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Geografía electoral y conflicto

(Tiempo estimado: 6 - 12 minutos)

Tefilo_Vsquez

Una mirada a los mapas de Colombia y de cada uno de sus departamentos muestra que somos dos países bien distintos: el “centro” desarrollado que optó por Zuluaga o por  la mano dura, y la “periferia” que optó por la paz y prefirió a Santos.

Teófilo Vásquez*

Los dos países

La pasada contienda electoral mostró un país polarizado entre santismo y uribismo o entre guerra y paz, y una Colombia fragmentada según sus niveles de integración económica, articulación política y variaciones del conflicto armado a lo largo y ancho de nuestra geografía.

En la primera vuelta el triunfo fue para Zuluaga, con 29 por ciento del total, seguido por Santos con el 25,6 por ciento. Como prueba el mapa siguiente, la votación hizo evidente el contraste entre

· el país más integrado (Antioquia, eje cafetero, Santanderes, Cundinamarca, Boyacá y Bogotá) o en rápido proceso de integración (Meta, Caquetá, Guaviare, Arauca y Casanare), que votó por el uribismo y la salida militar al conflicto.

· y las regiones rezagada en el proceso de integración (el Caribe y el Pacífico) o definitivamente marginadas (Amazonas, Vaupés y Guainía), que votaron por Santos o en apoyo al proceso de paz.

El resultado de la primera vuelta comprometía seriamente el proceso de paz entre el gobierno y las FARC. Pero en segunda vuelta, Santos ganó con el 50,9 por ciento de votos, frente al 45 por ciento de Zuluaga. Si bien “ganó la paz”, también es evidente que el país quedó polarizado que aún estamos lejos de la reconciliación.

En el triunfo de Santos fueron fundamentales Bogotá y el Caribe

  • En Bogotá el repunte se explica por el apoyo que una parte de la izquierda y otros forjadores de opinión le dieron a la reelección, aclarando eso sí que mantenían sus distancias frente a las políticas sociales y económicas de Santos.
  • En el Caribe, el repunte se atribuye a “la mermelada”, pero esta tesis es más bien simplista. Según La Silla Vacía, muchos votantes costeños fueron movidos por el miedo al regreso del paramilitarismo, y no por dádivas de los políticos locales.

En la segunda vuelta se mantuvieron las tendencias geográficas de la primera: el  candidato uribista se impuso en el centro del país, así como en los departamentos más integrados de la Orinoquía y la Amazonía, mientras que Santos ganó en Bogotá, la costa caribe, el Pacífico y la Amazonia oriental.

Se puede concluir entonces que Zuluaga ganó en el país integrado, en la Colombia que seguramente añora la Seguridad Democrática, y Santos ganó en las regiones “periféricas”.

Región andina: viejas lealtades y nuevas disputas

En esta zona las preferencias electorales combinaron las viejas divisiones bipartidistas (heredadas de La Violencia y el Frente Nacional), con los impactos del conflicto armado y las recientes expresiones de malestar social, en especial el paro agrario.

- En Antioquia el triunfo de Zuluaga fue contundente, pero con una clara diferenciación  entre “centro y periferia”, y así lo indica el mapa  

El triunfo se lo dieron las regiones más integradas al centro del departamento, tradicionales baluartes conservadores y ahora uribistas, mientras que Santos ganó en las “periferias” (Urabá, norte y noroccidente, bajo Cauca y algunos municipios del nordeste y el Magdalena medio), antiguos baluartes liberales y de izquierda.

- También en Norte de Santander fueron calaras las diferencias geográficas: Santos triunfó en Ocaña, Catatumbo y  buena parte de los municipios del área metropolitana de Cúcuta y su zona de influencia, mientras Zuluaga lo hacía en centro- sur de Norte de Santander, viejos baluartes conservadores y que en su mayoría no han sido tan intensamente afectadas por el conflicto. Veamos:

- En Santander del sur, Santos ganó en Bucaramanga y su zona metropolitana; los municipios de Socorro, San Gil y varios del sur del departamento; la parte norte del Magdalena medio santandereano y Barrancabermeja. Estos últimos tradicionales bastiones liberales y con fuerte tradición de votación por fuera del bipartidismo. Entre tanto, Zuluaga ganó en la zona sur del Magdalena medio y en la provincia de García Rovira, históricamente conservadora.

En los santanderes fue pues notoria la combinación entre viejas lealtades y nuevas disputas, por ejemplo: en las regiones andinas aún pesan las lealtades bipartidistas; en cambio en el Magdalena medio fue evidente la fragmentación entre el sur (cuna del paramilitarismo) y el norte (objeto de disputa desde finales de los 90 entre paramilitares y guerrillas).

- En el Tolima, antiguo baluarte liberal, ganó Zuluaga en las cordilleras y el sur del departamento, viejos bastiones de las FARC y cuyas zonas rurales sufrieron todo peso de la persecución contra Alfonso Cano. Y Santos por su parte triunfó  en  las zonas planas y aledañas al río Magdalena (Armero y Ambalema, al norte; y Coyaima y Purificación, al sur).

- En el Huila, tradicional fortín conservador, el triunfo de Zuluaga fue apabullante: 70 por ciento contra 25 por ciento de Santos. Zuluaga ganó en todos los municipios, y esto se explica en gran parte por el apoyo que le dieron los dirigentes del paro campesino.

Orinoquía y Amazonía: impactos de la  guerra y de la paz

- En Caquetá y Meta fue evidente la distribución geográfica del voto en función de la guerra y de la paz. Comencemos por los mapas:

 

- En Caquetá, Zuluaga ganó con el 63 por ciento y Santos alcanzó el 32 por ciento, logrando mayorías en tres municipios: La Montañita, Solano y Cartagena del Chairá. Esa distribución se repitió en el Meta: Santos ganó en los municipios que hicieron parte de la antigua zona de distensión, como La Uribe, Mesetas, La Macarena y El Castillo, ubicado en el alto Ariari. Los municipios “santistas” se caracterizan por su menor integración a la vida política-económica de sus departamentos y de la nación.

Allí, las FARC han logrado establecer un orden contra-estatal, aunque sería equivocado reducir los resultados electorales a la presión guerrillera, como dijo el uribismo. Más bien hay que entender que los procesos de organización política y social han  tenido en la violencia su mayor obstáculo. Votaron por Santos porque el proceso de paz es una oportunidad para replantear las relaciones conflictivas que hoy tienen con el Estado, y es un camino expedito para su integración.

Eso contrasta con la votación mayoritaria de Zuluaga en las zonas más integradas de Caquetá y Meta. En el primero, Zuluaga ganó en el piedemonte, donde se ha consolidado una economía ganadera de doble propósito y un importante notablato local que monopolizó la intermediación entre el Estado y sus pobladores.

Zuluaga ganó en el país integrado, en la Colombia que seguramente añora la Seguridad Democrática, y Santos ganó en las regiones “periféricas”.

En estos territorios las FARC han mantenido un asedio permanente y son percibidas como el gran obstáculo para su integración al mercado y a la comunidad política nacional. Es más, sus habitantes han sido las principales víctimas de las FARC,  que han  asesinado a líderes políticos, extorsionado y secuestrado a ganaderos y comerciantes. Estos factores permiten entender por qué los pobladores ven el proceso de paz como posible amenaza y por ende se inclinaron por Zuluaga.

- Lo mismo vale pare el caso de Meta. Allí ganó Zuluaga en las zonas más integradas: piedemonte norte, de tradición conservadora, y el centro del departamento.

En estas zonas avanza la agro-industrialización y se consolida una economía ganadera combinada con un reciente auge petrolero. Para sus pobladores, las FARC representan una talanquera en el proceso de integración y han sido también víctimas de sus secuestros, vacunas y extorsiones.  

- La variación en el Guaviare fue todavía más notoria: la victoria de Zuluaga fue apretada, pero Santos obtuvo mayorías geográficas: ganó en tres de los cuatro municipios, salvo en su capital San José del Guaviare.

- En Casanare y Arauca se repitió la distribución geográfica entre viejas lealtades y nuevos conflictos y entre “centro” y “periferia”. En Casanare Zuluaga ganó por 77 por ciento contra 18 por ciento de Santos; sin embargo, en algunos municipios del piedemonte y de la zona fronteriza con Arauca ganó Santos.

Otra vez fue evidente la diferencia geográfica: Santos ganó en las zonas de influencia guerrillera del piedemonte y la cordillera,  mientras Zuluaga ganó en los municipios de las sabanas, antiguos hatos ganaderos y tradicionales bastiones conservadores.

La diferencia geográfica entre cordillera, piedemonte y zonas planas, es más nítida en Arauca: Santos ganó en Arauquita, Fortul, Saravena y Tame; en cambio, Zuluaga ganó en los tres municipios ubicados en las sabanas de ganadería extensiva.

Suroccidente: nuevo escenario de la guerra y la paz.

En el occidente y suroccidente del país ganó Santos. Esto se debe a que estas zonas  fueron los escenarios centrales de la escalada de Uribe contra las FARC, y ahora pueden mirar al proceso de paz como una vía menos conflictiva de integrarse al resto de la nación.

- En el Putumayo y Nariño ganó Santos con un amplio margen. En Nariño Santos obtuvo mayorías en el pacífico, en la zona de transición entre el altiplano y el pacífico como Ricaurte y Samaniego, y en la mayoría de los municipios del altiplano. No obstante, se aprecian aglomeraciones de municipios que apoyaron a Zuluaga en el extremo nororiental y en algunos municipios del sur.

- En el Cauca ganó Santos de forma apabullante. Este departamento se ha convertido en el escenario del nuevo eje del conflicto, debido a la disputa que por las tierras altas y medias de las cordilleras central y occidental libran las FARC y la Fuerza Pública. Allí seguramente la paz es una oportunidad que explica su inclinación hacia   Santos, algo que fue reforzado por el apoyo que recibió del movimiento social indígena y campesino de la región.

Votaron por Santos porque el proceso de paz es una oportunidad para replantear las relaciones conflictivas que hoy tienen con el Estado, y es un camino expedito para su integración.

En síntesis

Los resultados electorales muestran un país polarizado y fragmentado en relación con un tema tan crucial como la guerra y la paz en varias escalas:

  • a nivel nacional entre el centro andino integrado, que recela de los acuerdos con las FARC, y el resto de la nación que apoyó la reelección y el proceso de paz.
  • La polarización es más evidente en los departamentos más afectados por el conflicto, donde convergen la presencia guerrillera y un proceso de desarrollo acelerado, como Arauca, Meta y Caquetá.

Sabemos que las disputas por el poder local y regional son los escenarios más aptos para desencadenar nuevos ciclos de violencia, que en el pasado dieron al traste con los intentos para alcanzar la paz y ampliar la comunidad política. Por eso uno de los retos del postconflicto es enfrentar y superar los ánimos crispados del pasado debate electoral, de cara a las elecciones locales y regionales del 2015.

 

* Investigador del Centro de Investigación y Educación Popular (CINEP) – Observatorio Colombiano para el Desarrollo Integral, la Convivencia Ciudadana y el Fortalecimiento Institucional en regiones fuertemente afectadas por el conflicto armado (ODECOFI).

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