facebook   twitter   youtube 

Balances 2009: La sombra del acontecimiento y la mecánica política

(Tiempo estimado: 8 - 15 minutos)

ricardo garcia

El año que termina estuvo dominado por la sombra del referendo para volver a elegir al Presidente Uribe. Pero el referendo no se concretó y este no- suceso se tradujo en eventos de mera mecánica política, como la mal llamada “reforma política” y el transfuguismo. El referendo, para peor de cosas, seguirá en el limbo.

Ricardo García Duarte*

La política en Colombia, durante el año que concluye, estuvo dominada por una sombra. La del referendo y la de la reelección. Que juntas, forman la misma silueta. Y lo estuvo de principio a fin. El año comenzó con la idea del referendo para una segunda reelección. Con esa misma idea, termina. Pero sin que efectivamente se materializase el evento. Y sin que probablemente pueda materializarse ya, al menos en los términos previstos por las leyes.

El acontecimiento al que nos referimos es, desde luego, el referendo reeleccionista; el mismo que sin concretarse capturó, sin embargo, la atención de los actores políticos, al tiempo que condicionó sus gestos y sus actitudes, sus omisiones y sus cálculos de oportunidad. Se trató de un acontecimiento que sin tener lugar, puso en marcha el comportamiento de los actores. Como en un insólito y bizarro escenario de personajes controlados pero sin destino definido, les fijó el horizonte incierto de sus intereses, el de sus expectativas. Al hacerlo, también les limitó sus alcances; los de sus metas institucionales, los de sus objetivos de partido; incluso, los de sus inteligencias individuales.

La participación popular estimulada por un referendo podía en principio ensanchar las ambiciones políticas, aupar la competencia y despertar el ánimo de imaginar proyectos. Era lo esperable. Paradójicamente, lo paralizó todo. Primero, porque el hecho no terminaba por cuajar en la realidad, enredado en mil peripecias jurídicas. Y segundo, porque la empresa participativa se agotaba en el futuro árido de una simple perpetuación del gobernante.

Un no-acontecimiento con efectos de postración política

El primer acto para echar a volar la sombra fantasmal de la reelección fue la exitosa recolección de firmas, para darle forma a una iniciativa popular, anclada legítimamente en el mejor espíritu participativo de la Constitución del 91.

El segundo acto convirtió el drama de una apuesta por la reelección, articulado a través de sucesos, en una simple comedia. Después de cuatro millones y medio de firmas, y de su presentación ante el Congreso, todo el mundo vino a percatarse de pronto de un hecho a la vez risible y desconcertante: la pregunta del referendo estaba elementalmente mal formulada. Y lo estaba en un punto decisivo, el del período para el cual se habilitaría la reelección. Errónea formulación que tenía el respaldo de varios millones de ciudadanos, estampado con sus propias firmas; y sin que ya pudiesen hacer nada para corregir el defecto.

Activado el mecanismo legislativo, bajo el impulso imperativo de una iniciativa popular, el proceso no podía sino continuar kafkianamente, con la discusión y aprobación de la propuesta en el Congreso. Sólo que condenando de esa manera a las mayorías parlamentarias, deseosas de seguir la voluntad del gobierno, a caer en el ridículo aprobando la reelección para el 2014, lo que no figuraba en los planes del Príncipe; o a tomar el riesgo de quebrantar las formalidades legales, al modificar el texto suscrito por los ciudadanos, con lo que lo podían afectar irreparablemente de ilegitimidad.

Ante el dilema de meras opciones negativas, las mayorías se decidieron, en primera instancia, por un simple galimatías, pues la Cámara aprobó el período 2014 - 2018, mientras el Senado aprobó el de 2010 - 2014; y en segunda instancia, optaron por la alternativa más resbalosa en términos de legalidad, esto es, la de cambiar dramáticamente las fechas del período que fue respaldado formalmente por la firma de los ciudadanos. Tensión dramática que se desplegó contra las formalidades legales y legislativas, y que no excluyó desde luego el sainete de más de una voltereta ejecutada por quienes tuvieron que cambiar su voto en la nueva plenaria de la Cámara.

Luego de tantos ires y venires -cadena de equivocaciones en las que un yerro era cubierto por otro- el tiempo fue pasando y terminó por agotarse, medido en los términos en los que las propias leyes vigentes lo establecen para que el proceso legislativo concluya y se ponga en ejecución. Como en su momento lo anotó el ex - vicepresidente Humberto de La Calle, el referendo podía morirse más porque se agotaran los tiempos de su trámite, según las costumbres burocráticas del país, que por sus propios vicios legales.

En efecto, al Presidente -por ejemplo- se le acabó el plazo legal para expresar públicamente su intención de ser candidato; por lo cual cuando fuere a pronunciarse, estaría ya trasgrediendo la ley vigente. Peor todavía, y según acaba de hacer notar el ex magistrado Guillermo Mejía, al propio referendo se le podría haber vencido el plazo para ser votado; en efecto, en un derecho de petición ante el Consejo Nacional Electoral, Mejía observa que ya ha transcurrido más de medio año y que sin embargo la Ley de Participación Ciudadana (Ley 134 de 1994) establece en su Artículo 39 que el referendo "debe ser realizado dentro de los seis meses siguientes a la solicitud de su convocatoria".

Los tiempos legales se agotaron; y los reales están por fenecer. Para revivirlos no será suficiente la tesis, -un poco baladronada, un poco falsamente sentenciosa- planteada por el Ministro del Interior, Fabio Valencia Cossio, en el sentido de que la reforma constitucional que nazca del referendo es intemporal, lo que regresaría el orden político al punto cero, desde donde se podrían hacer nacer las cosas de nuevo. Como si pudiese (inconstitucionalmente) ejercer un efecto retroactivo; y como si hacia adelante pudiese alterar órbitas y aspectos no contemplados explícitamente en la reforma.

Las leyes viven y marchan inexorablemente en el tiempo; y este último es vertido formal y rígidamente en el molde de las leyes, bajo la forma de los términos en que se desarrollan los procesos legislativos y constitucionales; todo esto, como una manera de existir en la realidad, y como prenda de garantía y de seguridad jurídica para todos.

Agotados los tiempos para que el referendo se realice antes de las elecciones, como es apenas lo natural; y agotados aquellos que son requeridos para que el Presidente se candidatice, el referendo se ha vuelto completamente incierto -verdadera sombra de un acontecimiento que no alcanza a tener ocurrencia-. Pero que no por ello ha dejado de arrojar efectos sobre los demás hechos del mundo político. De este modo, un no-acontecimiento ha condicionado el alcance de los otros sucesos políticos, reduciéndolos, por lo demás, a la pura mecánica, sin las proyecciones de una reingeniería en el campo político; aquella que necesitaba el sistema de partidos o la que requería con urgencia el vínculo que éstos tienen con la ética pública y con los cuerpos de representación.

Una reforma política sin sanación colectiva

En tal sentido, el gobierno había provocado desde el año pasado (2008) el hundimiento de una reforma que propiciase, con "la silla vacía", el castigo en la representación a los partidos, en cuyas filas hubiese parlamentarios condenados por la parapolítica; forma, esta última, de alianza delictuosa, a través de la cual el crimen organizado y la violencia capturaban una porción considerable de la representación parlamentaria.

Desde el año 2007 quedó claro para todo el mundo que el fenómeno de la parapolítica era una realidad de amplias proporciones que desvalorizaba éticamente al Congreso de La República, al igual que a una buena parte de los partidos (o empresas políticas) pertenecientes a la coalición mayoritaria que sostenía al gobierno.

Desde el 2002, muchos candidatos al Congreso que antes militaron en el liberalismo o en el conservatismo, y que después pasaron a ser miembros de los partidos uribistas, hicieron pactos siniestros, en aras de recomponer hegemonías electorales o representaciones regionales, con los grupos paramilitares; los que por su lado modificaban, a sangre y fuego, los controles territoriales, las hegemonías sociales y la acumulación ilegal de capital, a escala regional.

La consecuencia no era otra distinta que la formación de un nudo perverso entre el crimen y la representación política, que sustituye y deshace simbólicamente el vínculo que une a los representantes con los representados en una democracia. Esta última dejaba de serlo parcialmente aunque profundamente, en términos del imaginario ético que consagra la soberanía política, apoyada en la libertad ciudadana, ahora significativamente desvirtuada.

Se necesitaba, en consecuencia, un gran acto de autocrítica -una especie de sanación-, que a la vez significara una suerte de auto-castigo en la representación política, a fin de restablecer el nudo entre el imaginario ético de la soberanía ciudadana y la realidad material y purificada de la representación parlamentaria.

Dicho acto simbólico de auto-castigo, que debía ser propiciado por el gobierno y por la coalición uribista en el Congreso, fue reemplazado por una reforma política y electoral de alcances mínimos, que trasladó cualquiera posibilidad de castigo político para las calendas indefinidas del futuro; todo ello sin ningún esfuerzo de renovación ética en el presente.

Y que, por otra parte, deja intacto el cuadro actual, en el que se mueven los partidos nuevos surgidos del éxodo de jefes y caciques políticos, migrantes desde unos partidos tradicionales en crisis, hacia el foco atrayente de personalidades o de fenómenos de opinión, como ha sido el caso, en los últimos ocho años, del Presidente Uribe. En cuya figura se han encontrado unidos el apoyo de la opinión y el de los cacicazgos políticos. (Que es una de las principales razones por las que él siempre querrá la reelección: para evitar que, o bien la opinión, o bien los cacicazgos, se desplacen hacia otros fenómenos que pudiesen surgir, en medio de la crisis duradera de los partidos tradicionales).

La consagración del transfuguismo.

La reforma política, la que efectivamente se aprobó sin muchas pretensiones; como sin querer queriendo, fue utilizada más bien como coartada para un propósito subalterno, el de concederle patente al transfuguismo entre los partidos. Que es una figura un tanto deleznable, como lo indica la peyorativa resonancia que transmite el calificativo de tránsfuga, que se le endilga a alguien que cambia de bando de un modo caprichoso o interesado. Pues bien: ese ejercicio político que a veces se hace individualmente, sin mucha defensa por quien lo practica, casi vergonzantemente, adquirió carta de legitimidad, al amparo de una reforma constitucional.

Los sistemas modernos tratan de conjurar este vicio -el de girar como veletas a los impulsos del momento-, con el fin de preservar cierta identidad partidista y no defraudar a los votantes, pues éstos asocian al representante por ellos respaldado con el partido al que éste pertenece. Mientras tanto, en el sistema político colombiano se autoriza esta práctica (así sea de un modo transitorio), como la legalización de una especie de transferencia mercantil en la militancia de unos partidos; los que por otra parte actúan más como una razón social distribuidora de avales para el despliegue de carreras políticas, que como verdaderos proyectos de transformación y de conducción.

Aún inestables y circunstanciales, los partidos de la coalición uribista -aún confederaciones de empresarios, más que comunidades de identidades políticas- giran todavía en torno del destino que les marque la figura presidencial, y de la seguridad que ésta les proporcione para la continuidad en el poder. Por lo que un período de transferencias en el fichaje de los "pases" entre los partidos debía abrirse, así tuviese que emplearse para el efecto la fuerza de una disposición constitucional.

Los partidos más cercanos al Presidente -a la vez uribistas y reeleccionistas-, como el de la "U", necesitaban nutrirse con los refuerzos fugados de los partidos uribistas pero no reeleccionistas, como lo era el Cambio Radical de Vargas Lleras, condenado por lo demás a un descenso abrupto en las encuestas, por causa de sus vacilaciones y de su distanciamiento con respecto a las aspiraciones del Presidente.

Por cierto, este transfuguismo permitido, obedeció -en el marco general de las circunstancias descritas- a una razón aún más específica y prosaica; a saber, la de que una vez escapados del control de su partido, los parlamentarios de Cambio Radical pudiesen libremente votar en términos positivos el referendo reeleccionista en la Cámara. ¡Puros comportamientos de mecánica política, al amparo no de las necesidades del Estado sino de las que imponía ese no-acontecimiento poderoso, como era la simple reelección presidencial!

Mecánica sin dinámica

El mundo de la política -si a éste se le concede una mínima arquitectura de sistema- incluye el orden de la mecánica; es decir, el de los movimientos y contactos entre unos actores y otros, el de la marcha funcional de las instituciones, el de la sola existencia, digamos biológica de los partidos y dirigentes, sin que el propio sistema se mueva y menos se transforme. Claro está que también existe la dimensión termodinámica, la misma que atraviesa el sistema por entero, en sus equilibrios y en sus posibilidades de cambio. Es la energía que orienta la comunicación entre los actores; la que mueve con inteligencia las piezas en sus movimientos mecánicos, y la que permite horizontes de movilización transformadora.

Lo que mostró el año que termina (el 2009) fue un descoyuntamiento entre la mecánica de las piezas y el movimiento de la termodinámica en el sistema. Solo mecánica sin dinámica. Tal vez, no un descoyuntamiento brusco; más bien, un desacoplamiento corrosivo, desapacible y lento, pero efectivo.

Bajo las expectativas suscitadas por una nueva reelección presidencial, las movidas en el juego político (entre los sectores hegemónicos) pasaron a ser retenidas, subalternas, puramente mecánicas, en el sentido de rutinización y de reflejos de conservación, no reflexivos. Mientras tanto, las posibilidades de unas tensiones termodinámicas en el sistema descansaron sólo en el deseo reeleccionista, y en su mecanismo propiciatorio, el referendo. Pero el horizonte de esta pretensión parecía, al mismo tiempo, consumirse en el mero objetivo de perpetuarse a sí mismo; vale decir, en la sola reelección sin proyecto; sin ambición histórica; sólo mecánica del poder.

La tensión que se instalaba en el sistema termodinámico -el referendo- se disolvía sin embargo en la vacuidad de una simple reelección. Un no-acontecimiento que sirvió de motor a una política reducida al solo movimiento mecánico de unas piezas, huérfanas de cualquier dinamismo transformador ¡Un año muy poco glorioso en materia política!

 *Miembro fundador de Razón Pública. Para ver el perfil del autor, haga clic aquí. 

Escribir un comentario

Agradecemos a los investigadores, académicos y profesionales que contribuyen con sus artículos, declaraciones y caricaturas inéditos para ser publicados en la Revista Razón Pública. Los autores son responsables de sus ideas y de la presentación de los hechos en este documento.

“Los comentarios en Razón Pública están sujetos a moderación, (de 8 am a 6pm hora de Colombia) con el fin de garantizar un intercambio de opiniones en tono respetuoso - serán bienvenidas la crítica aguda y la ironía - que enriquezcan el debate y resulten interesantes para lectores y autores.
En consecuencia, no se aceptarán comentarios del siguiente perfil:
1. Que constituyan descalificaciones, ataques o insultos contra los autores o contra otros participantes del foro de comentarios.
2. Que incluyan contenidos, enlaces o nombres de usuarios que razonablemente puedan considerarse insultantes, difamatorios o contrarios a las leyes colombianas.
3. Comentarios sin sentido o repetidos, que serán eliminados sin piedad.

Los comentarios no reflejan necesariamente la opinión de Razón Pública, sino la de los usuarios, únicos responsables de sus propias opiniones.”


Código de seguridad
Refescar

Esta semana en Razonpublica