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¡Voy a votar!

(Tiempo estimado: 4 - 7 minutos)

El filósofo desentraña el sentido de la "ola verde" y propone una interpretación de gran calado.    

Juan José Botero*

El entusiasmo con el que este joven de unos 23 o 24 años llegó hasta mí y me soltó la frase "¡Voy a votar!", así, espontáneamente y sin que se le hubiera hecho ninguna pregunta al respecto, me confirmó la sospecha de que, efectivamente, algo muy especial estaba pasando.

Las elecciones presidenciales son siempre acontecimientos que alteran las rutinas cotidianas durante algunas semanas, pero en este caso se trataba de algo diferente. No estaba ante alguien que hubiera pensado, discutido y sopesado exhaustivamente propuestas y promesas de los candidatos y hubiera tomado racionalmente una decisión final sobre un curso de acción futuro. Tampoco se trataba de la expresión de un capricho súbito, de una decisión arbitraria o de un impulso emocional incontrolable. Para mí era evidente que este joven había hecho conexión con una situación global que estaba en proceso de constituirse y de la cual, sin mediar un proceso previo de largas deliberaciones, simplemente se sintió parte. Encajó en ella. Se empezó a sentir "como en casa" vinculándose, identificándose con lo que estaba ocurriendo. Hacía parte de la llamada "ola verde" y con ello hacía la experiencia de que su existencia se elevaba "a su más alto nivel de calidad". Al decirme "¡Voy a votar!" no me estaba comunicando una información. Estaba expresando su modo de estar en el mundo.

Por eso esta campaña electoral es tan especial. En ella se ha abierto una posibilidad única de hacer funcionar una capacidad que los occidentales hemos tenido durante más de 2.500 años: la capacidad de hacer historia. Se hace historia cuando se genera un cambio real en la manera como se comprende el mundo y las cosas. Es decir, cuando ocurre un cambio en la manera de estar en el mundo. En este caso, el "¡Voy a votar!" de este joven era la expresión de que su manera de comprender el mundo de la política había cambiado radicalmente. Y este cambio había generado en él la apertura de un mundo nuevo.

El cambio es realmente histórico puesto que no se limita a ser un cambio de opinión ni al surgimiento de unas creencias nuevas. Éstas vendrán  más adelante, discursivamente. Es, más bien, un cambio en la forma como se comprende el mundo de la política, que consiste básicamente en la emergencia en él de un marco, o de un trasfondo existencial sobre el cual cobra sentido su vida como sujeto político.

Mi impresión es que la llamada "ola verde" resulta de la multiplicación de este tipo de experiencia principalmente entre la juventud educada del país. Por eso me parecen tan pedestres los comentarios públicos que, por incapacidad para penetrar en el sentido de lo que está ocurriendo, dan por sentado que los jóvenes que se han hecho cargo del movimiento social que porta a Antanas Mockus son nada más que una especie de borregos emocionalmente alterados e irremediablemente equivocados. En esta visión de las cosas coinciden tanto un anciano columnista de derecha, que los llama "bobitos", como su extremo opuesto, una joven y talentosa escritora que los considera víctimas de un complejo de inferioridad nacional e incapaces de asumir "la responsabilidad de ser autónomos y conscientes" porque no piensan como ella.

Antanas Mockus y su equipo están ad portas de iniciar un proceso de cambio histórico si la "ola verde" logra ganar las elecciones y si ellos encuentran la manera de realizar su tarea de manera sistemática y sostenida. No estaremos ante el dramatismo de una revolución sino ante la emergencia paulatina de una manera de vivir políticamente que tiene la potencialidad para generar cambios también históricos en los ámbitos económico y social.

La configuración de una cultura de la vida política articulada por vectores éticos, racionales y estéticos, destapa posibilidades insospechadas para la emergencia de programas, propuestas, proyectos orientados, no ya a la perpetuación mediante remiendos del estado de cosas presente, sino a conseguir que ese estado de cosas se transforme para hacerse coherente con esos principios articuladores. No se parte, pues, de un recetario de "soluciones" puesto que ni siquiera se acepta partir de una formulación prefabricada de "problemas". Las intervenciones del candidato en los mal llamados "debates" televisivos desconciertan a los periodistas porque éstos están acostumbrados a moverse en un plano en el cual se supone que los "problemas" son algo que existe ahí, como un montón de objetos dañados, y que para cada uno de ellos es preciso formular una receta que conduzca a su "solución". 

Mockus, por su parte, se mueve, como lo ha hecho notar Hernando Gómez Buendía, en el plano de los principios. Son estos principios los que generan los criterios para la realización de dos operaciones complementarias: la formulación de las situaciones que hace de ellas "problemas"; y el diseño de los programas y proyectos apropiados para esas situaciones así formuladas. El ejercicio del poder político será una permanente búsqueda consensuada de este tipo de coherencias.

Yo percibo como un hecho realmente histórico en Colombia la constitución del espacio político como un sistema dinámico organizado por principios éticos, estéticos y racionales en el cual sean realmente posibles las deliberaciones políticas y la confrontación de intereses. Y estoy convencido de que una parte muy significativa de la población que ha hecho emerger, con sus acciones, ese inédito movimiento auto-organizado que se ha llamado la "ola verde", identifica en Antanas Mockus y su equipo la apertura de la posibilidad de constituir ese espacio político.

No se trata de una identificación teórica sino de una identificación mediante una sintonía total con los principios y la forma de actuar de estas personas. Esta clase de identificación por sintonía involucra una decisiva carga emocional, por supuesto. Ella no es, sin embargo, como lo pretenden el anciano columnista y la joven escritora, un defecto de la razón. Más bien es lo contrario: identificarse con un modo de existir ético y estético es algo esencialmente emocional pues en ello van los sentimientos morales y el sentir estético; y es en este modo de existir en el cual se definen los contextos y los supuestos que le otorgan todo su sentido a la argumentación racional.

Lo histórico de la situación presente en Colombia se resume en la imagen de aquel joven que expresa la emergencia en su vida de una forma nueva de comprender el mundo en la simplicidad de un "¡Voy a votar!".

* Profesor Asociado, Departamento de Filosofía. Universidad Nacional de Colombia –Bogotá.

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