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Las regiones sin voz: partidos y elecciones locales en Colombia

(Tiempo estimado: 5 - 10 minutos)

Anuncio de la victoria del político conservador Guillermo León Valencia, primer dirigente del Frente Nacional.

Se acercan otra vez las elecciones y sigue viva la amenaza de las mafias. Una mirada de repaso y de alerta que muestra por qué y cómo la compraventa de votos hace que las regiones no tengan una presencia real en el Congreso-ni en los gobiernos locales-.*

Antonio Melo Salazar**

Universidad de IbaguéUn camino difícil

"La democracia es el peor sistema de gobierno, con excepción de todas las otras formas de gobierno”. La frase paradójica y sin embargo exacta de Winston Churchill ante la Cámara de los Comunes es un marco adecuado para apreciar el camino que hemos seguido en Colombia hasta lograr esa forma precaria de democracia que hoy disfrutamos -o que padecemos-.

Casi 205 años de Patria Boba, incontables guerras civiles, masacres y hasta genocidios. Constituciones redactadas para ángeles que fueron sustituidas por textos confesionales o fueron arrumadas por las dictaduras.

Con la Constitución de 1991 se produjo también una proliferación de partidos políticos.

Con altas dosis de sangre y de dolor, en ese discurrir accidentado se fueron consiguiendo los hitos que hoy con razón podemos celebrar: libertad de los esclavos, igualdad de los ciudadanos ante la ley, derecho al voto, libertad de asociación, función social de la propiedad, educación laica, libertad de prensa y opinión, libertad de cultos, voto de la mujer...

Los dos partidos tradicionales fueron protagonistas de lado y lado en cada uno de aquellos episodios, hasta que después de la Revolución en Marcha comenzaron a irrumpir ideologías y tendencias políticas alternativas, que sin embargo debieron volver a la clandestinidad entre 1946 y 1958 y fueron relegadas al ostracismo bajo el Frente Nacional.

Congreso de la República en el Capitolio Nacional.
Congreso de la República en el Capitolio Nacional.
Foto: Congreso de la República de Colombia

Descentralizar la corrupción

A partir del modelo centralista que había impuesto Núñez, la democracia también se fue extendiendo hacia la relación entre el gobierno nacional y las regiones.

Con el Acto Legislativo 01 de 1986 y la Constitución de 1991 se establecieron la elección popular de alcaldes (1988) y de gobernadores (1992). Estas iniciativas fueron acompañadas por la llamada “descentralización administrativa”, que trasladó a los ciudadanos y gobiernos seccionales y locales el manejo de los recursos y el rumbo que deberían tomar sus colectividades.

Sin embargo, con la Constitución de 1991 se produjo también una proliferación de partidos políticos- o más precisamente, de denominaciones- que, lejos de sustentar posiciones ideológicas, se organizaron alrededor de repartos burocráticos, asignación de contratos y tajadas del poder.

Por eso, en vez de una eficaz descentralización administrativa y de atender adecuadamente las necesidades regionales y locales, en la mayoría de los casos el resultado ha sido  descentralizar la corrupción y permitir que los recursos y grandes extensiones del territorio nacional sean cooptados por autenticas “mafias” que no vacilan en apelar incluso a la violencia.

Se suponía que la elección popular de alcaldes y gobernadores entrañaría un ingrediente pedagógico para que las comunidades pudieran determinar las prioridades de la inversión pública y premiar con la confianza en las urnas a los partidos o funcionarios que acertaran y exhibieran hojas de vida pulcras y gestiones provechosas para el departamento o el municipio. O también, llegado el caso, para censurar a los partidos o a los funcionarios que los representaran en el gobierno, y en general a los políticos que incurrieran en prácticas corruptas, en manejos erráticos o en despilfarro de recursos.

Pero en la gran mayoría de los casos ese ingrediente pedagógico no ha fructificado y no se manifiesta, de modo que las empresas electorales y los contratistas del Estado imponen su voluntad y su poder a través del despilfarro o el saqueo, se multiplican sin sanción alguna, y se suceden los gobiernos incompetentes y ladrones.

Captura del poder

Por esa vía llegamos a tener un sistema político peculiar, donde barones corruptos se han apropiado de los gobiernos locales y pueden manejar las elecciones, de modo que ellos mismos o sus pares predominan en el Congreso y deciden quiénes  acceden a los cargos superiores del Estado central.

Así pues la descentralización y el cambio en el sistema de partidos han servido para que de abajo para arriba y de arriba para abajo, se formen y consoliden verdaderas “empresas electorales”, cuyos núcleos primarios se organizan alrededor de familias que inicialmente  ofrecen sus servicios electorales al mejor postor y – a medida que ganan poder- se van especializando y capturando feudos o focos tan jugosos y esenciales como los servicios de salud.

Un sistema político peculiar, donde barones corruptos se han apropiado de los gobiernos locales.

Pasando por encima de denuncias ciudadanas, de procesos judiciales e incluso de condenas penales por delitos graves, esas familias siguen manteniendo el poder electoral, el control de los cargos de elección popular y la capacidad de extorsionar a quienes intenten ofrecer una opción política diferente es decir, una opción al servicio del interés genuinamente público.

No de otro modo se explica la permanencia durante dos o más generaciones de verdaderas dinastías que se rotan o heredan los votos y el poder burocrático, aún en medio de  escándalos, del saqueo inmisericorde del erario, de condenas por su complicidad con bandas de criminales y narcotraficantes que han asolado las regiones. Sin siquiera el rubor -o con la complacencia explicita- de las directivas nacionales de los partidos y el apoyo de los gobiernos de turno, los miembros de estos clanes aspiran al Congreso, a las asambleas y los concejos municipales, siendo elegidos con miles de votos y sin censura por parte de los  organismos de control.     

Ibagué, capital del departamento del Tolima.
Ibagué, capital del departamento del Tolima.
Foto: Stephen Downes

Votantes a la venta

El círculo vicioso de captura del poder local, control sobre los electores y dinastías inmunes a la crítica y al control ciudadano se repite de modo lamentable en todas las regiones y aún  en las grandes ciudades de Colombia. Sus causas y sus efectos han sido objeto de incontables denuncias y estudios. Pero aquí quiero llamar la atención sobre un efecto especialmente pernicioso de este “sistema político”, que es la pérdida de representación efectiva de las regiones ante el Estado central.

El caso del Tolima ilustra muy bien el punto. También en este departamento se han consolidado las empresas electorales y han proliferado las bandas de mercenarios en el mercado de votos. Los resultados de la elección de Congreso en 2014 dan una prueba palpable del fenómeno: el Tolima tenía un potencial de   994.905 votantes, de los cuales votaron apenas 458.899 (46 por ciento). De este total hay que restar  los votos nulos, los no marcados y los en blanco, que ascendieron a un notable 23 por ciento de lo escrutado.

Pero resulta que los votos por candidatos oriundos de la región solo alcanzaron para elegir  a una senadora que obtuvo la última votación efectiva para obtener curul por el partido Cambio Radical. Por otra parte el senador con mayor votación en el país es oriundo de Ibagué, pero en su tierra natal obtuvo muy pocos votos. Y de otro lado la renuncia de un senador antioqueño por el Partido Liberal permitió que accediera otro senador oriundo del Tolima.

Las cuentas más optimistas dirían entonces que  la región cuenta actualmente con tres senadores; pero uno de ellos llegó “de rebote” y otro no tiene arraigo local efectivo, de modo que a la postre Tolima obtuvo una curul por residuo. Es más: aun admitiendo que el Tolima tiene “sus” tres senadores, esta cifra es apenas la mitad de la que habría obtenido   si los habitantes hubieran votado por candidatos realmente arraigados en la región.  

Por supuesto que se trata de una circunscripción nacional. Si los senadores que obtienen sus votos en el Tolima tuvieran alguna raigambre, presencia o ejecutoria local no habría un problema de sub-representación tan severo como el que indican las cifras.  Pero el repaso de los nombres, antecedentes y gestiones muestra que la mayoría de quienes obtuvieron votos ni siquiera han venido al Tolima en los últimos lustros o que lo han hecho a las carreras, para darle algún barniz de legitimidad al resultado.

Y el ciclo vuelve a cerrarse. Con o sin raíces en el Tolima,  entre los aspirantes al Senado que tuvieron votos en el departamento es fácil encontrar representantes de empresas electorales regionales cuyas cabezas están en prisión o han sido condenados por    paramilitarismo, narcotráfico, lavado de dinero, depredación del erario, saqueo de la salud o de las obras públicas, financiación de quienes acabaron con las Cajas de Previsión, y monopolización del chance legal e ilegal. Ninguno de ellos, que se sepa, ha tenido actividad alguna de beneficio para el Tolima o su gente: sus votos han provenido de las bandas de mercenarios electorales que se tranzan  por dinero o canonjías para usufructo muy particular.

Las comunidades están en mora de ejercer los derechos que le brindan la democracia y de ocupar los espacios que la Constitución provee para ejercerlos, mediante una participación programática en sus destinos y en la identificación de sus prioridades. También están en mora de materializar su rechazo a la corrupción y la violencia, usando el voto en consecuencia con la inconformidad que suelen expresar en privado, y cada vez que deben soportar los abusos, las incomodidades, la malversación y la ineficiencia de aquellos a quienes las mayorías aparecen acompañando en las urnas.

 

* Razón Pública agradece el auspicio de la Universidad de Ibagué. Las opiniones expresadas son responsabilidad del autor.

**Periodista, fundador, por muchos años director y gerente del diario El Nuevo Día, miembro del Consejo Superior de la Universidad de Ibagué.                                                           

 

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Comentarios  

ESTIVENSON AVILA
+1 # Voz Académica.ESTIVENSON AVILA 04-03-2015 09:39
GRACIAS.
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Héctorhotmai Galeano
0 # para los amnésicosHéctorhotmai Galeano 09-03-2015 21:58
Bueno volver sobre la realidad del país y entender la necesidad de actuar contra la corrupción en el poder, si es que esto es posible.
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Cindy Julieth Castro
0 # Bajo el terrorCindy Julieth Castro 24-05-2015 19:28
Vemos que en cualquier tipo de elecciones se ve casos de manipulación y violencia en las zonas rurales. Al trascurrir el tiempo el país se ha visto sometido a todos estos tipos de barbarie para que tal democracia no se lleve a cabo para el bien de todos.

Son dos entes que manipulan esta situación por un lado los grupos guerrilleros del país que influyen drásticamente en estos casos, y las personas electas a ciertos puestos en el senado comprando los a los votantes. ¿Porque tenemos que dejar que personas externas independienteme nte quienes sean, influyan en nuestras decisiones para conservar un aire de paz?
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