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¿Elecciones sin partidos? Las candidaturas por firmas, sus efectos y defectos

(Tiempo estimado: 6 - 12 minutos)

Hay movimientos y candidatos serios, pero también abundan los aventureros. Análisis de los pros y los contras, la experiencia mundial, las normas y la multiplicación de las firmas en Colombia, donde un derecho saludable se convirtió en estrategia electorera.   

Javier Duque Daza*

Elecciones
Votación durante las elecciones presidenciales del año 2010.
Foto: Globovisión

 

Una tendencia mundial

Los partidos políticos son una pieza clave en las democracias. Además de sus funciones de intermediación, comunicación y representación de intereses, organizan la competencia y el voto, reclutan el personal político, canalizan los liderazgos y enmarcan las propuestas que  compiten en las elecciones.

Aunque son consustanciales a la democracia y una pieza clave en su funcionamiento, los partidos despiertan cada vez más recelos, producto de la corrupción, la penetración de las mafias, la concentración de poder, el clientelismo y la pérdida de representatividad de los intereses colectivos. Esto ha llevado a protestas ciudadanas, a exigencias de más transparencia y a la búsqueda de alternativas de representación.

En muchos países han surgido sentimientos, grupos y líderes anti-partido: los llamados “outsiders” o personajes que provienen de otras actividades e incursionan en política al margen o en oposición a los partidos.

En muchos países han surgido sentimientos, grupos y líderes anti-partido: organizaciones o movimientos sociales que intentan desplazar a los partidos o competir con ellos en las elecciones, y los llamados “outsiders” o personajes que provienen de otras actividades e incursionan en política al margen o en oposición a los partidos. La intensidad de estos fenómenos ha hecho que en se modifique la legislación para permitir que los ciudadanos se postulen de forma independiente y que hayan elecciones sin partidos.

Tanto así que un estudio comparativo concluyó que de 238 países solo en 21 no se permiten los candidatos independientes[1]. Participar en la competencia electoral dejó de ser un monopolio de los partidos y es común encontrar candidatos independientes que se presentan a nombre de organizaciones sociales o de grupos de ciudadanos interesados en la política y que no comulgan con los partidos.


Recolección de firmas para elecciones a la alcaldía de
Bogotá durante el 2011.

Foto: Gina Parody

Pros y contras

Quienes defienden este tipo de candidaturas reivindican al ciudadano independiente; exigen  mayor inclusión y espacios para ejercer el derecho a ser elegidos –lo cual aumenta la credibilidad del sistema-, y defienden la existencia de alternativas distintas de los desprestigiados partidos. También protestan contra los partidos y buscan un lugar para grupos o para líderes que se asfixian  bajo las rígidas o corruptas organizaciones partidistas.

Quienes se oponen argumentan que las candidaturas independientes contribuyen a la personalización de la política; permiten que se impongan la capacidad económica de los candidatos, en ocasiones de procedencia dudosa; agravan la decadencia de los partidos, debilitan la representación, impiden la conformación de bancadas, conducen a que el financiamiento público pueda recaer en personajes convirtiéndose en botín político; y añaden que las puertas de la política se abren a personas inexpertas [2] .

Hay pues buenos argumentos de ambas partes, y resulta difícil no permitir este tipo de candidaturas. El asunto clave puede ser su frecuencia, si se trata de un fenómeno recurrente y generalizado –lo cual llevaría gradualmente a la desaparición de los partidos- o si se trata de una opción para casos especiales.

De 238 países solo en 21 no se permiten los candidatos independientes

Pluralismo, inclusión y derecho a ser elegido

En el caso colombiano las normas que permiten las candidaturas independientes  en igualdad de condiciones provienen de la Constitución de 1991.

El propósito democratizador de la nueva Constitución inspiró la adopción de estas reglas, como decir las circunscripciones especiales para minorías étnicas y políticas; el mantenimiento del sistema de representación proporcional; los nuevos mecanismos de participación ciudadana, política y comunitaria, y la abolición de la acumulación de mandatos. A todo esto se sumaron la laxitud para crear partidos y movimientos políticos y la posibilidad de presentar candidatos a elecciones a través de firmas.

En el actual ordenamiento jurídico hay cuatro normas que consagran la participación en elecciones mediante el mecanismo de las listas:

· La Constitución dispone que los movimientos sociales y grupos significativos de ciudadanos también podrán inscribir candidatos (artículo 18).

· La Ley 130 de 1994 (artículo 9) establece que las asociaciones y los grupos de ciudadanos podrán postular candidatos con el respaldo de firmas equivalentes, al menos, al veinte por ciento del resultado de dividir el número de ciudadanos aptos para votar entre el número de puestos por proveer en la respectiva circunscripción. En ningún caso se exigirán más de cincuenta mil firmas para la inscripción de un candidato.

· La Ley 996 de 2005 determinó que para inscribir candidatos a la Presidencia los grupos significativos de ciudadanos deben reunir un número de firmas válidas equivalentes al 3 por ciento del número total de los votos válidos en la anterior elección presidencial.

· La Ley 1475 de 2011 dispuso que los candidatos de los grupos significativos de ciudadanos deben ser inscritos por un comité integrado por tres miembros que debe registrarse al menos un mes antes del cierre de inscripciones y antes de empezar a recoger las firmas.

Racionalización de la competencia

Esta alternativa permite a los candidatos independientes ejercer un derecho y garantiza condiciones de igualdad política. No obstante, constituye un mecanismo más bien excepcional y el requisito de las firmas implica que haya un respaldo mínimo y algún tipo de representación, bajo la premisa de que los firmantes  respaldan al candidato y están dispuestos a votar por él.

Hay pues buenos argumentos de ambas partes, y resulta difícil no permitir este tipo de candidaturas. 

La Ley 966 de 2005 cerró la brecha a la proliferación de “candidaturas ficticias” en las elecciones presidenciales. La exigencia del respaldo de al menos el 3 por ciento del número total de los votos válidos depositados en la anterior elección presidencial correspondió en el 2010 a 355.933 firmas válidas y será en el 2014 de al menos 437.178. Esta exigencia se propone frenar a los candidatos aventureros, aunque se siguen presentando personajes que logran el respaldo de cientos de miles de firmas y en las elecciones solo obtienen unos cuantos votos, como sucedió con Robinson Alexander Devia  quien  en el2010 obtuvo el respaldo de 983.547 firmas y solo obtuvo  31.338 votos.

En las elecciones para corporaciones públicas resulta más difícil lograr el respaldo de firmas si empieza a aumentar el número de candidatos que acuden a este mecanismo. Solo se puede respaldar a un solo candidato y no hay firmas para todo el mundo.


Expresidente Álvaro Uribe Vélez.
Foto: WorldEconomicForum

 

Derecho convertido en estrategia

Quienes se oponen a las candidaturas mediante firmas argumentan que estas favorecen el caciquismo y el caudillismo por la vía del acopio de clientelas personales y  agrava la desinstitucionalización de los partidos. Esto sucede cuando el mecanismo pasa de ser un derecho a ser una estrategia.

El caso que mejor ilustra esto es el de Álvaro Uribe Vélez. Después de pertenecer durante más de dos décadas al Partido Liberal presentó su candidatura disidente en el 2002 y se negó a someterse al mecanismo institucionalizado de la consulta interna en este partido, prefirió recoger firmas y presentar la candidatura bajo la etiqueta “Primero Colombia”. Después de las firmas agregó apoyos de toda procedencia y tras el éxito repitió la fórmula en 2006. Nuevamente ganó las elecciones con la misma etiqueta, después de gobernar –y seguir gobernando- sin un partido propio, pero con el apoyo de la mayoría de los partidos que habían sido creados tras la reforma de 2003 y del Partido Conservador. No hacía falta un partido propio para ganar las elecciones, tampoco para gobernar.

Tras la ruptura con Juan Manuel Santos optó por crear una nueva agrupación, una nueva etiqueta, un pseudo-partido que ha designado su candidato y aspira a contar con el respaldo de un millón de firmas. Las firmas acaban siendo un medio de elusión: evadir mecanismos partidistas, evadir reglas internas; un medio para justificar la auto-gestión, las auto-candidaturas y las ambiciones personales y de grupos.

También se convierte en un arma de presión y de chantaje: si no se aceptan las propuestas y/o presiones de algún líder se amenaza con acudir a las firmas y producir la división del partido. También constituyen una ventana de escape para algunos congresistas y políticos locales: pertenecen a un partido, pero apoyan a otro candidato que aspira a través de firmas (como el caso del senador del partido Social de Unidad Nacional Juan  Carlos Vélez, convertido en jefe de debates del nuevo Uribe-centro-democrático).

La multiplicación de las firmas

La recurrencia a las firmas es cada vez más frecuente, no es solo el caso del expresidente Uribe.

Quienes se oponen a las candidaturas mediante firmas argumentan que estas favorecen el caciquismo y el caudillismo por la vía del acopio de clientelas personales y  agrava la desinstitucionalización de los partidos.

En las  elecciones locales de 2011 hubo 199 candidatos por firma y muchos de ellos recurrieron a este mecanismo debido a que los partidos les negaron el aval por ser candidatos de dudosa procedencia.

Es probable que las elecciones presidenciales de 2014 tengan más candidatos por firmas que inscritos por partidos políticos y en perspectiva habrían cuatro candidatos partidistas: uno por la coalición de Unidad Nacional (o el presidente Juan Manuel Santos probablemente), el ya proclamado Óscar Iván Zuluaga del Uribe-centro-democrático; el anunciado de la nueva Alianza Verde y el del Polo Democrático Alternativo (si decide presentarse), mientras que ya hay diez candidatos que han solicitado la Registraduría Nacional del Estado Civil los formularios para sus candidaturas por firmas (ver cuadro 1).

Cuadro 1

Candidatos que han solicitado formulario para conformar comités de recolección de firmas.

Candidato

Partido

Marta Lucía Ramírez

Es conservadora, pero inscribió su comité para recolección de firmas.

Myriam Pinilla de Charris

Movimiento Cristo Social

Carlos Mario Orozco

Movimiento Unidad Nacional de Víctimas del Conflicto, Munalvic.

Jack García Morales

Todos Somos Colombia

John Jaime Beltrán Guañarita

Movimiento Social Presente Colombia

Eduardo Verano de la Rosa

 Movimiento Colombia País de Regiones.

Mauricio Alirio Velázquez

Movimiento Tú Eres Colombia

Néstor Gustavo Pérez Roca

Partido Social Demócrata

David Corredor Cuéllar

Movimiento Socialista Bolivariano

Iván Darío Camaño

Movimiento Participación Activa y Unificada por Colombia.

 

Para elecciones de Congreso han solicitado formularios para recolección de firmas doce comités, casi tantos como partidos con representación en el Congreso (actualmente hay 10 partidos en senado y 15 en Cámara)

Hay movimientos y organizaciones sociales de todo tipo en cinco departamentos (Cundinamarca, Cauca, Nariño, Guajira y Norte de Santander). Hay movimientos étnicos, empresariales, El Movimiento Nacional de Victimas por la Paz "Movip” y el promocionado “Partido del Tomate”.

El procedimiento excepcional puede resultar duplicando el número de partidos actuales. La multiplicación de las firmas.

¿Elecciones sin partidos?

Las firmas pueden convertirse en un procedimiento más recurrente que los propios partidos con todas sus posibles consecuencias y surgen muchas preguntas: ¿Quiénes compiten? ¿Por quienes votan los ciudadanos? ¿A quién representan los elegidos? ¿Quién responde por promesas y programas?

A este paso Colombia el resultado puede ser el de una democracia con muchos déficit que suma uno más: elecciones sin partidos.

* Politólogo y profesor de la Universidad del Valle.

[1] http://aceproject.org/epic-es/CDTable?question=PC008&set_language=es

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Comentarios  

Gabriel Alvarez
+1 # LOS NUEVOS MOVIMIENTOS SOCIALESGabriel Alvarez 18-11-2013 23:44
Es claro que en nuestros países latinoamericano s los partidos políticos están viviendo una falta de legitimidad y de representación del pueblo, de hecho no son más que un trampolín para llegar al "poder", además no podemos reducir el ejercicio político al campo electoral, adicional al hecho que la democracia exista gracias a los partidos políticos; por lo tanto se discute en este artículo lo planteado por Boaventura de Sousa Santos, con respecto a la Democracia Representativa y la Democracia Participativa, claro está que así como lo esboza este autor, no se trata de definir que es la democracia, ya que esta la estamos construyendo, se redefine en lo cotidiano, trascendiendo entre el tiempo y el espacio...
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