y un tipo muy conflictivo.   

El presidente Uribe no nació líder, ni se hizo líder: lo hicieron los colombianos – o para ser precisos: lo hicieron las FARC-. Y lo que sigue a Uribe ha sido la orfandad, una orfandad que cada día se siente más con Santos: el desaparecido.

Lo que de veras pesa son las ideas-fuerza, ideologías o visiones del mundo que apelan al talante moral de los votantes.

Después de ocho años de la pelea edípica entre Santos y Uribe, los candidatos que siguen  son personas comunes y corrientes, mejor dicho funcionarios ambiciosos que han ascendido a punta de bandazos y maromas porque esa es la manera de ascender en Colombia. Podrán ser o parecer “decentes”, capaces o simpáticos, pero ninguno de ellos alcanza a ser un líder.   

Queda la opción del maquillaje, y para eso están los asesores de campaña. A falta de partidos, de ideas y de carisma, la propaganda, los debates oficiales -y muy en especial, la guerra sucia- van a ser decisivos. El que tenga la plata, los asesores más caros y el oído del fiscal podrá marcar entonces el gol de la victoria.       

Con un toque final: que en el Congreso van a quedar los mismos con las mismas (y así, por si faltara, lo dicen las encuestas). O sea que nada va a cambiar en el Estado colombiano: si el nuevo presidente es de derecha porque no lo intentará y si es un progresista porque no lo dejarán.

O en todo caso los poderes verdaderos del país –Sarmiento, Ardila, el Sindicato Antioqueño, el Ejército, los medios, la Embajada, las mafias, los contratistas…- siguen ahí para que no haya dudas. Y por eso, después de tantas vueltas, la mayoría de los colombianos tiene muy poco interés en estas elecciones.        

*Director y editor general de Razón Publica. Para ver el perfil del autor, haga clic aquí.

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Comentarios  

Andres
0 # Si y noAndres 12-02-2018 09:16
El profesor Gómez Buendía peseta el panorama triste de la política colombiana y del pensamiento político del Colombiano. Cuándo llegará el día que tengamos una política madura, clara, firme... Hoy las maquinarias políticas políticas no están determinadas por los partidos políticos tradicionales que tanto daño y confusión nos han dejado, y algo muy triste es que como dice el profesor Gómez no hay un líder con la suficiente fuerza política para que tenga resultados de gobierno.
Que Dios nos guarde de malos gobernantes
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y Griega Winikott C
+5 # Se puede ir más alláy Griega Winikott C 14-02-2018 13:28
Tiene usted razón en muchos puntos que para la mayoría resultan más que evidentes. Sin embargo, creo que el tono es muy desalentador, que invita a todo menos a votar. Al principio el artículo se muestra muy interesante y arranca haciendo un análisis serio, argumentado, y real; pero luego de convierte en una cadena de argumentos negativos y desalentadores.
Muchas sabemos que es así, pero ¿por qué no invitar a que se mire más allá?
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