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¡Se fajó, Petro se fajó!

(Tiempo estimado: 6 - 12 minutos)

Reflexión inquietante aunque sonriente sobre el pasado y el porvenir de Petro, de la Procuraduría y, sobre todo, de la ciudad capital cuando se acercan elecciones “cruzadas” para la Presidencia y la Alcaldía.

Paul Bromberg*

Reflexión en tres tiempos

Tantos  temas ha abarcado este “conflicto interno” en Bogotá, tratados todos al calor de la lucha en estilo pasio-técnico, que no amerita otros argumentos concluyentes, aunque yo los tuviera.

Ensayaré pues algo lúdico-pedagógico, en tres capítulos cortos: Petro, Produraduría, Bogotá.

Petro

Con “cae el telón” titularon algunos medios el jueves la decisión del presidente Santos.

Aún bajo el supuesto de que no prospere alguna tutela ya interpuesta y anunciada la víspera del día D por alguien de su Lawyers Tank (la versión colombiana del Think Tank gringo), esta afirmación sólo es válida en el corto plazo. Para seguir con la metáfora, de pronto no ha llegado el momento de pasar a manteles en un restaurante cerca del teatro, y podríamos más bien ir a la dulcería para regresar al segundo acto.

Las declaraciones de Gustavo Petro son más impulsivas que expresión de una mente estratégica, y por tanto no deberían tomarse a pie juntillas, pero el paso siguiente a haber arengado en la plaza pública una movilización que anuncia un nuevo paro agrario es precisamente el que prometió el exalcalde: recorrer a Colombia con el paraguas del paro para promover una nueva asamblea constituyente, supongo, que tenga un artículo que prohíba explícitamente decisiones desfavorables para él.

Tal vez sólo el alcalde de Bogotá pueda darse el  lujo de hacerlo de manera diferente: gobernar a pendencias. Es el camino que escogió Petro, tan distinto del de Navarro.

Los alcaldes de las capitales, o de las grandes ciudades cuando no coinciden, tienen un camino directo hacia el primer cargo. A otros les toca un trabajo más largo... Acaban  su gestión, se lanzan a la Cámara o a una gobernación, luego al Senado o directamente a la presidencia. Álvaro Uribe recorrió este camino completo, sólo faltaría saber si fue presidente de la Junta Administradora de alguna copropiedad. Casi todos los alcaldes buscan recorrer este camino al cautivar votos directamente en visitas a los beneficiarios pobres, eso que llaman contacto con el pueblo, pero también dejando la impresión de buen gobernante.

Tal vez sólo el alcalde de Bogotá pueda darse el  lujo de hacerlo de manera diferente: gobernar a pendencias. Es el camino que escogió Petro, tan distinto del de Navarro, que después de su intentona como candidato presidencial en 1994 decidió comenzar como burgomaestre de la ilustre ciudad de Pasto, recibiendo el premio de mejor alcalde de Colombia en 1997.

Petro es “un fajador”, señaló Francisco Gutiérrez en una columna en los prolegómenos de la jornada del primero al frente de la alcaldía. ¡Cuánta razón demostró tener la metáfora! En efecto, Petro no se arrinconó contra las cuerdas esperando que el contrario se desgastara; salió al centro del cuadrilátero a lanzar puñetazos a diestra y siniestra, a justificar en ocasiones las renuncias de un gabinete, que no se acababa de armar nunca, porque no estaban dispuestos a arriesgar, como comentó en alguna ocasión. Algunos arriesgaron y salieron contusos, que ellos en este momento no pueden considerar como daños colaterales hacia un futuro luminoso.

Tener que defenderse desde una comparación con ladrones no es una buena base de arranque para una vida política promisoria. Si nos llega una visita a la casa y destroza toda la cristalería en una discusión, no esperamos que al irse nos diga que le agradezcamos porque no nos robó.

La discusión es si Petro construyó o destruyó, e incluso, si toda esta crisis de dos años valió la pena, cuando nos damos cuenta de que otros aspirantes tenían en su programa buena parte de los puntos de Petro, los que importan. ¿Fue productiva la eterna crisis del gobierno de Petro? ¿Será productiva esta última? No parece. Para Bogotá, no.

Para Petro, no se sabe. Aguardemos un rato en la dulcería del teatro.


El exalcalde de Bogotá, Gustavo Petro, el día de la
ratificación de su destitución.

Foto: Juan Carlos Pachón Arttesano 

Procuraduría

La crisis puso en primer plano los poderes de la Procuraduría, poderes conferidos, según parece, bajo el supuesto que el cargo de Procurador no sería ocupado por ninguna criatura humana, sino por un androide sin intereses, sin simpatías y sin antipatías.

En general, en todos los países los cuerpos colegiados gozan de menos prestigio entre los ciudadanos que los ejecutivos. A éstos los ven los ciudadanos a menudo; quienes ocupan los altos cargos del ejecutivo tienen visibilidad pública, y la contrapartida es una vigilancia inquisitiva. Un presidente francés que proteste porque los periodistas lo siguen en sus escapadas a verse con su amante no es más que un quejetas: si no quería que fuera así, pues no se meta al oficio. Ahora, quienes desempeñan cargos en el ejecutivo tienen que combinar pericia electoral, pericia técnica y don de gentes para hacer carrera política.

En cambio, cuando los partidos son coaliciones de corredores de votos, como los nuestros, la condición para ganar en un cuerpo colegiado y quedarse uno o más períodos es sólo saber ganar elecciones. El voto de opinión en general dura un período, y se reparte entre nuevas figuras para el siguiente.

Por esa condición propia de los parlamentos, a uno no le queda más que esbozar una sonrisa cuando un organismo integrado en buena parte (no todo) por personas duchas en captar votos locales, expide una gran-norma-gran que ahora sí acabará con la corrupción. ¿Por qué razón el nuevo organismo, “guarda de la honestidad y la eficiencia”, ese sí,  será fiel a su encargo, mientras no es fiel al suyo todo el aparato que se propone vigilar?

Resulta que para ser ungido como guarda de la honestidad y el compromiso público, lo que hay que hacer es ganarse el favor del mayor número de integrantes de ese cuerpo colegiado. ¿Eso cómo se hace? ¿Con qué transacciones?

Mirando el asunto desde las instituciones, no desde las personas, ¿es ésta la garantía de imparcialidad e idoneidad? Lo que han mostrado los periodistas de investigación, es que ahora todos se contratan a todos. Todos, los ejecutivos, las magistraturas, los jueces, los que controlan, los que vigilan, todos ellos, son una gran familia, la “gran familia colombiana”. Petristas y antipetristas por igual. Conmueve esa preocupación de todos por el bienestar de las familias de los demás.

Los preceptos constitucionales y legales que ahora no le gustan porque le tocó sufrirlos en carne propia.

A Petro se le ha enrostrado su voto a favor del Procurador en el primer período de éste. Eso es mucho menos importante que los votos que haya brindado su sector político a los preceptos constitucionales y legales que ahora no le gustan porque le tocó sufrirlos en carne propia.

El problema institucional es muy difícil de resolver. El Procurador actuó en el marco de la Constitución y la ley colombianas, de eso no hay duda. Ahora que ese edificio se ve frágil, la propuesta de Petro es que los que ganen elecciones no tengan supervisión administrativa. ¿De veras es eso lo que propone?

Peor es lo que propone un exfiscal que,  necesitado de argumentos para defender a su cliente, una horas antes del desenlace de este primer acto pidió en la radio que fuese “el constituyente primario” el que decidiera en las urnas si el alcalde violó la ley o no.

Supongamos que el referendo hubiera sido inmensamente favorable al alcalde Petro. Eso no habría resuelto el problema, sino que lo habría agravado. Esa era la idea.

“Allá en mi región, Sr. Procurador, la ley 80 no pegó”. Oí esta afirmación de labios de un   funcionario de alguna región colombiana, en un encuentro masivo que organizó el anterior procurador para explicar la Ley de Garantías.

En el año 2003 un congresista protestó frente a una interpretación del Consejo Nacional Electoral que sostenía durante cuatro años más a los 200 partiditos existentes a pesar de que la reforma política recién aprobada decía lo contrario, y su protesta empleó más o menos la siguiente frase: “están volviendo la constitución un trapo”. Ese congresista era Gustavo Petro.


Edificio de la Procuraduría General de la Nación,
en Bogotá.
Foto: Wikimedia Commons

De Petrogrado a Bogotá

San Petersburgo, la ciudad de San Pedro, Petrogrado la ciudad del zar Pedro el Grande, Leningrado, la ciudad cuna del nuevo mundo y otra vez San Petersburgo. Santa Fe de Bogotá, Bogotá, otra vez Santa Fe de Bogotá, Bogotá de nuevo, Petrogrado, y parece que otra vez Bogotá.

En otro de sus movimientos impulsivos, el gabinete distrital produjo algo extraño la noche de la decisión del presidente Santos, una renuncia irrevocable colectiva, es decir, bajo presión sin presionar, sin querer queriéndolo. Se firmó al fragor de la situación, pero no se pidió que hicieran llegar su renuncia irrevocable al día siguiente, sino se firmó una carta colectiva. ¿Qué habrán pensado y sentido los uribistas dentro del equipo de alta dirección (que los hay) ante esta torpe decisión que supone que el progresismo es Petro y Petro es el progresismo, que Bogotá es Petrogrado y sin Petro no es nada?

Curiosamente, para Bogotá, no para la Bogotá de Petro, la crisis puede tener una consecuencia positiva: aunque las elecciones se realicen después de la segunda revuelta electoral, como se ha anunciado, ambas campañas serán simultáneas. Habrá un ambiente rico en promesas. Ésta es una oportunidad de la cual puede resultar beneficiada Bogotá en su competencia por el “barril de puercos”, figura con la que los analistas norteamericanos se refieren a la bolsa común del erario público.

La vida premia y castiga al mismo tiempo. Por ejemplo, premia a algunos con su seguridad, los castiga con el aburrimiento. A Bogotá la premia con el inmenso aparato público del orden nacional, el verdadero motor de su economía como capital tercermundista. La castiga con las consecuencias que vemos hoy: una ciudad cuya calidad de vida urbana viene en deterioro, deterioro que por supuesto no será resuelto aumentando densidades ya altísimas.

Supongamos que el referendo hubiera sido inmensamente favorable al alcalde Petro. Eso no habría resuelto el problema, sino que lo habría agravado. Esa era la idea.​

Bogotá tiene esto como argumento relevante para pedir mejor tratamiento de apoyo nacional a sus soluciones de movilidad, y hay un caso que no serían palabras lanzadas al viento: la financiación nacional para el metro está bastante por debajo  del tope que permite la ley, y son recursos que se necesitan con urgencia. Algunos miles de votos valen más que mil argumentos, y ellos saldrán a jugar en las dos campañas electorales.

La simultaneidad de las campañas le da ventaja a los candidatos afines al candidato presidente. Situación inédita, que a propósito se impidió en el diseño cruzado de las elecciones para gobernadores y alcaldes por un lado y de presidente por otro. Elecciones así parecen pelea de tigre con burro amarrado. Y el presidente ha anunciado, además, como buena noticia según él, que piensa presentar una reforma constitucional para convertir esta ventaja en permanente. Bogotá será la prueba de fuego para el puntillazo final a la descentralización.

Pero, eso sí, Petro se fajó.

*Cofundador de Razón Pública. Para ver el perfil del autor haga clik en este enlace.

 

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Comentarios  

pais de m.
-1 # un casi exalcaldepais de m. 29-03-2014 10:21
Me imagino que este escrito fue pensado y construido antes de conocerse dos noticias que dejan en evidencia que el procurador se equivoca y que no esta tampoco por encima de la Constitución, esas noticias fueron producidas por el concejo de estado en momentos en que su imagen se encuentra requiriendo dar muchas explicaciones, la primera noticia fue la restitución de los derechos politicos del exalcalde de Medellín, la segunda depués de mas de 600 meses sobre el Rio Bogota.
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fernando angel ramir
-1 # ministro de cultofernando angel ramir 29-03-2014 10:23
Excelente articulo, una definición perfecta con análisis
en un caso de perversion de la opinion.
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Adolfo Segundo Bonil
0 # Petrto se fajó!Adolfo Segundo Bonil 29-03-2014 10:59
Buen artículo del señor Bromberg. Claro que neoliberal!
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HENRY BARBOSA
0 # Petro demostro carácterHENRY BARBOSA 30-03-2014 10:22
Se acabó por fin la pelicula de Gustavo Petro, en el asfalto quedaron los opinadores que demostraron hasta la saciedad sus intereses, perdieron el norte, algunos comunicadores y comentaristas dejaron ver su mesquindad, dejaron aun lado la ética y mostraron su verdadera faceta plena de intereses personales. Todos perdieron hasta el autor de esta columna, sesgado por el ánimo de menospreciar, sin proponer, la bajeza esta a la orden día...Petro se fajó...
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