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Los personajes del año 2018

(Tiempo estimado: 8 - 15 minutos)

Posesión Iván Duque.

Daniela GarzonEl año de elecciones, de la muerte lenta del acuerdo de paz, de las protestas estudiantiles y de la llegada de un gobierno que ya se ve perdido. ¿Quiénes ganaron protagonismo y quienes lo perdieron? Aquí esta la lista. 

Daniela Garzón*

Los protagonistas

Álvaro Uribe. Basta ver el revuelo que levantan sus trinos para corroborar el poder que sigue teniendo Uribe en la vida política colombiana. Este año volvió a la Casa de Nariño por intermedio de su pupilo, y su influencia está tan viva que los propios funcionarios de Duque siguen confundidos sobre quién es el presidente.

Aunque fue el senador más votado y logró que el Centro Democrático se convirtiera en el primer partido en el Senado, el segundo en Cámara y el ganador sin dificultades de la presidencia, no todo fue color de rosa para el presidente eterno.

En enero, la no-denuncia de la periodista Claudia Morales sobre la violación de la que habría sido víctima apuntó la culpabilidad hacia él, aunque al final el caso quedó en nada porque Morales en su defensa del silencio no reveló el nombre de su agresor. Uribe apenas atinó a decir que él siempre había sido ´decente´ con las mujeres.

Luego vinieron los múltiples procesos judiciales que le adelanta la Corte Suprema de Justicia, el principal de los cuales es el de la Sala penal por falsos testigos -delitos de soborno y fraude procesal-, donde pasó de acusador de Iván Cepeda a  acusado de Cepeda.  

A raíz del llamado a indagatoria de la Corte, Uribe anunció recién posesionado -y aún convaleciente- su renuncia por Twitter pero luego reversó la decisión. Las recusaciones a los magistrados que llevaban el caso y las dilaciones por el cambio de la Sala del proceso aplazaron la indagatoria.

Uribe no ha sido el jefe de bancada que Duque necesitaba en el Congreso. Se convirtió incluso en su aparente opositor a raíz de la propuesta de gravar con IVA la canasta familiar. La preocupación por su pupilo lo llevó a decir que si “Duque no endereza, nos va muy mal” .

Uribe cierra el año con ratones encima y con una imagen desfavorable -del 54 por ciento- mayor que la favorable, lo que ha ocurrido en todas las mediciones Gallup de este año pero no ocurría nunca o casi nunca antes.  

El discurso anti-farc o anti-venezuela que le sirvió para ser la figura más relevante de la política en la historia de Colombia se han ido desgastando: ¿se le estará acabando la gasolina al expresidente? ¿tomará las riendas del gobierno el otro año?

Puede leer: La indagatoria a Uribe: sabemos poco… y mucho.

Iván Duque. El presidente de cualquier país debe ser protagonista de su vida política. Pero la historia de Iván Duque entre la buena suerte y una serie de hechos afortunados -o desafortunados- lo llevó este año de ser un desconocido, a ser “el que dijo Uribe” y el presidente con la mayor votación en la historia, al más impopular de los mandatarios que arrancan su gobierno en los últimos veinte años -le ganó hasta a Pastrana-

La subida vertiginosa en su campaña se dio entre enero -aún no lo conocía nadie - y marzo, cuando barrió en la consulta frente a Ordóñez y Ramírez. De ahí el camino fue casi expedito hacia la Casa de Nariño, con Uribe haciéndole campaña fuera de las grandes tarimas, y él vendiéndose como un buen tipo, que sabe bailar salsa, tocar la guitarra, que no era Petro -y no polarizaba, porque no debatía- y no tenía un pasado oscuro –porque no tenía pasado-

Así ganó con una ventaja de más de tres millones de votos y nos salvó de ser Venezuela, sin duda su máximo logro.  

El vendiéndose como un buen tipo, que no era Petro -y no polarizaba, porque no debatía- y no tenía un pasado oscuro –porque no tenía pasado-

Desde allí ha mostrado que sabe menos de protocolos y de cómo ser un jefe de Estado que lo que sabe sobre éxitos del rock. Los episodios que lo han hecho blanco de burla en titulares y memes comenzaron antes de que posesionara, en España, cuando le trasmitió al Rey los saludos de Uribe e hizo cabecitas en frente de Florentino Pérez y Emilio Butragueño.

Con la promesa de no repartir mermelada, nombró un gabinete entre técnico y del corazón del uribismo que no tiene ninguna representación en el Congreso y ya se encuentra tambaleante. Hoy fracasa su agenda legislativa, su pacto anticorrupción se desvanece y pasa las duras y las maduras para aprobar una Ley de Financiamiento que con suerte recaudará apenas la mitad de lo que necesita para cubrir el hueco fiscal del próximo año.

El que esperaba fuese su ministro estrella, Alberto Carrasquilla, se estrenó enfrentando a sus contradictores y la posibilidad de una moción de censura. Y luego tuvo la brillante idea de gravar con IVA la canasta familiar, una idea que no le gustó ni a Uribe.

No fue fácil para Duque hacerle frente a un paro tan largo como el que le dieron de recepción los estudiantes universitarios. Más de dos meses de marchas lo obligaron a ceder 4,5 billones de pesos en los próximos cuatro años para las instituciones de educación superior. Un gran logro de los estudiantes, pero una situación peligrosa para el presidente porque detrás vendrán las manifestaciones de otros sectores, mucho más poderosos en recursos y capacidad de acción.

A Duque le quedan tres años y medio de mandato y deberá definir rápidamente el rumbo de su gobierno, si no quiere pasar de ser protagonista a ser un extra. Su ausencia y el vacío de poder ya se están sintiendo.

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Gustavo Petro. Petro volvió al Senado estrenando la curul que ahora le corresponde al perdedor de la segunda vuelta presidencial. Con una votación histórica para la izquierda colombiana, hizo que más de uno se asustara.  

En febrero, las encuestas lo mostraban en primer lugar y los medios entre revuelo y susto decían que “picaba en punta”. Luego vino la consulta del 11 de marzo contra sí mismo y 2,8 millones de votos hacían prever que sería el contrincante de Iván Duque en segunda vuelta.

Entre marzo y mayo adelantó una campaña de plazas llenas, agregando a los indignados por la pobreza y la desigualdad y a las nuevas ciudadanías: jóvenes, ambientalistas, animalistas, pro derechos LGBTI, etc. que lo situaron como el candidato ganador en las redes sociales. Pero el fantasma del chavismo, de la crisis de Venezuela y de Maduro jamás se disipó.

Un atentado en su contra recordó los asesinatos de candidatos en campaña de finales de los 80 y principios de los 90.

Pasó la primera vuelta con una estrecha diferencia frente a Sergio Fajardo y en segunda vuelta no pudo debatir. Más de tres millones de votos lo alejaron de la Casa de Nariño.

De regreso al Senado, lo azuzaron de nuevo las multimillonarias multas que la Contraloría de Bogotá y la Superintendencia de Industria y Comercio le han impuesto por la rebaja del pasaje de Transmilenio, la recompra de acciones de la Transportadora de Gas Internacional, el cambio en el sistema de aseo y la compra de camiones de basura cuando fue alcalde de Bogotá.

Las recientes decisiones de la Corte Constitucional sobre la inhabilidad de personas que tienen deudas con el Estado, y del Consejo de Estado, que suspendió provisionalmente las medidas cautelares sobre una de las multas, ponen en entredicho su permanencia en el Congreso, y  trancan su aspiración presidencial de 2022. Como es usual en él, ha intentado movilizar a la ciudadanía frente a lo que considera una persecución política.

Su movimiento Colombia Humana hasta el momento no tiene personería jurídica, de modo que no puede acceder a los derechos que concede el nuevo Estatuto de Oposición.

La cereza que le faltaba a su año se la puso Paloma Valencia, cuando, durante el debate al fiscal Martínez, reveló un vídeo -del que no se conoce fecha exacta- donde  se ve a Petro recibiendo fajos de billetes. Sus explicaciones han sido dubitativas y muchos las han calificado de insuficientes. El abogado Abelardo de la Espriella aseguró que ese dinero provenía del narcotraficante el “Loco Barrera”, pero Barrera lo desmintió.

En todo caso , y aunque es obvio que en todas las campañas políticas se mueve dinero en efectivo, el golpe a la imagen de Petro como adalid de la anticorrupción es evidente.

El antagonista.

Sergio Fajardo y Germán Vargas Lleras.
Sergio Fajardo y Germán Vargas Lleras. 

Néstor Humberto Martínez. El fiscal pasó de ser el personaje del año en 2017 para El Tiempo  porque “nunca como antes, las investigaciones por corrupción tocaron a los más poderosos” a defender su cargo con bullying, chismes y alegando una teoría de conspiración frente al Congreso y la opinión pública. El claro conflicto de interés que tiene para investigar lo relacionado con Odebrecht genera dudas sobre su independencia. 

Cuando ya se creía enterrado el escándalo de Odebrecht, que involucra a la organización Sarmiento Angulo y de la cual Martínez era abogado, la muerte de Jorge Enrique Pizano puso al fiscal bajo los reflectores.

  • grabaciones divulgadas por Noticias Uno mostraron que Pizano, años antes del escándalo, le había informado a Martínez sobre irregularidades en la construcción de la Ruta del Sol II. El fiscal alegó que no tenía certeza de que se estuviesen cometiendo delitos, por lo cual no denunció.

En el debate del Congreso, el vídeo de Petro desvió la atención que había ganado el fiscal. Por ahora el nombramiento de Leonardo Espinosa como fiscal ad-hoc para tres casos en los que Martínez se declaró impedido lo dejan firme en la cabeza de la Fiscalía.

También fueron recurrentes sus encontrones con los miembros de la Justicia Especial de Paz. La captura de Jesús Santrich, el proceso de extradición en veremos, la imputación de cargos a la exsecretaria de la JEP, Marta Lucía Zamora y las desavenencias con Patricia Linares -presidente de la JEP- y otros magistrados de la justicia especial fueron algunos de los hechos donde el fiscal tuvo protagonismo.

La incertidumbre y falta de confianza en sus actuaciones, y sus omisiones, afectan la ya decaída imagen de la justicia.

Los que pasaron a ser extras

Juan Manuel Santos y Humberto de la Calle
Juan Manuel Santos y Humberto de la Calle
Foto: Presidencia de la República

Germán Vargas Lleras. Luego de ocho años de campaña, de ser el más popular de los miembros del gabinete de Santos, y de presentar más de cinco millones de firmas para avalar su candidatura presidencial, Vargas Lleras perdió vergonzosamente la presidencia con menos de 1.500.000 votos en primera vuelta.

Su debacle comenzó luego de que en diciembre de 2016 se publicara el video donde  le propinó un coscorrón a uno de sus guardaespaldas. El mal genio y la arrogancia de Vargas ya eran conocidas y le pasaron factura en otros momentos de la campaña. Nunca recuperó su imagen favorable.

Ni las maquinarias, ni la lista interminable de cuestionados que lo acompañaban, ni su retahíla de “yo hice, yo fui” en cada uno de los debates presidenciales, ni su larga experiencia en el sector público fueron suficientes para un objetivo que tenía desde la cuna: ser presidente.

Ver a cualquier político recibiendo fajos de dinero mina la confianza de los electores

En la segunda vuelta hizo un acuerdo con Iván Duque, pero su presencia pesó muy poco en la victoria del uribismo. Ha intentado volverse la piedra en el zapato del presidente en el Congreso -y su partido, Cambio Radical se declaró en independencia-,pero en su bancada ya no es el que manda más.

Sergio Fajardo. El exalcalde de Medellín pasó de estar muy cerca de la segunda vuelta a ver ballenas en el Pacífico y relegarse del debate público.

Desde que perdió la primera vuelta y anunció su voto en blanco, Fajardo ha perdido gran parte de la relevancia que ganó en compañía de Claudia López en su camino a la presidencia.

Su campaña estuvo marcada por el discurso a favor de la educación -su lema, un presidente profesor- y en contra de la corrupción, pero justo en el año en el que se votó la consulta anticorrupción y se vivió el paro estudiantil más grande de las últimas décadas su liderazgo alrededor de estos temas se notó muy poco.

Cerró el año inaugurando una Escuela de formación política que seguramente le servirá para fortalecer su organización si se lanza de nuevo en 2022.

Humberto de la Calle. El exjefe negociador del proceso de paz tuvo una lánguida despedida de la vida política con su fallida candidatura presidencial.

Con cerca de 400.000 votos, Humberto de la Calle le aplicó los santos óleos al acuerdo de paz como proyecto en la agenda del futuro de Colombia, y confirmó la crisis del otrora glorioso partido liberal.

Endeudado por los costos de la campaña, la única noticia que protagonizó fue la de una vaca con su nombre para saldar las deudas, en la que, dicho sea de paso, le fue mejor que en sus aspiraciones electorales.

Para muchos fue desconcertante que eligiera votar en blanco en la segunda vuelta, cuando era tan amplia la diferencia entre Duque y Petro y era claro que el uribismo estaba descontento con el acuerdo firmado y había amenazado con “hacerlo trizas

Cerró el año alertando sobre los peligros del uso de la pólvora para los niños en su cuenta de Twitter. Sus advertencias son sabias porque él sí que sabe de quemaduras.

Juan Manuel Santos. Desde que recibió el Nobel en diciembre de 2016 estaba de salida.

El expresidente Santos, a diferencia de sus antecesores, no quiso ser un mueble viejo y estorbar. No tuvo ninguna injerencia en las elecciones presidenciales, y aunque la oposición a su gobierno ganó, la derrota no le afectó.

Ya no contaba con un partido político y su popularidad venía en picada años atrás. Tan poco le interesaba la opinión que grabó su propio Roast Yourself Challenge, burlándose de sí mismo con las principales críticas que recibió en sus ocho años de mandato.

Acabando el segundo periodo su imagen favorable creció un poco. Pasó de 23 por ciento en abril de este año, a 35 por ciento en junio.   

Al posesionarse Iván Duque salió del país junto con su familia, y ha preferido dictar clases en Harvard a opinar sobre lo que está sucediendo en Colombia. Ni el reencauche del caso Odebrecht, en el que se vio involucrada la financiación de su campaña, ha hecho que vuelva a ser noticia.

Paradójicamente solo los uribistas lo recuerdan cuando miran el espejo retrovisor y lo culpan de todo lo que Duque no ha podido arreglar.

Puede ver: El fin del gobierno Santos: transiciones, incertidumbre e ingobernabilidad.

*Politóloga y coordinadora editorial de Razón Pública.

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