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Santos, las protestas sociales y el regreso del pueblo

(Tiempo estimado: 6 - 11 minutos)

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Boris SalazarEl presidente Santos abrió la compuerta… y se dejó sorprender por lo que siguió. ¿Será acaso que los campesinos decidieron entrar a la política, para mal del gobierno… y de las FARC?

Boris Salazar*

La sorpresa

El pueblo había sido el gran ausente de la política colombiana en las últimas décadas. Era un recuerdo mítico en la memoria de los mayores. Un recuerdo envuelto en sangre, incendios, saqueos y destrucción. Un recuerdo que no correspondía en realidad al pueblo, sino a todo lo que ocurrió después de que el pueblo fuera eliminado de la política nacional con la eliminación física de su líder el 9 de abril de 1948. Una eliminación que ha durado décadas y que era pensada como definitiva por la indefinible opinión pública. 

Los comentaristas más despiertos se preguntaban por qué en Colombia –con tantas justas causas—el pueblo no se lanzaba a las calles como había ocurrido en los países árabes, en Europa, en Estados Unidos, y estaba ocurriendo en ese momento en el Brasil del progreso y la inclusión. En sus especulaciones había un cierto orgullo por el carácter excéntrico de nuestra democracia electoral: todo podía ocurrir en Colombia, menos que el pueblo saliera las calles a protestar. 

Pero ocurrió y ocurrió en el presente de blogs, vídeos instantáneos, múltiples fuentes de información inmediata, y redes sociales. Empezó en las márgenes del país, o en los centros de la producción de alimentos, en la Colombia campesina que ha sobrevivido a pesar de la guerra irregular, los tratados internacionales, y la falta de una política agraria clara.  

Ocurrió incluso en las regiones más conservadoras del país, donde los políticos tradicionales tenían un dominio férreo de los electores. En Boyacá, en Nariño. O en las regiones de mayor confrontación armada y guerra irregular más cruel, como el Cauca. En las regiones cafeteras largo tiempo desprotegidas por unas instituciones que pertenecen a una elites ineptas.

Y ya había ocurrido en las márgenes del capitalismo salvaje y de la siembra ilegal de coca, en el Catatumbo, que sólo conoce al Estado por la fumigación de los cultivos de coca de los que mal viven una proporción muy alta de sus habitantes.

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Foto: El Turbión 
Manifestantes en el Catatumbo.

Abriendo la caja de Pandora

Después de ocho años de paternalismo despótico - y de varias décadas de violencia y silencio- parecía seguro abrir la caja de Pandora de la protesta y la participación ciudadana. Parecía que la promesa de paz con las FARC, la restitución de tierras, y la reparación que lograra hacerse de las víctimas serían suficientes. 

Pero Santos, sin darse cuenta, había abierto la puerta de la democracia liberal. Había dejado que su reforma de la Educación Superior fuera liquidada por un sorprendente movimiento estudiantil que había ganado las calles y comenzado una conversación que aun no llega a puerto seguro. Y había dejado entrever que la protesta social no sería tratada con tanques, fusiles y represión abierta. 

Más allá de la aceptación de la justeza de las causas del movimiento campesino en la que casi todos concuerdan, el punto era si la democracia colombiana estaba preparada para aceptar que la política podía hacerse en las calles y no en las urnas y a las balas, como había ocurrido en las últimas décadas. 

El idilio inicial se convirtió en conflicto creciente,  y luego, cuando los campesinos y sus aliados no marchaban a casa con la promesa de algunos millones adicionales, en satanización abierta. En una movida cargada de ironía no intencional, los críticos más duros del paro, y hasta el mismo presidente en sus peores momentos, le dieron todo el poder a las FARC y a sus aliados legales. No sólo eran infiltrados. Eran sus instigadores y creadores. Los que movían los hilos de las ruanas detrás de escena. 

La idea es tan antigua que ya no es una idea sino un tic: los campesinos y los más pobres no tienen por qué protestar. Son decentes, resignados, sin voz. Y si llegaran a hacerlo sólo podría ser el resultado de la presión de extraños con agendas políticas inconfesables. Esta vez, para hacer todo más confuso, los extraños eran de izquierda y derecha: las FARC y sus aliados, y Uribe y sus seguidores. 

Mientras las FARC negociaban en La Habana, conducían a los campesinos a la protesta violenta en las carreteras y más tarde en las calles de las ciudades de Colombia. ¿Sería posible que las FARC acorraladas, y a punto de firmar la paz, tuvieran la inmensa capacidad de movilizar a cientos de miles de campesinos por toda la geografía del país? Ni las mismas FARC podían creer en hazaña tan singular. 

No era sólo un problema ideológico o político. Era la imposibilidad de explicar lo que estaba pasando. La falta de un discurso que hiciera inteligible el paso del silencio, la intimidación y la obediencia a la protesta masiva. Peor: ¿Cómo entender el salto de la protesta a la rebeldía social? En los lugares en que la protesta se hizo más fuerte, a pesar del uso tradicional del Escuadrón Móvil Antidisturbios (ESMAD) y hasta del Ejército, había que explicar por qué la energía de  campesinos y ciudadanos no decaía como era previsible en tiempos normales. 

Había que explicar cómo, de los reclamos propios de una democracia liberal, habían saltado al plano incierto y cargado de potencialidad política de la rebeldía popular. Los campesinos que bloqueaban vías o resistían el ataque de las fuerzas del Estado se encontraron, de pronto, ejerciendo un poder momentáneo, descubriendo la posibilidad del poder. 

El propio presidente nunca entendió muy bien lo que estaba pasando. Después de preguntar, en forma casi poética, por la existencia del paro (¿pero de cuál paro hablan?), debió pasar a la conversación imposible con los voceros del movimiento, a la amenaza de militarización, a la militarización, al reconocimiento de problemas tan viejos como la República, y por último a las promesas de nuevas asignaciones presupuestales. 

Y sus silencios eran llenados por la gritería de su ministro de Defensa, empeñado en ser el ministro de propaganda de un régimen distinto al que le correspondió servir. En momentos de tensión, la vieja rutina del policía malo y el policía bueno deja de ser eficaz para tornar peligrosa. ¿Qué es lo que piensa realmente el presidente sobre la protesta social –lo que él no dice o lo que vocifera el ministro de Defensa?   

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Foto: SIG
Encuentro del Presidente Santos, ministros
y representantes de los transportadores
de carga.

Sin palabras

Cuando trató de conversar con los líderes agrarios, Santos no encontró las palabras. Mientras su predecesor gritaba, amenazaba, prometía y firmaba cheques con desparpajo, Santos no lograba terminar sus frases inciertas ante los líderes campesinos de Boyacá. 

Fue un descubrimiento traumático de un pueblo que ya no era el de las entregas de viviendas gratuitas, ni el que asistía, en perfecto orden, a las apariciones públicas en la Costa Atlántica o en otros lugares. Estos campesinos no sonreían y no estaban recibiendo nada. Y no escuchaban promesas. Y tampoco se dejaban intimidar fácilmente. 

El repentino cambio de libreto no sólo afectó al presidente. Las mismas FARC no pueden cantar victoria. A pesar de su obvia participación en las regiones en las que tienen influencia, el movimiento sobrepasó muy rápido los límites estrechos del paternalismo armado. El movimiento agrario ya no era de nadie en particular porque había mutado en forma espontánea hacia el descubrimiento del poder sin la protección de políticos o agrupaciones armadas. 

Santos descubrió que la política no se reduce a la repartición de cuotas burocráticas y a cerrar un acuerdo de paz con las FARC. Y los políticos tradicionales de todas las corrientes vieron que los acontecimientos ya no pasaban por ellos, y que el pueblo no era la masa informe y manipulable que los había ayudado a elegirse durante décadas. 

Pero no son cambios definitivos. Después del carnaval democrático viene el regreso a la dura realidad de un campo empobrecido y sin muchas posibilidades reales en un mundo globalizado, y en un país en el que ni siquiera se usan las medidas capitalistas más obvias  para suavizar la volatilidad de los precios agrícolas. 

Un país sin seguros agrícolas, sin mercados de futuros, sin vías, y sin investigación científica. La voracidad de la clase dominante colombiana ni siquiera le ha permitido ver que su propio futuro está en juego sino realiza reformas urgentes. Pero confían en la elasticidad infinita de las bonanzas mineras, en el cielo de los nuevos minerales estratégicos, y en el acaparamiento de las tierras y del subsuelo en los que se encuentran. 

¿Podrá Santos ver más allá de su reelección y jugar a las reformas estructurales que requiere el país? A pesar de la audacia de su negociación con las FARC, el presidente no ha querido ver que ese es sólo un paso en la transformación de un país que no puede seguir siendo gobernado como lo ha venido siendo en los últimos sesenta años. Su ambigüedad lo ha llevado a la quimera de complacerlos a todos y por esa vía hacia la mortal inacción.  

Ahora le corresponde actuar en una situación que él nunca esperó, pero propició a su manera. El audaz jugador de póker, tiene la oportunidad de devenir el reformador que nunca soñó.  De pronto, en un mundo poco probable, podría ser el presidente que iniciara el camino hacia una paz duradera. 

* Profesor del Departamento de Economía de la Universidad del Valle.

 

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Comentarios  

M. Morales B.
+5 # M. Morales B. 09-09-2013 13:40
Todo parece indicar que el Presidente no ha entendido la importancia, la magnitud y la trascendencia del estallido social que apenas comienza. La forma irresponsable y ligera con la que realineó a sus ministros (que en verdad parecen más viceministros que titulares de una cartera) parece una bofetada al país y a la realidad nacional. Irónico cuando menos que mantenga en la primera fila de su "gabinete para la paz" a un guerrerista e intemperante verbal como el joven mindefensa. Absolutamente increíble que haya "seleccionado" de manera tan equivocada y desafortunada a un minagricultura que tiene todas las de representar mejor a un líder de la antireforma agraria que a quien vaya a liderar el "pacto agrario" -con el que el Presidente cree que va a detener el tsunami que se le puede venir encima en cualquier momento. Inoncebible que persista en mantener al frente de mineducación a una dama que confunde la educación con el comercio y que quiere transformarla en una mercancía, y que prefiera reemplazarla solamente cuando un "paro educactivo" -similar al "tal paro agrario"- se la descabece; ojalá que para entonces se acuerde que en los países de verdad los asuntos de la educación son conducidos con eficacia y visión por personas de trayectoria universitaria y académica. Otro tanto podría decirse de la decisión de dejar los delicados y exigentes asuntos de la salud de los colombianos en manos de un economista cuando en Colombia se sabe que hay salubristas y expertos en salud pública de la más alta competencia. En fin, "amanecerá y veremos" como decían nuestros ancestros.
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Zahira Lorena
+1 # Zahira Lorena 14-09-2013 12:12
El presidente, y en general, la aristocracia, pensaron, que el pueblo y las personas del común, e incluso aquellas a quienes el Estado no ha sido capaz de brindarles las garantías a las cuales tiene derecho, como una educación gratuita y de calidad, así como la prestación de servicios de salud eficientes, etc. nunca, o quizá no por ahora, iban a a tener el valor y ser capaces de reclamar y exigir sus derechos, esto debido en gran medida, por la marcada represión violenta que ha caracterizado a los gobiernos de las últimas décadas... Sin embargo, en mi opinión, como la mayoría de personas que se desenvuelven en la esfera política del país, piensan que con un subsidio o regalando cosas gratis, todo va a mejorar, esta vez, se salió de las manos, y lo que se exigía no eran ya, unas simples monedas, sino por el contrario reformas y cambios de fondo que significaran un cambio positivo. Por otra parte, las declaraciones del presidente a lo largo del desarrollo del paro Agrario, no dejaron más que una concepción de incredulidad e indecisión respecto a las acciones del gobierno, así como de subestimación hacia las necesidades y la organización para salir a protestar, no sólo de los campesinos sino también de los demás sectores que se sumaron a las manifestaciones e incluso de los habitantes de las principales ciudades del país.
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Carolina Conde.
0 # Carolina Conde. 14-09-2013 12:16
¿Cómo criticar a un gobierno que es producto de nosotros? Pedimos un gobierno dispuesto a luchársela por su gente y no que nos ponga a disposición de otros países para tener “Buenas relaciones”, pero ni siquiera nos esforzamos en ser ciudadanos dispuestos a dejar la doble moral en la que un día se apoya el paro y al siguiente se deja todo por un partido, ciudadanos dispuestos a entender la situación y hacer algo al respecto.

Queremos que sean otros quienes apoyen la injusta situación por la que están pasando los campesinos, porque si bien es cierto tanto el Gobierno como las FARC usan todo lo que está pasando como una pantalla para obtener sus fines y calmar a los pocos interesados al respecto y estamos nosotros que para nada estamos marcando la diferencia ya que los apoyamos para tener una razón por marchar, generar caos o por no ir a estudiar, cuando algunos vieron en ellos un problema que ocasionaba más trancones de lo común y les genero sacar más del bolsillo para comprar una libra de arveja.

Hemos permitido que nos engañen con palabras tales como: Democracia, libertad, justicia e igualdad, y en nuestra historia Colombiana, ¿dónde ha estado todo eso? Ya que por el contrario al que piensa y propone diferente se le ha ignorado y en el peor de los casos eliminado.

Y entonces, ¿Que le molesta al gobierno? ¿Un pueblo que está cayendo en cuenta de la farsa que siempre han mantenido? ¿Que por más palabrerías que digan en público ya pocos les creen? ¿Que las protestas de los marginados arruinen su “perfecto mandato”? ¿Que no basta con dar unos cuantos subsidios y viviendas? Pues entonces, vamos a seguir molestando al gobierno, porque no estamos dispuestos a silenciar nunca más y permitir que esta nación “Libre y Democrática” siga bajo las manos de unos farsantes que mucho saben de hablar y poco de hacer. Encontremos en nosotros el cambio que queremos ver en el Gobierno.
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maura
+1 # maura 14-09-2013 17:40
Excelente articulo
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Carolina Conde.
0 # Carolina Conde. 14-09-2013 18:33
¿Cómo criticar a un gobierno que es producto de nosotros? Pedimos un gobierno dispuesto a luchársela por su gente y no que nos ponga a disposición de otros países para tener “Buenas relaciones”, pero ni siquiera nos esforzamos en ser ciudadanos dispuestos a dejar la doble moral en la que un día se apoya el paro y al siguiente se deja todo por un partido, ciudadanos dispuestos a entender la situación y hacer algo al respecto.

Queremos que sean otros quienes apoyen la injusta situación por la que están pasando los campesinos, porque si bien es cierto tanto el Gobierno como las FARC usan todo lo que está pasando como una pantalla para obtener sus fines y calmar a los pocos interesados al respecto y estamos nosotros que para nada estamos marcando la diferencia ya que los apoyamos para tener una razón por marchar, generar caos o por no ir a estudiar, cuando algunos vieron en ellos un problema que ocasionaba más trancones de lo común y les genero sacar más del bolsillo para comprar una libra de arveja.

Hemos permitido que nos engañen con palabras tales como: Democracia, libertad, justicia e igualdad, y en nuestra historia Colombiana, ¿dónde ha estado todo eso? Ya que por el contrario al que piensa y propone diferente se le ha ignorado y en el peor de los casos eliminado.

Y entonces, ¿Que le molesta al gobierno? ¿Un pueblo que está cayendo en cuenta de la farsa que siempre han mantenido? ¿Que por más palabrerías que digan en público ya pocos les creen? ¿Que las protestas de los marginados arruinen su “perfecto mandato”? ¿Que no basta con dar unos cuantos subsidios y viviendas? Pues entonces, vamos a seguir molestando al gobierno, porque no estamos dispuestos a silenciar nunca más y permitir que esta nación “Libre y Demócrata” siga bajo las manos de unos farsantes que mucho saben de hablar y poco de hacer. Encontremos en nosotros el cambio que queremos ver en el Gobierno.
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Zahira Lorena
+1 # Zahira Lorena 14-09-2013 20:16
El articulo, además de ser verídico, demuestra la manera en la cual pensamos muchas personas del común. si bien, los colombianos en general queremos un cambio realmente significativo y que favorezca, no sólo a unos pocos como siempre, sino a la población en general. El hecho de que el gobierno afirme que las protestas eran dirigidas por la guerrilla y algunos partidos políticos o personas de la oposición, demuestra la poca importancia que le da el gobierno a la población, ya que, por ejemplo en el caso de los campesinos, tal como se nombra en el articulo, el gobierno no los cree capaces de organizarse adecuadamente para exigir sus derechos; este tipo de concepciones son lamentables, ya que, para votar y elegir a los políticos y al mismo presidente, la voz del pueblo si es respetada e importante, pero para promover acciones de cambio a profundidad, la respuesta siempre es la misma: "no hay razones justificadas para protestar o exigir cambios, no hay recursos, no hay plata".
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Viviana Salcedo C.
0 # Viviana Salcedo C. 14-09-2013 20:21
No hay que ser un politólogo, o un experto en gobiernos, Estados y políticas, para darse cuenta la forma de desarrollo de las políticas utilizadas para el gobierno de Colombia recaen en el rutinario uso y en las mismas formas de aplicación y aunque año tras año se prometan cambios y nuevas formas de gobierno, se recae en el inconveniente, se recae en la forma de “dominar” más que de gobernar un pueblo, y se recae en la injusticia de los campesinos, de los provincianos; pues son los ciudadanos y los que viven en la capital y principales ciudades los que gozan de beneficios de esa elite que no nos ha dejado de gobernar por muchos años. Es contraproducent e pensar en el hecho de que siempre que se quiera cuestionar las políticas estatales el pueblo resulte callado y oprimido y resulte aceptando “paños de agua tibia”, como se diría por ahí, que sigan aceptando soluciones para el momento, es hasta indignante llegar a pensar en el hecho de que muchas veces las causas de protesta quedan en el olvido por dinero, por unos cuantos ceros de mas, ¿ será el momento de pedir verdaderas soluciones, será el momento de cambiar el rumbo de esta “política, será el momento de que el pueblo sea valorado?
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karen Garzon
0 # karen Garzon 14-09-2013 20:45
Es increiblr ver como el pais ha tenido grandes cambios para protestar y tener que recurrir a salir a las calles a gritar la necesidad tan grande que se tiene es asi como se refleja la caida de la escucha al pueblo y desafortunadame nte Santos hasta no ver una catastrofe como fueron los desastres en varias ciudades no tomo riendas en el asunto, deberia tener mas preocupacion por el pueblo y dejar de pensaro un poco en su propio bien como lo es en su reeleccion.
Somos un pais el cual estamos en busqueda de la paz, por lo tanto debemos prevenir todos estos actos ya que esto ocasiona una inseguridad, desconfianza y una perdida de materias primas, industrias y una alta afectacion en la economia. Somos un pueblo que debe ser escuchado y guiado por una persona que quiera fortalecer al pais en el resto del mundo.
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KAREN GARZON
0 # KAREN GARZON 14-09-2013 21:03
Ea increíble ver que nuestro país halla tomado medidas de protesta para ser escuchados, lo cual hizo que en muchas partes del país salieran a defender los Derechos y su medio de trabajo para sostener su medio económico.
Es así como Santos hasta no ver una catástrofe como la que sucedió, en la perdida de muchos negocios y materias primas que de una u otra manera han sido un factor beneficio para la sociedad.
el pueblo quiere una persona que escuche y no niegue las cosas y que solucione los problemas en un tiempo corto, y de soluciones que ayuden al crecimiento, a la prosperidad del país y no solo de su propio beneficio como lo ha hecho Santos pensando mas en su REELECCIÓN y NO PROFUNDAMENTE EN SUS CIUDADANOS.
Por lo tanto se ha ocasionado una desconfianza, una incredulidad y un pensamiento político que se ha dado perdido por la falta de cumplimiento de la palabra en los últimos años.
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Fernando Monroy
+1 # Fernando Monroy 14-09-2013 22:31
La perinencia de este articulo, es indudable, es tan cierto que como país nos acostumbramos a tomar el papel del pueblo sumiso, cuyo unico compromiso se lleva a cabo en las urnas cada 4 años, entregandole a alguien mas la responsabilidad de solucionar el "unico" problema del país, LA GUERRA; hemos permitido que se nos venda la idea que el que este en contravia de los intereses del Estado, lo esta de los intereses del pueblo, por ello cada persona que sentará su protesta era tildado de guerrillero, paramilitar o un vandalo. Es por esto que movimientos populares como los presenciados en los últimos días, causan tales efectos en el país, dada la extrañeza de estos; pero esto no es culpa del gobierno Santos o del gobierno Uribe, esto no es culpa de la guerrilla, esto no es culpa de las armas o la droga, esto no es culpa de conservadores o liberales, esto es culpa del pueblo, por no manifestarse mas seguido, por no sentar una voz de protesta ante las injusticias y las políticas diseñadas solo para cubrir los intereses de las elites del país; mientras el pueblo siga en su posición pasiva, el estado, el gobierno todos pasaran por encima.
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Ana Maria Calvo
+1 # Ana Maria Calvo 14-09-2013 23:22
¿ y porque tan sorprendidos ? Sorprendidos porque somos una sociedad acostumbrada a girar en torno a las clases mas prestigiosas del país, y de esta forma dejar de lado a quienes realmente representan la base de la sociedad Colombiana y quienes cumplen el papel mas importante en el estado, el pueblo. Pero ahora, que el pueblo nuevamente decide alzar su voz para luchar por derechos y beneficios que el gobierno debería garantizar pero que realmente no lo hace, es ahora cuando cuando toman una posición de indignación con tintes de sorpresa, al descubrir que el poder del pueblo puede llegar a paralizar y movilizar al mismo tiempo a todo un país cansado de un mal manejo del poder.
Aunque es cierto que las protestas fueron influenciadas por las FARC y otros tantos grupos, esto permitió en un principio (cuando la movilización estaba guiada por intereses claros, enfocados a la mejora de las condiciones y beneficios para el agro Colombiano), que los campesinos y demás sectores lograran darse cuenta que, sin necesidad de estar subyugados pueden llegar a ser escuchados y apoyados , porque somos finalmente nosotros, el pueblo colombiano, mayoría, voz y base de este estado.
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