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Encuestas de opinión: ¿por qué los resultados tan distintos?

(Tiempo estimado: 5 - 10 minutos)

Patricia Muñoz YiA propósito de las encuestas de preferencia electoral con resultados diversos o hasta  opuestos, este análisis sobre las posibles razones para ello y este llamado a la urgencia de una regulación legal y de auto-regulación por parte de las encuestadoras.

Patricia Muñoz Yi*

Resultados contrarios

En Colombia ha hecho carrera una frase que se atribuye a Álvaro Gómez Hurtado: “como las longaniza, es mejor comerlas que saber cómo se prepararan. Esta frase adquiere actualidad ahora que se discute sobre los efectos de la divulgación de encuestas sobre  los electores, sobre su eventual manipulación y sobre el uso político que puede dárseles.

“Como las longaniza, es mejor comerlas que saber cómo se prepararan.

En efecto: las encuestas sobre preferencias de candidatos presidenciales publicadas entre el 16 y el 20 de marzo que fueron realizadas por las firmas Datexco, Centro Nacional de Consultoría, Gallup e IPSOS presentan muy grandes diferencias en sus resultados. Aunque en todas ellas el presidente Santos ocupa el primer lugar en la primera vuelta, hay variaciones acerca del segundo lugar: dos de las encuestas dan a Peñalosa como el candidato que pasaría a segunda vuelta, pero otras dos le dan este lugar a Oscar Iván Zuluaga.

La disparidad de los resultados podría ser explicada por muy distintas razones: ¿se debe a las muestras seleccionadas?; ¿a los días transcurridos desde la consulta de la Alianza Verde y su incidencia sobre la recordación de Peñalosa y el voto a su favor?; ¿a las actividades de campaña que adelantan los candidatos respectivos?


El sociólogo español Manuel Castells.
Foto: uscpublicdiplomacy

​Diferencias genuinas

Las encuestas son fotografías de un momento y son sensibles a los cambios en el estado del fenómeno que intentan medir. El cambio en una realidad determinada, en la favorabilidad de un actor político o en la intención de voto por un candidato, debe por supuesto dar lugar a diferencias entre una encuesta y la encuesta que le sigue.

Por eso mismo las predicciones basadas en encuestas pueden fallar, así en la medición que les sirve de base no hubiese habido mucho error. Un ejemplo reciente pudo ser el del voto en blanco en las elecciones para Congreso, que según las encuestas llegaría casi al 30 por ciento, cuando en realidad  fue de 5,2 por ciento.  Es claro que las circunstancias cambiaron y que un buen número de ciudadanos que habían anunciado su voto en blanco se abstuvieron, votaron por alguna de las opciones, anularon de manera intencional su voto o depositaron la tarjeta sin marcar.

Errores de medición

Pero las discordancias en los resultados pueden también deberse a factores de carácter  técnico:

· Puede haber errores de diseño. La manera de formular las preguntas incide sobre los resultados, dependiendo de su redacción y ubicación a lo largo del cuestionario. Es común encontrarse con preguntas sesgadas, mal construidas, que contienen dos o más solicitudes de información, que insinúan respuestas, que exigen grandes esfuerzos de memoria por parte del encuestado, que levantan prejuicios o que son confusas – todo lo cual afecta por supuesto la confiabilidad de las respuestas.

· Equivocaciones en la muestra (que en el argot estadístico se deben al uso inadecuado o a la desactualización del “marco muestral”, a sesgos en la escogencia de informantes, o a errores de cálculo sobre el margen de error y al nivel de confianza de los estimadores).

Por eso mismo las predicciones basadas en encuestas pueden fallar, así en la medición que les sirve de base no hubiese habido mucho error. 

· Diferencias debidas a la técnica utilizada para recolectar la información. Los resultados varían de una encuesta cara a cara,  a una telefónica, por correo o a través de medios virtuales. Los estudios rigurosos han llevado a descartar las dos últimas opciones y a considerar confiables las encuestas personales o, en su defecto,  telefónicas.

En el caso colombiano se discute además si la cobertura de la red telefónica es adecuada para este tipo de encuestas. Una proyección del censo de población 2005 al año 2014 muestra niveles de penetración telefónica que van desde el 9 por ciento en algunos municipios de alta ruralidad, hasta el 88 por ciento en Bogotá, lo cual limitaría la probabilidad de llegar a todos por esta vía (en todo caso, la ficha técnica debe informar con claridad sobre la técnica de recolección utilizada).

 

Errores en el análisis y la divulgación

Con relación al análisis de los datos,  el mayor número de errores proviene del uso inadecuado de las técnicas estadísticas, o de la mala interpretación de estos resultados.

Al final del proceso pueden también presentarse la publicación parcializada de los resultados, la difusión de algunas respuestas en lugar de la totalidad del cuestionario, o las interpretaciones superficiales, subjetivas o tendenciosas a favor o en contra de algún personaje. No menos, se da el caso de publicar resultados de encuestas que fueron efectuadas días atrás y que buscan influir sobre el curso de la opinión pública en un momento posterior.             

Gráfica de encuestas
Las encuestas plantean varias preguntas sobre el
manejo político de sus resultados. 
Fotos: Wikimedia Commons

Encuestas y preferencias políticas

La incidencia de las encuestas de opinión sobre la construcción de las percepciones políticas no es de poca monta. De una parte, la difusión de resultados por parte de los medios masivos de comunicación refuerza percepciones y representaciones sobre los hechos y los actores políticos.  Como dice Castells [3 , los medios no ostenten el poder ni son el cuarto poder, pero si son el espacio donde se crea el poder y donde se deciden las relaciones de poder entre los actores políticos y sociales rivales.

Las encuestas inciden sobre las percepciones de los electores, pero no son su único  determinante. Más aún: la posición previa de cada elector puede inducirlo a aceptar o a rechazar los resultados de la encuesta, dada además la multiplicidad de fuentes informativas entre las cuales cada quien tiende a elegir aquellas que merezcan más credibilidad o sean afines a sus posiciones personales [4].

En todo caso el efecto de las encuestas parece ser mayor entre los ciudadanos indecisos, quienes en general parecerían inclinarse hacia el candidato que vaya de primero. Por otra parte y sin embargo las encuestas pueden generar solidaridad hacia los perdedores, o pueden abrirle paso a una tercera opción [5]. Por una u otra vía pueden elevar la tasa de participación electoral,  pues cuando la gente percibe un nivel de competencia elevado, cree que su voto será más decisivo

Reglamentación y auto-regulación

Sin duda es necesario mejorar la calidad en los estudios de opinión pública y adoptar una mayor regulación de las encuestas.

Iniciativas como el Acuerdo de Autorregulación sobre Encuestas Electorales Presidenciales,  promovida entre las compañías de investigación de opinión pública para las elecciones de 2002, recogen temas que deberían ser permanentes:

La incidencia de las encuestas de opinión sobre la construcción de las percepciones políticas no es de poca monta. 

· utilizar muestras probabilísticas que gocen de representatividad estadística;

· aclarar si los resultados corresponden a todo el país o solo a algunas ciudades o regiones;

· no cambiar la redacción de las preguntas que van a compararse;

· medir la intención de voto sólo sobre la base de personas con intención de votar;

· trabajar con muestras no inferiores a 1000 encuestas, y en circunstancias de alta competencia elevar la muestra a entre 1500 y 2000 encuestas;

· explicar y justificar los “factores de ponderación” (o peso relativo de cada encuesta)

· reducir al máximo la distancia temporal entre el trabajo de campo y la publicación de resultados

· distinguir claramente entre los datos y los comentarios, análisis o interpretaciones que puedan hacerse.

Hace poco se presentó ante el Consejo Nacional Electoral una propuesta que sugiere varios cambios: autorizar un máximo de quince entrevistas por “punto de muestro” (por ejemplo, el municipio de Chía), para lograr mayor dispersión; asignar un máximo de cincuenta entrevistas a cada encuestador (para disminuir sesgos o errores), y hacer más fácil el control sobre la existencia real y calidad de cada encuesta (mínimo de documentación que incluya las solicitudes del cliente, las bases de datos ponderadas y sin ponderar, los nombres de los encuestadores y el nombre del estadístico que diseñó la muestra).

En esencia, se trata de trabajar para que los estudios de opinión pública permitan distinguir con claridad la frontera entre los hechos percibidos por los ciudadanos y las interpretaciones de terceros. Todo ello en beneficio del interés público.

 

* Docente asociada de la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Javeriana, investigadora en el área de participación política electoral y ciudadana.

Notas:

[1] La comparación de los resultados de estas cuatro encuestas fue presentada por El Tiempo en la edición del domingo 23 de marzo de 2014, p. 8.

[3] Castells Manuel (2000), Comunicación y Poder, Alianza Editorial. Madrid, 2000, pp. 262

[4] Losada Rodrigo (2001). “Influencia de las encuestas políticas en la opinión pública” en Ramírez Juan Manuel (comp.) Encuestas de opinión política y electoral,  Bogotá, Organización Electoral de Colombia, pp. 223-233.

[5] Bermúdez Jaime (2001). “Necesitamos más y mejores encuestas” en Ramírez Juan Manuel (comp.) Encuestas de opinión política y electoral,  Bogotá, Organización Electoral de Colombia, pp. 201-221.

 

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Comentarios  

A Boada
-1 # ComentarioA Boada 14-04-2014 14:46
No señora, los resultados de esas encuestas no son contradictorios . Eso, lo único que muestra es una cierta animadversión suya por ese trabajo.
A quienes no les guste esa técnica, entonces vean a ver que hacen para conocer de antemano una tendencia de OPINION.
Atentamente Asdrúbal Boada G.
Psicólogo
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