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¿Hay un ala uribista del movimiento indígena?

(Tiempo estimado: 6 - 12 minutos)

Carlos_Ramirez_Razon_publicaLa OPIC es una organización indígena muy particular: caricaturizarla como simple apéndice uribista, solo demuestra que se desconoce su origen y su historia anterior, antes de ser cooptada por el uribismo. Otro reflejo más en el caleidoscopio del norte del Cauca.

Carlos Andrés Ramírez*

Más allá de las caricaturas

Los actores políticos y los periodistas comprometidos tienen siempre algo de caricaturistas en sus juicios: hacen abstracción de cientos de rasgos de los eventos y personajes sobre los cuales toman posición y exageran otros hasta el punto de convertirlos en el único rasgo que permite identificarlos. El conflicto en el Cauca es un buen ejemplo al respecto.

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Surgimiento oficial de la OPIC, en marzo de 2009: un evento encabezado por el entonces ministro del Interior, Valencia Cossio.
Foto: Presidencia.

Reducir los reclamos del Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC) a una estrategia de la guerrilla para ganar una ventaja militar, no sólo es desconocer la multiplicidad de corrientes en su interior – incluyendo algunas, como los “Nietos de Quintín Lame”, que en efecto simpatizan con la guerrilla – sino es omitir también el hecho de que esta organización también ha sido víctima de las FARC. Dan cuenta de esta compleja realidad el reclutamiento forzado de miembros de la comunidad Nasa o el asesinato del líder Cristóbal Secué.

La pretensión del CRIC de desalojar a todos los grupos armados de su territorio se nutre ciertamente de un discurso antiestatal y empata en efecto con la agenda de algunos sectores radicalizados, pero es primordialmente una iniciativa de la sociedad civil por contrarrestar los efectos siniestros de un conflicto sin un final previsible.

Que la propuesta del CRIC no sea más que un apéndice de la estrategia militar de las FARC ha sido sin embargo un tópico repetido como un mantra por Francisco Santos, alias “Pachito”, y por los columnistas uribistas de “El Espectador”.

¿Indígenas cristianos y abiertos a la globalización?

La otra cara de los reduccionismos es menos conocida: a raíz de la crisis reciente ha vuelto a emerger la contraparte del CRIC, la Organización Pluricultural de los Pueblos Indígenas de Colombia (OPIC). Para dirigentes indígenas como Feliciano Valencia o para periodistas como Daniel Coronell o María Jimena Dussán se trata sencillamente de un ala del movimiento indígena manipulada por el uribismo y destinada a su debilitamiento y división.

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Ana Silvia Secué, líder la OPIC: “hoy declaro delante de la Nación y del mundo que somos uribistas”. 
Foto: Facebook.com

Si se atiende al surgimiento oficial de la OPIC, en marzo de 2009, todo parecería constatarlo: un evento encabezado por el entonces ministro del Interior, Valencia Cossio, que constituía en efecto una respuesta del gobierno Uribe a la Minga de 2008 y en el cual la líder de la OPIC, Ana Silvia Secué, afirmó: “hoy declaro delante de la Nación y del mundo que somos uribistas” [i]. Todo parece claro. La realidad es sin embargo más compleja.

La organización que se denomina OPIC desde 2009 se gestó sin ninguna intervención gubernamental en el encuentro de comunidades indígenas evangélicas, realizado en Villarrica en el 2004 y obtuvo su personería jurídica en 2006 bajo la razón social de “Asociación del liderazgo Nasa para el desarrollo y la convivencia pacífica pluricultural en Hispanoamérica” (ASONASA).

El núcleo de su proyecto era fomentar programas de etnoeducación que incluyeran el pluralismo religioso y la enseñanza del inglés como tercera lengua. Este objetivo estaba enmarcado dentro de una abierta oposición al CRIC, pues ASONASA como lo manifestaba su Manual de Convivencia rechazaba su “indigenismo radical”, su antiestatismo, su ineficacia en el manejo de recursos nacionales e internacionales – ligada a brotes de corrupción – y su posición frente a la toma de vías y las ocupaciones.

En suma, podría decirse que el proyecto de ASONASA consistía en un programa educativo abierto a la globalización, cristiano y a la vez interesado en la conservación de la identidad nasa, opuesto al discurso de izquierda y, debido a su búsqueda de integración a la “sociedad nacional”, expresamente solidario con las instituciones estatales.

Clientelismo y cooptación del uribismo

Cuando el uribismo se vio urgido por contrarrestar la movilización indígena de 2008, recurrió a la misma estrategia de cooptación de élites que aplicó respecto al sindicalismo o a los afrocolombianas.

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El Cric, entre otras organizaciones, insiste en la salida del Ejército y de la guerrilla de sus territorios.
Foto: periodicovirtual.com

La OPIC es un producto de esa estrategia de claros rasgos corporativistas que, en términos de Gramsci, podría describirse como una “revolución pasiva” [ii]. La absorción de fuerzas contra–hegemónicas mediante la articulación de demandas materiales y simbólicas insatisfechas es en esos términos parte de la dinámica de la reproducción de un orden hegemónico.

Por esta vía el uribismo dividió en efecto al movimiento indígena y debilitó un foco de resistencia. No obstante, ese proceso puede ser leído tanto desde la perspectiva del gobernante como de la del gobernado. ASONASA ya era un actor social y su integración el uribismo también puede ser vista desde su perspectiva.

Si se tiene en cuenta que ASONASA operaba con un discurso nacionalista, nada reacio a las dinámicas del mercado y expresamente reacio a todo desafío a la institucionalidad, no es nada sorprendente su sincronía con el discurso patriotero del uribismo, con la lógica de la “confianza inversionista” y, sobre todo, con la “seguridad democrática”.

El gobierno Uribe supo aprovechar la oposición al CRIC que representaba ASONASA, pero la división preexistía a la aparición de la OPIC. Desde la perspectiva de los indígenas evangélicos la formación de la OPIC era en efecto la posibilidad de articular sus demandas dentro del discurso hegemónico y, por supuesto, obtener a la par beneficios que les permitieran materializar su proyecto.

Cuatro razones para la división indígena

Está fuera de duda que en este proceso estaban en juego el acceso a recursos estatales y las condiciones jurídicas que lo posibilitaban, pero sería muy corto de miras sugerir que la formación de la OPIC es sólo un intercambio de lealtad por presupuesto.

Cuatro características de las comunidades indígenas evangélicas son de especial relevancia para detectar su dimensión ideológica:

  1. Las iglesias evangélicas han sido perseguidas sistemáticamente por las FARC y debido a la influencia que tuvo el “Instituto Lingüístico de Verano” en su surgimiento en el Cauca, siempre estuvieron permeadas por el discurso anticomunista. El rescoldo de esa ideología pudo ser así fácilmente reavivado por el discurso uribista. Si se tiene en cuenta además que Ana Silvia Secué es la sobrina de Cristóbal Secué, el líder nasa asesinado por las FARC, se suman nuevos motivos en esta dirección.
  2. Los indígenas evangélicos, como lo demuestra por ejemplo la posición de la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE) durante el gobierno de Lucio Gutiérrez, han sido propensos a rechazar las “vías de hecho”. Los indígenas evangélicos colombianos también han tenido participación en las ocupaciones y en la toma de vías pero, como lo han señalado C. Gros o J.D. Demera, siempre han privilegiado las soluciones conciliadas, el respeto a la legalidad y la aceptación de las jerarquías sociales.
  3. La OPIC considera errada una política que excluye por principio de su agenda la iniciativa empresarial, la cooperación con empresarios o la formación técnico–científica. A veces como parte de un discurso moral, en el cual la austeridad y el autocontrol son centrales, a veces por fuera de él, se halla en su discurso un énfasis notorio en el valor del trabajo y en el rechazo de formas validadas culturalmente de “derroche” – tipo potlacht – que van en contravía de la acumulación de la riqueza y del manejo eficiente de los recursos. No resulta difícil reconocer detrás de estas actitudes el ethos protestante y preveer entonces el empalme con una agenda política pro–capitalista, imposible para el CRIC.
  4. Una de las sentencias judiciales más importantes en lo referente a la protección de los derechos comunitarios de la población indígena, la Sentencia SU-510 de 1998 de la Corte Constitucional, es paradójicamente uno de los motivos de la actual división política. A partir de ella los indígenas evangélicos perdieron su derecho a ser reconocidos como iguales al interior de sus comunidades. Una vez la expulsión de las iglesias evangélicas de los territorios indígenas fue validada legalmente, los indígenas evangélicos quedaron al margen de la institucionalidad indígena oficial. Los cabildos – y las organizaciones ligadas a ellos – dejaron de ser el espacio de representación. Que tanto los nasa como los arhuacos evangélicos hayan buscado generar una institucionalidad paralela, junto con un esquema de alianzas políticas ajeno al de las organizaciones más tradicionales, resulta comprensible.

La polarización no explica todo

La OPIC, cuyo surgimiento no respondió a motivos nada coyunturales, perdió sin embargo relevancia política con el fin del gobierno Uribe. La tensión entre el CRIC y el gobierno Santos le ha permitido volver a hacerse visible.

Carlos_Ramirez_region_cricEl CRIC ha acusado al Gobierno Nacional de tener una estrategia para dividirlos.

Foto: Cambio.com.co

En días recientes organizó en Popayán una marcha de respaldo a las Fuerzas Armadas. Según el periódico “El Tiempo” unos 4.500 indígenas se hicieron presentes. Los líderes de la OPIC se han prestado de nuevo para que el uribismo, a través de la cadena de noticias de alias “Pachito” Santos y de “El Colombiano”, promocione su propia causa, y han denunciado en esos medios la iniciativa del CRIC como una estrategia de la guerrilla.

La estrategia de polarización también le resulta rentable a la OPIC y probablemente resulte siendo la mayor favorecida de la atmósfera caldeada. Los críticos del uribismo, incluyendo los líderes del CRIC, han vuelto por su parte a describir a la OPIC como un grupo manipulado por la derecha. Se omiten por completo las causas más profundas de su aparición. Una y otra parte hacen circular caricaturas de una realidad altamente compleja.

Los discursos de izquierda y de derecha no describen adecuadamente qué ocurre en el Cauca, pero políticamente esto resulta irrelevante: en la vida política las descripciones de la realidad, por más caricaturescas que sean, codeterminan la realidad.

Ni la equiparación del CRIC con la guerrilla, por parte de la derecha de orden nacional y la OPIC, ni la identificación a secas de la OPIC con el uribismo por parte de la izquierda de orden nacional y el CRIC, ayudan a entender la intrincada trama del movimiento indígena caucano.

No obstante, las distinciones que subyacen a esa clasificación movilizan (de la mano de los intelectuales orgánicos que las reproducen) los ánimos y generan adhesiones. Y la realidad social está hecha de eso: de expectativas comunes, de creencias colectivas, de hostilidades y simpatías generalizadas.

Actores políticos locales como el CRIC y la OPIC alimentan por eso los macro-discursos polarizantes y a veces terminan apresados por su propia estrategia. Si se mira más de cerca su accionar aparecen, sin embargo, aspectos para los cuales no hay conceptos correspondientes en el marco de esas grandes distinciones. Para quienes no entendemos las ciencias sociales como un ejercicio de militancia partidista, la tarea consiste en hacer posible esa mirada.

*Politólogo y filósofo de la Universidad de los Andes y candidato a doctor en filosofía por la Universidad de Heidelberg, profesor de teoría política en la Universidad Javeriana de Cali.

Para ver la nota de pie de página, pose el mouse sobre el número sin dar click.

http://www.youtube.com/watch?v=6ibPaVA0avo

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Comentarios  

CAOS
0 # CAOS 09-08-2012 16:25
Gramsci fundamental para el análisis político –aunque Nino es usado aquí de modo quirúrgico: “Para quienes no entendemos las ciencias sociales como un ejercicio de militancia partidista…”- pero realmente hay un desconocimiento profundo del contexto del norte del cauca en particular, y del movimiento indígena en general, que viene a confirmarlo la idea según la cual lo expuesto no ayuda “a entender la intrincada trama del movimiento indígena caucano”. La sensación luego de leer el artículo es que se está más confundido que lo que se quiere “explicar”: “Actores políticos locales como el CRIC y la OPIC alimentan por eso los macro-discursos polarizantes y a veces terminan apresados por su propia estrategia”. Sin embargo es clara la versión que prima: la comunión con la pretensión ingenua del intelectual observador que asiste al laboratorio social con su guardapolvo blanco, lo que es en si mismo una posición.
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Mariana
+3 # Mariana 10-08-2012 00:34
PRIMER artículo que no está cargado de pasión descarnada por unos o por otros. Muchas gracias por este análisis, me ha permitido entender mejor lo que pasa en el Cauca, no entiendo por qué Caos lo descalifica, quizás él o ella la tiene más clara y ellos sí conocen la situación del Cauca. Creo que el artículo esta lleno de datos y fuentes que revelan en el autor a un conocedor del tema. Ese alegato me suena a cuando alguien dice: es que los marxistas nunca entendieron a Marx... ;)
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edriosja
0 # edriosja 10-08-2012 02:04
Si el del CRIC es considerado un "macrodiscurso polarizante" por estar basado en la normativa y la jurisprudencia internacional de los derechos humanos de los pueblos indígenas y que tiene como base el convenio 169 de la OIT y la defensa de la existencia de pueblos cuya característica fundamental es su conexión con la tierra y el territorio; cómo llamar al discurso de "consenso" y de "flexibilizació n de las posturas", con el que la "nación" y la institucionalid ad Estatal viola la constitución y las normas del derecho internacional que son de obligatorio cumplimiento ?... se llamaría "microdiscurso del entendimiento mutuo"?... vamos, si queremos jugar con las ideas al menos corramos el riesgo de jugar de "visitantes"...
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Manu
0 # Manu 10-08-2012 19:40
Y saltaron los legalistas! parece que no se enteran que en la guerra todo se diluye, y más aún en la guerra de guerrillas... no quiero saber qué habría pasado si a uno de esos soldados que arrastraron y humillaron se le hubiera salido un solo tiro al aire.. ahí si nos cae Baltazar con todo su "ejercito" y por qué no dicen nada cuando venezuela decide salirse del sistema de protección de DDHH estos legalistas puritanos...
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