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¿Cuál ‘ruido de sables’?

(Tiempo estimado: 5 - 9 minutos)

Francisco_Leal_RazonPublica

Francisco-Leal-2012Hay descontento en los cuarteles, pero el análisis de un profundo conocedor del estamento castrense concluye que no hay peligro de golpe. El peligro consiste en que ese ruido paralice a Santos en la búsqueda de la paz mediante políticas de corte social.

Francisco Leal Buitrago*

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Lleras Camargo sentó los principios de la autonomía castrense.    Foto: El Tiempo.

La impronta de la violencia

La violencia ha sido el factor que más ha influido sobre el desarrollo de las instituciones militares en Colombia.

Entre 1946 y 1965 vivimos el período conocido como ‘La Violencia’, en una sociedad polarizada entre liberales y conservadores. El desmadre de ‘La Violencia’ precipitó dos gobiernos militares: el de Rojas Pinilla (1953-1957), inducido por una facción del Partido Conservador con el apoyo del Partido Liberal, y el de la Junta Militar (1957-1958), que sirvió de transición hacia el Frente Nacional (1958-1974), régimen bipartidista que apaciguó el antiguo sectarismo.

A mediados de los años sesenta, tras el fin de ‘La Violencia’, surgió la guerra de guerrillas, rezago del conflicto bipartidista y expresión de la ‘guerra fría’ internacional en territorio colombiano. Esta violencia se ha perpetuado hasta hoy, junto con la del paramilitarismo y otras bandas. 

Autonomía sin políticas

Un efecto positivo del Frente Nacional fue la subordinación formal de los militares al poder civil, hecha posible por su despolitización respecto del bipartidismo. Tal despolitización paradójicamente permitió a los militares ganar una relativa autonomía política, que se reflejó en el manejo independiente del orden público.

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El último ‘ruido de sables’ fue causado por la destitución del general Landazábal Reyes, en 1984. Foto: El Colombiano

El inicio de este extraño arreglo fue el discurso del presidente electo Alberto Lleras Camargo, tras conjurar el intento golpista del 2 de mayo de 1957, hacia el final del gobierno de la Junta Militar. En su afán por aislar a los militares de la influencia partidista, Lleras Camargo sentó los principios de la autonomía castrense, al recalcar que así como ellos no debían intervenir en asuntos de partidos, los políticos tampoco interferirían en materias militares. Pero el celo de su posición doctrinaria liberal fue llevado al extremo, y con el tiempo se volvió un dogma estimulado además por el temor de una intervención militar.

Este planteamiento presidencial debió haber sido el punto de partida de un proceso donde las directrices civiles de la política militar hubieran debido revisarse y actualizarse. Pero eso no se hizo. De ahí el desfase entre la sociedad colombiana que ha cambiado y la inmovilidad de gobiernos sucesivos que les impidió formular políticas militares, en especial ante la expansión del conflicto armado interno.

Ruidos de sables

Como los gobiernos no actualizaron las directrices políticas sobre el papel de los militares, los altos mandos asumieron una función que no les correspondía, y lo hicieron de manera improvisada. Ante la falta de reformas sociales, el resultado neto fue escamotear la solución de los conflictos sociales, al darles tratamiento de desorden público.

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El presidente Uribe (2002-2010) se encontró con un ejército remozado y con más recursos que nunca para llevar a cabo su vendetta contra las FARC. Foto: Presidencia

Tan solo cuando las decisiones militares no encajaban con los intereses de los gobernantes, hubo ‘intervenciones civiles’ puntuales en los asuntos castrenses, incluidas destituciones de oficiales. Se desataban entonces temores golpistas denominados ‘ruido de sables’, expresión copiada de los chilenos. Ejemplos de tales temores fueron los provocados por las destituciones de los generales Ruíz Novoa, en 1965; Pinzón Caicedo, en 1969; Valencia Tovar y Puyana García, en 1975; y Matallana Bermúdez, en 1977. El último ‘ruido de sables’ fue causado por la destitución del general Landazábal Reyes, en 1984. De ahí en adelante, la lejanía del golpe de Rojas Pinilla fue aplacando el temor del “ruido de sables”.

Escalada de las FARC y ayuda gringa

Pero ahí no acabó el problema: transformaciones ocurridas dentro de las instituciones castrenses cambiaron las relaciones entre civiles y militares. El punto crítico se dio con las derrotas de las Fuerzas Armadas a manos de las FARC entre 1996 y 1998. La ayuda militar de Estados Unidos aumentó en esos años, junto con la exigencia de una reforma que pusiera fin a la prolongada ineficacia militar frente al avance de la subversión.

Esa tardía reforma se dio entre 1998 y 2000, empatando al final con el Plan Colombia, originalmente diseñado por los gringos para frenar la expansión de los cultivos de coca. Esta limitación fue abolida tras los sucesos del 11 de septiembre de 2001, que abrieron el espacio para combatir la ‘amenaza narco-terrorista’.

Tras el fiasco de El Caguán (1999-2001), el presidente Uribe (2002-2010) se encontró con un ejército remozado y con más recursos que nunca para llevar a cabo su vendetta contra las FARC: el crecimiento de la Fuerza Pública estaba en plena marcha. Uribe recibió más de 200.000 militares y 110.000 policías; ocho años más tarde entregó 268.000 militares y 158.000 policías (tasas de crecimiento de 34 y 43,6 por ciento, respectivamente) para un total de 426.000 efectivos, cifra solo equiparable con Brasil en América Latina.

Entre polarización y falta de credibilidad

Durante sus ocho años de gobierno, Uribe martilló un mensaje polarizante que atrajo mayorías a su favor: ‘las FARC son la mayor amenaza para la patria y quienes no piensen así son aliados del terrorismo’. Esta polarización caló muy bien entre los militares, pues los situó definitivamente del lado de ‘los buenos’.

Casi sin excepción, y a diferencia de los generales en retiro más antiguos, quienes están en servicio han lidiado con el conflicto armado durante toda su carrera profesional. Por eso conocen mejor las vicisitudes, complejidades y contradicciones de la sociedad, y el caldo de cultivo que ello representa para la subversión y la delincuencia.

Además, a diferencia de antes, las Fuerzas Militares no cuentan con ‘intelectuales orgánicos’ entre los oficiales retirados, que tengan la credibilidad suficiente para adoptar sin reservas sus mensajes polarizantes. Y los civiles militaristas que fungen como tales ante la opinión pública no tienen influencia comparable a la que tienen en los retirados más antiguos. De ahí que el permanente sonsonete de críticas al gobierno por parte de los antiguos retirados no cuente con la fuerza suficiente para revivir el temido ‘ruido de sables’ y menos para inducir un golpe de Estado.

Más de lo mismo

Es lo que acaba de ocurrir tras el escándalo mediático que originó por la filtración de la carta del general retirado Eduardo Santos (¡vaya coincidencia!) criticando al presidente y la respuesta de un mayor retirado al proponer un golpe.

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Con Uribe las fuerzas armadas y de policía crecieron a tasas de 34 y 43,6%, respectivamente), cifra solo equiparable con Brasil en América Latina.

Foto: Presidencia

Con el deslinde de Santos frente a Uribe, desde el inicio de su gobierno se han producido mensajes de militares retirados que critican al presidente. Sólo que ahora, por razón del ‘escándalo’, se conocieron además las declaraciones del presidente de la Asociación Colombiana de Oficiales de las Fuerzas Militares en retiro (ACORE), minimizando lo que calificó como comunicaciones ‘coloquiales’ entre sus colegas.

Aún así, no debe menospreciarse este acontecimiento, estimulado deliberadamente por los mensajes de Uribe en plena orfandad de poder estatal. El efectivo sonsonete mediático de Uribe no tiene fin, aunque Santos puede mostrar mejores resultados puntuales contra las FARC que Uribe – incluidos sus logrados siendo ministro de Defensa (2007-2009) – y ha tenido que lidiar con menos atentados terroristas que su antecesor.

Continuidad del modelo

Pero Santos está en medio de una trampa que él mismo se forjó: su continuismo en el manejo punitivo de la seguridad. Tal continuismo ha contribuido a acrecentar problemas potenciales, como son:

  • el mayor crecimiento relativo de la fuerza militar frente al aumento insuficiente de la fuerza policial para controlar la delincuencia en las ciudades;
  • el ensanche del lastre fiscal debido al crecimiento en gastos militares;
  • el aumento de tropa lisiada con minas quiebrapatas;
  • la contención de promesas sociales y salariales a militares hechas por gobiernos anteriores;
  • las presiones de una derecha recalcitrante para recuperar prebendas del fuero militar recortadas por el gobierno de Uribe.

Pero lo más preocupante de esta situación es, sin duda, la encrucijada del gobierno para afrontar la necesidad de adoptar políticas que induzcan a una paz que ha sido esquiva por mucho tiempo. Buscarla, a la brava, sin brújula alguna, ha prolongado los conflictos, el desangre y la ya emblemática inequidad social en el país.

Sociólogo, Profesor Honorario de las universidades Nacional de Colombia y de Los Andes.

 

 

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Comentarios  

Paola Cobo
+2 # Paola Cobo 04-06-2012 08:39
Dos cosas: 1. En que cabeza cabe que "el aumento de tropa lisiada por minas quiebrapatas" sea culpa de Santos? Aqui se denota claramente la carga ideologica de quien escribe. 2. Como es posible que las Fuerzas Armadas, que en Colombia estan bajo el control civil y que defienden toda la institucionalid ad del pais, incluida la Justicia, el Congreso no se puedan situar del "lado de los buenos" como dice el autor. Entonces que? la situamos del "lado de los malos?" Este dsicurso, antes de ser razonable, "academico" y objetivo, es tambien polarizador. Y esta clarisimo que jamas hubo ruido de sables pues se trato de una discusion de pensionados sobre la oleada de ataques de las Farc incluyendo el atentado contra Londoño. La prensa masiva gusta de armar este tipo de polemicas, que aforunadamente Razon Publica no replica. Esas polemicas son para las Panaderias.
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Eduardo Sáenz Rovner
0 # Eduardo Sáenz Rovner 04-06-2012 16:45
Irónicamente "los intelectuales orgánicos" que extraña el autor no están entre las filas de los militares retirados ¿(hay tantos "intelectuales" entre ellos?) sino que provienen del mundo académico.
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María Clara
-3 # María Clara 09-06-2012 17:41
Cito a Paola Cobo:
se trato de una discusion de pensionados sobre la oleada de ataques de las Farc incluyendo el atentado contra Londoño.


¡Cómo no! En primer lugar, esa discusión empezó mucho antes de que sucedieran los atentados. Por otro lado, ni siquiera se sabe quién fue el autor de los mismos o ¿qué pruebas tiene usted de que fueron las FARC? ¿la opinión de Monseñor Londoño y sus secuaces? Finalmente, la polarización la replican los lectores tergiversando la opinión de los autores de los artículos: cuando el autor dice que para los militares se pudieron sentir del lado de los buenos, lo hace en referencia a la satanización absoluta que hubo de los guerrilleros por parte del gobierno de Uribe. Que "las fuerzas armadas que en Colombia (…) defienden toda institucionalid ad del país, incluida la Justicia, el Congreso…" no es más que una aproximación suya, bastante desfasada por lo demás. No sé qué institución de justicia defiendan los militares más que la que del fuero militar (para blindarlos de sus propios crímenes). Claramente defienden al Congreso por lo cual es una gran cloaca repleta de paramilitares y narcotraficante s con los cuales los militares se han aliado desde hace muchos años. Siendo así las cosas ¿quién podría estar convencido de que las Fuerzas Armadas están bajo el control civil?

A las personas que comentan les interesa Razón Pública por su independencia pero ofrecen opiniones como cualquier lector regular de El Tiempo.
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Armando Suarez
0 # Armando Suarez 10-06-2012 10:35
A ver Maria Clara: se ha comprobado ya por parte de todas las autoridades que alias el negro, miembro de milicias urbanas de las Farc fue el autor de atentado a Londono. 2. A usted como se le ocurre que los colombianos vayan a satanizar a los muchachos de las FArc si acaban de asesinar a una partera a un bebe a dos policias y dejaron gravemente herida a la mujer que trataba de dar a luz. Nah! Eso es otro invento de Londono y sus "secuaces" como dice usted. Yo tambien pienso que los muchachos solo luchan por un futuro mejor para las clases oprimidas y que Londono se hizo ese auto atentado con ayuda de sus secuaces matandose entre ellos ademas de auto enviarse a la clinica y herido gravemente a unos civiles que iban en buseta. Y obvio defender al congreso es defender proseres como Robledo o Ivan Cepeda. Tan solo por eso valdría la pena tener ejercito como Cuba o Venezuela...par a defender a los verdaderos lideres del pueblo. Cuyos discursos estan llenos de propuestas y soluciones innovadoras a nuestros problemas y no de "denuncias" o lgislacion con retrovisor que de tanta utilidad son para los colombianos. Yo al final estoy de acuerdo con usted.
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María
-1 # María 12-06-2012 14:51
Cito a Armando Suarez:
A usted como se le ocurre que los colombianos vayan a satanizar a los muchachos de las FArc si acaban de asesinar a una partera a un bebe a dos policias y dejaron gravemente herida a la mujer que trataba de dar a luz.


¿Usted de verdad cree que historias como esa no hay sobre crímenes cometidos por militares? Aquí todos los agentes armados comenten crímenes atroces, no sólo las FARC o los paramilitares. Recuerde el caso de los niños violados por militares en Arauca, los miles de jóvenes masacrados por soldados de las fuerzas armadas para hacerlos pasar por bajas de la guerrilla, la alianza entre paramilitares y militares para cometer masacres a lo largo y ancho del país, etc. No defiendo a ningún actor armado pero sí creo que a muchos lectores les falta bastante formación política. La gente que polariza las opiniones no sabe ni en dónde está parada, no tiene ni la menor idea de qué tipo de país habita. Entre esos el Sr. Londoño, un defensor más de la monarquía en la que la corona se la disputan entre dos o tres hacendados y narcotraficante s.
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