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Viraje en la política de seguridad: lo que hace y lo que falta

(Tiempo estimado: 5 - 9 minutos)

Kyle JohnsonEl presidente Santos esbozó los elementos de una nueva política de control territorial: inteligencia, cambios en la operabilidad de las tropas, colaboración con la justicia, consolidación en zonas recuperadas, defensa jurídica de los soldados y advertencias frente a la corrupción dentro de las Fuerzas Armadas. Brilla por su ausencia la visión de largo plazo.

Kyle Johnson*

Anuncios y cautelas

El 7 de Agosto se celebró un aniversario más de la Batalla de Boyacá, que selló la garantía de independencia para Colombia y abrió el camino para lograr la de otros países. También se celebró, como es tradicional, el día del Ejército, una oportunidad para que el presidente Santos dirigiera un mensaje solemne a las Fuerzas Armadas y presentara su reforma al ‘esquema de control territorial’ del Estado.

Aunque la nueva política de seguridad se dio a conocer hace ya algo más de dos meses, los hechos ocurridos desde entonces al parecer han demostrado que son necesarios ciertos cambios. Esos ajustes, según el presidente, tienen que ver con cinco componentes:

  • la inteligencia,
  • la operabilidad de las tropas,
  • la colaboración con la justicia,
  • las políticas de consolidación y
  • la situación jurídica de los soldados.

Aunque en algunos aspectos Santos sin duda acierta, otros resultan más problemáticos. En general, la reforma parece demasiado enfocada en el corto plazo, y justamente los ejes de la política que se proyectan a mediano y largo plazo son los más discutibles.

Un primer matiz que se observa en el discurso de Santos es que no habla de poner inmediatamente en marcha los cambios de la política de seguridad. Usa palabras como ‘revisión’ y ‘estudiar’ para referirse a casi todos sus nuevos componentes.

Algunas de las ideas mencionadas ya han sido objeto de estudios detallados, pero aún no se han aplicado. En el discurso que comento se dejó claro que los resultados de estudios y ajustes de la política se harán sentir solo a finales de este año.

La cautela de Santos es entendible: dada un relativo recrudecimiento del conflicto y la situación objetiva y percibida de seguridad en el país, no conviene correr el riesgo de anunciar cambios definitivos que puedan tener efectos no esperados o peor aún, que no produzcan ningún efecto concreto.

Inteligencia

Santos menciona que ‘el enemigo’ –esencialmente las FARC– se esconde cada vez más detrás de la población civil, y por eso es preciso unificar las capacidades de inteligencia, para poder identificar a los guerrilleros.

No se trata de una nueva estrategia de la guerrilla, pero sí hay diferencia en la frecuencia con la cual esos ‘escondidos’ (pisa suaves) llevan a cabo ataques efectivos y muy ofensivos contra la Fuerza Pública, cometidos por una sola o por pocas personas.

La inteligencia puede ayudar a identificar esas personas, y hasta a capturarlas, pero no garantiza su judicialización, como ha mostrado la experiencia con miembros de grupos neo-paramilitares, pues ha habido más de 11.000 capturados en el país, y sólo 1.100 de ellos, o sea el 10 por ciento, han sido judicializados.

Operabilidad de las tropas

Al parecer, los planes incluyen cambios como entrenar pequeños grupos de soldados, estilo operaciones comando, para que se muevan y ataquen a los grupos pequeños de las FARC. Es difícil pensar que una estrategia así funcionará en lugares como el Cauca, Arauca, y Caquetá donde el poder militar y también social está muy fuerte. Si las FARC emboscaran a uno de estos grupitos, podría ser un desastre. En lugares de Meta podría funcionar en ayudar a crear cierta ‘frontera’ que las FARC (o el ERPAC) no pudiera cruzar. Más de eso no se puede esperar.

Esa estrategia puede ser exitosa o no, pero lo importante es que refleja el foco en el corto plazo que domina el discurso del Presidente. Cualquier grupo armado podrá detectar ese cambio y adaptarse probablemente con buen éxito. Con la muy poca probabilidad de negociaciones, hay que pensar en el largo plazo, en como ‘desintensificar’ la guerra, respetando los derechos humanos, el DIH y protegiendo a la población civil. Esta estrategia de operabilidad puede intensificar la guerra en términos de combates y hostigamientos – y con el claro riesgo de desplazamiento forzado y asesinatos. En el cualquier plazo sería problemático.

Colaboración con la justicia

Santos planteó que hacer llegar la justicia a todas partes del territorio Colombia no puede contribuir a desarticular a los grupos armados. Existe un serio problema lógico si adoptamos el punto de vista del presidente: el conflicto armado impide que la justicia funcione como debería en las zonas conflictivas y al mismo tiempo el hecho de que la justicia no funcione allí hace que el conflicto armado se reproduzca y se mantenga.

Incluso, si se lograra que el imperio de la ley llegue a todas partes en Colombia, esto no garantizaría automáticamente la reducción de la intensidad del conflicto. De otra parte, aún si llegara una administración de justicia eficaz, justa y no discriminatoria, este hecho tampoco aseguraría que la gente estableciera relaciones de confianza con ella.

Políticas de consolidación

Se podría decir queexisten en Colombia planes para superar el conflicto y a la vez mejorar la justicia, por lo menos en el nivel local. Son las famosas políticas de consolidación, como el Plan de Consolidación Integral de la Macarena (PCIM).

Santos mencionó estas políticas en su discurso, pero al parecer evitó profundizar en los resultados que han tenido esos planes. El PCIM, por ejemplo, no ha sido propiamente un éxito en varios sentidos:

  • muchas obras de infraestructura han quedado incompletas,
  • los servicios estatales todavía no llegan al campo de manera suficiente,
  • las FARC siguen teniendo una presencia demasiado fuerte, y
  • aunque sí ha habido una disminución de la coca en la zona, el conflicto sigue siendo lo bastante intenso como para condicionar la vida diaria de la mayoría de los habitantes.

Apoyo y advertencia frente a la corrupción

El último componente de los cambios que hay que estudiar o revisar según el Presidente es la situación jurídica de los soldados. Señala correctamente la necesidad de castigar a los militares o policías que cometan crímenes o sean corruptos.

Añadió que no se puede castigar por el sólo hecho que haya abierta una investigación o una acusación en contra de un miembro de la Fuerza Pública. Aunque parezca evidente, este punto fue agregado al discurso teniendo en cuenta el auditorio frente al que hablaba el presidente.

La cruzada necesaria contra la corrupción que el gobierno de Santos ha llevado a cabo también ha tocado a las Fuerzas Armadas, especialmente en cuanto a la colaboración entre miembros de éstas con grupos neo-paramilitares y narcotraficantes.

Esta parte del discurso era para mostrar que Santos sí apoya a las Fuerzas Armadas y las defenderá cuando sea necesario, pero también que está decidido a acabar con la corrupción en su interior. Es un mensaje de apoyo y de advertencia a la vez.

Indicadores de inseguridad y desmovilización

El Presidente mencionó otros dos temas de paso, al parecer no tan esenciales en la estructura del discurso:

  • El primero tiene que ver con los índices de violencia en el país. Aunque reconoció que ha habido un aumento en la extorsión y el secuestro, Santos dijo que ha habido una reducción en homicidios y ‘homicidios colectivos’. Que hay una disminución de homicidios es cierto, pero el segundo tema no es tan claro. Si quiso decir ‘masacres’, el Programa de Derechos Humanos de la Oficina del Vicepresidente señala que ha habido un aumento en las masacres (no hay cifras para homicidios colectivos como tales, pero seguramente si las hubiera, mostrarían un aumento). 
  • El segundo punto se refiere a la política de desmovilización. Los desmovilizados son una fuente importantísima de inteligencia para el Ejército, lo cual puede funcionar bien para la guerra contrainsurgente, pero de ninguna manera desvincula a los desmovilizados de la guerra, a pesar del hecho de que desmovilizarse es una muestra de querer dejar atrás esa vida en el conflicto.

Habría una política para la desmovilización, pero paradójicamente ¡no se conoce una política explícita contra el reclutamiento por parte de los grupos armados ilegales! Y esta es justamente una de las estrategias más importantes para disminuir la intensidad del conflicto: la falta de nuevos reclutas es un factor que contribuye a conducir a los grupos armados a buscar la paz negociada. Esa política es fundamental y debe tener un foco claro en el largo plazo.

Precisamente esa es la crítica central que puede formularse a esta propuesta de reformas de la política de seguridad: su falta de visión de largo plazo. Y ese enfoque en el corto plazo hará que, más temprano que tarde, escuchemos otros anuncios sobre cambios al ‘esquema de control territorial’, pues las FARC ya se habrán adaptado y habrán cambiado su estrategia, como es de esperar de cualquier grupo guerrillero que se respete.

* Politólogo, pasante en la Corporación Nuevo Arco Iris y estudiante de maestría en Ciencia Política de la Universidad de los Andes. 

 

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Comentarios  

DIEGO HERNANA GOMEZ
0 # DIEGO HERNANA GOMEZ 16-08-2011 10:59
Con respecto a las zonas de consolidación en el departamento del Caquetá, amerita hacer un analisis mas profundo y ojala con el apoyo de expertos en el tema, dado que esta estrategia no es evidente en sus resultados en los municipios de San Vicente del Caguan, Cartagena del Chaira, y ahora la Montañita que entra a formar parte de las zonas de consolidacaión, en estos lugares es donde se estan presentando el mayor numero de homicidios, accidentes de minas antipersona y desplazamiento de personas victimas del desplazamiento forzado por la violencia, producto del conlficto armdo interno en la región caqueteña.
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