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Uribismo versus Santismo: rivalidad, ruptura e imitación

(Tiempo estimado: 7 - 13 minutos)

Maria_Fernanda_Gonzalez_RazonPublicaEl análisis riguroso de los discursos de Santos y Uribe en la Asamblea de la U revela un curioso contagio recíproco en los recursos retóricos. Uribe, en minoría, quiere razonar; Santos, en mayoría, quiere consolidar.

María Fernanda González Espinosa*

Rivalidad e imitación

El pasado 28 de octubre, los miembros y seguidores del Partido de la U tuvieron la ocasión de escuchar a sus dos líderes naturales. Tras 26 meses de mandato del presidente Santos, la opinión ha sido testigo de la ruptura ideológica, de las diferencias que existen en la manera de hacer política y en la visión de país entre el Uribismo y el Santismo. Ambos llegaron para convencer a su auditorio, cada uno con su estilo. Ambos discursos tuvieron una extensión parecida: Uribe 7.707 palabras y Santos 7.167.


 

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El discurso de Uribe es más cercano a un alegato argumentado, lleno decifras y de preguntas sin respuesta,que inducen al auditorio a reflexionar.
Foto: Partido de la U.

  

Desde la perspectiva del análisis del discurso, en ambos casos prevaleció el “désir mimétique” o deseo de imitar, elemento central en los postulados de la teoría del conflicto del antropólogo René Girard, que puede servir como hilo conductor para intentar desentrañar los fundamentos subyacentes a esta intensa rivalidad política [1].

Ambos líderes políticos invirtieron su léxico; Álvaro Uribe dejó de lado su discurso pasional, omitiendo palabras grandilocuentes como Pueblo y Patria, y presentó una elaborada argumentación sobre los grandes problemas que aquejan a la política colombiana.

Por su parte, el líder del Santismo, caracterizado por su pragmatismo, por ser un hombre de mundo, utilizó un lenguaje metafórico, con múltiples figuras de estilo y cargado de símbolos patrios: pueblo, patria, colombianos, nacional y yo, léxico más propio de la pasión discursiva uribista.

¿Qué diferencias encontramos entre uno y otro discurso? ¿A quién se dirigen Uribe y Santos? ¿Existen realmente dos visiones del mundo que separan el Uribismo del Santismo?

El discurso de Uribe

Una lectura detallada nos permite afirmar que el discurso de Uribe es más cercano a un alegato argumentado, lleno de cifras y de preguntas sin respuesta, que inducen al auditorio a reflexionar y que buscan convencer e influir en sus posiciones.

El discurso del expresidente se encuentra muy lejos de sus famosos Consejos Comunitarios, donde primaba la conexión afectiva con su auditorio. Acá encontramos un expositor que busca la adhesión del auditorio mediante la argumentación.

Uribe toca los grandes temas del debate nacional: el deterioro de la seguridad, la incertidumbre del diálogo con los terroristas, el aumento del número de efectivos de las BACRIM, las dificultades de la política social que, según él, ha crecido en burocracia y retrocedido en resultados, la complejidad del debate sobre la liberalización de las drogas, las inquietudes que surgen de la reforma tributaria, el rechazo y las debilidades del modelo “castro–chavista”, y la desesperanza que causaron las declaraciones de la guerrilla en Oslo, entre otros temas.

El discurso de Uribe es rico en datos. El análisis nos muestra que sus argumentaciones pasan por el uso frecuente de porcentajes para ilustrar por ejemplo los problemas del sector educativo - “Preocupa que el empleo infantil haya crecido en un 39 por ciento, lo que denota fallas en la política integral de escolarización básica” -, o la incertidumbre sobre la capacidad del Estado de contribuir con “la meta mundial de incrementar en un 50 por ciento la oferta de comida en el año 2030”.

Las referencias cuantitativas se hacen no solo en el campo social o económico, también frente a los alcances del gobierno actual: “El gobierno se ha apropiado del 57 por ciento de los medios de comunicación, los demás sufren bozales con púas”.

Los datos porcentuales incluyen también críticas al modelo venezolano: “En efecto, tienen que importar el 70 por ciento de los alimentos, lo que un venezolano compraba en 1998 por 1 bolívar hoy le cuesta 168 bolívares”.

A diferencia del Uribe presidente, muy chauvinista en su discurso [2], el Uribe opositor tiene una mirada abierta hacia el mundo:

  • En el tema de drogas recuerda las recientes medidas tomadas en países como Holanda o cita las dificultades en Portugal: “los pobladores de Portugal horrorizados por la creciente llegada de turistas narco consumidores, piden retroceder la legalización”.
  • Su incredulidad frente al diálogo con las FARC lo lleva incluso a asociar a las guerrillas colombianas con Al-Qaeda: “Toda organización terrorista exhibe justificaciones ideológica. ¿Qué tal que se atenuaran los crímenes de Al-Qaeda en razón de las doctrinas?”

Para calificar su conocido enemigo — “los gobiernos de izquierda” — el ex presidente Uribe retoma el léxico de la intelectualidad francesa para describir a la izquierda latinoamericana actual como “socialistas de caviar”, pero asegura que en este continente se tiene más bien a “los nuevos comunistas”.

La estructura de su discurso nos permite afirmar que Uribe se dirige no al partido, sino al país, a la Nación. Es así como nombra solo tres veces la palabra partido y una sola vez Asamblea de la U.

El discurso es un llamado a la razón, es un discurso universal que busca conquistar adeptos a su causa, la de la Seguridad Democrática. El análisis cuantitativo nos permite ver que las palabras más utilizadas se encuentran en el campo semántico de la guerra: “terrorista”, “FARC”, “crimen”, “impunidad” y “violencia”.

Así mismo, el léxico se refiere a sus doctrinas: “Seguridad y ley” y, finalmente, encontramos también el campo de palabras relacionadas con las banderas del gobierno actual: ¨gobierno”, “Estado”, “paz”, “diálogo¨.

Finalmente, resulta interesante ver cómo la argumentación pasa por el uso de un léxico que induce a la inseguridad o a la desesperanza:

  • “paz con impunidad”;
  • “me duele que el diálogo actual sea más mediático”;
  • “hoy desafortunadamente adquiere más peso el diálogo con los criminales que con los colombianos”;
  • “da tristeza ver la expansión de cargos en el Gobierno central”.

El discurso de Santos

A diferencia de Uribe, el presidente Santos centra su discurso en un auditorio muy concreto: el partido de la U. Santos repite 39 veces Partido de la U. El presidente habla a los asistentes, no al país. Se dirige a los congresistas, a los miembros del partido. A aquellos que necesita para sacar adelante sus proyectos y programas gubernamentales y quienes lo apoyarán en una futura reelección.

Las palabras más utilizadas por Santos son: “Partido”, “ustedes”, “yo”, “todos”, “pueblo”, “estamos”, “Presidente”, “historia”, “Colombia” y “tenemos”. Santos busca enaltecer al auditorio y se dirige hacia él de manera afectiva y engrandeciéndolo:

  • “El Partido de la U le ha cumplido a Colombia” (…);
  • El índice de miseria más bajo de nuestra historia (…)
  • Eso fue posible gracias al Partido de la U (…);
  • gracias al Congreso de la República (…);
  • porque es crédito de ustedes, del Partido de la U, (…);
  • (…) el partido que va a modernizar este país, porque el Partido de la U tiene esos elementos (…).

El discurso Santista se caracteriza por su vocación unificadora. Sobre el partido, afirma: “el Partido de la U ha logrado interpretar el querer del pueblo colombiano” (…) “este ha sido el partido mayoritario (…) y hay que “fortalecerlo cada vez más”.

Santos busca persuadir el auditorio mediante un género deliberativo, es decir, exponiendo facetas o argumentos que se contraponen, pero siempre concluyendo con su punto de vista.

Santos asegura que han mejorado los índices sociales: un millón 200 mil colombianos salieron de la pobreza el año pasado, 674 mil salieron de la pobreza extrema (…) los ingresos de los hogares de los más bajos estratos han aumentado un 20 por ciento” (…) hemos creado más de 2 millones de empleos”.

También abusa de los porcentajes para responder a Uribe y demostrar la bondad de sus programas:

  • “si la muchacha tienen buenas calificaciones se le condona el ciento por ciento de la deuda” (…);
  • terminamos el año pasado con un déficit de 1,9 por ciento, y que este año vamos a terminar en cerca del 1 por ciento. Esa disciplina fiscal, esa responsabilidad en el manejo de la economía es lo que el mundo entero nos está aplaudiendo (…);
  • les imponemos un impuesto equivalente a ese 8 por ciento, que va a destinarse en forma específica al SENA, al ICBF y a la salud”.

Frente a la desmoralización de las Fuerzas Militares afirma: ¨Yo tengo a mi hijo en el Ejército, está de lancero y no hay tal que dizque la tropa está desmoralizada”.


 

Fernanda_Gonzalez_presidentes_Santos

Frente a la desmoralización de las  Fuerzas Militares afirma Santos:  ¨Yo tengo a mi hijo en el Ejército,  está de lancero y no hay tal que  dizque la tropa está desmoralizada”.
Foto: Partido de la U.
  

Santos se jugó la carta de seducir al auditorio refutando las principales críticas de Uribe: “algunos dicen que el gobierno es derrochón… derrochón cuando estamos reduciendo el déficit, cuando estamos reduciendo la deuda, cuando lo que estamos haciendo es atrayendo la inversión (…)”. Frente a la paz, afirma: “Sofismas y falacias: paz con impunidad (…). ¿Quien ha hablado de impunidad?”.

Santos utiliza un discurso donde sobrepone los valores. En el caso de Venezuela, afirma que lo importante es propiciar la tolerancia: “¿Por qué no nos respetamos las diferencias? Yo no me voy a volver un bolivariano revolucionario, ni a usted lo voy a convencer de mi modelo de desarrollo”.

Es importante anotar que, a diferencia de Uribe, los temas menos tratados en su discurso son el diálogo, la violencia, la paz, el terrorismo y la seguridad.

Santos abusa de la pregunta retorica hacia el auditorio. Son preguntas que plantea en su discurso y que él mismo contesta:

  • ¿Y quién tiene activos? Pues lo ricos (…)
  • ¿Y saben qué? En la última reunión del G20 (…)
  • ¿Y eso en qué se traduce? En un costo de capital menor para todos los colombianos;
  • ¿Y qué permitió eso? Que Colombia irrumpiera en la región, que nos eligieran como Secretario General de Unasur (…)
  • ¿Y qué fue lo que hicimos? No hicimos nada diferente, queridos copartidarios, de continuar lo que el gobierno anterior había iniciado (…)
  • ¿Y qué efecto tiene eso? Aumentar de forma considerable el número de personas
  • ¿Cuando he hablado yo de impunidad? En ningún momento (…)”.

Retomando los pasos del hoy presidente francés François Hollande [3], Santos abusa de la anáfora como figura de estilo, para abrir y cerrar su intervención. Iniciando su discurso, insistió en su visión de consenso y de unidad nacional que debe guiar al partido y a su mandato:

  • Yo no vengo a un pugilato (…)
  • Yo no vengo aquí como rufián de esquina (…)
  • Yo no vengo aquí con resentimientos ni odios (…)
  • Yo no vengo aquí con rencores”.

Y, para concluir afirmó:

  • “seguiremos construyendo (…),
  • seguiremos afiliando más familias en el programa de Familias en acción (…)
  • seguiremos el programa de Red Unidos sacando mas familias de la pobreza (…)
  • seguiremos reparando victimas,
  • seguiremos generando más empleo,
  • seguiremos construyendo en infraestructura”.

Contagio mutuo

Santos y Uribe tenían un mismo objetivo: convencer. Pero, curiosamente, cada uno tomó las banderas lexicales del otro.

Tenemos dos visiones de país, que responden a la coyuntura de cada líder político: mientras el Uribismo, que está lejos del poder, necesita convencer y conseguir adeptos a su causa, el Santismo pretende mantener la confianza del pueblo.

Uribe quiere reencarnarse en el pueblo colombiano y el vehículo para lograrlo es a través de su verbo. Por el contrario, Santos debe consolidar la confianza con los colombianos, anticipando las complejidades de la coyuntura política y alimentando un sentimiento de tranquilidad y bienestar.

* Doctora en Ciencia Política de la Universidad de la Sorbona-París, investigadora e integrante del Centro de Estudios del Discurso, Imágenes, Textos y Comunicaciones (CEDITEC), y profesora invitada de la Universidad Nacional de Colombia.

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