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¿Tiene sentido militarizar la seguridad ciudadana?

(Tiempo estimado: 6 - 11 minutos)

La relación confusa entre Fuerzas Militares y Policía ha sido una constante en nuestra historia, y será un punto crucial para el modelo de seguridad ciudadana durante el post-conflicto. El ex ministro de Defensa Rafael Pardo revivió el debate desde Bogotá.

Juan Carlos Ruiz*

​Una idea ya ensayada

El uso de militares en funciones propias de policías ha sido habitual en América Latina como una demostración de fuerza, y al mismo tiempo como una señal de impotencia de los gobiernos cuando se ven sobrepasados por los altos índices criminales. Los resultados de este despliegue de fuerza han sido en general magros y eventualmente contraproducentes.

Son varios los ejemplos:

-El gobierno de Felipe Calderón militarizó las principales ciudades de México sin saber a ciencia cierta cuál era el enemigo a combatir, lo cual condujo a graves violaciones de derechos humanos y al retiro de los soldados de las calles unos meses después.

-Los planes de “mano dura” de Centroamérica que utilizaron fuerzas militares para desmantelar a las “maras” acabaron también en violación de los derechos civiles, sin retroceso palpable del pandillerismo.

Los resultados de este despliegue de fuerza han sido en general magros y eventualmente contraproducentes.

-También durante años se utilizaron sin éxito acciones conjuntas entre policías y soldados en Río de Janeiro y en Sao Paulo para desmantelar las redes criminales y debilitar a verdaderos “señores de la guerra”, jefes incontestables de las favelas y del tráfico ilegal. Sin embargo, las acciones criminales del “Comando Primero” y “Comando Vermelho” continúan, y estas pandillas incluso han logrado sitiar ciudades durante algunos días como venganza por la represión. A pocos días del mundial de fútbol han incendiado buses y estaciones de policía para hacer sentir su presencia.

-Guayaquil llegó a instalar en las esquinas un equipo compuesto de un soldado, un policía y un vigilante en un modelo inédito y muy pobre de acciones conjuntas, y el alcalde Jaime Nebot ha utilizado en varias ocasiones a soldados sin resultados claros.

-En Buenaventura, el despliegue de infantes de marina pareció apaciguar la violencia en forma temporal, pero la ola homicida parece haber tomado impulso nuevamente.

-Y la “operación Orión” para recuperar la Comuna 13 bajo la administración Uribe fue igualmente señalada por organizaciones de derechos humanos por el apoyo de grupos paramilitares.

El porqué de la Policía

La fundación de la Policía se debió a la necesidad de controlar la protesta social que surgió con la Revolución Industrial y la aparición de una miríada de “ismos” que iban desde el socialismo hasta al feminismo pasando por el anarquismo o el ludismo, entre otros muchos movimientos reivindicativos.La Policía es una institución relativamente reciente, y vale la pena recordar que la razón para crearla fue precisamente la incapacidad que demostraron las fuerzas militares para lidiar con los problemas de la urbanización creciente del siglo XIX en Europa. No de otra manera se entendería que se hubiesen creado fuerzas de Policía, en vez de seguir contando con los soldados, quienes habían ejercido labores de vigilancia desde tiempos inmemoriales.  

Los ingleses entendieron prontamente que el control político, social e incluso moral requería de un cuerpo civil cercano a la comunidad, capaz de mantener el orden público  sin acudir a una represión mortal. Por eso no es  gratuito que la primera Policía moderna hubiese nacido en Londres en 1829, y que fuese entonces, como hoy en día, un cuerpo esencialmente desarmado.

Una protesta reprimida de manera violenta por soldados con un saldo considerable de muertos o heridos graves, antes que aplacar el descontento, despertaba un mayor  resentimiento traducido en protestas más virulentas.

Además, el ethos militar no es consistente con la labor policial que exige comunicación constante e interacción con la comunidad. Los militares son adoctrinados para vencer, son una de las partes enfrentadas en un conflicto. Los policías, por el contrario, están en medio de dos o más partes en conflicto y sirven de mediadores.

Egon Bittner y Jean-Paul Brodeur, dos de los grandes sociólogos sobre la Policía, señalaban con razón que el soldado estaba enseñado a matar, a obedecer, a no pensar ni proponer, mientras que el policía debía comunicar, negociar, conciliar y actuar con mucha libertad de arbitrio y propio criterio.

La inteligencia militar funciona mal para desmantelar bandas del crimen organizado. Sus redes de información e informantes no son finas, no están implantadas entre la comunidad, ni cuentan con la colaboración de los vecinos.

La estrategia de Pardo

Durante su fugaz gestión como alcalde de Bogotá, el mismo Pardo sin embargo anunció que “como parte del Plan 75-100”, los efectivos de la Tercera Brigada del Ejército entrarían a reforzar la seguridad, patrullando las calles “en los 75 barrios más afectados por las diferentes manifestaciones de la violencia e inseguridad”. Una moda sociológica de los años noventa, muy influida por los debates del Cono Sur sobre el nuevo andamiaje institucional tras las dictaduras, le achacaba los problemas y la crisis de la Policía Nacional a su supuesto carácter militar. Para remediar este error se proponía que la Policía se “civilizara” y, por ello en Colombia emprendió la reforma de 1993 que, entre otras cosas, introdujo rangos no militares para una parte del cuerpo. El arquitecto de aquella reforma fue el entonces ministro de Defensa Rafael Pardo, primer civil en ocupar el cargo después de varias décadas. 

Si se acepta el supuesto de que la Policía colombiana es de corte militar, resulta aún más difícil entender la utilidad de hacer uso de soldados precisamente por quien fuera  ministro de Defensa en la reforma que pretendía “civilizar” para la democracia a este cuerpo armado.  

La propuesta de Pardo resulta aún más paradójica si recordamos que él mismo propuso crear dos cuerpos de Policía: (1) Uno gendarme (como la Guardia Civil española o la Gendarmería francesa) que se encargara del campo y los pequeños pueblos, y que por tanto tuviese carácter paramilitar (en el buen sentido del término) para enfrentarse a grupos armados; (2)  El otro sería un cuerpo nacional para lidiar con los problemas urbanos convencionales – la policía ordinaria-.   

Pardo creía, quizás erróneamente, que un solo cuerpo policial encargado al mismo tiempo de enfrentarse a las guerrillas en la jungla y de lidiar con las disputas cotidianas entre vecinos de una gran ciudad, estaría expuesto a tensiones insostenibles y no cumpliría bien ninguna de sus dos funciones. Pero ahora  resulta con una propuesta que contradice su  pretensión de una Policía adaptada a los problemas cotidianos de la gran ciudad.

La Policía sí puede

Hay que recordar que en el mundo las mismas Policías han creado divisiones capaces de intervenir con gran poder de fuego e incluso con tácticas de guerra urbana, lo cual haría todavía menos razonable el echar mano de soldados para patrullar calles.

Desde fines de los años sesenta ya existían en Estados Unidos los equipos SWAT con francotiradores y tácticas especiales. Incluso Policías desarmadas como la de Inglaterra y Gales tienen divisiones de fuego que se despliegan ante grandes amenazas.

La Policía Militar de Río tiene el escuadrón de élite, el BOPE, cuyo entrenamiento castrense hace innecesario el despliegue de militares. Las acciones de las Unidades de Policía Pacificadora en Río desde 2008 han mostrado un éxito relativo en la recuperación de las favelas en donde las antiguas acciones conjuntas militares-policías parecieron fracasar.

Los militares son adoctrinados para vencer, son una de las partes enfrentadas en un conflicto. Los policías, por el contrario, están en medio de dos o más partes en conflicto y sirven de mediadores.

La Policía colombiana ha contado con divisiones como el Grupo de Operaciones Especiales (GOES), el Comando de Operaciones Especiales (COPES) o el Cuerpo Especial Anti Terrorista (CEAT), que utilizan armamento pesado, lanzagranadas, fusiles de asalto y tácticas antiterroristas, y se les ve regularmente patrullando barrios sensibles y las “ollas” de las ciudades.

Naturalmente, el despliegue de tropa puede ser inevitable en casos muy precisos, por ejemplo en aquellos barrios donde la policía teme ir y nunca acude a los llamados de emergencia.

Los soldados llegan a ser necesarios cuando los sistemas de alertas nacionales alcanzan sus niveles más críticos, como cuando se despliega el Vigipirate en Francia o el Bikini en Gran Bretaña.

La Infantería de Marina de México ha mostrado cierto éxito en capturar narcotraficantes frente a la inoperancia de diversas fuerzas de Policía pobremente equipadas y peor formadas, pero sobre todo corruptas.

En Canadá, el grupo terrorista FLQ fue desmantelado por las medidas de excepción y el despliegue de tropas durante la crisis de octubre de 1970, ante el disgusto de no pocos ciudadanos canadienses que mal veían a militares en las calles y el recorte de sus derechos civiles.

Por otra parte en situaciones de post-conflicto, los soldados ha mostrado ser útiles para el  mantenimiento inicial de la paz; pero la Policía es más eficaz para la reconstrucción nacional y la consolidación del Estado de derecho bajo la égida de la ONU y sus cascos azules.

En todo caso cuando un gobernante echa mano de soldados en temas de seguridad ciudadana, está mostrando una completa carencia de ideas, estrategias y políticas de largo aliento para enfrentar los problemas de inseguridad.


​* Profesor asociado y Director de la Maestría en Estudios Políticos e Internacionales de la Universidad del Rosario. Doctor en Politics de la Universidad de Oxford (Reino Unido), donde estudió los temas de policía y seguridad ciudadana. Máster en administración pública en la E.N.A. (École Nationale d’Administration) en Francia. Máster en administración de empresas de la Universidad Laval en Canadá y Máster en ciencia política de la Universidad de los Andes en Bogotá. Fue director de la Maestría en Seguridad y Defensa de la Escuela Superior de Guerra de Colombia y asesor del Ministerio de Defensa. También fue director del Departamento de Ciencia Política y de la Especialización en Opinión Pública y Mercadeo Político de la Universidad Javeriana. Ha sido profesor de planta de las universidades colombianas Rosario, Andes y Javeriana. 

 

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Comentarios  

Natalia Quiroga
0 # #1 Seguridad Ciudadana ¿ A cargo de quién?Natalia Quiroga 07-05-2014 19:31
Es justo entender que tanto el policía como el soldado ejercen una función particular que manifiesta su titulo, mas sin embargo para muchos ciudadanos y personas del campo no existe una gran distinción entre estos, diferente a la acción de generar protección en momentos de peligro y ayuda cuando se necesita. A pesar de ello y bajo las circunstancias que se presentan en el país, bien sean protestas, paros, o terrorismo; se ve la participación de ambos, pues si bien los policías están en su diaria labor de ubicarse en los puentes de las estaciones y en los CAI para brindar protección a la sociedad civil, como en ocasiones en donde la ciudad amanece militarizada y con miembros del SMAT cuando hay amenazas nacionales de fuertes protestas. Aunque es de cuestionarse si realmente la policía ejerce su función básica como un cuerpo civil cercano a la comunidad en la obligatoriedad de patrullar barrios sensibles y su oposición de resolver los casos de emergencia, es necesario resaltar que particularmente en Colombia existe una mutua necesidad tanto de policías y soldados, situación que es poco común en otros países distintos a los latinoamericano s.
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