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Cesó la uribe noche

(Tiempo estimado: 3 - 6 minutos)

Manuel Guzman HennesseGracias a que los senadores no saben escribir y a que la H. Corte resultó honorable.

Manuel Guzmán Hennessey*

Fue la misma amiga que, la noche del viernes, me envió el mensaje "cesó la uribe noche", la que luego me dijo: tan avispados los senadores y no saben escribir.

Entonces me pareció que ambos comentarios encajaban como un soberbio doble seis, para cerrar este juego de dominó, que si no hubiera sido por las cervecitas, nos habría agotado hasta la desesperación.

La horrible noche acabó el viernes, y muchos celebramos, pues la honorable Corte Constitucional (y nunca mejor usado el adjetivo) procedió en derecho, salvando con ello el intento de Uribe Vélez de avanzar hasta una forma no inédita de dictadura, que ya usó Carlos Menem, y luego otros, con mejorado cinismo.

Me refiero a esa manera de gobierno autoritario que se desliza ladinamente por los meandros de una democracia postrada y medrosa, y se instala silenciosa en el poder, atornillando al sátrapa de turno mediante artilugios que le hacen creer al populacho que son ellos los que están ganando la partida, vaya uno a saber contra quiénes, pues de este engendro sólo se benefician los susodichos y sus secuaces.

La otra parte del doble seis es más patética, y no porque no haya acabado, como la larga noche, sino porque tiende a empeorar. Que unos padres de la Patria no sepan escribir explica, entre otras razones, el peligro a que nos vimos abocados los colombianos. Y paradójicamente, también nos pone a pensar que si supieran escribir esto habría sido más peligroso aún.

Los senadores de antes sabían leer y escribir (bueno, había excepciones), y algunos habían leído, lo cual les daba cierto vuelo a sus retóricas. Recurso que les servía para esconder, entre frases grandilocuentes, las mismas marrullerías que hoy usan sus sucesores, con la diferencia de que a estos últimos les salen con el rudimento del capataz locuaz, y valga el verso.

Uno de los peligros que acechan a nuestra democracia, y de esto no es culpable Uribe Vélez, es el preocupante analfabetismo funcional de muchos de sus protagonistas. Salvo al poder judicial de esta hecatombe, por supuesto, con honrosas excepciones.

El Congreso que vamos a elegir el catorce de marzo podría elevar hasta el límite máximo permitido, el nivel de analfabetismo funcional del "honorable"; y si entendemos que otros analfabetismos, como el cultural y el político, no son más que consecuencias del analfabetismo funcional, apaga y vámonos.

No estoy pensando en Tino Asprilla, ni en las modelos que usan como señuelo sus figuras para que los ignorantes, atraídos por sus atributos (las más de las veces sobrevalorados por una estética decadente que hace parte de nuestro drama) vayan como borregos a las urnas. También en otros países ha habido candidatas que, o bien nos anuncian que nos van a mostrar sus tetas si salen elegidas, o nos las muestran de antemano para que sepamos a qué atenernos.

No estoy pensando en ellas, pues aquí salta de bulto el problema que nos ocupa; sino en quienes hablan por los medios, e inclusive, escriben, permitiéndonos con ello conocer hasta qué punto bien podrían esperarnos peores noches, en el improbable evento de que algunos de estos señores (o señoras) aprendan, un día, a escribir.

Una de las buenas columnistas de este país, Carolina Sanín, escribió que el reciente ridículo de Chávez y de Uribe (el de las carajadas y las varonías), confirma "que la región es un chiquero en lo que a presidentes se refiere"[1].

Quisiera decirle que yo he estado en chiqueros, más exactamente en porquerizas, y he notado que el "lenguajear" que usan los cerdos para dirigirse a sus congéneres, es un dechado de gruñidos sutiles y bufidos tiernos, que en nada se parece a la algazara que me ha tocado escuchar en el Congreso.

Y una cosa más: cada uno de esos bufidos corresponde a un fonema justamente escogido entre una extensa gama de posibilidades fonéticas, que además habla muy bien de la riqueza comunicativa de nuestros amigos, los cerdos.

Escuchando a los políticos he notado (hay que decir que a algunos), que el recurrente uso de muletillas, y la manera en que algunos suelen reemplazar los sustantivos con la palabra hijueputa, simplemente porque les queda más fácil llamarle a todo hijueputa (mezclando procacidad con pobreza) que aprenderse los nombres de las cosas, no habla mejor de la riqueza de su lenguaje, que del de los cerdos.

Prueba de ello es el referendo reeleccionista, redactado a palos por unos señores, a quienes otros les dicen doctores. Y hubo después que enmendarlo con un adefesio peor. Uno de ellos no fue el presidente Uribe Vélez, quien podrá parecer montañero y capataz, pero que no creo que sea tan malo para escribir como sus amigos.

Cesó la uribe noche, más no por ello hay que reconocer que hubo en esta historia de las noches, algunas, "francamente serenas", como dice el poema de Amado Nervo.

Una de ellas fue la de este viernes, justamente, y el protagonista de la serenidad fue un hombre al que algunos, entre los que me cuento, no le reconocen muchas virtudes democráticas. Ello, justamente me obliga a escribir que a diferencia de Fujimori, que salió a destituir a los magistrados del Tribunal Constitucional peruano, el nuestro acató el fallo, bajó la cabeza, y expresó su voluntad de trabajar desde otras instancias. Ojala le vaya mejor en ellas.

* Profesor de la Universidad del Rosario, director general de la red latinoamericana sobre cambio climático Klimaforum Latinoamérica Network (KLN).


twitter1-1@guzmanhennessey


Nota de pie de página


[1] EL Espectador, domingo 28 de febrero de 2010.  

 

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