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¿Por qué resultan tan caros los medicamentos?

(Tiempo estimado: 6 - 11 minutos)

Francisco RossiExplicación sorprendente de cómo las estrategias de la industria farmacéutica atentan contra la salud, porque los medicamentos se comercializan como bienes de lujo. En buena hora el gobierno impuso controles sobre 195 medicamentos importantes.

Francisco Rossi*

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Foto: Ministerio de Salud y Protección Social

Razón y no razón

Dos cosas han quedado claras tras el reciente contrapunteo entre el ministro Gaviria y Juan Gossaín sobre los precios de los medicamentos... espero.

La primera: que ambos tienen razón. Gossaín cuando dice que los medicamentos están muy caros y que, en muchos casos, son más caros aquí que en los países ricos. Y el ministro cuando dice que se están dando pasos cuidadosos, pero enérgicos, para regular un mercado complejo, difícil y donde se mueven grandes intereses y poderes. 

Pero no tiene razón ninguno de los dos cuando debaten si todos los medicamentos son más caros en Colombia que en el resto del mundo. Por supuesto que en Colombia hay medicamentos más baratos que en el mundo entero. Y hay medicamentos más caros que en cualquier otro país.

Promedios y extremos

 

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Foto: Pontificia Universidad Católica de Chile 
 

El pasado 25 de julio, el Ministerio de Salud anunció la aplicación de controles — con reducción de precios importantes — sobre 195 medicamentos de alto costo y de alto impacto en el sistema de salud. Reducciones que resultan de comparar lo que se paga en Colombia y lo que se paga en 17 países de referencia, de manera que acabemos pagando el promedio más bajo entre ellos.  El ministerio estima ahorros por más de 300.000 millones de pesos anuales

Pero la media aplicada indica que para 44 principios activos y 240 medicamentos de alto impacto, en 195 productos — el 81 por ciento — los precios efectivamente eran más altos que los de referencia internacional.

Ahora, es preciso distinguir dos asuntos:

· Uno es si en Colombia pagamos más que en el vecindario por los mismos productos. Y la respuesta es que sí, pero con excepciones y variaciones. 

· El otro asunto — realmente importante — es por qué un medicamento puede costar más de un millón de pesos — 1,5 veces el salario mínimo — y hasta la abrumadora suma de 70 millones de pesos mensuales. 

Más allá de preguntar quiénes pueden pagar estas sumas por productos que normalmente no eligen comprar, hay que plantearse la cuestión de si un país puede aguantar precios semejantes.

No fue otra la razón de la emergencia social del 2009 y es una causa fundamental — aunque no única — de la actual crisis del sistema de salud de Colombia. En realidad, es causa de crisis más o menos severas en los sistemas de salud de todo el mundo. 

Salud y lujo

No todos los medicamentos son caros en Colombia. El vilipendiado ibuprofeno — uno de los mejores medicamentos en la historia de la humanidad — cuesta apenas 200 pesos en su versión genérica. Pero hay marcas “prestigiosas” de “prestigiosos” laboratorios, cuyo precio resulta 20 y hasta ¡100! veces mayor que la versión genérica. 

Los medicamentos no deberían tratarse como una mercancía cualquiera. Pero para efectos de fijar su precio, se tratan como si lo fueran. Peor aún: como si fueran una mercancía de lujo.

En los aeropuertos existen tiendas libres de impuestos que venden productos carísimos — sin impuestos, eso sí — para quienes pueden pagarse viajes al exterior. Perfumes o prendas de vestir de diseñadores de “prestigio” o de marcas “reconocidas”.

¿Qué tienen en común estos productos?  Que el costo de producción puede representar menos del 10 por ciento de su precio de venta: las inversiones en publicidad, en empaques, en vendedores, en mercadeo y en un largo etcétera — que incluye un enorme margen de ganancia — explican su precio final.  Definitivamente es mejor negocio venderles a los ricos que a los pobres.

La diferencia es que, en general, nadie está obligado a comprar los productos de lujo.  Al contrario, la decisión de compra pretende demostrar que el dinero le sobra al poseedor de semejante producto. La marca de “prestigio” transfiere el prestigio a su portador.

En cambio, tratándose de un medicamento, quien lo compra no lo escoge ni es libre de decir si no lo compra por estar muy caro. Y esto es válido tanto para un individuo como para todo un sistema de salud (tutelas mediante).  

Eso explica por qué el vendedor invierte grandes sumas para convencer a los médicos — demasiados fáciles de convencer en mi opinión… y es la opinión de un médico, que conste —que sugieran a sus pacientes que solo lo mejor es bueno, que los genéricos son más baratos porque no son de la misma calidad y que las enormes diferencias de precio son diferencias de calidad

Mauricio Gómez — en un reciente reportaje en CM& — mostraba cómo tanto los médicos como los pacientes efectivamente consideran que los genéricos no son iguales a los de marca, que se necesita el doble de la dosis, que se demoran más para actuar, que no sirven.

La estrategia resulta fácil de entender:

· parto de un producto que realmente vale 1 peso;

· me gasto 10 pesos en visitar médicos convenciéndolos de que es lo máximo y de que los genéricos no sirven;

· otros 10 pesos en “lobistas” que defiendan la libertad de precios;

· otros 10 pesos en abogados que busquen mecanismos para evitar la competencia;

· le pongo una marca de prestigio;

· …y lo vendo en 100 pesos. 

Medicamentos más nuevos… y más caros

 

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Foto: Francisco Javier Argel

La fundación IFARMA ha propuesto que no se permita utilizar marcas para los medicamentos, dado que se están aplicando estrategias de mercadeo para bienes de lujo.   Y espero que a estas alturas, todos estemos de acuerdo en que los medicamentos no pueden ser tratados como bienes de lujo.

Un proyecto de ley presentado por el senador y médico Jorge Ballesteros contiene la misma propuesta: proyecto de Ley No 128 de 2009, publicado en la gaceta del congreso No 850 del 4 de septiembre de 2009.

Un análisis — presentado en Colombia por el profesor Huub Schellekens a propósito del debate sobre los productos biotecnológicos — mostraba cómo en 8 productos líderes del mercado, el costo de producción solamente representaba el 2 por ciento del precio final y en el caso del más costoso, menos del 1 por ciento.

Pero el problema de las marcas no es el único y quizás no sea el más importante para explicar el alto precio de los medicamentos.  Lo grave es que los medicamentos más nuevos resultan cada vez más caros y la oferta de la industria se concentra en esos productos novedosos.  En Colombia y en el mundo.

¿Es un fenómeno natural derivado de la tendencia humana a preferir la novedad y a seguir la moda? No parece ser el caso. En realidad, la industria farmacéutica tiene que hacer enormes inversiones en el “lanzamiento” de un producto nuevo — usualmente para reemplazar a otro más antiguo y más barato — lo que supone campañas publicitarias costosísimas.

Campañas que, por supuesto, incluyen viajes de médicos “líderes de opinión” a congresos pretendidamente “científicos”… en Cancún, Hawái, Kuala Lumpur o Ciudad del Cabo. Sumemos comisiones a los vendedores, campañas en medios de comunicación y otro largo etcétera…

No me explico por qué los médicos y los pacientes no nos damos cuenta de que todos esos rubros se cargan al precio final del medicamento.  Recientemente se supo que en muchas ocasiones incluyen sobornos no disfrazados a los médicos… en China, en Alemania y en Italia.   ¿Y en Colombia no? 

Propiedad intelectual y TLC

Según la industria farmacéutica, el alto precio se explica por al altísimo costo y el altísimo riesgo que significan investigar y desarrollar un nuevo medicamento exitoso. Hace 10 años se estimaba en 800 millones de dólares y publicaciones recientes argumentan que puede haberse elevado a 2.000 millones de dólares. 

Análisis serios han dictaminado que la cifra ha sido inflada intencionalmente y que el costo medio está alrededor de los 40 millones de dólares, con extremos entre 20 y 240 millones de dólares.

La realidad es que se trata de una industria que ha desarrollado una enorme capacidad de influencia para moldear los mercados, la ciencia, las legislaciones, las regulaciones y los controles con un solo propósito: maximizar sus ganancias. 

Veamos el caso de las patentes y de la propiedad intelectual, en general. Una patente es un derecho “concedido” por un Estado para ejercer el monopolio temporal sobre un producto. Y tener el monopolio significa poder fijar un precio muy superior al que tendría el producto si existieran los competidores.  

En la gran mayoría de países — incluida Colombia — no se otorgaba patente a los medicamentos porque se pensaba que no eran mercancías ordinarias.  Pero eso cambió desde 1995 con las disposiciones de la Organización Mundial del Comercio (OMC) sobre el libre comercio.  La mayor parte de los medicamentos nuevos están protegidos por patentes en el mundo — y muchos en Colombia — y precisamente son muy caros. 

Pero las cosas se tornaron más graves con motivo de los Tratados de Libre Comercio (TLC): desde 2004, IFARMA, Misión Salud y la Federación Médica Colombiana (Observamed) advirtieron mediante estudios prospectivos que el capítulo de propiedad intelectual de los TLC con Estados Unidos y con la Unión Europea iba a forzar el alza de los precios y que el gasto en medicamentos se elevaría en grandes proporciones.

No nos alegramos de que la historia nos haya dado la razón. Pero tampoco podemos permitir que se olvide o se esconda que la libertad de precios es un efecto directo de los TLC: así se explica que tengamos precios más altos que los países vecinos y aún que los países ricos. 

El “Estudio sobre la Propiedad Intelectual en el Sector Farmacéutico Colombiano” elaborado por Fedesarrollo y la Fundación Santa Fe en 2005 y otra consultoría de Econometría recogieron los argumentos de los grandes laboratorios para eliminar los mecanismos de vigilancia y control.   

Tales argumentos quedaron plasmados normativamente mediante la “desregulación” de la circular 04 de 2006, que coincide curiosamente con el gran salto en los recobros al Fosyga. Pero algunos prefieren atribuirlo a la sentencia 760 de la Corte Constitucional.

Juan Gossaín no necesita elogios. Tampoco Mauricio Gómez. Pero quienes han luchado durante muchos años por facilitar el acceso a los medicamentos valoran muchísimo sus contribuciones para sacar estos temas a la luz.

El Ministro, por su parte, sí los necesita:  no dudo en elogiar las medidas que se han tomado para corregir lo que los fanáticos del libre comercio habían hecho, entendiendo que falta mucho por hacer, pero que se requiere decisión, capacidad  e independencia para llegar hasta donde se ha llegado.

* Director de la Fundación IFARMA.

 

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Comentarios  

Carlos Duque
0 # Carlos Duque 07-08-2013 21:17
El quid del asunto es la bioequivalencia , si en vez de BPM el invima certificará la bioequivalencia de los genéricos, los negocios y usuarios podríamos buscar la mejor relación entre el costo y el beneficio.
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