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Los grandes rasgos

(Tiempo estimado: 3 - 5 minutos)

hernando gomez buendiaEscribo esto porque en estos días Uribe cumple seis años de gobierno. Le quedan otros seis.

Hernando Gómez Buendía*

El mérito mayor de Álvaro Uribe es encarnar, por fin, un proyecto nacional. Después de años, corrijo, décadas, de patria boba, apareció alguien con un mandato claro y abrumadoramente popular: el mandato de acabar con las Farc. La primera elección del caudillo - porque eso es, y a eso se parece- fue su premio por no haber ido a El Caguán. Y su logro más grande, igual, ha sido arrinconar la guerrilla, acabar el secuestro y ponernos a viajar por carretera.

Hay un segundo logro que no es de él pero le ayuda mucho - y por supuesto le ayuda a Colombia-. Es un crecimiento económico como no veíamos desde hace medio siglo, y una holgura fiscal que nos cayó del cielo. El crecimiento se debe a que China disparó el precio de todos los insumos, incluido el petróleo, y eso para nosotros significa mejores ventas e inversión extranjera. La holgura fiscal se debe a la devaluación del dólar, que en estos años disminuyó el peso de la deuda pública en 13 puntos del Producto Bruto.

Meta clara y mucha plata son la receta exacta para dar resultados, y por eso este gobierno es mucho más efectivo que todos los anteriores. Los resultados merecen aplausos y los aplausos refuerzan el poder. También por eso asistimos a una hipertrofia del presidencialismo como no se veía desde los tiempos de Rojas o de Reyes. Uribe está en todas partes, habla de todo y por todo, decide en las cosas grandes y en las cosas más pequeñas, nombra, desnombra, regaña, le sale de frente a todo y mete la nariz en todo.

Hace años que en Colombia no se habla de nada más ni se piensa en nada más: Uribe es la única figura, la única opción y la única esperanza. Es el punto de amarre del poder político porque hacia él convergen el voto de opinión y las maquinarias, la gente de bien y los señores de mal, los 5 ó 6 partidos de bolsillo y los 5 ó 6 cacaos del país. Del poder económico, porque él decide las licitaciones, concede las exenciones para los ricos y cada mes reparte tres millones de cheques entre los pobres. Y del poder cultural porque su nombre es sinónimo de Patria, porque resume nuestra verraquerra o berraquera (pues en esto si hay distintas opiniones)  y porque reclutó a los santos dueños de los medios y de las conciencias de los periodistas.

Los aplausos exaltan y, de paso, ensordecen. Por eso la mayoría de los colombianos  no oye ni quiere oír las notas disonantes ni los desequilibrios en la sinfonía. No se preguntan y odian a quien pregunte si derrotar a las Farc es suficiente propósito nacional y si los medios de Uribe son los más apropiados.

Por eso la inconsciencia o la mala conciencia nacional en torno a los paramilitares y a los parapolíticos. Nada como las marchas multitudinarias del 20 de Julio o el 4 de Febrero contra las motosierras, las cabezas convertidas en balones y la para-barbarie que según cifras oficiales nos ha causado más muertes que la guerrilla. Nada de verdad, ni de castigo ni de reparación para las víctimas después de años de trajinar con una "ley de justicia y paz" que quedó como escrita por algún abogado de Castaño. Y ahora una reforma de la justicia que soborna a los magistrados para que dejen en paz a los congresistas.

Por eso la decisión colectiva de no ver que las instituciones se están desbaratando. La Corte tildada de "terrorista", el Presidente encarado a un rábula de baranda, los congresistas apiñados en la cárcel, las relaciones internacionales manejadas con el hígado, los ministros lenguaraces, los departamentos,  municipios y agencias estatales que tiene algo que ver con algo reemplazadas  por los consejos comunitarios, la Constitución manoseada y el equilibrio de poderes roto. Después de Uribe, el diluvio.

Y todo eso para no decir que en Colombia tenemos tres problemas más graves que las Farc: el narcotráfico, la pobreza de más de la mitad de la gente y la inserción a una economía del saber para la cual no nos estamos preparando.             

Escribo esto porque en estos días Uribe cumple seis años de gobierno. Le quedan otros seis.

 *Director y editor general de Razón Pública. Para ver el perfil del autor, haga clic aquí. 

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