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Elecciones 2018: ¿qué se hicieron los partidos?

(Tiempo estimado: 5 - 10 minutos)

Elecciones presidenciales.

Yann_BassetDuque tal vez sería un presidente del Centro Democrático y Petro sería un presidente de los sin partido. ¿Hasta dónde es verdad esto, en qué andan y qué les va a pasar a los partidos bajo el próximo gobierno?  

 Yann Basset*

¿Tendremos otro presidente con  partido?

Desde 1998, ningún partido político ha logrado elegir por sí solo al presidente de la República:  

  • En 2002 y en 2006, Álvaro Uribe fue postulado y elegido por un movimiento  ciudadano;    
  • La excepción podría haberse dado en el 2010, cuando el partido de la U postuló al ganador Juan Manuel Santos. Pero aun entonces el papel del partido fue marginal.

La U era y sigue siendo una de las fuerzas políticas menos disciplinadas y no contribuyó mucho a la victoria de Santos. Para advertir este hecho basta comparar los votos que el partido obtuvo en el Senado (25,06 por ciento del total) con los que obtuvo su candidato Santos en primera vuelta (46,67 por ciento): el uribismo (que para entonces se repartía entre distintos partidos) fue la corriente que efectivamente llevó a Santos al poder.

  • En 2014, Santos fue reelegido por una coalición que incluía al Partido de la U, a Cambio Radical y al Partido Liberal (y el apoyo de una parte sustancial de la bancada conservadora).

Y sin embargo las encuestas sugieren que los partidos volverán a ser protagonistas en la elección del próximo presidente: Iván Duque, el más probable ganador, sería el primer presidente “partidista” desde Andrés Pastrana. Pero el caso del Centro Democrático no deja de ser excepcional…por el momento.

Encuentre en RP: El Centro Democrático en vía de rutinización.

Partidos con candidatos, candidatos con partidos

Algunos de los partidos políticos en Colombia.
Algunos de los partidos políticos en Colombia.  
Foto: Consejo Nacional Electoral

Hasta este momento la mayoría de los partidos de cobertura nacional han declarado su apoyo a un candidato, y cuatro de los cinco que encabezan las encuestas cuentan con el respaldo de uno o varios partidos, así: 

  • Por Iván Duque, el Centro Democrático (CD);
  • Por Gustavo Petro, ningún partido con representación propia en el Congreso;
  • Por Sergio Fajardo, la Alianza Verde (AV) y Polo Democrático Alternativo (PDA);
  • Por Germán Vargas,  Cambio Radical (CR) y Partido de la U (PU)
  • Por Humberto de la Calle, el Partido Liberal (PL).

Pero por otro lado es de notar que tres partidos no se hayan pronunciado hasta el momento: Opción Ciudadana (OC), el MIRA y- en especial- el histórico Partido Conservador (PC).

La no-decisión del Partido Conservador

Aunque el PC salió derrotado en las pasadas elecciones legislativas y perdió votos y curules con relación a 2014, los azules siguen siendo una fuerza importante, que atrajo un 12 por ciento de los votos.

Por cercanía ideológica y por la presencia de la ex conservadora Martha Lucía Ramírez como candidata a la vicepresidencia, muchos de los azules se inclinan por Iván Duque. Pero otros miran hacia Germán Vargas, ya sea porque se sienten lejos del uribismo o porque no le perdonan a Ramírez sus duros ataques a la bancada conservadora durante los últimos años.

Hoy, la mayoría de los dirigentes conservadores se sienten cómodos con la decisión que tomó el partido de dejar en libertad a sus militantes. En 2014, las directivas habían adoptado la misma decisión, cuando no lograron decidir entre seguir apoyando a Santos o pasarse a la oposición uribista.

Para la dirigencia conservadora, esta no-decisión es la posición más adecuada, porque evita conflictos internos y permite negociar con cualquiera que gane las presidenciales a cambio de puestos y prebendas después de las elecciones. En el mediano plazo, sin embargo, esa estrategia desdibuja los rasgos o aún la existencia misma del partido.

Según Giovani Sartori, un partido es “cualquier grupo político identificado por una etiqueta oficial que se presenta a las elecciones y puede hacer elegir unos candidatos a cargos públicos”. Partiendo de esta definición minimalista, se supondría que un partido tiene que tomar una posición pública en las elecciones. Por eso, “dejar en libertad” a los simpatizantes del partido en la elección más importante del sistema político suena a capitulación incondicional.

El PC renuncia a lo irrenunciable para un partido y eso difícilmente podrá revertir su tendencia al declive desde hace más de una década.

Le recomendamos: Partido Conservador: negocios, clientelismo y corrupción.

Petro: el candidato de los sin partido

En el otro extremo tendríamos a Gustavo Petro, quien tiene el aval de un movimiento por firmas y de un partido étnico como el MAIS (Movimiento Alternativo Indígena  Social), pero que no ha logrado (y tampoco ha buscado seriamente) el apoyo de ningún partido de cobertura nacional.

A pesar de no tener un partido o unos partidos de apoyo, Petro aparece en todas las encuestas como el más probable rival de Duque en la segunda vuelta electoral.

Más todavía: lejos de ser un obstáculo, esta falta de apoyo partidista parece beneficiar a Petro porque refuerza su posicionamiento anti-élite y anti-sistema, en un contexto marcado por la desconfianza hacia los políticos. Según la última encuesta de Invamer, casi la mitad de la gente que no se identifica con un partido tiene la intención de votar por él.

Puede leer: El ocaso de los partidos.

Los electores no siguen a sus  partidos

Por lo demás, mientras el PC trata de disfrazar su impotencia y sus divisiones, los demás partidos no logran esconder su incapacidad para que los dirigentes regionales y los electores respeten sus decisiones oficiales.

La misma encuesta de Invamer sugiere que solo en dos partidos, más del 50 por ciento de los militantes se inclinan por un mismo candidato:

  • El CD, donde el 87,7 por ciento de se inclina por Duque, y
  • La AV, donde el 54 por ciento (apenas) se inclina por Fajardo.

En los demás partidos, los electores se dividen y, en todos los casos, la mayoría se inclina por un candidato distinto del que el partido apoya oficialmente:

  • Los militantes de CR apoyan más a Duque (34,6 por ciento) que a Vargas (31,75 por ciento);
  • Los militantes del PDA se inclinan más por Petro (46,5 por ciento) e incluso por Duque (28,4 por ciento) que por Fajardo (22,5 por ciento);
  • Los militantes del PU casi en mayoría absoluta van por Petro (¡), y solo un 14 por ciento van por Vargas;
  • Los militantes del PL se irían en un 37,1 por ciento con Petro y solo en un 13,4 por ciento con De la Calle.

Por lo tanto, fuera del CD y de la AV, ningún partido parece capaz de pesar seriamente  sobre la decisión de sus militantes.

Los resultados de la encuesta tienen que tomarse con cautela porque dependen de un muy pequeño número de respuestas. No apenas porque la muestra misma sea pequeña, sino porque gran parte de los encuestados no se identifica con un partido político, incluso entre los que sí tienen la intención de votar en la presidencial.

Legislativas y presidenciales: dos elecciones distintas

Pero aun así, los resultados anteriores no parecen sorprendentes.

La correspondencia entre votos para el Congreso y votos para la Presidencia suele ser muy débil, y debería llevarnos a mirar con cierto escepticismo los ejercicios estadísticos que pretenden anticipar los resultados de la elección presidencial sobre la base de las legislativas.

En realidad, la correspondencia es muy débil porque la lógica del voto es muy distinta entre ambos tipos de elecciones, por muchas razones. Entre otras:

  • En la presidencial, cuenta mucho la personalidad de los candidatos, más allá de la etiqueta partidista. En la legislativa, este factor se diluye entre los centenares de candidatos que compiten por el apoyo de los electores.
  • En la elección presidencial pesan mucho los grandes debates nacionales; en las parlamentarias hay cabida para muchos problemas y controversias regionales o locales.
  • La famosa “maquinaria” —las redes clientelistas que movilizan buena parte del electorado en la legislativa— tiene mucho menos importancia para la presidencial, porque los recursos son menores y porque esta “maquinaria” es difícil de manejar de forma centralizada.

Por lo tanto, la arena natural de los partidos es el Congreso, mientras que su papel en las presidenciales es menos decisivo.

Polarización derecha-izquierda: ¿una nueva política?

Pero esta separación que se ha impuesto en la práctica no es tan obvia en el contexto de polarización entre izquierda y derecha que marca este ciclo electoral.

Por medio de las consultas, las elecciones presidenciales se han acercado sorpresivamente a la lógica de las legislativas. Esto ha tenido el efecto de favorecer a los partidos capaces de identificarse claramente en el espectro derecha-izquierda: el CD y, en menor medida, la AV y el PDA. En cambio han salido castigados los partidos incapaces de hacerlo, como el PU, más en general a los partidos de la coalición santista, con la única excepción de CR.

Los partidos claramente identificables en el espectro derecha-izquierda no solo salen favorecidos porque tuvieron buenos resultados en las parlamentarias sino también porque su perfil reconocible por parte del electorado les permite ser protagonistas en las elecciones presidenciales. Los demás pierden terreno en la legislativa y/o no logran aparecer como actores relevantes en las presidenciales.

Así, este ciclo electoral podría traer un relevo generacional entre los partidos. Si la polarización derecha-izquierda se mantienen como eje principal de los debates políticos con el próximo gobierno (y es una posibilidad probable en caso de victoria de Duque o de Petro, ya que ambos escenarios llevan a un alineamiento mayoría/oposición en el Congreso), entraríamos en un contexto que ofrece incentivos para la reorganización del sistema de partidos en Colombia.

Este contexto favorecería los partidos claramente ubicados a la derecha o a la izquierda y sería adverso a los partidos despolitizados, herederos de los partidos tradicionales, que tendrían que reinventarse en el eje derecha-izquierda si no quieren sufrir deserciones y divisiones.

Este panorama sería prometedor para el CD y ofrecería fuertes incentivos para unificar las fuerzas de izquierda. Las organizaciones que no sepan leer adecuadamente este nuevo contexto, en cambio, corren el riesgo de condenarse a la irrelevancia.

*Profesor de la Universidad del Rosario y director del Observatorio de la Representación Política (ORP).
@ORPoliticaUR

 

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Comentarios  

Jairo Garzón
0 # elecciones 2018Jairo Garzón 13-05-2018 22:30
Señor Yann:
No hay peso determinante de las colectividades políticas, inexplicablemen te su escrito no aborda el tema del verdadero protagonista; el eje que determinó el resultado plebiscitario del SI y el NO.
J.A. Garzón C.
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