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Bogotá: Petro y el triunfo del electorado independiente

(Tiempo estimado: 7 - 13 minutos)

ricardo garciaUna mirada penetrante y de conjunto a las elecciones regionales que acaban de pasar, al por qué ganó Petro y al cambiante escenario de partidos, coaliciones y votantes de opinión en la ciudad y en el resto de Colombia.

Ricardo García Duarte*

Cuatro resultados y tres comportamientos nacionales

El amplio triunfo de Gustavo Petro en la capital del país; el de numerosos candidatos de coalición en diversos municipios y capitales intermedias; la derrota de casi todos los candidatos que recibieron el aval de Álvaro Uribe Vélez, y el mantenimiento de un equilibro global entre los partidos principales de la Unidad Nacional, con alguna ventaja para el liberalismo, parecen ser los hechos más destacados de las elecciones que acaban de concluir.

Por otro lado la participación ciudadana en las elecciones locales a lo largo de estos años ha venido cristalizando tres formas principales de comportamiento en relación con los partidos: 

  • La adscripción del elector a partidos tradicionales, como decir el Liberal o el Conservador.
  • La mezcla de decisiones que hace el elector, sin considerar las fracturas interpartidistas; lo que sucede cuando votantes de corrientes distintas se inclinan por la misma opción.
  • La emergencia de opciones independientes, con posibilidades de éxito; algo que no ocurre cuando se trata de elecciones presidenciales o parlamentarias.

Una gramática electoral

De ahí que los resultados de la jornada de este 30 de octubre hayan mostrado una especie de “gramática electoral”, a saber:

  • La presencia de un coalicionismo heterodoxo y múltiple. El instrumento que usa cada candidatura para entrar a la competencia es –en una inmensa cantidad de casos– una alianza de grupos y partidos que simplemente aspiran al control del gobierno y de la respectiva corporación pública, Concejo o Asamblea. Una victoria les permite controlar los recursos para desarrollar una gestión administrativa y afianzar una hegemonía local.  

Son coaliciones que no siguen un patrón único a nivel nacional o que no necesariamente se repiten en cada municipio. Y que tampoco parecen resultar de cercanías ideológicas o parentescos partidistas. Más bien parecen consistir en acuerdos de interés o en obtener las ventajas (no necesariamente ilegítimas) que resultan de administrar la cosa pública.

  • Las adscripciones de partido –vale decir, los vínculos intensos de pertenencia a una colectividad– aunque disminuidas, siguen garantizando la movilización de un número significativo de votantes por parte de los “aparatos” respectivos. Y tales aparatos constituyen el recurso principal que aportan los partidos a las coaliciones que ya señalé.
  • La adscripción al partido es sin embargo reforzada o mediada por un pacto “clientelista” o de interés recíproco entre el votante y el candidato que postule el partido.

Así, bajo la dirección de un patrón político, investido de su calidad de parlamentario, el partido funciona como una empresa electoral donde se asocian microempresas barriales o sectoriales, capitaneadas con relativa autonomía por concejales o por líderes comunales, verdaderos intermediarios en la organización piramidal que constituye la empresa política.

Así, el coalicionismo heterodoxo y la adscripción partidista-clientelista son dos factores que parecieron decidir el triunfo de hoy en escenarios tan distintos como Montería, Neiva o Manizales.

  • Pero también concurren las opciones independientes -no solo las testimoniales, sino las competitivas. Las reglas, que incluyen los avales y las firmas, facilitan la irrupción de este tipo de opciones en cada nuevo evento electoral.

Ellas suelen cobrar vida en forma de movimientos coyunturales, sin vocación de permanencia, aunque obviamente no sean ajenas a las ambiciones presidenciales que sus candidatos mantienen in pectore. Este fenómeno se ha expresado hoy con los triunfos de Petro en Bogotá y de Fajardo en Antioquia, con su record de más de 900 mil votos.

Aunque son coyunturales, los movimientos independientes reaparecen, así sea con nuevos rostros, con liderazgos recién surgidos o con etiquetas que reemplazan las siglas anteriores.

Fenómeno constante y latente

En realidad todos ellos –los recién surgidos o los antiguos– son la parte visible (y si se quiere variable) de un fenómeno latente y a la vez constante que ha tenido vigencia durante los últimos veinte años. Se trata de la consolidación de un electorado de opinión fluido y cambiante pero que ofrece siempre la posibilidad de que sobre sus hombros irrumpan candidaturas nuevas.

Los liderazgos pueden subir y bajar de acuerdo con los humores de la opinión; pero la que reaparece siempre es esta última. Sobre todo en las grandes ciudades. Y muy particularmente en Bogotá, en donde ha llevado a la Alcaldía a Antanas Mockus en dos ocasiones; en cierto modo, una vez a Enrique Peñalosa; y con toda claridad a dos candidatos del Polo, Lucho Garzón y el hoy desacreditado Samuel Moreno. Es decir: durante los últimos cinco períodos se impuso como la fuerza decisiva para elegir un alcalde de la capital.

Y ahora lo acaba de confirmar con la elección de Gustavo Petro; y lo ha hecho a pesar de que éste carecía de un aparato de partido (como antes sucedió con Antanas); además de haberse inscrito solo con ayuda de las firmas; y de arrancar prácticamente como un outsider, que no solo enfrentaba el peso de un Peñalosa apoyado por Uribe, sino los propios obstáculos de las prevenciones y las opiniones negativas con las que tropezaba.

En tales condiciones, el triunfo final de esta candidatura no hace sino comprobar la existencia de un electorado de opinión que se autoafirma con la demostración de su capacidad para llevar al poder de la ciudad a quien sepa sintonizarse con él y a quien tenga la destreza de colmarle sus necesidades de identidad colectiva; es decir, de sentirse él mismo –el electorado– como un factor que juega en la determinación de las escogencias claves.

Equivocado o no, es un electorado vinculado internamente por mil racionalidades y expectativas, orientadas sobre todo en el sentido de “gozarse” el peso de su existencia, más que la de conseguir utilidades puntuales. Por este camino se inventó primero a Mockus, luego a Peñalosa, y finalmente a Lucho Garzón y a Samuel Moreno, antes de hacerlo ahora con Gustavo Petro.

El electorado de opinión

Los electores de opinión no deciden por disciplina de partido ni tampoco por ventajas clientelistas; invocan otros referentes, como la imagen del candidato y -en alguna medida- su programa; o más bien la idea general que ese candidato logre transmitir como factor de motivación.

El votante de opinión oscila entre las candidaturas de coalición apoyadas por aparatos regionales de partido y las de carácter independiente; todo ello en un vaivén decisional que es jalonado en cada ocasión por la personalidad del candidato al igual que por la sensación que deje ver en cuanto a su eficacia como gobernante; sin consideración, por cierto, a si pertenece a un partido o no. Una candidatura como la de Elsa Noguera en Barranquilla, por ejemplo, integra pertenencia partidista y opinión independiente.

Bajo otra modalidad, Petro o Gina, recogiendo primero una base independiente, suman después otros segmentos del electorado, que sin ser independientes, son de opinión.

Bogotá y su independencia

Durante los últimos 17 años, se había afianzado en Bogotá una franja amplia de electores de opinión, ramificada en todas las clases sociales, aunque sin duda con un peso mayor en los estratos 3 y 4. Esta franja es capaz de influir decisivamente sobre los resultados electorales es decir, es capaz de poner Alcalde en la capital, lo cual conlleva un saludable contrapeso de poder ante el dominio más bien partidista que suele darse en el gobierno central.

En los últimos ochos años, ese electorado de opinión pareció engancharse con una oposición de izquierda, la cual estuvo representada por Lucho Garzón y luego por Samuel Moreno (aunque éste proviniera de la ANAPO- eso sí, integrada en el Polo, rara mezcla que nunca se decidió entre ser una coalición de grupos dispares o un partido).

El fracaso de Samuel Moreno no podría traer como consecuencia sino el castigo al Polo, por parte de su propio electorado. Por cierto, un electorado fabuloso de casi 1 millón de votos, de los que por lo menos 600.000 eran de opinión; independientes unos, o provenientes de partidos distintos al del candidato, los otros.

Vacíos en la oferta electoral

La debacle de la Alcaldía podría haber traído como consecuencia la retirada de esa franja y de una parte de los adherentes del Polo hacia otros horizontes de atracción, como la abstención o los partidos convencionales. O también, hacia una figura de relevo, independiente aunque no fuera de izquierda. Los partidos convencionales del Establecimiento no ofrecían, en principio, candidaturas atractivas para ese electorado; incluso algunos, como la U o el conservatismo, ni siquiera tenían candidatos propios.

La posibilidad más real aparecía por el lado de los Verdes, que acababan de provocar un golpe de opinión con la candidatura de Mockus que arrastró una ola de 3 millones seiscientos mil electores.

Los Verdes y Peñalosa se casaron, sin embargo, con Uribe y no con Antanas; prefirieron la seguridad electoral que les brindaban los apoyos partidistas del Establecimiento a la utopía de un sueño que cautivara la imaginación colectiva. Con ello consiguieron, primero dividirse ellos mismos en su cúpula, sin asegurar el apoyo popular de sus aliados; y segundo, dejar que su propio electorado quedara fraccionado. En las sumas y restas, quizá hayan perdido más de lo que ganaron.

Metidos de cabeza en el cuento de sumar apoyos convencionales, y perdidas ya las posibilidades del sueño como imaginario político, se atuvieron apenas a dos aparentes fortalezas: la imagen de gerente de su candidato y los apoyos del partido de La U, de Uribe y de los concejales más controvertidos. Dos factores que sumados ofrecían el espejismo de la certidumbre electoral.

El mercado político y sus necesidades

En estas condiciones, el mercado político exhibía vacíos de ofertas frente a las demandas electorales existentes. Se trata naturalmente de un mercado que no es solo mercado sino también espacio para las construcciones y las identidades simbólicas y afectivas.

En este mercado aparecieron otras ofertas que activaron el voto de opinión: suma de independientes y de electores de partido no disciplinados. Tales fueron los casos, principalmente de Petro, el ganador y también de Gina, apoyada por Mockus, cuyo perfil de independientes resultaba creíble. Una calidad que en el caso de Petro se sumaba al perfil de opositor de izquierda que confirmó desde el Congreso con sus debates célebres contra el entonces presidente Uribe, y sin contar su ya lejano pasado de militante del M-19.

Petro como oferta política

Por ese camino consiguió atraer al votante de izquierda proveniente del Polo, asegurar los votos independientes y cautivar a los electores de opinión, venidos de otros partidos. La oferta de Petro estuvo rodeada de mayor audacia transmitiendo el mensaje de que una Bogotá más Humana era posible, aun cuando esta postura le granjeara la crítica de populista.

Al mismo tiempo, se forjaba una talla de estadista al articular un programa de soluciones puntuales con un proyecto de ciudad con acentos ambientales; algo que lo diferenciaba de sus competidores, cuyo mensaje quedó limitado a la atención de problemas particulares, (aunque algunos de estos fueran importantes).

De esta manera caló en todos los estratos, especialmente en los 3 y 4, muy influyentes en la participación proporcional por franjas sociales. Así mismo extrajo votos de todo el abanico de partidos, aunque su cosecha la recogió fundamentalmente del Polo, que pasó de 960 mil votos hace cuatro años a 32.200 votos (1,44 por ciento del total) este domingo. Y por supuesto de los independientes; sin excluir, en proporciones nada despreciables, la captación de votos del liberalismo y de Los Verdes.

Votación para Alcalde en Bogotá 2011

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El nuevo electorado

La votación por Petro mostró nuevamente la presencia activa y decisiva de ese electorado de opinión en Bogotá. Un electorado que está anclado en los estratos medios; y que está compuesto por el votante independiente más el elector con identidad partidista pero sin disciplina primaria. Este último votante hace parte de un electorado caracterizado por una cierta deslealtad moderna; o, si se quiere, posmoderna, frente a unos partidos, que a falta de capacidad ideológica para despertar sueños de cambio, se limitan a instrumentalizar la adhesión que consiguen de sus electores.

Se trata en general de un electorado que oscila entre distintas propuestas, en principio modernas; sean unas partidistas u otras independientes. A veces se comporta a la manera del individuo que distribuye sucesivamente sus lealtades según la elección de que se trate. Puede votar por ejemplo en una ocasión por Santos para presidente y en otras por Petro para alcalde.

Es un electorado que en todo caso ha vuelto a manifestarse con su propio peso en la votación de Bogotá; afirmándose como una corriente propia en el terreno de los comportamientos políticos.

Su fuerza le alcanzó para poner alcalde con una amplia diferencia y además para introducir una pequeña reconfiguración en las fuerzas del Concejo toda vez que fue capaz de llevar a esta instancia distrital a 8 concejales del nuevo movimiento político de los progresistas, liderado por el candidato, de la “Bogotá Humana Ya”, hoy flamante alcalde de la Capital.

 *Cofundador de Razón Pública. Para ver el perfil del autor, haga clic aquí. 

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Comentarios  

juan portilla
+1 # juan portilla 31-10-2011 13:11
se comenta que la reina Isabel respondio con una pregunta ante lacrisis financiera mundial -es que nadie la vio venir?-.
Hoy nos enfrentamos a una competitividad de ´´tigre con burro amarrado´´ en lo que del TLC se refiere.Mientra s China inunda al mundo con productos en un 93% inoficiosos y altamente contaminantes, nosotros nos estamos sujetando a reglas y condicionamient os muy ventajosos para los paises avanzados....as i, estamos amenazando nuestra relativa tranquilidad y la de futuras generaciones.Un desierto como el africano nos puede estar esperando a la vuelta de unos pocas decadas. Para cualquier persona que lea esto les recomiendo el libro Asesinos del asombro de Leon Vallejo Osorio, por favor, leanlo y actuen para salvaguar mejores posibilidades a futuro.
Una cosa es crisis financiera que atañe a salvaguardar los intereses bancarios y otra es tener recursos como las materias primas para satisfacer las necesidades de la demanda social.Ojala todos despertemos a tiempo para responder a la pregunta de la reina Isabel.....
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