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¿Qué hacer con el DAS? Inteligencia, policía y justicia en una democracia

(Tiempo estimado: 5 - 10 minutos)

Armando BorreroDetrás de los abusos y “chuzadas” hay una mala organización de los servicios de inteligencia, que la Ley aprobada en estos días no modifica en nada.

Armando Borrero Mansilla *

¿Quién vigila a los vigilantes?

La inteligencia es el ojo y el oído del Estado. Toda asociación política, y la primera el Estado nacional moderno, tiene el derecho de procurar su seguridad y defenderse en caso de necesidad. Pero el Estado de derecho establece límites tanto al alcance de las funciones estatales de protección de su seguridad, como a las agencias encargadas de llevarlas a cabo.

La pregunta viene desde el tiempo de Roma: ¿Quis custodiet ipsos custodes? Cuando se trata de la función de inteligencia, los límites son siempre fronteras porosas y por eso la cuestión afecta hasta a los Estados más democráticos del mundo. El problema principal del control estatal de los servicios de seguridad es lidiar con una característica inherente a la actividad de inteligencia: el secreto. Cuando muy pocas personas saben lo que se hace y el acceso a la información que obtienen es restringido, la posibilidad del debate público, que es el instrumento por excelencia del control democrático, no existe.

Un grupo pequeño de dirigentes, funcionarios e investigadores puede monopolizar el conocimiento, escoger lo que se suministra, decidir a quién se le suministra y guardar para si elementos de autoprotección o de negociación en los juegos de poder. Es una tendencia que normalmente se puede controlar en las burocracias estatales cuando no manejan información secreta, pero esto es más difícil en los organismos de inteligencia.

En el caso colombiano, un factor adicional enrarece el ambiente. Los conflictos violentos y la existencia de organizaciones privadas con capacidad armada y con poderes económicos inmensos, provocan cercanías indeseables entre éstas y las agencias del Estado encargadas de combatirlas. Quienes normalmente son enemigos pueden justificar su connivencia con el argumento de un enemigo común. En este ambiente, los intereses de dirigentes políticos, burócratas y élites sociales pueden coincidir con los intereses de las organizaciones paraestatales. Dicho de otra manera, un Estado debilitado y una sociedad civil también débil, le abren la puerta a la corrupción y al descontrol.

Inteligencia, policía e investigación criminal.

La inteligencia se dirige a dos campos diferentes de los intereses políticos del Estado. Uno es el campo externo, el de la competencia entre centros de poder reconocidos como interlocutores legítimos, en el cual se acepta hasta la competencia armada. La actividad de inteligencia en este campo es glamorosa. La literatura, el cine y la televisión la exaltan como arena de superhombres, como reino del ingenio y del misterio provocador. La realidad es más prosaica. Pero el imaginario popular es el de héroes al estilo de James Bond.

El campo externo no genera tantas aprensiones como el otro flanco, el campo interno, que se dirige a prevenir atentados contra la seguridad del Estado, con el propósito de evitar la rebelión, la subversión, el terrorismo y la guerra civil. En este campo aparecen tentaciones poderosas para los gobernantes, como vigilar a la oposición así sea legítima, perpetuarse en el poder, o utilizar los servicios secretos para la represión por fuera de la ley.  

La función de policía está relacionada con la justicia. La inteligencia policial previene delitos comunes o, una vez cometidos, realiza investigación criminal para apoyar a la justicia (esta segunda es la función de "policía judicial"). La motivación es la seguridad ciudadana, o seguridad pública, y se busca que las actividades de la población discurran tranquilamente en los planos económicos, sociales y morales. Si bien algunos procedimientos y técnicas son similares, el propósito es muy distinto del que motiva la inteligencia de Estado.

¿Qué es el DAS en Colombia?

"El camello es un caballo diseñado por un comité", reza un chiste viejo entre tecnócratas. En Colombia se le han dado funciones de toda clase al DAS. Se encarga en principio de la seguridad del Estado, pero también hace, junto con la Policía Nacional y el CTI (Cuerpo Técnico de Investigación) de la Fiscalía, labores de investigación criminal. Controla movimientos de ganado, tiene funciones de policía económica - persigue la falsificación de moneda, por ejemplo- hace el control de extranjería y el de inmigración y emigración en aeropuertos y puestos fronterizos terrestres y marítimos, realiza el enlace con INTERPOL, tuvo funciones de protección y escolta de personajes, y en fin, parece más una "policía chiquita" que una verdadera entidad de inteligencia de Estado. En conclusión, pide reforma a gritos para que pueda tener identidad y cumplir las funciones de apoyo a la política externa y de prevención de atentados a la estabilidad institucional del país.

En suma, el DAS repica, carga y reza en la procesión. La acumulación de funciones no implica que gane poder e influencia. Al contrario, pierde influencia en lo fundamental de su deber ser que es darle apoyo al gobierno respectivo para tomar decisiones de política externa, función para la cual no está preparado, para aportar conocimiento útil en el combate contra amenazas de carácter transnacional a la seguridad del Estado y para guardar al mismo de las amenazas ilegales al orden constitucional establecido.

Para tales funciones no se necesita un aparato burocrático grande y pesado, sino una agencia especializada con agentes de perfil alto que se muevan con solvencia en campos del conocimiento necesario para lidiar con fenómenos del estilo del terrorismo en redes, los tráficos ilegales de personas y armas, el fraude financiero en gran escala y otros de esa entidad y tamaño. Que estén familiarizados con la política internacional, con la tecnología de punta en información y con los aspectos técnicos de las amenazas.

¿Qué esperar de la Ley de Inteligencia?

La Ley de Inteligencia y Contrainteligencia que acaba de ser sancionada por el señor Presidente no resuelve los problemas del DAS. Estos tendrán que llegar de la mano de una reforma a fondo del organismo. La Ley, al contrario, subraya la posición subalterna en que ha caído la organización en el conjunto de las agencias de inteligencia.

El DAS, en teoría, es la agencia del Presidente de la República, pero en la "junta de inteligencia conjunta" que establece en la ley, queda supeditado al sector de la defensa nacional. La junta actual no va mucho más allá de la vieja junta de inteligencia nacional, ni del SINAI -sistema nacional de inteligencia- creado en 1995 y que no funcionó por falta de voluntad política. Sube, eso si, el perfil y el poder de la junta, al establecer la ley que las representaciones son indelegables y que la preside el Ministro de Defensa. Pero como a un ministro es difícil prohibirle que delegue, dado el cúmulo de funciones que atiende, se incluye con asiento propio, no por delegación, a uno de sus viceministros, quien la presidirá en ausencia del ministro. ¡O sea! como dicen los gomelos.

Ahora bien, se comprende la primacía del sector defensa en las circunstancias actuales, pero se resiente la institucionalidad civil encargada de interior y justicia. En el SINAI, el Ministerio del Interior era el coordinador. Ahora ni siquiera es invitado una vez por semestre, como sí lo es el Ministerio de Relaciones Exteriores.

El cuadro que puede presentarse es el mismo que se le criticaba a la vieja junta: al no contar la nueva con un organismo técnico que se encargue del análisis y evaluación finales, y de  homogenizar la información que se le suministra a los altos organismos de decisión, la inteligencia seguirá siendo la lista de mercado que siempre ha sido. Acumulado cuantitativo de hechos, chismes e incidentes, pero no acumulado en sentido cualitativo de conocimiento generalizado, prospectivo de tendencias y consejero de cursos de acción.

Habrá que esperar el día feliz en que nuestros legisladores se tomen el trabajo de estudiar experiencias internacionales. Por ejemplo, mirar con detenimiento un sistema como el británico en el cual la información va al Joint Intelligence Committee, encargado de unificar la información que utilizarán el Primer Ministro y el gabinete entero.

Y de las centrales únicas...

¡Líbranos señor! No faltará quien vuelva con el cuento. Si para reformar el DAS se propone una central única de inteligencia, estaría el país cambiando una gripa por una neumonía. Las centrales únicas acumulan tal poder que pueden reemplazar a los gobiernos mismos, como llegó a suceder en más de un país del socialismo real. Además, en una sociedad con factores de corrupción tan grandes como los presentes en Colombia, el narcotráfico el primero, se perdería la posibilidad de control que nace de la variedad de agencias. Porque penetrada una central única, está penetrado todo el sistema.

La solución debe venir de contar con agencias especializadas pero coordinadas y cada una con su blanco adecuado. El DAS dedicado solamente a la inteligencia de Estado. Inteligencia Militar con el sistema que le permita proteger la propia fuerza y planear y conducir operaciones militares. La Policía Nacional con inteligencia sobre la delincuencia común y con la investigación criminal (¿El CTI se justifica? Da para otro artículo!) y el Ministerio de Hacienda con la inteligencia económica y tributaria. Amén.

 *Miembro fundador de Razón Pública. Para ver el perfil del autor, haga clic aquí. 

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